“Esto es peor que Turquía”: la furia de Mourinho tras el Villarreal, la promesa de “contundencia” del club y el plan de guerra que pide el madridismo contra los árbitros: sin saludos, plantón en Sevilla y un referéndum
Cuentan que, cuando sonó el pitido final del partido contra el Villarreal, Mourinho no celebró.
Se marchó hacia el túnel con una furia que, según quienes la conocen de cerca, recorrió el vestuario y llegó hasta los despachos de la directiva.
La historia circula desde hace días entre los círculos del madridismo digital.
Y esta vez la cuenta con detalle uno de los periodistas que participó en una conversación larga, intensa y por momentos desbordada, junto a dos colegas del mismo entorno.
Conviene decirlo desde el principio.
Lo que sigue es una recopilación de lo que se dijo en esa charla, con opiniones muy contundentes que no siempre vienen acompañadas de pruebas, y que se presentan aquí como lo que son: la visión de unos aficionados y comunicadores profundamente enfadados.
Empecemos por lo que, según el relato, ocurrió después del partido.
Mourinho, dicen, se acercó a quien quiso escucharle, desde el túnel de vestuarios hasta las oficinas del club, y repitió una idea: no podía más.
Según esa versión, el técnico explicó a los responsables del club que había alcanzado su límite.
Y añadió una comparación llamativa: que el campeonato más sospechoso en el que había competido era el turco, pero que lo que vivía ahora le parecía mucho peor.
El periodista que lo cuenta matiza que en Turquía se tomaron medidas y se apartó a dirigentes arbitrales.
Es una información de segunda mano que no puede confirmarse, y que debe leerse con esa cautela.
Lo que sí parece más sólido, según su relato, es la respuesta del club.
Le dijeron a Mourinho que serían mucho más contundentes, y esa promesa logró calmarlo en cierta medida.
Nadie sabe qué significa exactamente esa contundencia.
El propio periodista admite que no sabe en qué consistirá ni hasta dónde llegará.
Hay otro dato que, según su versión, Mourinho trasladó a los directivos.
El vestuario no está roto, como se decía el año pasado, y el técnico lo tiene bajo control, algo que quienes rodean al equipo, según él, confirman.
Pero el entrenador también les advirtió de algo.
En el fútbol, los resultados mandan, y si la situación continúa así, el vestuario podría acabar perdiéndose.
El periodista lo explica con una cita futbolística clásica.
Recuerda que Jorge Valdano decía que el fútbol es un estado de ánimo, y pone ejemplos: el rendimiento de Raphinha en el Barcelona, comparado con el de la selección brasileña, sería un buen ejemplo de cómo cambia un jugador según el clima que lo rodea.
Y cita un dato que, según él, ilustra el problema.
Konaté habría recibido más tarjetas en un mes que en sus ocho años en la Premier League, una cifra que conviene verificar, pero que refleja la percepción del grupo.
La conclusión del periodista es que el Madrid no está tan mal como dicen algunos.
Cree que muchos comentaristas anuncian el desastre con demasiada facilidad, y que el equipo podría agrietarse si pierde partidos y puntos con el Barcelona, pero que de momento no es así.
Hay una voz, sin embargo, que discrepa.
Un periodista al que los tertulianos escuchan en un clip afirma que lo que ocurre al inicio de la temporada tiene que ver con que el equipo no funciona, no se encuentra y no está feliz.
La respuesta de los participantes es tajante.
El mundo no está en contra del Madrid, dice uno, pero el Madrid no está contento, y cuando no lo estás, cualquier detalle te hace sentir que todo el mundo va contra ti.
Es, sin duda, uno de los pasajes más interesantes de la conversación.
Porque reconoce, aunque sea de refilón, que los problemas del equipo no se explican solo por los árbitros.
Pasemos a la gran pregunta de la charla.
¿Qué significa ser contundente?
El primer tertuliano tiene una respuesta pragmática.
Si el club se refiere a subir el tono de Real Madrid Televisión y conectarla con las redes sociales principales del club, para que millones de personas vean sus mensajes, sería un buen primer paso.
Pero cree que hace falta algo más.
Un portavoz, o mejor dicho, un nuevo aparato de comunicación, encabezado por una persona que sea la voz del club.
Recuerda que, según su lectura, el Madrid decidió hace ocho o diez años no hablar, y que desde entonces solo se escucha de vez en cuando a Butragueño con algún comentario sobre la situación.
En el peor momento de agresión de su historia, sostiene, el club ha decidido no tener voz.
Otro participante pone el foco en la prensa.
Opina que una parte de los medios trata de ridiculizar a quienes denuncian los arbitrajes, llamándolos conspiranoicos.
Menciona una afirmación de Javier Tebas sobre el caso Negreira, que según él habría calificado de farsa.
Y se pregunta quiénes son realmente los conspiranoicos cuando los hechos, dice, acaban dándole la razón al madridismo.
Para ilustrarlo, los tertulianos ponen un ejemplo de una retransmisión del partido contra el Villarreal.
Se escucha a un comentarista insistir durante minutos en que una acción de un jugador del Madrid pudo ser roja, cuando, según ellos, las imágenes no lo justifican.
A partir de ahí, proponen una estrategia de respuesta.
El club debería publicar en sus redes cada vez que un medio afirme algo que consideren falso, y responder uno por uno, con datos e imágenes, sin medias tintas.
Lo expresa con un tono casi bélico.

Si los medios se enfadan y contraatacan, dice, que lo hagan, porque el club cuenta con las imágenes, las estadísticas y millones de seguidores.
Es un planteamiento que genera, como mínimo, algunas dudas.
Enfrentarse a diario con periodistas concretos puede ser eficaz para movilizar a la afición, pero también puede polarizar todavía más un ambiente que ya está muy tenso.
Los participantes reconocen que Florentino Pérez ya abrió la puerta a esa línea en una rueda de prensa anterior.
Cuando habló del relevo, recuerdan, explicó muy bien su visión, y se preguntan por qué no se hace con regularidad.
Llegamos a la parte más radical de la conversación.
La que habla de un estado de guerra.
Uno de los participantes lo define con claridad.
El Madrid está en guerra y debe actuar como tal, con medidas que no tomaría en otras circunstancias.
Propone una lista.
Presentar demandas contra los medios, emitir comunicados oficiales y, sobre todo, nombrar a ese portavoz.
Añade una idea llamativa sobre el brazalete.
Fede Valverde, dice, es un futbolista extraordinario, pero no es el perfil adecuado para este momento, mientras que Jude Bellingham, que al terminar el último partido animó a la grada a silbar más al árbitro, tiene el carácter que haría falta.
Es una propuesta que muestra hasta qué punto el debate ha derivado hacia lo simbólico.
Porque hablar de quién debería llevar el brazalete como arma de confrontación es, en el fondo, hablar de qué clase de club quiere ser el Madrid.
Otro gesto que se plantea es el de los saludos.
En el próximo partido contra el Sevilla, propone un tertuliano, el capitán podría acercarse al árbitro antes del inicio y comunicarle que el equipo no le estrechará la mano.
La explicación, dice, sería que el club considera que el estamento arbitral actúa en su contra de forma deliberada, y que esa es la postura oficial.
Y todos los jugadores, añade, podrían pasar con las manos a la espalda ante las cámaras.
Es una escena que, sin duda, daría la vuelta al mundo.
También sería una acción sin precedentes en el fútbol español, que probablemente conllevaría consecuencias disciplinarias y habría que valorar con calma.
Y llegamos a la medida estrella.
Abandonar el campo.
Uno de los participantes lo plantea sin rodeos.
Propone que, en la primera acción dudosa contra el Sevilla, el capitán levante la mano, el equipo se retire y se asuma la sanción, incluso si eso implica no jugar el Clásico.
Admite que, hasta hace poco, esa idea le parecía una locura.
Pero asegura que la situación ha llegado a un límite y que es el único camino para provocar un cambio, aunque reconoce que se trata de una opinión personal.
Otro participante se muestra menos convencido.
Sostiene que los gestos aislados no sirven y que la respuesta tiene que ser estructural, constante, a lo largo de toda la temporada.
Y plantea una advertencia muy sensata.
Si el Madrid se retirara de un partido de un día para otro, algunos medios podrían presentar la medida como una maniobra de Florentino Pérez para salvarse a sí mismo.
Para evitarlo, un tercer participante propone algo sorprendente.
Que el presidente convoque un referéndum entre los socios, para que decidan si están de acuerdo con que el capitán o el entrenador, ante una situación determinada, ordenen retirar al equipo.
Está convencido de que una inmensa mayoría votaría a favor.
Y cree que, con esa legitimidad, los medios no podrían decir que la afición no lo quiere.
Es una idea original, con una lógica democrática evidente.
Aunque la organización de un referéndum de esa naturaleza plantearía dificultades prácticas y no está claro que el club contemplara esa vía.
El debate vuelve entonces a la final de la Copa del Rey.
Uno de los tertulianos cuenta una anécdota personal: iba a viajar a la final y una persona muy cercana a Florentino Pérez le llamó por la mañana para decirle que no fuera, porque no se iba a jugar.
Según esa versión, el club lo tenía muy claro, pero algo cambió después.
Se habla de presiones, aunque otro de los participantes las relativiza y recuerda que, a su juicio, los políticos no hacen temblar a Florentino Pérez.
Lo que sí sugiere es que a Florentino le pesó la situación de los aficionados que ya habían viajado.
Un argumento que otro tertuliano rebate, asegurando que todos los aficionados que conoce y que fueron a esa final habrían celebrado la suspensión.
Hay un clip más que se recupera de aquellos días.
Un colegiado de máxima categoría afirmaba, antes de esa final, que el colectivo de árbitros estaba más unido que nunca, que los ciento ochenta colegas profesionales se habían reunido y que habían reafirmado su unidad con el presidente del Comité Técnico, Luis Medina, y con todo su equipo.
Para los tertulianos, ese mensaje fue una señal de cierre de filas.
Para otros, es simplemente una declaración institucional normal en un colectivo que se siente atacado.
Aquí conviene hacer una pausa.
La interpretación de ese mensaje depende por completo de la mirada con que se escuche, y los participantes lo leen en clave de amenaza al Madrid.
Uno de ellos sostiene, además, que el portavoz ya no sería suficiente.
Lo califica de parche, y cree que hace falta una medida de choque total, algo disruptivo que cambie el rumbo de la temporada.
Cuando se le recuerdan las consecuencias, responde con un argumento de supervivencia.
Si el Madrid no actúa, razona, en octubre podría estar a nueve puntos del Barcelona, y entonces la afición exigiría la salida del presidente.
Es un temor que se repite durante toda la conversación.
Que una derrota en el Clásico, sin Vinícius y con un Barcelona en plena confianza, desate una crisis que acabe señalando a Florentino Pérez.
El tertuliano lo dice con claridad.
La afición perdonaría casi cualquier derrota, dice, pero no que el club se quede de brazos cruzados.
Y entonces llegan los números.
Una diapositiva que uno de los participantes presenta con indignación.
Corresponde a los tres últimos partidos del Madrid: Elche, Atlético y Villarreal.
En ellos, según los datos, el Madrid cometió veinte faltas y recibió nueve amarillas y dos rojas, lo que supone una tarjeta cada 1,82 faltas.
Sus rivales, en cambio, cometieron cuarenta y nueve faltas y vieron cinco amarillas y ninguna roja.
Una tarjeta cada casi diez faltas, según el cálculo del propio vídeo.
Es un dato que resulta llamativo a primera vista.
Pero conviene recordar que una muestra de tres partidos es muy pequeña, y que las tarjetas dependen de la gravedad de cada acción y de las protestas, además del número de faltas.
Los tertulianos, naturalmente, lo interpretan en una sola dirección.
Consideran que tres rivales debieron ser expulsados en esos partidos y que ningún argumento diplomático puede justificar semejante diferencia.
Hay, por último, una escena que remite a otro escenario.
La del partido entre el Manchester City y el Liverpool, donde los aficionados del club de Anfield llamaron tramposo al City, aunque el equipo de Guardiola acabó ganando por tres goles después de una expulsión de Gravenberch que los tertulianos consideran escandalosa.
Para ellos, es un ejemplo de lo que debería hacer el Madrid.
Tener un equipo propio, dicen, que difunda en los canales ingleses el caso Negreira y lo conecte con otras polémicas, para ganar una batalla de opinión que, de momento, se está perdiendo.
Así termina esta conversación.
Con un diagnóstico que mezcla razones y emociones, con propuestas que van de lo sensato a lo extremo y con un miedo compartido: que el Clásico llegue con el equipo hundido y el club sin respuesta.
Cualquiera que haya seguido el fútbol español sabe que el debate arbitral no es nuevo.
Pero pocas veces se había planteado con una intensidad tan alta y con propuestas tan explícitas.
Lo que está claro es que el madridismo vive uno de sus momentos de mayor tensión.
Y que lo que haga el club en las próximas semanas, sea hablar, callar, plantarse o seguir jugando, marcará el rumbo de una temporada que acaba de empezar.
¿Qué piensas tú?
¿Es hora de un plan de guerra o de mantener la calma y centrarse en el juego?
Cuéntanoslo en los comentarios.
Y comparte este artículo con ese amigo que lleva semanas defendiendo que el Madrid tiene que plantarse.