El peor momento de Vinícius: señalado por Mourinho y silbado por el Bernabéu tras su renovación de 25 millones
Vinícius Júnior escuchó los silbidos antes de que el árbitro terminara de señalar el cambio. El Santiago Bernabéu, que durante años lo había aupado como a un hijo pródigo, le despedía esta vez con un rumor áspero que bajaba desde la grada y se le pegaba a la espalda mientras caminaba hacia la banda.
No hubo gesto de rabia ni camiseta lanzada al suelo. El brasileño cruzó la línea de cal con la cabeza baja, chocó la mano con su sustituto y se sentó en el banquillo sin mirar a nadie.
Pocos metros más allá, José Mourinho ya le daba la espalda. Seguía el partido con los brazos cruzados, como quien ha tomado una decisión y no piensa comentarla.
El marcador decía 4-1, la Champions sonreía al Real Madrid con tres victorias en tres jornadas, y el delantero que había firmado la renovación más sonada del club acababa de ser pitado dos veces en una misma noche.
Esa era la imagen que se llevaba el madridismo a cuatro días del clásico. Un estadio feliz y un futbolista roto.
La pregunta que sobrevolaba el Bernabéu era incómoda, y casi nadie quería formularla en voz alta: ¿estaba Vinícius tocando fondo, o ya lo había tocado y todavía no se había dado cuenta? Y, sobre todo, ¿qué tendría que ocurrir para que el club, el entrenador y el propio jugador salieran de ese pozo antes de que fuera tarde? La respuesta, como en todo buen relato de vestuario, se escondía en los números y en los gestos pequeños.
Vamos primero a los hechos. El Real Madrid había vencido en Champions con un fútbol de menos a más, igual que unos días antes, cuando derrotó 4-1 al Sevilla en LaLiga. Con ese bagaje llegaba el equipo de Mourinho a la cita con el Barcelona. Los motivos para el optimismo eran reales, y los repasaremos. Pero el foco, la herida abierta, tenía nombre y apellido.
Vinícius volvía al Bernabéu tras su expulsión ante el Villarreal. Fue titular, como cabía esperar, aunque ese “como cabía esperar” empieza a ser frágil. Según el análisis de quien firma el vídeo original, un periodista que sigue de cerca al club y que lo vio también desde la grada en otras jornadas, no existe un solo partido esta temporada en el que el Bernabéu no haya silbado al brasileño. Ni uno. Jugara mejor o peor, estuviera inspirado o espeso.
Esa constatación pesa más cuando se recuerda el contexto. Vinícius arrancó el curso después de una renovación histórica, cuyos detalles The Athletic publicó semanas atrás, con un salario que ronda los 25 millones de euros por temporada, unos 29 millones de dólares al cambio actual. Las cifras en estos casos siempre son difíciles de confirmar, matiza el autor, pero sostiene que muy pocos futbolistas han cobrado algo parecido en la historia del club. Cristiano Ronaldo, desde luego. Kylian Mbappé, con su prima de fichaje. Y quizá, a su juicio, nadie más.
La apuesta, por tanto, era enorme. El Madrid había fijado su proyecto deportivo alrededor de un extremo de talla mundial. Y el jugador, según recordó el propio Mourinho, tuvo la opción de marcharse al Arsenal y prefirió quedarse. Ninguna de las dos partes podía quejarse de falta de compromiso. El problema es que el compromiso, por sí solo, no marca goles.
Mourinho, que sabe leer un vestuario mejor que casi nadie, hizo en la sala de prensa lo que se espera de un entrenador que protege a su estrella. Defendió al delantero. Aseguró que, tácticamente, su partido había sido bueno, que el equipo había salido beneficiado de su trabajo, que el brasileño había jugado para el grupo.
Todo eso es cierto en un sentido estricto. Vinícius presionó, bajó a defender, ayudó en los repliegues, y hasta se escucharon en el Bernabéu pequeños aplausos cuando recuperaba un balón.
Y precisamente ahí, en esa ovación tímida, estaba el síntoma que más preocupaba al periodista. Porque cuando una grada celebra las recuperaciones de un extremo, es que ha dejado de esperar sus regates.
“Yo por un Vinicius comprometido en defensa, por más importante que eso sea, no cambio al del año pasado”, vino a decir el autor del análisis. Recordó el clásico de hace justo doce meses contra el Barcelona, donde el brasileño fue decisivo. Cuando un jugador de ese nivel aparece en las grandes noches, el resto de problemas, sostenía, pueden trabajarse con calma. La cuestión es que ahora no aparece.
Lo que sigue es un cuaderno de cargos, y conviene leerlo despacio.
Primero, las sustituciones. Si se miran los últimos cinco partidos en los que Vinícius estuvo disponible, Mourinho lo retiró del campo en cuatro y lo sentó en otro, el del Villarreal. Lo cambió pronto ante el Elche, con el encuentro todavía abierto. Lo cambió muy pronto frente al Atlético de Madrid, aunque en aquella ocasión mediaba la roja de Hausen y el técnico necesitaba reajustar la defensa.
Pero ese es el matiz que el analista subraya con insistencia. De todos los jugadores que Mourinho podía haber sacrificado, eligió a Vinícius.
Después llegó el partido contra el Villarreal, en el que fue suplente tras el parón de selecciones. Según una fuente de la información, el técnico no se lo planteaba como una sanción, porque el jugador había regresado entre el lunes y el martes y estaba entre los más descansados de la plantilla. Gente cercana al entrenador aseguraba que no pensaba apartarlo a corto plazo y que mientras rindiera seguiría jugando.
La palabra clave es esa: mientras rindiera.
Desde entonces, Mourinho lo mantiene en el once, pero lo retira en cuanto puede. Ocurrió en Roma, después de un grave error del brasileño que costó un gol al equipo. Ocurrió también contra el Leipzig. El mensaje, aunque nadie lo pronuncie, es nítido.
Y entonces aparece la paradoja. El domingo, en el Camp Nou, Vinícius ni siquiera estará disponible. Está inmerso en una sanción de cuatro partidos sin jugar en LaLiga, así que el debate sobre su titularidad en el clásico se ha resuelto solo, sin que Mourinho tenga que pagar el coste de una decisión impopular.
Es duro decirlo, admite el autor, pero hoy esa sanción le viene bien al Real Madrid. Y en el análisis de la prensa, esa frase pesa como una losa.
El segundo bloque de pruebas son las estadísticas, y aquí es donde el relato se vuelve doloroso.
Vinícius suma un gol y tres asistencias en once partidos. Un gol y tres asistencias. Para un jugador con su salario, con su estatus y con su historia, es una cifra raquítica.
Pero hay un dato que va más allá del rendimiento y que habla directamente de confianza. Según Opta, ayer fue la primera vez en la historia del brasileño con el Real Madrid que encadena dos partidos como titular sin intentar un solo regate. Ni uno. Para entender la dimensión, el analista recuerda que en 309 partidos anteriores solo había registrado tres encuentros sueltos, no consecutivos, sin intentar ningún regate. En apenas dos jornadas ha igualado casi esa marca acumulada.
Un extremo que no regatea es un extremo que ha dejado de creer en sí mismo.
Existe, además, una captura de Movistar que el periodista citó de pasada, sobre la evolución de su promedio. Entre LaLiga y Champions, Vinícius intenta ahora una media de 3,9 regates por partido y completa 1,7. Son cifras que reflejan con claridad la bajada de nivel y, sobre todo, la de ánimo.
Aquí llega el giro que cambia la lectura de toda la noche. El problema ya no es solo que Vinícius esté mal. Es que alguien está jugando extraordinariamente bien en su lugar.
Se llama Jan Diomandé, y su ascenso es el contrapunto perfecto a la caída del brasileño. Lleva tres goles y cuatro asistencias, y todos esos números han llegado en los últimos seis partidos. Siete goles producidos en seis encuentros, desde la asistencia a Mbappé contra el Elche hasta lo que hizo en la noche del miércoles.
Contra el Sevilla firmó gol y asistencia. La asistencia fue un buen pase, aunque, según el analista, el mérito del tanto fue sobre todo de Mbappé, que la colocó en la escuadra. Pero el segundo tanto de Diomandé fue otra cosa. Un derechazo de cine tras un pase de Brahim Díaz, que por cierto recibió elogios públicos de Mourinho y que el autor considera siempre muy valorado por todos los entrenadores.

“Una bestialidad”, lo describió. Un golazo que habla, dijo, del futbolista que es y que, a su juicio, tiene que ser titular en el clásico. Cuando Vinícius regrese de su sanción, el técnico tendrá una decisión delicada. Podría darle a Diomandé la banda izquierda y mover al brasileño, o ayudar a su estrella con alguna titularidad por la derecha. Pero el mensaje del analista es claro: el joven ha llegado para quedarse.
“No hay que correr con él”, advirtió, “pero está empezando a enseñar muchas cosas.”
Si Vinícius es el cuaderno de cargos, Diomandé es el expediente de defensa. Y entre ambos, Mourinho decide quién escribe la siguiente página.
El resto del once fue un laboratorio de ideas, y conviene recorrerlo porque define el clásico del domingo.
Mourinho alineó un centro del campo con Camavinga y Bernardo Silva. El analista confesó que no le gustó. Considera que son dos jugadores que necesitan soporte y que ninguno atraviesa un momento de regularidad. Camavinga, apuntó, necesita un reseteo total, casi como el de Vinícius. Su partido no le convenció. En cambio, con Bernardo sí tiene más esperanzas. El portugués fue de menos a más y acabó marcando su primer gol con el club, un tanto de listo.
Y hay algo más en su fútbol que al periodista le llamó la atención. Cuando Bernardo pide la pelota una y otra vez y la juega con pases cortos, uno recuerda lo que el City hacía con el Madrid cuando los encerraba y les ganaba la posesión. “Qué necesario es ese jugador”, dijo, porque sabe jugar a eso con naturalidad.
En defensa hubo otra buena noticia. Hausen, que había protagonizado el penalti sobre Juliano Simeone y la roja en el derbi, fue de lo mejor, según el análisis. Llegó a tiempo, cortó con liderazgo, trató bien el balón. Hubo un único reproche: en el gol rival se mostró algo lento. Pero tiene un buen examen por delante este fin de semana.
También gustó Rüdiger. Hubo una jugada en la primera parte, y varias más, que el autor imaginó ya convertida en tuit por quienes estaban ansiosos de declarar que el central había terminado. Pero lo que vio fue otra cosa. Físicamente, en colocación, en carácter, el alemán estuvo muy bien. Le sorprendió para bien.
Y luego estaba Arda Güler, a quien el periodista describió, sin ambages, como el jugador más importante del Real Madrid en la noche. Alineado en la banda pero con total libertad para meterse por el medio, el turco ensayaba una fórmula que, creen en su entorno, servirá no solo para el clásico sino para lo que resta de temporada.
Ese esquema libera a Fede Valverde. El uruguayo, que al analista le gusta en cualquier posición, jugó de lateral derecho pese a que el club tiene a Trent Alexander-Arnold y a Dean Huijsen o a Denzel Dumfries como alternativas. Y ahí, en esa posición, se vio una lección útil.
Nusa, su par, lo marcó dos veces con facilidad. Hubo una falta que Valverde cometió porque estaba a punto de ser superado de nuevo, e incluso una acción en la que rompió un fuera de juego en una jugada de Nkunku que acabó en una gran intervención de Courtois. No es una crítica, aclara el autor. Es un recordatorio de que Valverde no es lateral y de que, ante rivales exigentes, se le puede ver en dificultades.
Aun así, el uruguayo no se vino abajo. Se rehízo y acabó siendo uno de los mejores del encuentro. En la segunda parte corrigió en defensa, con una intercepción casi en el área pequeña que valía un gol, y fue sumando y sumando en ataque.
Antes del partido, el periodista había charlado con colegas del medio, y lo que le trasladaban era que esa estructura, con Valverde de lateral y Güler por dentro, había llegado para quedarse. Sin garantía de que fuera la del clásico, pero con la promesa de que se vería durante toda la temporada.
Su pronóstico para el domingo es el siguiente. Courtois en la portería. Dumfries en el lateral derecho, con Valverde como falso extremo y Güler en la base junto a Camavinga. Bellingham y Mbappé arriba. La pareja de centrales que más fuerza gana en este momento, Conaté y Hausen, y Cucurella por la izquierda. Admite que ver a Valverde en el lateral derecho en los últimos partidos le hace dudar, pero apuesta por ese once.
Y deja la pregunta a su audiencia: ¿quién será titular? ¿Qué vibraciones tienen para el clásico? Él, por su parte, ya lo ha dicho en la pizarra de Quintana y con sus colegas Rubén y Morales, y prefiere no repetirlo.
Mientras tanto, la historia de Vinícius sigue escribiéndose en la grada.
Porque lo que más inquieta no es la estadística, sino la paciencia. El autor del análisis lo resumió con una frase que parece un consejo de vestuario: la clave es la paciencia. Que no se obceque más. Que acepte su nuevo papel. Que siga trabajando, como dice Mourinho. Y que, si otros lo están haciendo mejor, que ocupen su lugar.
Le gustó cómo habló tras lo de Roma, con autocrítica. Ese gesto, valorado en un futbolista que arrastra el peso de un contrato histórico y de un Bernabéu impaciente, es un primer paso.
Pero el fútbol no concede demasiado tiempo. En el vestuario saben que una temporada se sostiene con goles, y que Vinícius lleva uno en once partidos. En el palco, donde se firmó una renovación de 25 millones de euros anuales, nadie quiere pronunciar la palabra error. Y en la grada, ese termómetro cruel que nunca miente, la respuesta ya se ha dado, noche tras noche.
El domingo, en el Camp Nou, el brasileño mirará el clásico desde fuera. Tendrá cuatro días para pensar en lo que ha pasado, en los 309 partidos que preceden a esos dos sin un solo regate, y en la voz de un estadio que le pitó dos veces en una misma noche.
Y Mourinho, mientras tanto, seguirá defendiéndolo con las palabras y señalándolo con los hechos.
Porque en el fútbol, como en la vida, lo que se dice en la sala de prensa rara vez coincide con lo que se escribe en la hoja de alineaciones. Y la hoja del domingo, esa que el técnico entregará al árbitro con el once definitivo, ya tiene un hueco con la forma de un brasileño que llegó a ser intocable.
Nota editorial: las valoraciones, pronósticos de alineación y fuentes citadas en este texto corresponden al análisis del autor del vídeo original y no han sido verificadas de forma independiente.