DIOMANDE SE VUELVE INTOCABLE: EL EXTREMO DE 140 MILLONES QUE HACE FELIZ A CUCURELLA Y PONE A PRUEBA A VINICIUS
Hay jugadores que merecen un vídeo aparte, un capítulo aparte y casi un libro aparte. Jan Diomande es uno de ellos. Llegó al Real Madrid con 19 años y una etiqueta de unos 140 millones de euros, y media afición se llevó las manos a la cabeza: ¿cómo se podía gastar semejante fortuna en un futbolista que solo había disputado dos temporadas como profesional, una con el Leganés y otra con el Leipzig?
Aquello era toda su experiencia, y el Madrid pagó sin pestañear. El analista que firma este análisis en YouTube reconoce que él fue uno de los escépticos. Pero añade que siempre defiende confiar en lo que hace el club: si consideró que merecía semejante inversión, habrá hecho su seguimiento, su estudio y su análisis, y el tiempo pondrá las cosas en su sitio.
Será dentro de diez o quince años cuando se sepa si fue caro o barato. Hay ejemplos de futbolistas ya consolidados que resultaron caratísimos, y el más citado es el de Hazard, un jugador del top 3 o top 5 mundial por el que se pagaron 100 millones y que acabó en fiasco. Si eso ocurrió con alguien plenamente conocido, fichar a un chico del que casi nada se sabía por 140 fue, sin duda, una apuesta de alto riesgo.
Llevaba poco tiempo en el club cuando las circunstancias le abrieron la puerta. La sanción de Vinicius, el encaje de Arda Güler en la derecha, desde donde puede meterse hacia dentro, y otros factores coincidieron para que Diomande tuviera su hueco en el once. Y lo que ha hecho con esa oportunidad, según el comentarista, es agarrarse a ella como un koala a un árbol.
Es lo contrario de lo que suele decirse de tantos futbolistas que tuvieron la ocasión de demostrar su valía y no la aprovecharon. Hasta el punto de que, para el autor, Diomande se ha convertido ya en un jugador intocable en el once ideal que Mourinho podría plantear en un partido grande.
No se trata solo de su aportación ofensiva, que es enorme. Es, ante todo, un extremo izquierdo. Es cierto que al principio se le fichó para jugar por la derecha, con la idea de mantener a Vinicius en la izquierda y abrir el campo, porque todo se estaba yendo por ese carril. Pero es en la banda izquierda donde más brilla, y su ataque está siendo increíble.
Sus últimos tres goles, ante el Sevilla, ante el Leipzig y el de Santander contra el Racing, son una barbaridad. Según los datos que circulan, el último salió a 120,2 kilómetros por hora, con 3,3 revoluciones del balón por segundo, desde 19 metros, una obra de arte para batir a Aguirrezábala. El de Sevilla fue un derechazo desde la frontal en el 4-1, y el del Leipzig, también en un 4-1, una volea desde un par de metros más lejos y con mayor dificultad.
El crescendo se hizo muy marcado tras el parón de selecciones, en el que ya dejó claro con Costa de Marfil que pedía vía libre para despegar. Desde entonces ha firmado seis goles, entre los que marcó él, tres, y los que preparó, otros tres. Y solo tiene cinco regates menos que Mbappé, 34 frente a 39, pese a que el francés ha jugado 512 minutos más.
Siete partidos como titular, siete victorias del Madrid. Sea Diomande la causa o el efecto de esta buena racha, que cada cual decida quién fue antes, si el huevo o la gallina, lo cierto es que si se había puesto como objetivo aprovechar la larga sanción de Vinicius, lo está cumpliendo con nota.
Esa banda izquierda, que antes ocupaba sin discusión el brasileño, es ahora el perfil desde el que el marfileño resulta más visible y efectivo. Sus tres últimos goles llegaron al poder prepararse para disparar con la derecha ocupando los espacios del extremo zurdo, además de generar otras situaciones muy peligrosas.
El equipo reclamó incluso un posible penalti sobre el 25 blanco en el minuto 5 del partido de Santander, un pisotón que Munuera Montero consideró residual. Es, en resumen, una máquina de generar peligro. Y a eso se suma el sacrificio.
Mourinho quiso ir introduciéndolo sin prisas, pero ya antes de debutar le gustó la actitud con la que firmó, cuando dijo que moriría por su entrenador. El técnico portugués respondió días después que le gustaba la expresión, aunque la preferiría dirigida al grupo y al club. Las palabras son fáciles, y lo difícil es pasar a la acción. Diomande lo ha hecho, delante y también a la hora de recuperar el balón, donde lo que importa es más morir que brillar.
Pero si hay un aspecto en el que, según el analista, el marfileño marca de verdad la diferencia, es en el defensivo. Y la prueba, dice, está en la cara de Cucurella. Como ha repetido muchas veces, cuando el lateral juega con Diomande es un hombre feliz: más relajado, con menos ojeras y menos arrugas. Cuando juega con Vinicius, lo pasa mucho peor.
El analista cita un artículo publicado antes del clásico, titulado en esencia «Cucurella encuentra la felicidad con Diomande», que sigue plenamente vigente porque esa sociedad se mantuvo en el Camp Nou y también ante el Racing. Según el texto, el madridismo ganaba una conexión por la izquierda que apuntaba al clásico.
La profundidad del extremo ofrece más soluciones al lateral internacional, que firmó un partido de mayor seguridad y regularidad ante el Sevilla. En el clásico, esa ayuda silenciosa e invisible, de la que menos se habla, contribuyó a maniatar a Lamine Yamal, un trabajo que se atribuyó sobre todo a Cucurella pero en el que Diomande tuvo mucho que ver.
El artículo explica el mecanismo con cierto detalle. Cuando el lateral recibe, tiene delante a un jugador que amenaza el espacio, ofrece una opción por fuera y puede ganar un uno contra uno. Eso obliga al rival a decidir: si adelanta la presión sobre el lateral, deja espacio a la carrera del extremo, y si se repliega para proteger la banda, permite a Cucurella avanzar y buscar el siguiente pase con más calma.

Así, el defensa cuenta con un socio en el que apoyarse y puede elegir cuándo sumarse al ataque. La amenaza de Diomande le libera de la obligación de ser siempre quien da profundidad. El texto matiza, no obstante, que la mejora tuvo también una explicación colectiva, con Güler aportando sosiego en el centro del campo.
La imagen que el analista destaca de la última jornada es la de la carrera de Diomande desde el otro lado del campo, cuando el Racing recupera el balón, para volver y ayudar a Cucurella y que este pueda quedarse con su par. Sube, baja, vuelve a subir y no se cansa. Contra el Racing, a Cucurella no lo dejó solo ni una vez, nunca permitió que se viera en inferioridad, siempre lo apoyó y se sacrificó.
Ese detalle ayuda a explicar también las críticas que recibió Cucurella al inicio de la temporada. Si le superaban una y otra vez, razona el autor, no era casualidad: no tenía a nadie que le echara una mano. En un uno contra uno es difícil superar al lateral, pero cuando llegan dos y no tienes ayuda, la cosa se complica. En cuanto hay alguien en su banda que le ayuda, mejora mucho.
Hay, además, otro factor, que es el contagio. Cuando un jugador está en el campo con compañeros que corren sin parar, como Diomande, Güler, Bellingham o el propio Mbappé, siente la presión de no quedar mal. Primero, porque no quiere ser el único que no corre. Y segundo, porque ese espíritu es contagioso: ver a los demás darlo todo te motiva a hacer lo mismo.
El razonamiento tiene su cara opuesta. Si juntas a un jugador que no suele presionar con otro que, según el autor, no vuelve ni aunque le vaya la vida, el centrocampista que los ve puede acabar relajándose también. La apatía es igual de contagiosa que el compromiso, y la que se vio en partidos pasados, dice, está ya bastante atrás, aunque siempre puede volver.
Aquí conviene introducir un matiz que el propio comentarista admite: es una opinión, y quienes defienden a Vinicius recordarán que su impacto no se mide solo en kilómetros ni en repliegues, y que un extremo capaz de desequilibrar en un solo regate puede compensar otras carencias. También que cuatro o cinco partidos son una muestra corta para dictar sentencia sobre un jugador de su trayectoria.
El planteamiento del analista es otro. La tarea difícil de Vinicius ya no es demostrar que es mejor jugador que Diomande, porque, a su juicio, en su mejor nivel lo es, y con mucha diferencia. Lo que debe demostrar es que con él el Madrid juega mejor, y eso hoy resulta muy complicado. Hay que hablar de hoy, insiste, no de 2022 ni de 2024.
Para lograrlo, el brasileño tendría que hacer los mismos esfuerzos defensivos, atreverse a regatear como antes, repetir las jugadas de otro tiempo y marcar los goles de otro tiempo. No solo en ataque: es el paquete completo. Y ahora, dado cómo está uno y cómo está el otro, es difícil.
Vinicius ha visto desde fuera tres partidos de Liga en los que el Madrid ha sido muy superior. Le queda un último encuentro de sanción, el sábado ante el Valencia, y tras el parón de selecciones, el 21 de noviembre, volverá a estar disponible. Entonces se verá qué decide Mourinho. Antes, en el partido de Atenas, habrá rotaciones y no será una comparación uno por uno.
El analista hace referencia a los datos de otros vídeos: el número de regates que intenta Vinicius y el de los que consigue no ha dejado de bajar respecto a lo que ofrecía en 2024. Atribuye ese descenso a la falta de confianza y seguridad, quizá por miedo a la crítica o a los pitos, o por miedo a fallar. Diomande, en cambio, es más atrevido.
Todo esto se enmarca en la opinión, repetida en las últimas semanas, de que el Madrid funciona mejor sin el brasileño. Lo defiende un sector muy amplio del madridismo, aunque otros recuerdan que el equipo también ganó con él en muchas ocasiones y que su caso, como el de cualquier estrella, merece algo más de paciencia.
Un artículo de prensa citado en el análisis describe a Diomande como el extremo explosivo que empieza a justificar su traspaso y hace olvidar a Vinicius. Según ese texto, el marfileño aprovecha la sanción de cuatro partidos del brasileño, que se produjo tras ver la roja ante el Villarreal por tirar del pelo a un rival, y hay quien ya piensa que debe ser titular indiscutible en la izquierda.
El comentarista responde sin dudar: para él, hoy, sí. Dentro de un mes, no lo sabe, y dentro de diez, ni idea. Pero a día de hoy, al cien por cien. El mismo artículo recuerda que cuando el Madrid anunció su fichaje el 6 de agosto, no fueron pocos los aficionados que criticaron el gasto, y que el club pagó cerca de 140 millones, convirtiéndole en el fichaje más caro de la historia blanca, lo que añadía aún más presión.
El analista lo ve distinto: nunca ha visto a este chico bajo presión. Nunca. Va por la vida, dice, como si nada le afectara. El texto compara las dudas iniciales con las de Franco Mastantuono, otro joven por el que el Madrid pagó 60 millones y que tuvo que salir cedido a la Fiorentina para ganar minutos, y subraya que Diomande, lejos de enfadarse, se centró en entrenar y convencer a Mourinho, el técnico que avaló su fichaje.
Su participación fue creciendo con los partidos. Era consciente de lo importante que era Vinicius para el Madrid y asumía que sería difícil quitarle el puesto si no hacía su parte. Pero el destino quiso que la sanción abriera la puerta del once, y fue entonces cuando entendió que tenía la oportunidad de su vida de asentarse en el sistema de Mourinho y ganarse al Bernabéu.
Según el artículo, ha marcado en dos de los tres partidos de Liga en los que ha sido titular en la izquierda, y eso puede ayudarle a convertirse en fijo para un técnico que sabe perfectamente lo que tiene en la plantilla. Lo que parece claro, concluye, es que es un jugador de talla mundial que nació para jugar en el Madrid. Algunos, de hecho, piensan ya que debería jugar por delante de Vinicius, que atraviesa el momento más bajo de su carrera, según esa visión.
Mourinho, tras el partido ante el Racing, lo expresó de una forma más prudente. Dijo que el equipo crece, que juega bien, que debería marcar más goles con las ocasiones que genera, pero que ha mejorado en el bloque bajo y sabe mantenerse compacto. Y añadió que, cuando los jugadores ofensivos se sacrifican, se envía un mensaje positivo al grupo.
El analista asegura que nadie esperaba algo así. Es verdad que ya existía un caldo de cultivo con Vinicius, un sector importante del madridismo que estaba molesto con su rendimiento. Él mismo estuvo muy enfadado con el brasileño, por no entender su actitud, su forma de andar por el campo y otras cosas. Pero ese enfado y esa frustración se han transformado en los últimos partidos en cierta lástima. Ve que lo intenta y no llega, que no es suficiente, que mentalmente no está.
Es, dice, un sentimiento nuevo y algo incómodo, que otros no compartirán. Hay quien verá en esa lástima una condescendencia injusta hacia un jugador que ha dado al club grandes noches europeas, y quien sostendrá que la crítica, por dura que sea, es el precio de jugar en el Madrid.
Sea como sea, es normal, considera, que la gente pida que Diomande siga siendo titular de momento. Si su rendimiento baja mañana, algo normal porque nadie puede mantener ese nivel eternamente, y Vinicius mejora, entonces habrá un cambio. También podría ocurrir que Vinicius recupere su mejor versión y que Diomande pase a jugar por la derecha, aunque entonces habría que ver qué pasa con Güler, porque, a su juicio, a Arda no se le puede tocar.
Lo que no admite discusión, concluye el analista, es que Diomande da un paso de gigante para convertirse en intocable en este equipo. Habrá que descansarlo alguna vez, rotarlo y puede que se lesione, pero hoy, el marfileño mejora al Real Madrid y, mientras esté disponible, debe jugar.
Queda por ver cómo gestiona Mourinho el regreso de Vinicius, y cómo reacciona el propio brasileño. Mientras tanto, un chico de 19 años que costó 140 millones y que llegó entre dudas está respondiendo a todas ellas, partido a partido, con goles que llegan a 120 kilómetros por hora y con carreras de ida y vuelta que, por una vez, también hacen sonreír a Cucurella.