Jornada polémica en el arbitraje: Tristante Oliva analiza los errores y los penaltis que no fueron
La jornada deja un regusto amargo en el apartado arbitral. Pedro Tristante Oliva, en su repaso semanal a las polémicas del fin de semana, no ha dudado en calificarla como una de las peores que se recuerdan, con errores repartidos por varios estadios y tres acciones del Real Madrid que merecen especial atención. El exárbitro avisó de entrada de que había mucho de lo que hablar.
Antes de entrar en materia, Tristante Oliva quiso enviar sus condolencias a las familias de quienes fallecieron en el trágico accidente ferroviario. Un gesto de respeto que abrió la conversación con Ramón, quien se sumó al mensaje de apoyo y ánimo hacia los afectados.
Ya en el análisis, el balance general fue contundente. En su opinión, se trató de una jornada bastante pobre, y su resumen fue tan breve como duro. En El Sardinero se señalan dos penaltis y, a su juicio, ninguno lo es. En San Mamés, la Real Sociedad pierde por una pena máxima que, según él, no existe, porque Aramburu toca el balón.
La lista continúa. En el Martínez Valero, Redondo no es expulsado por una acción violenta, un codazo en la zona de la garganta. Y en Getafe, el segundo gol local le resulta, en sus palabras, surrealista, una jugada sobre la que volvería más adelante.
Antes de repasar los casos concretos, la charla se detuvo en un asunto colateral que genera debate cada semana: las entrevistas a los árbitros tras los partidos. Ramón planteó si los colegiados llegan a esas declaraciones después de haber visto las imágenes o si salen en caliente, sin saber aún si acertaron.
Tristante Oliva no ocultó cierta nostalgia. De haber existido esa posibilidad en su época, dijo, las entrevistas habrían sido mucho más interesantes, porque se habría salido a hablar «a pecho descubierto», con la única referencia de la sensación vivida sobre el césped. Hoy, asegura, no tiene dudas de que los árbitros comparecen asesorados, con todas las imágenes vistas y con el consejo de personas muy cercanas al comité, algo que se nota sobre todo en esta primera jornada.
Para el exárbitro, eso resta mérito a las explicaciones, porque disponer de las imágenes es un comodín que juega a favor del colegiado. Ramón coincidió y añadió un matiz humano: todos los árbitros abandonan el campo convencidos de haber acertado, aunque la reacción de algunos jugadores pueda sembrar la duda cuando parece una indignación genuina y no una protesta de oficio.
Tristante Oliva recordó entonces cómo se arbitraba antes, guiándose por las sensaciones, tanto de los futbolistas como del público. Contó una anécdota de un Getafe-Recreativo en la que señaló un penalti tras ver una mano levantada, una acción nada clara que le dejó la duda habitual. Al abandonar el campo y ver que nadie le esperaba, pese a lo mucho que se jugaban ambos equipos, concluyó que debía de haber acertado.
Aquellos eran otros tiempos, con muchos menos recursos. Ahora, incluso en el descanso, se puede revisar cualquier jugada, y a ello se suma una herramienta que considera un gran comodín: el VAR. Según su análisis, ayuda incluso a controlar los partidos, porque los jugadores se lo piensan dos veces antes de meterse en una tangana o cometer una agresión, sabiendo que hay unos ojos vigilando.
Entrando ya en el partido del Real Madrid, y siguiendo un orden cronológico, el primer foco de atención fue el pisotón a Diomande hacia el minuto 10, tras un centro al área. Según la descripción de Tristante Oliva, Mantilla pisa al jugador del Madrid, aunque no de lleno en el empeine, sino algo más hacia el lateral del pie.
Su primera duda, confesó, no es arbitral sino de realización. ¿Por qué se repite entre diez y doce veces el penalti señalado a favor del Madrid por la acción de Mbappé y no se muestra el de Diomande? Reconoció que le costó encontrar esa repetición.
En su análisis, la jugada es muy comparable a la de la semana anterior entre Renato Veiga y Dani Raba. En aquella ocasión, recordó, el VAR llamó al árbitro por una acción prácticamente idéntica, aunque el espacio «Tiempo de Revisión» la puso como ejemplo de que el colegiado no había señalado penalti y sostuvo que el VAR no debía haber intervenido, al tratarse de una acción con un alto grado de interpretación.

De esa lógica deduce el exárbitro que, si el colegiado hubiera pitado penalti, el VAR tampoco habría llamado, porque habría sido decisión del árbitro de campo. Aun así, su valoración personal es clara: para él, la acción sobre Diomande es más penalti que las dos que sí se señalaron.
El argumento de fondo es la imprudencia. Que se trate de una acción residual, con el balón ya despejado por Diomande, no significa que se pueda actuar con descuido o violencia. Y ofreció un dato adicional: minutos después el jugador cojeaba y Hendrick empezaba a calentar, señal de que podía incluso ser sustituido.
Tristante Oliva insistió en que no considera a Diomande un futbolista que simule, sino más bien un jugador noble, y que el hecho de que el pisotón no impactara directamente en el empeine no significa que no hiciera daño. Reconoció, eso sí, que los expertos del comité sitúan este tipo de acciones en el terreno de la interpretación, y que corresponde al árbitro decidir. Su conclusión es que se trata de una jugada susceptible de ser penalti, y que merecía una pausa y más repeticiones.
Avanzando unos minutos, llegó la caída de Mbappé en el área tras el contacto de la mano de un defensor. Es la primera de las dos penas máximas señaladas. Según el relato del exárbitro, el delantero entra a gran velocidad y Manu Prati adelanta la mano y la retira de inmediato. Mbappé cae y el colegiado señala el punto fatídico.
Para Tristante Oliva, lo más correcto habría sido que el VAR interviniera, porque es una acción en la que da la sensación de que hace falta algo más para que sea penalti. Ramón se mostró de acuerdo y fue incluso más lejos: a su juicio, Mbappé hace todo lo posible por caerse y el roce es demasiado leve.
Ambos coincidieron en que no hubo contacto entre las rodillas, algo que el exárbitro comprobó expresamente. Se trata, concluyeron, de una acción que no es penalti, y Tristante Oliva confesó no entender por qué el VAR no interviene en este tipo de jugadas, ya que puede evitar al árbitro un error que, por lógica, va a pesarle.
La tercera acción fue la mano de Tchouaméni en el minuto 72, después de que el propio jugador golpeara el balón. En este caso, el exárbitro recordó que existe una norma bastante clara, la que se conoce ahora, con la nueva terminología, como situación de «jugar el balón». Cuando un defensor despeja con la cabeza o con el pie y el balón impacta de inmediato en su mano, salvo que el brazo realice un movimiento claro, no debe señalarse penalti.
El árbitro, Munuera Montero, no vio nada en directo, pero el asistente le avisó segundos después, y el colegiado hizo el gesto del «okay» para dejar claro que había sido el asistente quien le comunicó la acción. Posteriormente, el VAR llamó correctamente al árbitro, que anuló la pena máxima.
Ramón expresó su sorpresa por que fuera el asistente quien avisara, y por que Munuera pitara, en su opinión, a ciegas, confiando en su compañero. Según el presentador, el propio asistente le condujo al error, ya que el árbitro no lo había señalado en directo.
Tristante Oliva matizó la crítica. Reconoció que es una jugada complicada, porque el jugador del Racing también mete el pie, algo que se aprecia mejor en el VAR que sobre el césped. El asistente, además, la ve de frente y tiene mejor ángulo. Por eso considera esta acción más excusable que las otras.
Explicó además que, si en lugar de tocar el balón Tchouaméni hubiera sido tocado por el rival, sí habría penalti, ya que tenía los brazos separados del cuerpo, aunque en posición natural. Pero el resumen, insistió, es que se señalaron dos penaltis y ninguno lo era, y que con todos los medios y todo el presupuesto disponibles, algo está fallando.
Para cerrar el repaso, Ramón le pidió las jugadas que más le habían llamado la atención en otros estadios. El exárbitro comenzó por el Levante-Atlético, donde, según dijo, prácticamente no hay nada. Un partido muy tranquilo, con dos goles anulados, uno a Llorente y otro a Koke, aunque ambos son claros. Se mencionaron también dos goles anulados al Barcelona en el mismo contexto.
Sí hubo dos pisotones sin tarjeta: uno de De Jong en el minuto 51 y otro de Fermín en el 58. Lo más correcto, a su juicio, habría sido mostrar cartulina en ambos casos. Pero admitió que se puede pensar que, en un encuentro tan plácido y con un marcador de 6-1, la gestión se le facilita enormemente al árbitro.
El caso del Getafe-Sevilla fue, para el exárbitro, el más llamativo. Calificó el segundo gol local de disparate desde el punto de vista arbitral, y explicó que el problema empieza en el asistente. El juez de línea señala una falta porque un jugador del Sevilla siente una mano en el pecho y se tira al suelo llevándose las manos a la cara, algo que, según Tristante Oliva, ya hemos comentado muchas veces y que por desgracia engaña a los árbitros.
El árbitro, García Verdura, no pitó y dejó seguir el juego. Para el exárbitro, el criterio del asistente debería ser sencillo: si señala la falta, el asunto termina ahí. Anticipó la objeción habitual, la de que, de haberse pitado, no habría existido el gol, y respondió con otra pregunta: ¿cuántas faltas en ataque se señalan sin que nadie sepa qué habría pasado de otro modo?
Al dejar seguir el juego, añadió, el árbitro dio a entender a los futbolistas del Sevilla que debían continuar, y estos, algo ingenuos, también comparten parte de la responsabilidad, porque bajaron la intensidad defensiva y el equipo acabó encajando el gol. Después, el colegiado estuvo tres minutos rodeado de jugadores, una imagen muy negativa, hasta que el VAR le llamó.
La revisión dejó claro que el asistente que levantó la bandera no acertó, porque era una acción en la que debía dejar continuar. No era falta. Habrá quien diga, reconoció el exárbitro, que se hizo justicia porque el gol se mantuvo y la falta no existía. Pero la gestión de la jugada fue, en su opinión, desastrosa, y la coordinación entre el segundo asistente y el árbitro también muy deficiente, algo que no debería verse en la élite.
El siguiente foco fue el Elche-Valencia, donde Raba recibe un codazo en el rostro de Redondo. Para Tristante Oliva se trata de una conducta violenta clarísima, con el codo levantado y el impacto a la altura del cuello, en plena zona de la garganta. El jugador del Elche no solo no fue expulsado, sino que Raba terminó viéndose fuera del campo un minuto, según las nuevas normas, algo que se está convirtiendo en habitual.
También se detuvo en San Mamés, en el Athletic-Real Sociedad, donde el conjunto txuri-urdin pierde el encuentro por un penalti señalado sobre Nico Williams, supuestamente cometido por Aramburu. Para el exárbitro, diga lo que diga el VAR, Aramburu toca el balón, y si alguien tiene dudas, bastaría preguntar a cualquiera en la Real Sociedad. Ramón lo calificó de increíble, y recordó que el error le cuesta dos puntos al equipo vasco.
La suma de todos estos episodios lleva al exárbitro a una reflexión más amplia. Son muchos errores que hay que mejorar, sobre todo si se presume de tener el mejor arbitraje del mundo, de transparencia y de meritocracia. Para él, todo debería ponerse en cuarentena, porque considera que ha sido una jornada muy mala.
Queda por ver qué explicaciones se ofrecen en el espacio de tiempos de revisión, aunque Tristante Oliva advirtió de que los criterios con los que se eligen las jugadas son, a menudo, muy particulares. Lamentó también el bajo nivel de la jornada, porque después los árbitros españoles no terminan dirigiendo muchos partidos en Europa.
Según su lectura, lo que ocurre es que el nivel, por desgracia, no es alto, y sobre todo ello planea la sombra del caso Negreira, que evidentemente aún no se ha aclarado y del que se seguirá hablando en el futuro. Es una visión crítica que no todos comparten: hay quien defiende que los errores forman parte del juego y que el sistema arbitral español ha mejorado con el uso de la tecnología y la mayor transparencia.
Entre ambas posturas, la discusión se mantiene abierta, y la próxima jornada, con nuevas jugadas y nuevas explicaciones, volverá a ponerla a prueba. Tristante Oliva y Ramón se despidieron hasta la semana siguiente, con un afectuoso abrazo, y con la promesa de retomar el análisis arbitral cuando llegue el próximo fin de semana de fútbol.