¡BARÇA ARRASA AL ASTON VILLA (3-0) Y DEJA ATRÁS LA RESACA DE MADRID Y PARÍS!
La Champions ha vuelto a Barcelona y el Barça ha respondido. Los de Hansi Flick superaron al Aston Villa de Unai Emery por 3-0 en un partido que, sin ser un examen de la altura de un Madrid o un PSG, pedía mucho más de lo que sugiere el marcador final. Con goles de Lamine Yamal y un doblete de Raphinha, los azulgranas pasan página de sus dos tropiezos recientes.
La pregunta que flotaba en el ambiente era sencilla: ¿había superado el equipo la resaca de las derrotas ante el Real Madrid y el Paris Saint-Germain? La respuesta llegó sobre el césped, y fue contundente, aunque no exenta de sustos. Ni mucho menos.
Había motivos para la cautela. Hace apenas unos días el Barça se había dado un festival ante el Alavés, pero aquello era otra liga. El Villa es un rival más serio, con tres victorias en tres partidos y un entrenador que conoce el fútbol español como la palma de su mano. No tenía el nivel de las grandes potencias europeas, pero invitaba a no fiarse.

Flick apostó por una alineación de gala, sin rotaciones pese a que el domingo espera el Atlético de Madrid. Joan García se colocó bajo los palos, con Brian Fariñas en el lateral derecho y Cancelo en el izquierdo, y Cubarsí y Gerard Martín en el eje de la zaga. En el centro del campo, Rodri, Pedri y Fermín, y arriba Lamine, Gordon y Raphinha, que regresaban al once.
La gran novedad era el debut en Champions de Brian Fariñas, un joven de la cantera que ocupó el lateral derecho con Balde fuera del once. El reto era grande: medirse a Buendía por esa banda en un encuentro mucho más exigente que el de días atrás, donde seguramente tendría más trabajo.
El arranque fue un aviso. A las primeras de cambio, Gerard Martín dejó pasar un balón pensando que se iba fuera, pero de haberlo tocado, habría sido gol. Fue un sobresalto en la salida de balón que recordaba al error de Bernardo Silva contra el Racing, aunque con una diferencia clave: aquel fue fuera del área. En su propia frontal, y en un pase, no se puede perder la pelota.
Pero el Barça dio la vuelta a la tortilla enseguida. En el minuto 7 llegó el 1-0, y fue otro error del Aston Villa en la salida de balón lo que lo propició. Lamine Yamal buscó el hueco y lo encontró, firmando su primer tanto de la noche.
La presión azulgrana fue muy buena, aunque un pase sin mirar del equipo inglés en una zona tan comprometida no tiene defensa posible. Es un fallo, y el Barça lo castigó sin piedad.
El gol, sin embargo, no cambió el guion de un primer tiempo en el que el Villa fue superior en ocasiones. Los de Emery tuvieron una clarísima para empatar que, según se vio en la repetición, rebotó en el cuerpo de Cancelo, en la zona de los riñones, y evitó un gol cantado. El portugués se quejó del golpe, pero su intervención, voluntaria o no, salvó al Barça.
Las jugadas a balón parado pusieron en un aprieto a los locales una y otra vez. El Villa insistía, y el Barça sufría cada vez que el balón volaba al área. Manzambi, el joven suizo que brilló en el Mundial, tuvo un par de ocasiones que obligaron a Joan García a lucirse.
La mejor llegaría con un centro atrás del propio Manzambi y un disparo que el guardameta azulgrana detuvo con una gran parada. Los ingleses volvían a la carga, y el Barça no encontraba el modo de llegar al área contraria, salvo por los dos errores de su rival.
También los hubo en el otro lado. Nico González, que salió de su sitio y no llegó a las ayudas, y otra mala salida de balón dejaron a Gordon con una ocasión clara que no supo aprovechar. A veces, cuando fallas un error que te cuesta un gol, vas a por otro, y el Barça estuvo cerca de obtenerlo.
Hubo además una acción que pudo cambiarlo todo. Raphinha, que parecía jugar contra el mundo, se zafó de su par y se plantó en carrera hacia el portero. Pau Torres, que acudió a cubrir, le entró con los tacos por delante y le rozó con dureza el tobillo.
No parecía una entrada con mala intención, porque el defensor iba a por el balón, pero la planta del pie llegó alta y pudo hacer mucho daño. Muchos pidieron que el árbitro la revisara, y no habría sorprendido una tarjeta roja. Los defensores del central inglés alegan, con razón, que no hubo intención y que la jugada era disputable.
Así se llegó al descanso, con un 1-0 que reflejaba mejor la eficacia azulgrana que su dominio. El Villa había tenido más ocasiones que el Barça, pero tampoco las había convertido, y el marcador premiaba a quien mejor había aprovechado los errores del rival.
La segunda parte empezó con otro aviso: una vaselina sobre Suzuki que por poco acaba en gol a las primeras de cambio. Pero esta vez fue el Barça quien salió mejor, con otra energía, y el partido empezó a inclinarse de su lado.
El segundo llegó con una buena dosis de fortuna. Un gran pase de Fermín dejó a Raphinha ante el marco, el brasileño disparó, el balón tocó en un defensor y cambió la trayectoria justo lo suficiente para que Suzuki no pudiera llegar a detener el segundo.
Se abrió un pequeño debate. En un primer vistazo parecía que el balón no se desviaba, pero las repeticiones desde la cámara trasera mostraron que Pau Torres lo tocó, lo ralentizó y lo envió hacia la izquierda. Al final, el gol se le acreditó a Raphinha, porque el disparo iba a puerta aunque no entrara por donde estaba previsto.
Con el 2-0, el Barça se soltó. Y fue entonces cuando Cancelo firmó la jugada de la noche. Recortó hacia dentro en la banda y, con el exterior de la bota, puso un centro medido para que Raphinha solo tuviera que empujarla. Era el 3-0, y prácticamente sentenciaba el partido.
La jugada tuvo su polémica. Se revisó un posible empujón durante la acción y la duda era si en la Champions se pitaría lo que en LaLiga se castiga como falta. El árbitro lo permitió, el gol se dio por bueno y no hubo fuera de juego. En España, esa acción habría sido gol anulado, apuntan los críticos con el arbitraje local; en Europa, el criterio es otro.
El Villa, ya sin pulso, tuvo todavía algún susto autoinfligido. Suzuki volvió a cometer un par de errores y Fermín estuvo a punto de aprovecharlos, pero el guardameta japonés sacó la mano a tiempo para evitar el cuarto. Del otro lado, Nicolas Jackson dejó pasar un centro cuando bastaba con poner el pie.
Incluso Gordon, que no estuvo muy participativo, estuvo cerca de firmar un golazo con un disparo que acabó en el poste. A veces no es fácil, y el inglés no tuvo su noche de cara a puerta, aunque peleó como el que más.
Flick realizó sus cambios con el partido ya sentenciado. Brian Fariñas dejó su sitio a Balde después de cumplir con su cometido sin demasiado trabajo, y el lateral de La Masia regresó al campo. Su situación, con pocos minutos esta temporada, ha generado preguntas en el entorno, aunque no hay constancia oficial de ningún conflicto.
Aún hubo tiempo para dos acciones más de Lamine, que tiró un par de veces ante Suzuki, una de ellas con un gol que el árbitro anuló por posición adelantada. Suzuki, otra vez, evitó males mayores con una parada rapidísima.
El pitido final confirmó un 3-0 que deja al Barça con muy buen sabor de boca. Ganar al Aston Villa por tres goles de diferencia no está al alcance de cualquiera, y menos con la resaca de dos derrotas seguidas contra rivales de primer nivel.
Conviene, eso sí, poner el resultado en contexto. El Barça ocupaba la segunda posición tras las tres primeras jornadas, por lo que no había arrancado mal en esta competición. Y el Villa, con más ocasiones durante buena parte de la primera mitad, puede considerar que el marcador fue algo severo, aunque sus errores en defensa y bajo palos explican buena parte del resultado.
Para el Barça, el balance es claro. Una victoria con autoridad, tres goles y un mensaje a todos los que dudaban tras las derrotas en el Bernabéu y en París. Ahora, la vista está puesta en el Atlético de Madrid, el domingo, otro examen de enjundia.
El análisis completo, con la mirada puesta en lo que el Barça puede mejorar y en lo que ha hecho bien, queda para más tarde. Por ahora, el resultado habla por sí solo: Barça 3, Aston Villa 0.