42 goles anulados al Real Madrid por el VAR, una guerra con los árbitros que no cesa y una frase de Iturralde que lo incendia todo: el debate arbitral que divide al madridismo tras el Villarreal

42 goles anulados al Real Madrid por el VAR, una guerra con los árbitros que no cesa y una frase de Iturralde que lo incendia todo: el debate arbitral que divide al madridismo tras el Villarreal

El Real Madrid había ganado.

Uno a cero, tres puntos, el Bernabéu en pie y una semana por delante para hablar de fútbol.

Pero en el fútbol español, y más aún en el madridismo, las victorias ya no cierran las conversaciones.

Las abren, a veces con una violencia verbal que sorprende incluso a quienes llevan décadas viviéndolo.

Este lunes, 12 de octubre, mientras media España celebraba la fiesta nacional, la polémica arbitral volvía a ocupar las ondas.

Con micrófonos encendidos en la SER, en la COPE y en cuantos programas tuvieran algo que decir sobre lo ocurrido el sábado.

Lo que sigue es un recorrido por ese ruido.

Por lo que se dijo, por lo que se respondió desde el entorno madridista y por las cifras que nadie parece dispuesto a interpretar del mismo modo.

Empecemos por la SER, donde Antón Meana abrió el fuego.

Según su relato, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas hay perplejidad por las críticas del Madrid al arbitraje del partido contra el Villarreal.

La guerra entre el club blanco y el estamento arbitral, apuntó, no tiene final.

Nadie en la federación entiende la tensión madridista y el Comité Técnico de Árbitros respalda sin reservas lo hecho por el colegiado.

Describió además una escena que, según él, vivió la delegación del Villarreal en directo.

El cuerpo técnico de Mourinho, como en una contrarreloj por relevos, acudía a protestar al cuarto árbitro y a los asistentes desde el primer minuto.

El autor del vídeo que sirve de base a este artículo, un creador madridista que firma como Fanático Real Madrid, no está de acuerdo.

Recuerda que las protestas tenían motivos: hacia el minuto diez o quince, Arda Güler recibió una entrada dura por detrás que ni siquiera se castigó con amarilla.

Es un patrón que, según él, se repite desde la primera jornada de liga.

Que al Madrid se le puede golpear con una dureza que a otros equipos no se les permitiría.

También se escuchó la voz del banquillo rival.

Íñigo Pérez, entrenador del Villarreal, dijo que no le sorprendía lo ocurrido, que forma parte del fútbol y que debía tratarse con cierta naturalidad.

Añadió que hay gente que hace de su trabajo generar ese tipo de tensión.

Una frase que, para el autor del vídeo, encierra una pulla velada de alguien que dice no hablar de árbitros mientras habla de ellos.

Meana, por su parte, reconoció que el Villarreal no supo gestionar los últimos diez minutos, en los que hubo más ruido que fútbol.

Y explicó que, desde su punto de vista, el Madrid no va a rebajar el tono porque le conviene, porque cree en ello y porque buena parte de sus socios opina que no se puede aflojar en esta cuestión.

Mezcló además en su análisis el caso Negreira, los incidentes del derbi en el Metropolitano y ese conflicto permanente que, a su juicio, Mourinho considera beneficioso.

Un cóctel que, sostuvo, deja a Las Rozas completamente desconcertada.

La respuesta del autor llegó en forma de contraataque.

Su primer argumento es que Meana lleva más de una década cubriendo la actualidad del Madrid sin ser madridista, algo que, en su opinión, no ocurre con otros clubes.

Por qué el Atlético o el Barcelona tienen periodistas afines y el madridismo no, se pregunta.

Y recuerda que, según su relato, el Barcelona pagó 8,4 millones de euros al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, una cifra que forma parte del caso Negreira y que sigue sin resolverse en los tribunales.

Conviene subrayar este punto: el caso continúa abierto, y la interpretación de esos pagos es uno de los grandes debates del fútbol español.

Quienes los consideran un intento de influir en los arbitrajes y quienes defienden que respondían a informes técnicos mantienen posturas irreconciliables.

Lo que preocupa de verdad al aficionado madridista, según el autor, no es la perplejidad de Las Rozas.

Es que acciones muy graves de esta temporada no hayan acabado en tarjeta roja.

Cita varios ejemplos.

Una patada de Cala a Vinícius por detrás que no se castigó ni con amarilla, en un partido contra el Espanyol en el que el Madrid terminó rescatando un empate en el tiempo añadido.

Con una expulsión temprana, argumenta, el desarrollo habría sido otro.

El Madrid, que dominaba y se había adelantado, habría jugado contra diez desde el minuto tres y quizá habría ganado con holgura en lugar de sufrir hasta el final.

Pone después el ejemplo del partido contra el Elche.

En el minuto treinta, una falta muy dura sobre Cucurella y un codazo de Osorio a Huijsen en la cara, acciones que, según él, no se castigaron como merecían.

Osorio acabó marcando el 1-2 que metió al Elche en el partido.

El Madrid había llegado al descanso ganando 0-2 y, con un rival menos, argumenta el autor, la goleada habría podido ser mayúscula, sin las veinte faltas que cometió el conjunto ilicitano.

Del derbi, mencionado también por Meana, el vídeo recuerda que el árbitro era Trujillo Suárez.

Un colegiado al que el autor atribuye un largo historial de decisiones perjudiciales para el Madrid y que, según subraya, fue designado esta jornada para el Barcelona-Getafe en el Camp Nou.

Ese detalle, sostiene, es lo que más desconcierta al madridista.

Que el Comité Técnico de Árbitros blanquee ciertas decisiones y, además, premie con designaciones de relieve a quienes las tomaron.

La polémica saltó de la SER a la COPE, donde Manolo Lama intervino en El Partidazo.

Su tesis fue clara: Mourinho quiere que se hable de árbitros y de su ausencia en la sala de prensa para no hablar del juego del Madrid.

Lama, según el relato, restó importancia a que el técnico no compareciera.

Y alegó que lo que Mourinho no quiere es que se hable de que el equipo lleva ocho jornadas con un nivel irregular, de que el Barcelona le saca seis puntos o de que el Madrid ocupa la cuarta posición.

La réplica del autor fue durísima.

Sostiene que, de haber comparecido, a Mourinho tampoco se le habría preguntado por táctica, por los cambios o por el medio campo, sino por la polémica.

Y que el escenario habría sido el mismo, con una diferencia: pedirían sanciones contra el entrenador por atacar al estamento arbitral.

Dibuja un panorama en el que, a su juicio, el mundo del fútbol español forma una red interesada en la que todos se protegen entre sí.

Aquí conviene hacer una pausa y señalar algo.

En su vídeo, el autor utiliza un lenguaje muy duro contra varios periodistas, con insultos que no reproducimos, y llega a pedir que se les señale en el estadio.

Es una postura personal, y como tal merece ser leída con la distancia que corresponde a una opinión apasionada.

Esa dureza no resta valor a los hechos que enumera, pero tampoco los convierte en verdades indiscutibles.

Pasemos a la parte más técnica.

La de los números, que son, probablemente, el terreno más delicado de todo este debate.

Tras el gol anulado al Madrid, circuló una estadística llamativa: en la era del VAR, el Madrid acumula 42 goles anulados.

El segundo equipo de la lista es el Atlético de Madrid, que comparte con el Villarreal la cifra de 22, seguido del Celta con 20.

El Barcelona aparece en esa clasificación con 19.

La distancia entre el Madrid y el resto es, a simple vista, enorme.

Un analista conocido en redes como Mr. Chip ofreció su lectura.

Sostiene que el VAR está para corregir errores y que, si interviene correctamente en el 90 % de los casos, de esos 42 goles unos treinta y ocho o treinta y nueve habrían subido ilegalmente al marcador hace diez años.

Es decir, el VAR habría evitado que el Madrid se beneficiara de goles que no debieron valer.

Una lectura que a quien no mira con ojos de aficionado le parece, como mínimo, razonable.

El autor del vídeo la rechaza de plano.

Para él, esa cifra no refleja justicia, sino un sesgo: el de un colectivo arbitral que, en sus palabras, lleva décadas moldeado por los antiguos dirigentes del estamento.

Y recurre a ejemplos concretos para sostenerlo.

Un gol de Mariano ante el Getafe anulado tras forzar un fotograma, según él; uno de Mbappé en Mestalla, hace dos temporadas, el mismo día de la expulsión de Vinícius, anulado por un fuera de juego en el que sostiene que hubo manipulación de la imagen.

Menciona también un tanto de Benzema ante el Levante, otro de Bellingham en el Metropolitano, en los cuartos de la Copa del Rey, y uno de Marco Asensio en el Camp Nou.

Sobre este último, argumenta que las líneas del VAR eran tan discutibles que se podían cambiar de orden sin alterar el resultado.

Aquí el lector debe tomar nota de una realidad.

Cada uno de esos casos admite discusión, y cada bando suele tener un vídeo que le da la razón.

Los datos agregados, por su parte, rara vez cuentan toda la historia.

Un equipo que ataca mucho y juega en campo rival tiene, por pura estadística, más posibilidades de ver goles anulados por fueras de juego, y el VAR no distingue entre un equipo grande y uno pequeño.

Eso no invalida las sospechas del autor, pero sí es un matiz que cualquier analista honesto debe poner sobre la mesa.

Y que, por desgracia, suele perderse en el fragor de la discusión.

En el derbi madrileño, el autor recuerda otro momento de debate.

A Bellingham se le señaló una falta y se le mostró amarilla, y el VAR intervino para cambiar, según su explicación, la identidad de la tarjeta, aunque no había error de identidad.

Sostiene que el VAR no interviene para cambiar faltas.

Y que esa revisión debería haberse utilizado para señalar una expulsión a Cuti Romero, quien después marcó el 2-1 del Atlético en su partido en Mendizorroza.

Huijsen, por su parte, fue expulsado por una acción que el autor considera muy parecida a otra no sancionada en el Bernabéu.

Se refiere a un tirón de camiseta a Mbappé, justo cuando el francés se disponía a rematar, que habría bastado para desequilibrarlo y que, en su opinión, no ha tenido apenas eco mediático.

Pero ahí el autor introduce un matiz inesperado.

Él defiende que ese tipo de contactos no se piten, porque forman parte de la lucha normal del fútbol.

La diferencia, explica, es que Mbappé estaba en posición de disparar con el balón controlado y el defensor había perdido la posición.

Mientras que en el derbi ambos jugadores luchaban por un balón que Giuliano Simeone no controlaba.

Una distinción interesante, aunque subjetiva.

Y que muestra hasta qué punto la interpretación del reglamento depende del ojo que mira.

La tercera gran voz de la jornada fue la de Iturralde González, exárbitro y colaborador de radio.

Su análisis fue más sereno y, para muchos, más incómodo.

Iturralde afirmó que lo que hace Mourinho es una estrategia antigua, que ya se vivió en la época de los clásicos entre el portugués y Guardiola.

Una táctica de generar tensión antes, durante y después de los partidos, que en su día ya provocó un ambiente muy caldeado.

Matizó que el Madrid puede quejarse del arbitraje del derbi.

Opinó que, para él, las dos acciones merecían tarjeta roja, aunque el CTA considerara que solo una lo era.

Pero rechazó la crítica al arbitraje del partido contra el Villarreal.

Si se criticara una decisión correcta, apuntó, se trataría claramente de una campaña para distraer la atención de otra cosa.

El autor del vídeo respondió con dureza.

Sostiene que el reglamento habla de brutalidad y fuerza excesiva, y que lo que ocurrió con Vinícius fue que su mano quedó enganchada en la goma del pelo del rival.

Defiende que esas imágenes no se mostraron al árbitro sobre el césped.

Y asegura que no se trató de un tirón intencionado: el futbolista afectado continuó la jugada como si nada, porque lo que se agarraba era una goma, no el cabello.

Si hubiera sido un tirón de pelo, argumenta, el jugador habría caído al suelo por el dolor.

Es una explicación más a las muchas que se han dado sobre la acción, y una de las que más se discute.

Al hilo de la intervención de Iturralde, el autor evoca un episodio de los clásicos de hace años.

Recuerda un gol anulado a David Villa en un 5-0 y una supuesta ausencia de sanción a Víctor Valdés, y sugiere que quienes arbitraban entonces no tienen autoridad moral para opinar ahora.

Es un salto retórico fuerte, que busca desacreditar al interlocutor más que rebatir su argumento.

Pero ilustra bien el clima de desconfianza que impregna todo este debate.

Para cerrar su vídeo, el autor lanza una reflexión sobre la afición.

Cuenta que la prensa pasó el parón de selecciones intentando enfrentar al Bernabéu con el equipo para que el partido contra el Villarreal fuera un infierno.

Pero la grada, asegura, no respondió a esa campaña.

Se mantuvo con el equipo, sin convertir el inicio del partido en un calvario para sus propios jugadores.

Reclama que esa unión continúe durante toda la temporada.

Y que el infierno del Bernabéu quede reservado para los rivales, para los colegiados y, en palabras suyas, para la prensa que él critica.

Es un llamamiento vehemente, quizá excesivo en sus formas.

Pero retrata con fidelidad lo que siente una parte de la afición madridista.

Y ahí queda la gran pregunta que flota sobre toda la semana.

¿Hay una guerra real entre el Madrid y los árbitros, o es una guerra de relatos en la que cada bando selecciona los vídeos que mejor le conviene?

Los datos, por sí solos, no responden.

Los casos concretos, tampoco, porque cada uno admite lecturas opuestas.

Lo que sí está claro es que el tono no baja.

Y que cada partido, cada decisión y cada comparecencia añade combustible a una hoguera que nadie parece interesado en apagar.

Cuéntanos qué piensas en los comentarios.

¿Crees que el Madrid tiene motivos reales para quejarse o que la polémica sirve para tapar los problemas del equipo?

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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