Diomandé, el «diamante» de Valdebebas: de las ligas menores de Florida al once del Real Madrid
Hay trayectorias que parecen guion de cine, y la de Yan Diomandé es, según sus defensores, de las que roza lo inverosímil. Con solo 19 años, el joven extremo marfileño se ha ganado un hueco en el once del Real Madrid de José Mourinho, y lo ha hecho a una velocidad que ha sorprendido incluso a quienes siguen al club a diario.
En el canal de análisis Special One, dos comentaristas le han dedicado un vídeo entero, con una tesis que no admite medias tintas: para ellos, el futbolista llegará a ser el mejor del mundo. «No exagero ni un poquito», sostiene uno de ellos. Es una opinión entusiasta, y como tal debe leerse, pero la historia que la rodea merece ser contada con detalle.
Los comentaristas aseguran haber recibido información de fuentes del club. Según ese relato, Diomandé es un chico tímido, quizá algo introvertido, pero muy querido por compañeros y trabajadores de Valdebebas. Siempre sonriente, fácil de querer, dicen. Quienes le han visto entrenar, añaden, hablan de «algo diferente».
La frase que más se repite en la ciudad deportiva, siempre según esa versión, resume el sentir interno: incluso con 140 millones de euros de traspaso, «este chico ha salido barato». Es una afirmación difícil de contrastar, ya que procede de fuentes anónimas y, como es natural, el entorno de un club suele hablar bien de sus propias inversiones.
La historia del jugador, en cualquier caso, es poco convencional. Hasta los 15 años jugó en Costa de Marfil, en equipos de un nivel que, admiten los propios comentaristas, nadie conoce. A esa edad dio el salto a Florida para ingresar en la DME Academy, una de esas estructuras de formación del fútbol estadounidense que desarrollan al jugador a su manera, en un entorno todavía muy joven en comparación con el europeo.
Desde allí pasó a un equipo semiprofesional de la zona, AS Frenzy según la transcripción del vídeo, que compite en el equivalente a una segunda o tercera división estadounidense. Los comentaristas explican la pirámide del fútbol norteamericano para situar al lector: la MLS como primera, el USL Championship como segunda y, por debajo, el fútbol no profesional, con ligas como la UPSL Premier Division.
A partir de ahí, el relato adopta un tono provocador. Uno de los presentadores llega a afirmar que equipos de la Primera Federación española «ganarían sin duda» a los de la MLS, y que un conjunto de los que compiten en la Copa del Rey podría batir al Inter Miami. Es una hipérbole habitual en este tipo de debates, y los aficionados a la liga norteamericana no dudarían en rebatirla.
El propio presentador va más lejos y bromea con la idea de que, «sin ser una superestrella mundial», él mismo habría podido competir con Diomandé en aquella liga. Su compañero le sigue el juego y añade que quizá incluso habría firmado buenos números de goles y asistencias. Se entiende, claro, como una forma de subrayar el desnivel, no como una afirmación literal.
Ese es, precisamente, el argumento central de los dos comentaristas. Un futbolista de la Primera División española suele haber pasado por una gran cantera desde los 14 o 15 años, con una formación táctica, física y técnica muy elevada. Ponían como ejemplos las canteras de Rayo, Leganés, Getafe o la de Canillas en Madrid. Diomandé, en cambio, se habría criado, dicen, como un «freelance de la vida», casi autodidacta.
De Florida, tras alcanzar la final de su campeonato y marcar un par de goles, habría llegado la propuesta de probar suerte en España. El primer destino fue el Leganés, que, según los comentaristas, lo recibió poco menos que en una de esas pruebas abiertas que organizan los clubes en Madrid, con la idea de ver qué salía.
Lo que salió, aseguran, fue una sorpresa. Tras impresionar, lo incorporaron a un entrenamiento con el primer equipo, y su entonces técnico, Borja Jiménez, habría dicho que tuvo que sacarle a los diez minutos porque «se lo iban a cargar», ya que el joven estaba «jugando con la mitad del equipo». La anécdota, que circula por tertulias y redes, no ha sido confirmada de manera oficial.
Después, el RB Leipzig. Tras un periodo de adaptación en el Leganés con pocos minutos, su primera temporada plena en la élite fue en Alemania, donde, según los datos que manejan los comentaristas, acumuló 2.724 minutos, 13 goles y 10 asistencias. Hablan de 23 participaciones directas de gol en su primer año lejos de casa, con 18 años.
Para darle contexto, comparan esa cifra con las de jugadores como Rodrygo o Vinícius a esa edad, y aseguran que, de haber alcanzado ellos cinco participaciones, «nos habríamos vuelto locos». También afirman que sus números superan los que firmaron en su día Olise, Lamine o Raphinha en su primera temporada de élite. Las comparaciones entre jugadores de contextos distintos, no obstante, son siempre discutibles.
Tras una buena actuación en el Mundial con la selección de Costa de Marfil, aterrizó en el Real Madrid por 140 millones, una cifra que, como recuerdan los presentadores, provocó un aluvión de críticas. Hubo quien habló de capricho del presidente y quien sugirió que el club, tras fallar en la operación por Julián Álvarez, había gastado el dinero sobrante en el primer nombre que pasó por delante.
Ese escepticismo no ha desaparecido del todo. Para muchos analistas, la muestra de partidos de Diomandé en el primer equipo es todavía corta, y el salto de nivel entre un campeonato con cierta fama de irregular y la exigencia del Madrid puede pasar factura. Los defensores del jugador replican que los datos y las imágenes ya hablan por sí solos.
En el plano táctico, los comentaristas destacan, sobre todo, su faceta defensiva. Les ha sorprendido, dicen, cómo se adapta al bloque bajo, y llegan a afirmar que supera en este aspecto a Vinícius Júnior. En un Madrid que, en las dos últimas temporadas, ha tenido problemas para mantenerse compacto cuando el rival lo encerraba, ese compromiso sin balón es, para ellos, un hallazgo.
Como prueba, repasan varias acciones del último Clásico. En una de ellas, con el Barcelona acorralando al Madrid en su propio campo, Diomandé ayuda a Cucurella a defender un tres contra uno frente a Lamine Yamal, Xavi Simons y Pedri, sigue su marca, roba el balón y sale jugando con un pase claro a la banda. Según los comentaristas, con Vinícius en el campo esa imagen habría sido difícil de ver.
Su lectura es que Diomandé destruye los llamados «triángulos mágicos» de los que tanto hablan Flick y los culés, y que, además de recuperar, sale con «verticalidad y velocidad absoluta». También le elogian su serenidad: aunque reciba presionado por tres rivales en su propio campo, sale con facilidad, lo que, dicen, «oxigena» la progresión del equipo. Comparan ese aplomo con la tendencia de otros jugadores ofensivos, como Vinícius o Arda Güler, a perder balones en zonas comprometidas.
Ahora bien, esa comparación es opinable. Los seguidores de Vinícius recordarán que su aportación al equipo, en términos de goles, asistencias y desequilibrio, ha sido durante años determinante, y que juzgar a un jugador por sus pérdidas en campo propio es una forma muy parcial de valorarlo.
El otro gran argumento a favor del joven es el físico. Los comentaristas lo describen como un «ganador nato de duelos» y citan otra acción del Clásico en la que acude a ayudar, gana la disputa y saca el balón con limpieza, sin perderlo. Pero, advierten, no se pagan 100 o 140 millones solo por lo que aporta en defensa.
Para ellos, la joya de su juego está en el manejo con ambas piernas y en la facilidad para cambiar el balón de un pie a otro. Hablan de giros de rodilla y tobillo con los que deja «sentado» al marcador y de una capacidad para superar jugadores «con una facilidad asombrosa». Al poder salir por los dos lados, añaden, el defensa nunca sabe qué perfil cubrir.
Otra jugada del Clásico, la que más impresiona a los presentadores, muestra a Diomandé recibiendo casi en su propia área, con Pedri y Cancelo cerca y apenas salida. Elimina a ambos, conduce y convierte la acción en una ocasión clara, con Bellingham atacando el espacio entre centrales y Mbappé sumándose a la jugada. «Parece que estás viendo un dibujo animado», resumen.
En su opinión, un jugador capaz de generar superioridad por sí solo equivale a un sistema de juego en sí mismo. Lo comparan con el mejor Vinícius: quien crea tanto espacio «no necesita mecanismos exquisitos de salida de balón», y para un entrenador eso es una maravilla. Una afirmación que, sin duda, agradará a Mourinho, aunque el entrenador no se ha pronunciado en estos términos.
Los números, al menos en parte, acompañan. En La Liga, el líder en regates completados por partido es Lamine Yamal, con cuatro; le sigue Mbappé, con 3,4; y en tercer lugar aparece Diomandé, con 2,8. Los presentadores subrayan un matiz importante: Lamine y Mbappé suelen jugar los partidos completos, mientras que el marfileño, sobre todo al inicio de la temporada, ni siquiera solía ser titular.
A su juicio, la cifra refleja algo más que calidad individual: es una muestra de personalidad. Hay que tener «mucha confianza en uno mismo», dicen, para firmar en su primer Clásico acciones como las comentadas. Lo comparan, una vez más, con Vinícius, «la confianza en estado puro» durante buena parte de su carrera.
Por supuesto, también hay margen de mejora, y los comentaristas lo reconocen sin rodeos. Señalan la pegada y la toma de decisiones en los metros finales, tanto en centros como en disparos, como el área donde más tiene que crecer. Aunque, matizan de inmediato, hablar de mala pegada tras la volea que anotó al Sevilla, directa a la escuadra, resulta cuanto menos curioso.
Su argumento es que esa falta de pulido es normal en un joven y se corrige con los años, como ocurrió con Vinícius. Lo realmente problemático, dicen, sería carecer de inteligencia táctica, regate o primer control, como ocurrió con otros jugadores cuya llegada a la élite se complicó por ese motivo. «Le falta el último toque de sosiego, y eso se adquiere», resumen.
Hay un detalle que, a su entender, se comenta menos que el regate y el trabajo defensivo: la capacidad de Diomandé para girarse en espacios reducidos en el centro del campo. Lo ilustran con una jugada ante el Sevilla en la que recibe de espaldas con un rival encima, se gira, elimina al marcador y filtra un pase al espacio para Mbappé. «Es casi el paquete completo», afirman.
La clave, concluyen, es que siga ganando confianza y que aprenda esa calma dentro del área que Ancelotti tenía como mensaje para Vinícius en sus primeras temporadas. Con tantas cualidades y una capacidad física para repetir esfuerzos que califican de «bestial», creen que no será de los jóvenes que alternan buenos partidos con grandes bajones.
Es, claro, una predicción. En el fútbol de élite, la regularidad es la más difícil de las virtudes, y la presión de un club como el Real Madrid, sumada a una cifra de traspaso tan elevada, puede ser un factor determinante. Los escépticos recordarán que hay muchos talentos prometedores que no cumplieron las expectativas.
Los presentadores, por su parte, cierran con optimismo. Esperan, dicen, que «el diamante» siga puliéndose hasta que un día levante el Balón de Oro, un premio que uno de ellos califica de «manchado». Y confían en que siga una trayectoria similar a la de Vinícius, aunque con su propio camino, porque, aclaran, se trata de personas y jugadores distintos.
Sea como fuere, el caso de Diomandé ya genera conversación. Entre quienes lo ven como un fenómeno y quienes piden prudencia, el tiempo y los partidos darán la respuesta. Lo cierto es que, en menos de dos años, un chico que jugaba en ligas menores de Florida ha pasado a ser titular en un Clásico, y eso, por sí solo, ya es una historia digna de contarse.