Mourinho tira la piedra y esconde la mano: lo que dijo y lo que calló sobre los árbitros antes del Roma-Madrid, la pregunta que nadie le hizo sobre Vinícius y el mensaje oculto para Valverde

Mourinho tira la piedra y esconde la mano: lo que dijo y lo que calló sobre los árbitros antes del Roma-Madrid, la pregunta que nadie le hizo sobre Vinícius y el mensaje oculto para Valverde

Hay entrenadores que gritan y hay entrenadores que insinúan.

Mourinho, esta vez, eligió insinuar.

Llegó a la sala de prensa de Roma con un propósito claro: hablar solo del partido.

Sabía que no iba a poder, y los periodistas se encargaron de recordárselo con cinco preguntas consecutivas sobre el mismo asunto.

La primera la esquivó con educación.

A la segunda, aunque se mordió la lengua, dejó escapar algunas frases que han dado la vuelta a las redes.

Lo que sigue es un repaso a esa comparecencia, con la lectura de un analista madridista que la vio en directo y que la considera, a partes iguales, reveladora y decepcionante.

Porque, según él, el verdadero mensaje de Mourinho no estuvo en lo que dijo, sino en lo que decidió no decir.

Todo empezó con una pregunta de Nico Díaz Menéndez, de Televisión Española.

Quería saber qué tenía que decir el técnico tras lo ocurrido el sábado en el Bernabéu, en su primera aparición desde la rueda de prensa que no hubo.

La respuesta fue seca.

No quería comentar nada, dijo, y recordó que tocaba hablar de un partido de Champions, no de uno de liga.

Pero la insistencia no cedió.

Javier Rey, de la Cadena SER, le preguntó si se había marchado indignado del estadio y por qué no había explicado nada después de pasarse el partido protestando.

Ahí llegó la frase que ha marcado la semana.

Mourinho dijo que ya había respondido a su colega, que trataría de que esa fuese la última pregunta y que le invitaba a ver el primer minuto del partido contra el Villarreal.

Añadió que, si el periodista quería, podían hablar el sábado.

Para quienes saben mirar, apuntó, con ese minuto es suficiente.

Después le tocó el turno a Miguel Ángel Díaz, de la COPE.

Le preguntó si confía más en los árbitros en Europa que en España.

Mourinho respondió con diplomacia.

Dijo que confía en todos, y que lo único que le incomoda son las designaciones, por el momento en que se conocen los nombres de los colegiados.

Insistió en que antes de cada partido siempre tiene buenas sensaciones.

Y deseó que todo saliera bien para los tres equipos implicados.

La cuarta pregunta vino de Marcos Benito, de El Chiringuito.

Quiso saber si los jugadores del Madrid sienten que en LaLiga tienen que jugar con más cautela que en Champions por lo que pueda ocurrir.

Mourinho respondió con una frase que ha dado mucho que hablar.

Dijo que quien preguntaba ya conocía la respuesta, pero que por alguna razón prefería no decirla.

Y se atrevió con una crítica a la prensa.

Opinó que en España se emiten pocas opiniones directas sobre situaciones que no dejan lugar a dudas, y que cuatro o cinco preguntas seguidas iban en la misma dirección.

Remató diciendo que la prensa italiana estaría más interesada en el partido.

Y que, como volverían a verse el sábado, era mejor cambiar de tema.

En ese punto, Mourinho dio paso a un colega italiano.

Y Alberto Pereiro, de Onda Cero, aprovechó para preguntarle por Fede Valverde.

La respuesta fue más útil de lo que parecía.

Mourinho dijo que Valverde será lateral solo en momentos puntuales, una alternativa para situaciones concretas, y no una reconversión definitiva.

No habló de moverlo a la banda derecha ni de colocar a Güler por dentro.

Un detalle que el analista subraya como una pista clara de lo que se verá en el once.

Hasta aquí, los hechos.

Ahora viene la parte más interesante, la lectura que hace el autor del vídeo.

Para él, la indignación de Mourinho no es una pose.

Asegura que lo que se escucha en esa sala de prensa es lo que piensan en el club, del presidente al último jugador, y que se trata de información de su entorno y no de una simple opinión.

Según su interpretación, el Madrid está harto de LaLiga y del arbitraje, pero calla para no ser sancionado.

Y para evitar, sostiene, que un colectivo arbitral ya predispuesto en su contra empeore todavía más.

Sobre la frase del primer minuto, el autor dice no recordar de memoria lo ocurrido en el partido contra el Villarreal.

Lo que sí recuerda con claridad son los primeros tres minutos del derbi en el Metropolitano.

Allí, afirma, el Atlético jugó a intimidar.

Y Baena le dio a Güler dos patadas sin balón para que supiera de qué iba el partido.

Esa es, a su juicio, la clave de lo que Mourinho quería decir.

Que el rasero arbitral se mide en los primeros minutos, cuando el colegiado decide qué acciones va a permitir a un equipo y cuáles va a castigar con dureza al otro.

El autor se pone entonces en el lugar de Mourinho.

Si el técnico pide a los periodistas que sean directos, él puede serlo: cree que los árbitros perjudican al Madrid en la liga y en la copa.

Lo dice con total convicción.

Y añade que cree que Javier Tebas adultera la competición no solo con los horarios, sino con su capacidad de influencia sobre el estamento arbitral a través del presidente de la federación, Rafael Louzán.

Es una opinión personal, y así debe leerse.

No hay en el vídeo ninguna prueba que respalde esa acusación, y el propio autor la presenta como una creencia.

Pero lo más llamativo es lo que viene después.

El autor no se queda en el agravio, y plantea una autocrítica que no siempre aparece en este tipo de análisis.

Cree que el Madrid tiene problemas futbolísticos.

Piensa que la plantilla está descompensada y que el equipo ha hecho los deberes a medias en el mercado de fichajes.

También considera que Mourinho comete errores en la confección del once.

Y que el entrenador está atado a ciertas obligaciones con jugadores a los que, o bien juega siempre, o casi siempre, o no sustituye nunca.

Para el autor, todas esas ideas son perfectamente compatibles.

Se puede creer que los árbitros no tratan al Madrid como a los demás y, al mismo tiempo, que el equipo tiene carencias propias.

Es una postura que merece destacarse.

En un debate donde cada bando suele elegir una única explicación, plantear dos causas a la vez es un ejercicio poco frecuente.

El analista tiene también una crítica directa a Mourinho.

Opina que el técnico, en lugar de ser el más directo, como pedía a los periodistas, fue un Mourinho que tiró la piedra y escondió la mano.

Si lo pensaba, dice, debió haberlo dicho claramente.

La respuesta a la pregunta de El Chiringuito es un sí, sostiene, porque los jugadores juegan condicionados cuando cometen cinco faltas y ven siete amarillas.

Mourinho podría haberlo dicho sin problema.

Y habría sido, según el autor, mucho más relevante que cualquier opinión de un periodista.

Hay otra objeción interesante.

Aunque comprende que Mourinho no quiera sacar los tanques contra el colectivo arbitral, cree que el momento adecuado para hacerlo habría sido el sábado tras el partido, en la rueda de prensa que el técnico decidió no dar.

Y plantea un matiz.

Si hubiera comparecido el sábado, le habrían preguntado por Vinícius, no solo por los árbitros.

Y aquí llega la pregunta que, según él, nadie le hizo en esta comparecencia.

Qué pasó por la cabeza de Vinícius para tirar del pelo a un rival en pleno sprint, con el balón a veinte metros de distancia.

Le parece una pregunta pertinente.

Y que la ausencia de preguntas sobre el brasileño pudo ayudar a que el debate se centrara solo en los árbitros.

La última parte del análisis es puramente futbolística.

Porque, según el autor, si Mourinho quiere hablar de fútbol, debería hacerlo con más claridad.

De sus palabras sobre Valverde deduce una cosa.

Que seguirá jugando junto a Tchouaméni, lo que significa, a su juicio, un centro del campo de hormigón armado, sin creatividad.

Le parecería una decisión legítima si el técnico la explicara.

Pero tendría más sentido, opina, que Valverde pasara a la banda derecha delante del lateral y que Güler jugara por dentro.

Otra opción sería sentar a Valverde y dejar a Güler en el centro.

Y poner un lateral de oficio con Brahim por delante, un jugador al que considera también muy bueno y del que Mourinho no habló.

Reconoce, eso sí, un matiz a favor de Valverde.

El rendimiento del uruguayo como lateral le parece superior al que pueden ofrecer los demás laterales del plantel.

Y concluye con un punto de realismo.

La responsabilidad de elegir a los jugadores es del entrenador, y el deseo de los aficionados es que acierte.

El partido contra la Roma, recuerda, marcará el regreso de Vinícius.

Y será la ocasión de comprobar si el mensaje de Mourinho en la sala de prensa se traduce en decisiones sobre el césped.

La comparecencia, vista con distancia, deja una lección.

El entrenador sabe medir sus silencios, pero los silencios también se interpretan, y a veces se pagan.

Y en un ambiente en el que cada frase se analiza al milímetro, quizá la pregunta más importante sea la que nadie formuló.

¿Qué quiere realmente Mourinho: ganar la batalla de los árbitros o ganar el partido?

Cuéntanoslo en los comentarios.

Y comparte este artículo con ese amigo que sigue pensando que Mourinho nunca dice nada sin un motivo.

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