¿Abandonar el campo, un portavoz “perro de presa” o denunciar ante la FIFA? El debate sin filtros sobre cómo debe plantarle cara el Real Madrid a los árbitros antes de un Clásico que llega con seis puntos de desventaja
Hay una pregunta que lleva semanas flotando en el entorno del Real Madrid.
Una pregunta incómoda, que nadie quiere formular en voz alta pero que todos se hacen: ¿y ahora qué?
Seis puntos de desventaja con el Barcelona.
Un Clásico en el Camp Nou a menos de dos semanas, sin Vinícius, y un clima de agravio que se ha vuelto casi irrespirable en la Casa Blanca.
En ese contexto, una tertulia con voces conocidas del madridismo digital decidió hacer algo poco habitual.
Dejar de lamentarse y empezar a proponer.
Lo que sigue es el resumen de ese debate.
Un repaso por las ideas que se pusieron sobre la mesa, por los datos que se citaron y por los argumentos con los que cada uno defendió su postura, siempre con la distancia que merece una conversación apasionada.
Todo arrancó con una idea muy clara de uno de los participantes.
A su juicio, el Real Madrid debería haber tomado las riendas hace muchos años, con motivos de sobra para replantear su relación con las competiciones que organiza el estamento arbitral español.
Para él, el episodio más evidente fue el de la final de la Copa del Rey.
Cree que el club necesita, de una vez por todas, llamar la atención internacional sobre lo que ocurre en España, y que para lograrlo hay que hacer un ruido que nunca se ha hecho.
Lo resume con una frase muy repetida.
No se pueden esperar resultados nuevos haciendo siempre lo mismo.
Y recuerda que, desde la aparición del caso Negreira, el club ha reaccionado prácticamente igual: presentando quejas y poco más.
La solución, sostiene, empieza por dar un paso diferente y probar con algo distinto.
Entre las opciones que se barajan está la que se ha comentado en otras ocasiones.
Retirar a los jugadores del campo en un momento dado y generar un impacto mediático enorme.
Pero el tertuliano no cree que sea la única vía.
Defiende que se usen todos los medios a la vez, y que la afición también juegue su papel.
Pone un ejemplo reciente.
Las imágenes del partido entre el Liverpool y el Manchester City, en las que todo Anfield desplegó pancartas contra el City por las acusaciones financieras que pesan sobre el club inglés, y que, según recuerda, afectaron especialmente a Liverpool y al Manchester United.
Si ellos pueden movilizarse así, se pregunta, por qué no podría hacerlo el madridismo.
Reconoce que es el aspecto menos importante de todo el asunto, pero cree que todo suma.
El siguiente en intervenir se muestra menos optimista.
Tiene la sensación de que, una vez más, el club llega tarde.
Se basa en una realidad concreta.
El Madrid está a seis puntos del Barcelona y visitará el Camp Nou sin su jugador más desequilibrante, Vinícius, cuya renovación el club ha celebrado este verano con una inversión millonaria.
Admite que el brasileño no atraviesa su mejor momento.
Pero recuerda que en el último partido fue él quien cambió la dinámica del encuentro, y que su ausencia pesará en el Camp Nou.
Plantea, además, un escenario que considera probable.
Si el Barcelona gana el Clásico por dos goles a cero, nadie hablará de los árbitros.
Todo el mundo, dice, hablará de la crisis del Madrid y de los errores de Mourinho.
Dirán que el discurso arbitral era una cortina de humo, aunque, según él, la realidad es otra: un equipo abatido moralmente por los arbitrajes, para el que competir en estas condiciones resulta muy difícil.
Añade un dato que, según cuenta, conoce de primera mano.
Mourinho se quejó con amargura ante la directiva del club, diciéndole que no podía seguir soportando la situación.
Pero matiza el sentido de la frase.
Le explicaron después que el técnico la usó, en parte, como justificación psicológica ante los futbolistas.
El tertuliano construye entonces un ejercicio de ficción muy ilustrativo.
Si el Madrid hubiera ganado 0-3 en el Metropolitano, como, según él, habría ocurrido de haber jugado el Atlético con nueve futbolistas, la prensa y los jugadores estarían diciendo que el equipo mejora y que el grupo está más comprometido.
Con apenas dos resultados distintos, razona, el Madrid estaría a un punto o dos del Barcelona.
Hace mención de la polémica por un penalti en el Sevilla-Betis y de las acciones del derbi, y concluye que el panorama sería completamente diferente.
De ahí extrae una conclusión sobre el vestuario.
Si el ambiente interno está tenso, dice, es lógico, porque no conoce a ningún equipo de Primera con buen clima cuando los resultados no acompañan.
Otro participante aporta un matiz interesante.
Observa que el Madrid se queja incluso cuando gana, como ocurrió tras el Villarreal, y recuerda varias acciones que, según él, pasaron sin consecuencias.
Entre ellas, una patada de un jugador del Espanyol a Vinícius por la espalda, con el balón parado, que considera una agresión mucho mayor que la acción de tirón de pelo por la que el brasileño fue expulsado.
Y el codazo a Huijsen, que lo derribó en pleno partido, ante las cámaras.
Menciona también un pisotón por detrás a Cucurella.
Una acción de Kang-in Lee, que según él pudo romper el tobillo de Valverde, y la de Cuti Romero sobre Bellingham, ninguna de las cuales motivó, dice, la intervención del VAR.
Pone el foco en el caso de Konaté.
Se pregunta por qué el VAR no llama al árbitro para corregir una amarilla injusta, cuando ya interviene en tarjetas amarillas, o por qué no se amonesta a un rival por simular.
Su conclusión es clara.
No recuerda una situación arbitral tan exagerada como la actual.
La conversación se desplaza entonces hacia un terreno más político.
Uno de los tertulianos plantea que hay quienes empiezan a percibir debilidad en el entorno del club.
Cree que, tras años de tensión, algunos sectores ven en este momento una oportunidad para debilitar a Florentino Pérez.
Los resultados no acompañan, la afición está enfadada y el presidente atraviesa, a su juicio, una fase de vulnerabilidad.
Señala a Javier Tebas como figura clave en ese escenario.
Aunque no quiere extenderse en el tema, lo describe como alguien que lleva tiempo enfrentado con el club y que ahora percibe una ocasión.
Y advierte de un efecto psicológico.
Si el Madrid tropieza en algún partido, como le puede pasar a cualquier equipo, la afición se volcará en criticar a la directiva, con razón o sin ella.
A ese clima, añade, ha contribuido el propio discurso arbitral.
Porque cuando un club presenta sus problemas como consecuencia casi exclusiva de los árbitros, cualquier fallo deportivo se agranda ante la opinión pública.
Otro participante sostiene que el impacto de los arbitrajes en estas ocho jornadas es decisivo.
Opina que lo visto es incluso más duro que en épocas anteriores, y que condiciona hasta la forma de jugar del equipo.
Se refiere sobre todo a Arda Güler.
Cita a otro comentarista, que advirtió que, si sigue así, no terminará la temporada, porque desde el primer minuto los rivales van a por él.
Imagina la situación desde el punto de vista del joven turco.
Si desde el primer minuto un rival te pega dos patadas, la próxima vez pensarás mucho antes de arriesgarte.
El debate sube de nivel con los números.
Uno de los participantes recuerda una diapositiva que circuló sobre las intervenciones del VAR: el Barcelona tiene saldo positivo, el Atlético tiene un más ocho y el Madrid un menos cuarenta.
Aquí surge un contrapunto curioso.
Algunos sectores críticos con el Madrid, señala, interpretan esas cifras como una ventaja, es decir, como prueba de que los árbitros se equivocan a favor del Madrid y el VAR los corrige.
La respuesta del tertuliano es contundente.
Recuerda que quienes están en el campo y quienes están en la sala del VAR forman parte del mismo colectivo arbitral, y que no se trata de dos cuerpos distintos.
Si el colectivo fuera favorable al Madrid, razona, tampoco tendría sentido que el equipo recibiera tantas decisiones negativas.
Y subraya un dato que, según él, desmonta el argumento: en la Champions League, las cifras del Madrid y el Barcelona son parecidas.
Pide que se haga la comparación con otras ligas.

Y reconoce que no ha hecho el ejercicio completo, aunque cree que en la Premier, la Bundesliga o la Serie A las diferencias no serían tan grandes.
Para él, la clave es que hablamos de un saldo de menos cuarenta frente a un más nueve y un más ocho de equipos de su nivel.
Una anomalía estadística que, según su lectura, requiere una explicación que nadie ofrece.
Conviene, a este respecto, tomar distancia.
Un saldo de intervenciones del VAR no mide por sí solo intenciones, y depende de cuántas jugadas dudosas haya en cada partido y de cómo juegue cada equipo.
Los propios tertulianos, de hecho, lo plantean como un indicio, no como una prueba.
Y la discusión sobre qué significan realmente esos números sigue abierta entre analistas de todo signo.
Para ilustrar su postura, uno de los participantes propone una prueba sencilla, la que llama el test del ojo.
Su vista, dice, ve cómo golpean a Huijsen en la cara, cómo pisan el tobillo de Valverde, cómo Cuti Romero pisa el muslo de Bellingham.
Y ante eso, pregunta qué tipo de broma es.
Hay que recordar que estas afirmaciones corresponden a su percepción, y que otras personas podrían interpretar las mismas acciones de forma distinta.
La conversación gira a continuación hacia las soluciones.
Y es aquí donde la tertulia gana en originalidad.
Para uno de los participantes, el primer paso es que el club tenga voz.
Hoy, argumenta, el Real Madrid no tiene un portavoz que defienda sus intereses de forma constante.
Propone dos vías.
Dar más peso a Real Madrid Televisión, que según él el propio club mantiene en segundo plano, o fichar a un profesional de la comunicación, aunque no sea del entorno del club, que se dedique a defender al Madrid en la prensa y en la televisión.
Lo describe con una expresión gráfica.
Alguien capaz de actuar como un perro de presa, que acepte los debates en los programas de radio y televisión y que explique con claridad lo ocurrido en el caso Negreira para que el gran público lo entienda.
Imagina incluso un escenario internacional.
Que ese portavoz se siente a debatir con Thierry Henry o Jamie Carragher, en cadenas de todo el mundo, y que lo haga con la preparación necesaria.
Otro tertuliano plantea una duda razonable.
No cree que sea una cuestión de salario, ya que en el Madrid se paga bien a todo el mundo, y lo ve más como un asunto de estrategia.
Un tercer participante propone otra vía.
Que Florentino Pérez y José Ángel Sánchez, junto con el entrenador, den la cara y expliquen públicamente que el club considera que se le perjudica, y que lo hagan acompañados de datos.
Insiste en que ese mensaje debe ir acompañado de las estadísticas.
Y recuerda que, según su lectura, el caso Negreira no está resuelto, y que el club debería subrayar que le parece vergonzoso que siga sin cerrarse.
Pone un ejemplo de otro deporte.
Cuenta que en el baloncesto, directivos y entrenadores del club se pronunciaron de forma pública y conjunta tras una final polémica, y que ese mensaje sirvió para que el club se hiciera oír.
A su juicio, el Madrid debería hacer lo mismo en el fútbol.
Solo así, asegura, se podría pasar a medidas más drásticas, como abandonar el terreno de juego, sin que la acción pareciera un simple berrinche.
Otra propuesta es de carácter institucional.
Sugiere presentar una queja ante la FIFA contra la federación española por incumplimiento de deberes, pidiendo que el organismo internacional intervenga y supervise el desarrollo del caso Negreira.
Recuerda, además, que la UEFA podría actuar en el ámbito europeo.
Y menciona las sanciones que se han barajado para el Barcelona en ese ámbito, aunque admite que no son más que hipótesis que no se han materializado.
Con todo, advierte de una paradoja.
Aunque el Barcelona recibiera una sanción deportiva, razona, seguiría habiendo árbitros cuestionados dirigiendo partidos todos los fines de semana, por lo que haría falta una renovación a fondo.
Su conclusión es radical.
Si no se hace nada, el club podría verse relegado a un papel secundario, con el riesgo de acabar fuera de las competiciones europeas.
Es una afirmación fuerte, y conviene presentarla como lo que es: un temor personal, sin base objetiva.
La propia tertulia incluye voces que relativizan ese miedo y que recuerdan que el Madrid es un activo comercial que ningún organismo quiere perder.
De hecho, uno de los participantes cuenta que consultó a una herramienta de inteligencia artificial sobre qué ocurriría si el Madrid se retirara de un partido.
La respuesta, según relata, fue que el gobierno intervendría y que jamás se permitiría un descenso administrativo del club.
Es una curiosidad que se toma con humor.
Pero ilustra la idea de fondo, defendida por varios tertulianos: que el Madrid tiene más fuerza institucional de la que a veces cree.
Queda un último debate, el más práctico.
Si el equipo decide abandonar el campo, ¿quién toma la decisión?
Uno de los participantes lo tiene claro.
No se puede dar la orden a través de un pinganillo, y la decisión debe recaer en una sola persona, que él considera que debe ser Mourinho.
Pero advierte de un problema.
Si no se trabaja internamente con antelación, nadie saldría del campo, porque los jugadores dudarían ante algo tan inusual.
Por eso propone definirlo con claridad.
Que Mourinho sepa que cuenta con la autoridad y con el respaldo del club para decir basta y ordenar la retirada.
Otro tertuliano recuerda que ya hay precedentes en la liga de equipos que han abandonado el campo.
Y añade, con cierta ironía, que no ocurrió nada.
Hay quien lo ve como una opción posible, asumiendo las sanciones.
Otros prefieren esperar y valoran que, de plantear la retirada, habría que hacerlo con una estrategia clara y una comunicación previa sólida.
Así termina la conversación.
Con más preguntas abiertas que certezas, pero con una idea compartida: que el Madrid necesita hacer algo distinto.
Es lógico que el madridismo esté molesto.
Pero conviene separar lo que se puede probar de lo que se percibe, y lo que es una estrategia de lo que es un desahogo.
El Clásico llega en menos de dos semanas.
Y, gane quien gane, es probable que el debate sobre qué debe hacer el Madrid siga abierto mucho después del pitido final.
¿Qué opinas tú?
¿Debe el Madrid dar un paso al frente o es mejor mantener la calma y centrarse en el juego?
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