¿Y si el Madrid no se presenta en Mestalla? La tertulia que destapa la rebelión por el horario, la roja de Vinícius que ni el madridismo defiende, el declive de Bernardo Silva y la solución de Mourinho que todos ven menos él

¿Y si el Madrid no se presenta en Mestalla? La tertulia que destapa la rebelión por el horario, la roja de Vinícius que ni el madridismo defiende, el declive de Bernardo Silva y la solución de Mourinho que todos ven menos él

Hay conversaciones que empiezan hablando de un horario y acaban desnudando a todo un club.

Esta fue una de ellas.

Una hora de tertulia entre periodistas madridistas, con micrófonos abiertos y sin guion, a las puertas del viaje a Roma.

Y en esa hora cabe casi todo: una amenaza de plantón, una guerra de designaciones arbitrales, una expulsión que nadie sabe explicar, un fichaje que ya no juega y un delantero francés que falla lo que no puede fallar.

Lo que sigue es el resumen ordenado de esa conversación.

Un recorrido por lo que se dijo, por lo que se discutió y por las ideas que, con sus matices, más fuerza tomaron.

Empecemos por un calendario.

Porque en el fútbol moderno, a veces, la batalla más importante no se juega sobre el césped.

El fin de semana del 7 y 8 de noviembre trae una situación que ha encendido a los periodistas presentes.

El Madrid jugará ese sábado, a las nueve de la noche, en Mestalla, contra el Valencia, después de haber disputado el miércoles anterior un partido de Champions en Atenas contra el AEK.

El encuentro europeo empieza a las 18:45, hora peninsular.

Eso significa que el equipo no aterrizará en Madrid hasta las dos o las tres de la madrugada del jueves.

Hay un dato técnico que conviene precisar.

Entre un partido y otro se cumplen las setenta y dos horas reglamentarias, un detalle que, según los tertulianos, permite a LaLiga escudarse en la norma y que explica por qué el club ha puesto el partido a las nueve y no antes.

Pero una cosa es cumplir el reglamento y otra es respetar la recuperación de los futbolistas.

Uno de los participantes lo resume con dureza: no tiene ningún sentido que el equipo juegue en Mestalla un sábado a las nueve de la noche después de un viaje así, y habla de una falta de humanidad hacia los jugadores.

La explicación que más se barajó fue comercial.

LaLiga quiere reservar el Atlético-Barcelona como partido estrella de la jornada, justo antes del parón de selecciones, colocándolo el domingo a las nueve de la noche, como último encuentro del fin de semana.

Uno de los tertulianos, que reconoce no ser especialmente beligerante con Javier Tebas, no ahorra críticas.

Considera que la competición maltrata su propio producto, incluyendo al club que más audiencia genera, y que ya ni siquiera se tiene en cuenta la salud de los futbolistas.

Otro participante matiza el argumento.

Recuerda que la semana anterior el horario del Madrid tuvo una justificación objetiva, porque el Villarreal jugaba el martes y no quedaba otra opción que adelantar el partido al sábado.

La diferencia, apuntan, es que esa lógica excepcional debería aplicarse de la misma manera el fin de semana de noviembre.

Si el Madrid juega el miércoles en Atenas, argumentan, nada impediría programar el partido en Mestalla el domingo, a las cuatro de la tarde o incluso a mediodía, para darle una noche más de descanso.

Y entonces surge la idea más audaz de la tertulia.

¿Y si el Madrid se negara a presentarse?

Uno de los periodistas la plantea como una especie de política de máximos.

Si de verdad quieres protestar y hacerlo visible, razona, anuncias que no juegas ese partido, aceptas la sanción y la recurres después, con la certeza de que el conflicto se hablaría en todo el mundo.

La reacción de sus compañeros es, como mínimo, escéptica.

Recuerdan que, si se cumplen las setenta y dos horas exactas, el club no tiene derecho a no presentarse, y que las televisiones y los patrocinadores podrían reclamar al Madrid.

Uno de ellos añade un precedente que ilustra lo delicado del asunto.

En la final de la Copa del Rey con González Fuerte como árbitro, según su recuerdo, el club filtró que no se presentaría, aunque después sacó un comunicado asegurando que nunca lo había planteado.

Y subraya un detalle que cambió el desenlace.

El rey tenía previsto asistir a la final, y eso inclinó la balanza.

Los tertulianos coinciden, al final, en algo.

El Madrid se presentará en Mestalla, pero amenazar con no hacerlo, anunciándolo con tiempo, no tendría ninguna sanción y obligaría a LaLiga y al Valencia a moverse.

Antes del partido, hay margen para que cambie el horario.

Y uno de los participantes lo resume con realismo: una cosa es pedirlo y otra conseguirlo, porque LaLiga ya no pondera nada que pueda beneficiar al Madrid.

De ahí pasamos a una de las discusiones más técnicas, la de las designaciones arbitrales.

Porque uno de los tertulianos considera que mucha gente no sabe quién elige a los colegiados que pitan cada partido.

Lo explica con claridad.

La designación depende de un comité de tres personas: una nombrada por la federación, que suele ser el presidente del Comité Técnico de Árbitros, otra elegida por LaLiga y una tercera de consenso.

En la actualidad, según detalla, la primera es Fran Soto, la segunda Gregorio Manzano y la tercera Teixeira Vitienes.

Y apunta, además, a una figura con mucho peso interno: el director técnico, Fernández Borbalán.

Aquí el tertuliano entra en terreno de opinión.

Señala que algunos de esos nombres pertenecen a la época del caso Negreira y sostiene que son ellos quienes, en la práctica, hacen el traje a medida de cada partido.

Conviene tomar esa afirmación con cautela.

Es una lectura personal que no se acompaña de pruebas en la conversación, y la propia tertulia reconoce que los árbitros mencionados no han sido sancionados por este asunto.

Lo que sí resulta interesante es la propuesta que surge a continuación.

Que los clubes participen en el proceso de designación, y que no recaiga todo en un poder único de la federación y de la liga.

Otro participante añade una idea moderna.

Que un algoritmo, o la inteligencia artificial, ayude a elegir colegiados evitando, por ejemplo, que un mismo árbitro repita partidos con un equipo, de forma que nadie pueda quejarse.

Se recuerda que ya se usa la tecnología para seleccionar jugadas en las revisiones.

Y se lanza una pregunta de fondo: por qué un derbi madrileño fue pitado por un colegiado que, según Mourinho, no tenía experiencia en partidos de esa magnitud.

La respuesta, según uno de los tertulianos, es política.

Se habría elegido a un árbitro madrileño por una cuestión de territorialidad, algo que él no considera mal en sí, siempre que el colegiado tenga nivel.

Pasemos a Mourinho.

El silencio del portugués tras el Villarreal fue uno de los temas más debatidos de la tertulia.

La pregunta era sencilla.

¿Le sirve al entrenador callarse, o habría sido mejor hablar?

Los participantes no dudan.

Creen que callar no le va a funcionar, y que habría hecho más ruido saliendo a hablar de manera educada, sobre todo después de ganar.

Uno de ellos propone el guion ideal.

Aprovechar los tres puntos para decir que no sacará fotos ni impresoras cuando pierda, y explicar con calma qué faltas debieron ser amarilla, cuál fue roja y qué decisiones le parecen perjudiciales.

Otro va más allá.

Opina que la actitud de Mourinho en el banquillo contagia tensión a los jugadores, y que lo último que necesita ahora el equipo es más leña al fuego.

Un tercer tertuliano discrepa en el tono.

Defiende que el Madrid debe seguir peleando contra el caso Negreira, pero evitando tanto ruido mediático sobre los árbitros, porque no le reporta ganancia alguna.

Su argumento es futbolístico.

El Madrid, dice, no tiene fútbol de sobra para pensar que, cuando no le llegue el juego, vaya a recibir una pequeña ayuda arbitral.

Y aquí los participantes llegan al punto más delicado de la conversación.

La expulsión de Vinícius.

Todos coinciden en un diagnóstico.

Es una roja clara, aunque haya vídeos desde distintos ángulos que algunos interpretan como un tirón involuntario, y que lo que debería hacer el brasileño es explicar qué ocurrió.

Uno de ellos asegura que Vinícius aprendió con veintiséis años que tirar del pelo es expulsión.

Y recuerda que el reglamento lo recoge ahora de forma expresa, desde que la norma se incorporó por el fútbol femenino, algo que él no pudo comprobar y que conviene verificar.

Otro participante lo ve con comprensión.

Cuando Vinícius llegó a LaLiga, argumenta, tirar del pelo no se sancionaba con penalti ni tarjeta, y el árbitro tampoco tenía VAR.

Aun así, todos coinciden en que el jugador parecía sincero en su protesta posterior.

Lo que lleva a un tertuliano a pensar que Vinícius no fue plenamente consciente de lo que había hecho en el momento de la acción.

Hay otros detalles que alimentan el debate.

Uno de los participantes se pregunta por qué ninguna televisión leyó los labios de Vinícius cuando le dijo varias cosas al árbitro, y aclara que el colegiado afirma no haber entendido nada.

Se menciona, además, otro episodio que ha pasado más desapercibido.

Según describe uno de los tertulianos, Vinícius dio un empujón a un empleado de LaLiga que hacía labores informativas cerca de la zona del VAR, algo que no aparece en el acta del árbitro.

Pero los colegiados pueden ampliar su informe en un plazo de veinticuatro o cuarenta y ocho horas, apoyándose en imágenes de televisión o en el informe del director de partido.

Lo cual, dicho con ironía, podría añadir partidos de sanción al brasileño.

El club, según se comenta, espera una sanción de tres encuentros.

Y los participantes no descartan que la cifra final pueda ser mayor, si se tienen en cuenta esos informes complementarios.

Hay también una queja de fondo.

Los periodistas afirman que Vinícius lleva dos partidos protestando por el trato despectivo que recibe del cuarto árbitro y de los asistentes, algo que ya ocurrió en el derbi, donde fueron expulsados miembros del cuerpo técnico de ambos equipos.

Uno de los tertulianos va más lejos.

Tiene la sensación de que los árbitros van predispuestos a no pasarle ni una al Madrid, y lo plantea como impresión, no como prueba.

Apunta un dato: en el partido contra el Villarreal, según recuerda, el Madrid recibió más tarjetas amarillas que faltas cometidas.

Otro participante le replica con un matiz razonable: algunas de esas amarillas se deben a protestas.

Se recuerda también que el gol de Diomandé fue anulado en un primer momento por fuera de juego.

Y que el VAR lo corrigió después, porque la posición del defensor rival era muy clara, un ejemplo de que no todas las decisiones arbitrales se interpretan en contra.

La tertulia deriva entonces hacia el caso Negreira.

Uno de los participantes se muestra visiblemente molesto con la actitud de otros clubes, a los que acusa de reírse de las quejas del Madrid.

Compara la situación con la de los clubes ingleses, que protestaron con vehemencia por el caso del City.

Y lamenta que algunos equipos hablen con tanta energía de los vídeos de Real Madrid Televisión y no se hayan pronunciado con la misma fuerza sobre los pagos del Barcelona.

Es una postura que, como ocurre con otras opiniones de la tertulia, merece contexto.

El caso sigue sin resolverse en los tribunales, y los propios participantes recuerdan que, según lo que ha circulado, los hechos podrían haber prescrito, algo que algunos interpretan como una invitación a olvidarlo y que otros ven como una consecuencia jurídica normal.

Otro tertuliano plantea una reflexión que merece subrayarse.

Si el caso hubiera afectado al Madrid, razona, la reacción política y mediática habría sido de una intensidad enorme.

Es un ejercicio hipotético que no puede probarse.

Pero ilustra bien la sensación de agravio que recorre al madridismo, y que condiciona buena parte de las conversaciones sobre arbitraje.

Dejemos el asunto de los árbitros y pasemos a lo que ocurre sobre el césped.

Porque, como recuerda uno de los participantes, el Madrid sigue jugando muy mal al fútbol y hay que decirlo con claridad.

El problema central, según el grupo, está en el medio campo.

La pareja formada por Tchouaméni y Valverde.

Los tertulianos son unánimes.

El doble pivote de ambos no funciona porque ninguno de los dos genera juego: uno es posicional y el otro traslada el balón, pero ninguno pide la pelota, se gira y asocia con criterio.

Uno de ellos lo define con una comparación clásica.

Tchouaméni no engaña a nadie: era un Casemiro y sigue siéndolo, un jugador útil, pero que necesita a su lado a alguien que sepa jugar al fútbol.

Surge una discusión interesante sobre Casemiro.

Alguien opina que, en este Madrid, Casemiro sería insuficiente, porque antes jugaba rodeado de Kroos, Modric e Isco, y que, además, Kovacic seguiría siendo un perfil muy del gusto de Mourinho, con treinta y cuatro años.

La solución que proponen es compartida.

Mover a Valverde a la banda derecha, ya sea como lateral o por delante del lateral, y colocar a Güler en el medio campo junto a Tchouaméni.

El argumento es sólido.

Valverde, dicen, es un jugador de banda superlativo, con un gran disparo, un buen último pase y una resistencia asombrosa, y la mejor temporada de su carrera, según recuerdan, fue jugando en esa posición con Ancelotti.

Uno de los tertulianos lo expresa con una metáfora ingeniosa.

Güler y Valverde, dice, son un fontanero haciendo de electricista y un electricista haciendo de fontanero.

Y se pregunta cómo es posible que Valverde siga defendiendo que su mejor posición es el centro del campo.

Con humor, otro participante bromea con la idea de que ciertas opiniones del jugador puedan venir de su entorno cercano, y la conversación termina en risas.

Pero el debate tiene un lado serio.

Mourinho, recuerdan, ha dicho que Güler todavía no está listo para jugar de seis ni de ocho.

Los tertulianos no están de acuerdo.

Opinan que si el club no ha fichado un centrocampista creativo, el técnico debe obligarse a que Güler esté preparado, porque no hay otra alternativa.

Y aquí aparece el caso más llamativo del fin de semana.

El de Bernardo Silva.

De los ocho partidos de liga en los que ha estado disponible, el portugués solo ha sido titular en tres.

Dos de ellos, en las primeras jornadas, y otro más en la cuarta, y desde entonces solo ha jugado minutos sueltos.

La conversación se vuelve incómoda.

Uno de los tertulianos recuerda que el Madrid peleó con el Barcelona por su fichaje y le ofreció un salario muy alto, unos veinte millones brutos.

Preguntó en el club por lo que ocurría.

Le dijeron que no está bien físicamente, y que la edad pesa, aunque el jugador tiene treinta y dos años y no es especialmente mayor.

Otro tertuliano relativiza.

Recuerda que Pedri también ha sido suplente con España sin que nadie diga nada, un ejemplo que el primero considera poco comparable.

El debate acaba con una conclusión práctica.

Si Mourinho no va a usar a Bernardo, que utilice a Güler, y si no quiere un doble pivote de Tchouaméni y Valverde, que pruebe otra pareja.

Hay quien prefiere la opción de Tchouaméni con Camavinga.

Otro lo ve más peligroso: Camavinga, dicen, es un jugador de partido grande, con zancada y arrojo, aunque a veces pierda el balón y genere contragolpes.

La tertulia pasa luego a la defensa.

Con humor, uno de los participantes bromea con que Dumfries, al entrar contra el Villarreal, parecía casi un tercer central, y propone usarlo en situaciones de emergencia.

Recuerda que el Madrid tiene cinco centrales, pero solo tres sanos.

Y de ahí salta a Militão, la gran esperanza de la zaga.

Según la información que manejan, el brasileño no será titular en el Clásico, pero podría tener minutos antes de esa cita si todo va bien.

Lo consideran el mejor central con diferencia, y creen que su velocidad permitiría al equipo adelantar líneas y evitar el bloque bajo al que obliga Rüdiger.

Y llegamos a Mbappé.

El delantero francés, protagonista de uno de los momentos más comentados de la tertulia.

Los participantes recuerdan que falló cuatro ocasiones claras contra el Villarreal.

Dos mano a mano, un disparo al poste y una acción anulada por fuera de juego.

Uno de ellos lo pone en perspectiva.

Si Mbappé hubiera fallado todas esas ocasiones y Diomandé hubiera marcado la suya, ahora se estaría demonizando al fichaje de Diomandé, mientras que Mbappé recibiría elogios.

La exigencia es clara.

Con cien ocasiones claras, a un jugador de su nivel hay que pedirle un acierto del sesenta y cinco o setenta por ciento.

Uno de los tertulianos va más allá.

Considera que si Mbappé no marca más de treinta y cinco goles en liga sería ridículo, y compara su efectividad con la que tenía Cristiano.

La comparación, sin embargo, no es del todo justa.

Los propios participantes reconocen que Mbappé lleva una media cercana a un gol por partido y que se trata de un jugador de primer nivel, aunque piden más en las noches decisivas.

Recuerdan las eliminatorias contra el Arsenal y el Bayern como ejemplos de partidos en los que no apareció.

Y contraponen su rendimiento con el de Vinícius en su mejor momento, cuando decidía eliminatorias de Champions.

Eso sí, la conclusión no pasa por sentarlo.

Uno de ellos propone usar a Espí algún día en un 4-4-2, dando más libertad a Mbappé y fijando a un nueve de referencia, pero coinciden en que su titularidad no está en discusión.

Y llegamos, finalmente, a Roma.

La pregunta es qué once pondrá Mourinho.

La tertulia tiene dos corrientes.

Unos creen que debe rotar, porque no se puede jugar Roma, Sevilla, Leipzig y Barcelona con la misma pareja de pivotes, y que Bernardo podría entrar.

Otros prefieren aprovechar el partido para probar algo distinto.

Con la Roma, un rival de nivel, en un campo exigente, es una buena ocasión para ensayar a Valverde de lateral, Güler y Tchouaméni en el centro y Diomandé por la derecha, con Vinícius en la izquierda y Bellingham de mediapunta.

Hay una variante más.

Si el partido no sale, subir a Valverde al medio campo, meter a Dumfries y devolver a Güler a la derecha, o jugar con tres medios centros: Tchouaméni, Valverde y Camavinga, con Bellingham, Vinícius y Mbappé arriba.

Los tertulianos coinciden en un punto.

En algún momento del partido, la solución que funcionó contra el Villarreal tiene que repetirse, porque da dinamismo y ensalza las virtudes de dos futbolistas que ahora están colocados al revés.

Y añaden un argumento táctico.

Mourinho no tiene nada que perder, porque el equipo no va sobrado y la comparecencia previa ya dejó entrever que el técnico considera a Valverde un lateral para momentos puntuales.

Nadie, apuntan, criticaría la decisión.

Si sale bien, será un acierto, y si sale mal, el técnico siempre podrá decir que el cambio era lo que todos pedían.

Así termina una hora de conversación.

Con más preguntas que respuestas, con un club que se mueve entre el agravio y la autocrítica y con un entrenador al que todos observan.

Quizá la mejor lectura de la tertulia sea esta: hay problemas que dependen de otros, como el calendario y los árbitros, y problemas que dependen solo del Madrid, como la elección del centro del campo y el acierto delante de la portería.

Y la parte más sana de la discusión fue, precisamente, la que se atrevió a separar unos de otros.

¿Cuál de estos problemas te parece más grave?

Cuéntanoslo en los comentarios y comparte este artículo con ese amigo que cree que el Madrid solo pierde por culpa de los árbitros.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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