Racing – Real Madrid: el penalti que reabre el debate sobre el VAR, los árbitros y el poder mediático

Racing – Real Madrid: el penalti que reabre el debate sobre el VAR, los árbitros y el poder mediático

El Sardinero no se ha quedado callado. Tras la derrota del Racing de Santander ante el Real Madrid, la polémica ha vuelto a sacudir el fútbol español, y lo ha hecho con la fuerza de siempre: acusaciones cruzadas, imágenes repetidas hasta la saciedad, declaraciones de entrenadores y un debate que, una vez más, trasciende lo estrictamente deportivo.

El detonante fue una pena máxima señalada a favor del conjunto blanco en los primeros compases del partido. Para buena parte de la afición racinguista, y para numerosos analistas críticos, aquella acción no debió castigarse. El árbitro la señaló, el VAR no intervino y, a partir de ahí, el encuentro cambió de signo.

El entrenador del Racing lo dejó claro en sus primeras palabras a pie de campo. Según su versión, aquel primer gol, llegado desde los once metros, condicionó todo lo que sucedió después. Más tarde, ya en sala de prensa, su tono fue más frío y comedido, pero el mensaje de fondo no varió: el partido se torció en un momento muy concreto.

Uno de los futbolistas del equipo cántabro lo resumió con una franqueza poco habitual: «Ha sido muy duro para nosotros». Admitió que el Madrid fue dominador desde el inicio y que, tras la pena máxima, vista de nuevo en las repeticiones, le resultaba imposible explicar cómo pudo concederse. «No creo que deba ser penalti», vino a decir. Desde ahí, aseguró, todo se hizo cuesta arriba.

La lectura que ha circulado con más fuerza en redes sociales y en algunos espacios de opinión va más allá del lance concreto. Uno de los comentaristas más críticos con el Real Madrid, de perfil abiertamente culé, sostiene que el club blanco necesita «robar» de manera constante para mantenerse vivo en una competición de 38 jornadas. Cita, como ejemplos, partidos recientes ante el Sevilla y el Almería, además del de Santander.

Se trata de una opinión, y así debe leerse. Pero es una opinión que conecta con un sentimiento extendido entre aficiones rivales, que denuncian que el Madrid goza de un trato de favor, tanto en el césped como en el relato mediático. Ese mismo comentarista subraya que el cántico que resonó en El Sardinero, «así gana el Madrid», es el mejor termómetro de esa percepción, y critica que buena parte de los medios lo haya omitido.

En el punto de mira de esas críticas está el diario Marca, al que se acusa de vender la imagen de un «Madrid imbatible» mientras equipos como el Racing, sus jugadores y su gente tienen una idea muy distinta de lo que significa ese adjetivo. La tesis es conocida: según sus detractores, la prensa deportiva más influyente reproduce siempre el mismo guion y minimiza las polémicas que afectan al club de Chamartín.

El debate se ha centrado de forma especial en el VAR. La pregunta que se repite es sencilla: si el sistema existe para corregir errores claros y manifiestos, ¿por qué no intervino en una acción que muchos consideran evidente? Quienes plantean la duda recuerdan unas recientes palabras de José Mourinho, que ironizó en rueda de prensa con la idea de que, si el VAR estaba «de vacaciones» en otra jornada, quizá hoy también lo estuviera.

La crítica se agudiza al comparar este caso con otro lance del mismo encuentro. Según relatan los propios críticos, el VAR sí se activó para revisar una jugada posterior, y la recomendación desde la cabina fue anular la acción del árbitro principal. La explicación arbitral, atribuida al equipo del videoarbitraje, fue que el jugador del Madrid había jugado el balón de forma voluntaria antes del contacto, por lo que se trataba de una acción de juego.

Ahí radica, precisamente, la incoherencia que denuncian el entrenador del Racing y los analistas afines a su postura. Si la norma es válida en una jugada, ¿por qué no lo fue en la otra? «¿Por qué en una sí y en la otra no?», se preguntan. El propio técnico del conjunto cántabro admitió que le parecía correcto que se hubiera corregido esa segunda acción, pero lo que no entiende, y así lo ha denunciado públicamente, es la diferencia de criterio con el primer gol.

La polémica sobre el audio ha añadido más combustible. Los críticos reclaman que, cada vez que el VAR interviene, se hagan públicas las conversaciones entre el árbitro y la sala de videoarbitraje. Sostienen que, si no se difunden, es porque lo que se dijo durante la revisión del penalti podría resultar embarazoso. Es una suposición, no un hecho comprobado, y ningún organismo ha confirmado esa hipótesis. Lo que sí es cierto es que la demanda de transparencia crece cada semana.

Hay además una cuestión estadística que se ha puesto sobre la mesa. El comentarista citado afirma que el Real Madrid es, con diferencia, el equipo que más penaltis ha recibido a favor en la historia de la Liga y también en lo que va de siglo XXI, por delante del Barcelona y del Atlético de Madrid. Se trata de una cifra que conviene contrastar con las bases de datos oficiales antes de darla por buena, pero que se usa como argumento recurrente en el debate.

El otro lado de la moneda es conocido. Desde el entorno del Real Madrid siempre se ha defendido que el club es, en realidad, uno de los más perjudicados por los errores arbitrales, y que sufre una presión mediática constante en sentido contrario. En esa línea, la periodista Manuela Montero ha hablado en los últimos días de una especie de «caza» contra los árbitros, con amenazas y presiones que, según ella, condicionan su trabajo.

Esa lectura abre un interrogante que el propio comentarista crítico formula en su análisis: si la presión sobre los colegiados es tan intensa como se dice, ¿quién es el malo de la película? ¿Un Madrid que presiona, o un árbitro que, pese a la presión, acaba cediendo? Su respuesta es doble: o los árbitros son tan reprochables como se les acusa, o todo forma parte de una escenificación. Es una pregunta abierta, y cada aficionado la responde según su camiseta.

También se recuerda que, cuando el árbitro ha tomado decisiones difíciles contra el Madrid, como la expulsión de Vinícius Júnior, la reacción ha sido inmediata. Quienes defienden esa tesis afirman que el colegiado en cuestión sufrió después un «brutal linchamiento» por hacer bien su trabajo, y que en esas circunstancias es lógico que a algunos árbitros les tiemblen las piernas.

Sobre el campo, el contraste de plantillas también ha sido objeto de comentario. Con jugadores como Mbappé, Bellingham o Vinícius, el Madrid cuenta, sobre el papel, con uno de los equipos más caros y mejor pagados del planeta. De ahí que sus críticos consideren llamativo que, ante un rival que planteaba el partido para mantener el 0-0 y salir al contragolpe, el equipo blanco se viera beneficiado por una decisión arbitral en lugar de resolverlo con su calidad.

Para el Racing, el plan estaba claro desde el principio: orden, intensidad y contragolpe. Un gol tempranero, y más de penalti, rompe cualquier esquema defensivo. Obligado a abrirse, el equipo cántabro entró en el terreno donde el Madrid es más peligroso, y el resto, como se ha dicho en numerosas tertulias, fue cuestión de tiempo.

Mourinho, por su parte, tampoco ha esquivado el micrófono. En sus declaraciones previas aseguró que, si algún día un error le beneficiaba, no tendría problema en reconocerlo públicamente. Sus detractores recuerdan esa frase con ironía y le reprochan que, cuando la decisión le favorece, el discurso cambia. Le acusan de seleccionar las jugadas arbitrales que le interesan, como las que suele citar de otros partidos, y de ignorar las que le benefician.

En el entorno madridista, sin embargo, la respuesta pasa por poner el foco en otras acciones. Algunos tertulianos, entre ellos Josep Pedrerol, han hablado de una pisada sobre Diomandé como justificación del penalti señalado, y se han emitido imágenes inéditas para respaldar esa tesis. Los críticos replican con otro argumento: si hay que poner la lupa sobre las jugadas del Madrid, también habría que revisar un codazo de Güler, un posible penalti de Cucurella que no se pitó o el gol de Mbappé tras una acción de Konaté que, a su juicio, no debió subir al marcador.

Hay otro detalle que ha generado debate: el gesto de Mourinho dirigido a un jugador del Racing, al que parece acusar de simular. Poco después se confirmó que ese futbolista sufre una lesión grave y estará fuera lo que resta de temporada. Más allá de si el gesto fue o no acertado, ese dato ha servido a los críticos para cargar contra el técnico portugués.

En paralelo, el gesto de Mbappé con un niño golpeado por un balón ha sido muy elogiado. El francés se interesó por el pequeño y le regaló su camiseta. Nadie lo discute, y el propio comentarista crítico lo calificó de «precioso», aunque se preguntó por qué ese episodio acapara más atención que otras cuestiones del partido.

La conversación, como suele ocurrir, no se ha quedado en el estadio. Ha viajado a las redes sociales, donde los seguidores de ambos bandos se han enzarzado en un intercambio de reproches que, en ocasiones, ha rozado lo personal. El comentarista llegó a contar que su entorno familiar, incluidos sobrinos menores de edad y su padre de 80 años, había sido objeto de ataques, y que, aun así, no piensa dejar de opinar.

Él mismo reconoce que recibe advertencias de plataformas y que a veces teme que su contenido sea retirado. Aun así, asegura que no se va a callar. «No me voy a cansar de denunciar estas cosas», afirma, convencido de que forma parte de su trabajo como aficionado y como creador de contenido.

Hay también una lectura política y económica. El comentarista menciona a Louzán, Tebas y a otros dirigentes del fútbol español, a los que sitúa dentro de un entramado que, en su opinión, favorece al Madrid. Alude además al caso Negreira, y sostiene que cada vez que se critica al club blanco se desvía la conversación hacia el Barcelona. Son afirmaciones de parte, sin respaldo judicial en lo que respecta al Real Madrid, y deben leerse como lo que son: la opinión de un aficionado culé con una audiencia propia.

Precisamente por eso, conviene recordar que el otro lado del debate también existe. Los seguidores del Madrid sostienen que se trata de una campaña recurrente, que sus rivales utilizan los errores arbitrales para tapar sus propios problemas y que el equipo blanco gana por méritos deportivos y por una plantilla superior. Para ellos, hablar de «robo» es un recurso fácil que ignora la realidad del marcador y de la clasificación.

En esa línea, desde el madridismo se recuerda que el club ha sido víctima de decisiones muy discutidas en el pasado y que la presión mediática no es exclusiva de un solo equipo. También se subraya que las cifras de penaltis a favor se explican, en buena parte, por la naturaleza ofensiva de su juego y por el volumen de ataques que genera.

El calendario, entretanto, no da tregua. El Madrid tiene Champions League en cuestión de horas y, a la vuelta de la esquina, el Barcelona se mide al Atlético en un duelo que acaparará toda la atención. Los críticos temen que, con tanta actualidad, la polémica de Santander se diluya en cuestión de días, como ya ha ocurrido otras veces.

El comentarista, sin embargo, mantiene su discurso hasta el final. Sostiene que el Barcelona ha sabido, de la mano de Flick, dejar al Madrid sin títulos dos años consecutivos pese a la presión ambiental y mediática. Y que, aunque el camino sea cuesta arriba, «el tiempo pondrá a cada uno en su lugar». Su advertencia final es clara: pan para hoy, hambre para mañana.

Es, en definitiva, la crónica de una polémica que no es nueva, pero que vuelve a mostrar hasta qué punto el fútbol español vive dividido en dos relatos casi irreconciliables. En uno, el Madrid es un gigante que triunfa por calidad y recibe presiones injustas. En el otro, es un club con poder desmedido que se beneficia de un entorno favorable.

Entre ambos, el Racing, con su afición todavía incrédula y una lesión grave que lamentar, se queda con la sensación de que el partido pudo ser otro. Lo que está claro es que la discusión sobre el VAR, la transparencia de los audios y la influencia de los medios seguirá abierta mucho después de que se apague el eco de El Sardinero.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles