Tebas vuelve a hablar del caso Negreira para criticar al Real Madrid
Javier Tebas ha vuelto a colocar el caso Negreira en el centro de la conversación futbolística, y lo ha hecho para apuntar de nuevo hacia el Real Madrid. El presidente de LaLiga ha opinado sobre la jugada del penalti no señalado a Mbappé y sobre otros asuntos de actualidad, en unas declaraciones que han reabierto el debate sobre el tono de las instituciones del fútbol español. A esas palabras se suman otras, en una línea parecida o, al menos, de defensa hacia Tebas, que también han dado que hablar.
El contexto no es menor. Tebas tiene abierto actualmente un procedimiento por la comparación que estableció entre el estilo de comunicación del Real Madrid y el de Goebbels. El Consejo Superior de Deportes ya trasladó el asunto al Tribunal Administrativo del Deporte, y ahora toca esperar qué decisión se adopta.
No es, sin embargo, el único expediente que pesa sobre el dirigente. Hace unos días, Miguel Galán comentaba que hay más procedimientos en fase de tramitación, lo que alimenta la sensación de que el presidente de LaLiga vive una etapa de especial tensión con buena parte del entorno institucional y mediático.
Pese a ese escenario, Tebas no es de los que optan por el silencio. Si hay algo que caracteriza a su figura pública es precisamente su tendencia a opinar sobre casi todo, y a hacerlo sin demasiados filtros. Esta vez, el foco de la polémica está en una expresión concreta que el dirigente repite cuando habla de la actitud del Madrid en el caso Negreira: la de «estirar el chicle».
Para sus críticos, el uso de esa metáfora resulta poco afortunado. Consideran que reducir el asunto a una cuestión de estirar un chicle rebaja, a través del lenguaje, la gravedad de un caso que el propio Tebas califica de corrupción deportiva. Si algo se considera muy grave, razonan, no puede decirse al mismo tiempo que quien lo denuncia lo está alargando artificialmente.
La pregunta que se plantea desde ese lado es sencilla. ¿Cómo puede hablarse de alargar un caso cuando el propio presidente de LaLiga es parte en el procedimiento por un presunto delito de corrupción deportiva? ¿Qué puede haber más grave para una competición que la corrupción en sus propias reglas de juego?
Las declaraciones de Tebas se produjeron al ser preguntado por el deterioro de las relaciones entre el Barcelona y el Real Madrid. El presidente de LaLiga respondió que lo que le preocupa es el fondo de la cuestión, y situó el origen de esa tensión en un único punto. Según su versión, el problema es que el Madrid está «estirando como un chicle» el asunto Negreira.
Tebas fue más allá y defendió que esa actitud le parece inaceptable. Recordó que LaLiga es parte en el caso y que acudió a la Fiscalía antes que el propio Real Madrid, un dato que utiliza para reforzar su posición de que nadie puede darle lecciones en esta materia.
Desde el entorno que analiza sus palabras, la réplica llegó de inmediato. Se le recuerda que, en los primeros momentos del caso, su discurso era bastante más duro que el actual. Entonces, subrayan, se mostraba mucho más contundente sobre cuál había sido la intención del Barcelona, sobre si los hechos encajaban en un delito de corrupción deportiva y sobre las consecuencias que debían derivarse si el asunto no llegaba a prescribir en el plano deportivo.
Tebas también dirigió su dardo hacia la cúpula del club blanco. Recordó que el presidente del Real Madrid permaneció seis meses en la junta directiva después de que el caso saliera a la luz. Añadió que ese mismo presidente llegó a decir en una asamblea que iban a dejar a los clubes amigos mientras él estuviera en la Superliga. Según el dirigente de LaLiga, el día que abandona ese proyecto todo parece cambiar, como si de pronto hubiera una iluminación.
El argumento tiene recorrido, pero también es de doble filo, y así lo señalan quienes lo analizan con cierta distancia. Es cierto, admiten, que se habría deseado una contundencia mucho mayor del Madrid desde el principio, con Superliga o sin ella. Esa crítica, sin embargo, puede dirigirse igualmente hacia quien ahora la formula.
Porque, según este análisis, Tebas fue mucho más enérgico hace tres años que ahora. Y lo mismo se dice de Laporta, de quien el propio presidente del Barcelona ha llegado a afirmar que mantiene una relación de amistad con Tebas. La pregunta que se lanza es evidente: si alguien considera que el presidente de un club pagó al vicepresidente de los árbitros por lo que, a su juicio, constituye un delito de corrupción deportiva, ¿cómo puede acudir a su toma de posesión sin que eso signifique falta de firmeza?
En esa línea, quienes critican a Tebas sostienen que ese es precisamente el punto que debería analizarse antes de juzgar la posición del Real Madrid. Hasta cierto momento, aseguran, parecía que había que dejar que las circunstancias judiciales siguieran su curso. Pero desde que el club salió de la Superliga, la sensación es que Negreira está presente en el vestuario arbitral cada vez que juega el equipo blanco.
La postura del presidente de LaLiga es, naturalmente, otra. Para él, no se puede aceptar lo que denomina el ataque constante que sufre el Fútbol Club Barcelona. Admite que el club azulgrana tendrá que asumir su responsabilidad en el futuro, pero entiende que ahora no se le puede culpar de que el asunto siga abierto.
Ese planteamiento tiene respuesta inmediata desde el otro lado. «El peor ataque» que ha sufrido la competición, se replica, fue que el Barcelona pagara al vicepresidente de los árbitros, algo que se prolongó durante diecisiete años. Y se añade un matiz que resume el fondo del reproche: el Madrid, en todo caso, lleva solo un par de años quejándose de esos diecisiete.
Así están, por tanto, las posiciones. Por un lado, Tebas sostiene que el Real Madrid alarga el caso y daña la imagen de la competición, y que el Barcelona no debe cargar con esa culpa mientras el proceso continúa. Por otro, sus detractores replican que denunciar un presunto caso de corrupción deportiva no puede considerarse una maniobra dilatoria, y que la verdadera gravedad está en los hechos que originaron el expediente.
La segunda parte de las declaraciones giró en torno al penalti no señalado a Mbappé, una jugada que ha generado un amplio debate en los últimos días. Tebas dio su opinión sin rodeos. Dijo coincidir en que no era penalti, y consideró que el jugador hace todo lo posible por ir a buscar el contacto, pese a lo cual no dudó en cuestionar la actuación del VAR.
En su análisis, el sistema de videoarbitraje debería haber intervenido al menos para revisar la acción, porque a su juicio parecía un error claro y manifiesto. Preguntado por los motivos por los que no lo hizo, trasladó la respuesta al presidente del Comité Técnico de Árbitros, y apuntó que quizá se cometió un error.
Lo que subraya el propio Tebas es que, a su entender, debería haber sido al menos revisada. Y ahí entra de lleno la reflexión de quienes observan el asunto desde fuera: si hablamos de errores del VAR, también podría haber intervenido, se recuerda, en la acción del pisotón a Diomandé. Quien opina sobre una jugada concreta, y sobre por qué el VAR no actúa, se expone a que se le pidan explicaciones sobre las demás.
El fondo del debate, en realidad, no es tanto la jugada en sí como quién habla de ella. Que el presidente de LaLiga y vicepresidente de la Federación entre a valorar acciones concretas de arbitraje resulta, para muchos, un terreno resbaladizo. Si se opina sobre cada jugada, se advierte, se corre el riesgo de que se perciba como una costumbre, y la imparcialidad institucional queda en entredicho.

Es cierto que, en esta ocasión, resulta comprensible que se pida una opinión. Pero también lo es que el hecho de señalar que el VAR debería haber intervenido sienta un precedente, y que ese precedente, según quienes lo critican, rara vez se aplica con otros equipos. Es una sensación que se repite cuando el protagonista es el Real Madrid.
Los antecedentes se invocan con facilidad. Se recuerda el episodio de Sánchez Arminio cuando criticó a Muñiz Fernández por el penalti de Pepe en Elche, insinuando que el árbitro atravesaba un mal momento por ese error. Para quienes plantean la comparación, el patrón es el mismo: cuando se trata de criticar al colectivo arbitral por decisiones que afectan al club blanco, las instituciones no siempre actúan con el mismo rasero.
Hay, además, un elemento que añade lectura política a todo el asunto. La presunta alineación entre LaLiga y la Federación, dos entidades que durante años estuvieron enfrentadas, parece ahora clara. Los mismos que antes se venían atacando a través de comunicados y pulsos públicos van, según esta interpretación, en la misma dirección.
Ese giro tuvo su traducción inmediata en las declaraciones del presidente de la Federación, Rafael Louzán, quien fue preguntado por la situación de Tebas y por el procedimiento disciplinario abierto contra él. Su respuesta empezó con una idea general: que el fútbol es pasión y que cada cual puede decir lo que quiera. Pero enseguida matizó que la situación de Tebas procede, a su entender, de la insistencia con que se hacen comentarios que dañan la imagen de LaLiga y del fútbol español.
Louzán defendió el respeto a los árbitros como pilar fundamental y pidió que todos cuiden el producto. Hizo alusión a lo ocurrido hace unos días en China, y subrayó que hay que proteger los ingresos de esa gran industria que es el fútbol español, evitando discusiones permanentes sobre si es una competición con aspectos mejorables. No quiso entrar en el detalle de lo que se dijo, ni en el expediente.
En su discurso, el presidente federativo reivindicó el trabajo de la competición, que a su juicio nació desde la base y hoy es, en sus palabras, la mejor liga del mundo. Y defendió que es normal que Tebas defienda a LaLiga, un producto que, a su parecer, hay que cuidar y fomentar. También recordó que la Federación se ve afectada, porque de ese producto salen ingresos muy importantes para el fútbol profesional y también para el no profesional.
Cerró su intervención con un llamamiento a la calma. Reiteró la voluntad de mantener un diálogo permanente, de escucharse y de valorar lo que se ha logrado entre todos. Lamentó, además, que en el país se haya llegado a un nivel de debate que obliga a rebajar el tono, y expresó su deseo de volver a sentarse alrededor de la mesa.
La respuesta desde el otro lado no se hizo esperar. Para quienes critican esa postura, no se puede presumir de tener la mejor liga del mundo mientras el caso Negreira no reciba una respuesta de justicia. Se pone como ejemplo la Premier League, donde, sostienen, el club que hace trampas financieras lo paga, y varios ya lo han hecho.
El razonamiento es claro: una competición no puede considerarse la mejor del mundo si un caso como el del Barcelona y Negreira, con diecisiete años de pagos al vicepresidente de los árbitros, prescribe a los tres años. Ni tampoco si, al final, solo hubiera un castigo por parte de la UEFA. Con ese escenario, afirman, el fútbol español no está a la altura.
Se aclara, eso sí, que no se está culpando a LaLiga como empresa organizadora del campeonato, porque se entiende que el desenlace judicial no depende de ella, ni tampoco se desconoce la normativa. Pero el reproche de fondo persiste: la liga, dicen, no se respeta a sí misma cuando acepta ese desenlace.
A la vista de todo ello, la lectura entre líneas de varios analistas es que la figura de Louzán resulta muy política y que el caso Negreira es, sencillamente, un tema muy incómodo. Un asunto inoportuno, que a muchos les gustaría dejar a un lado, pero que vuelve una y otra vez a la agenda cada vez que alguien con poder de decisión abre la boca.
En definitiva, el cruce de declaraciones deja dos relatos enfrentados que difícilmente van a converger. Tebas y Louzán piden respeto a las instituciones, a los árbitros y a la imagen de la competición, y sostienen que el Real Madrid alarga un asunto que ya está en manos de la Justicia. Sus críticos responden que la gravedad de los hechos investigados justifica cualquier insistencia, y que la contundencia del pasado ha desaparecido con el tiempo.
Mientras tanto, el procedimiento abierto contra Tebas sigue su curso ante el Tribunal Administrativo del Deporte, y el resto de expedientes de los que habló Miguel Galán continuarán sustanciándose. El debate, en cualquier caso, está lejos de cerrarse.
La jornada deportiva tendrá además su propio ritmo. Está prevista la rueda de prensa de Mourinho antes del partido entre el AEK Atenas y el Real Madrid, y la atención volverá al terreno de juego, donde el equipo blanco tendrá que dar su respuesta.