Real Madrid 4-1 Leipzig: Courtois lo sostiene, Güler y Mbappé lo rematan y Diomandé lo convierte en obra de arte justo antes del Clásico
Hay goleadas que se explican con el marcador y otras que solo se entienden mirando lo que pasó antes de que llegara el primer gol.
El Real Madrid venció 4-1 al Leipzig en el Bernabéu, y lo hizo con la tranquilidad de quien sabe que, tarde o temprano, el gol va a caer.
Pero entre el pitido inicial y esa tranquilidad hubo dos paradones de Courtois que valen casi tanto como un tanto, un partido que durante media hora no tuvo dueño y un equipo que supo esperar su momento.
Y detrás de esa victoria, una pregunta que ya nadie puede esquivar: ¿qué clase de Madrid es este que gana sin brillar pero no deja de ganar?
Empecemos por lo que dice la clasificación, porque hay datos que merecen ser leídos despacio.
Tres partidos jugados en la fase de liga de la Champions, tres victorias, y el Madrid se coloca primero.
Solo cinco equipos mantienen el puntaje perfecto, y uno de ellos es el de Mourinho.
El dato adquiere otra dimensión si se recuerda que en las dos últimas temporadas, las únicas en las que se ha jugado con este formato, el Madrid no consiguió meterse entre los ocho primeros y tuvo que pasar por el repechaje de los dieciseisavos.
Las dos veces terminó avanzando, pero el calendario, la confianza y la sensación de superioridad no son lo mismo cuando uno llega por esa vía.
Esta vez, el camino parece distinto: una épica en el Olímpico de Roma y dos victorias en casa, contra el Inter y contra el Leipzig.
Y ahí aparece la cifra que explica buena parte del equilibrio del equipo.
En el Santiago Bernabéu, el Madrid ha jugado siete partidos esta temporada y ha ganado los siete.
Son 23 goles a favor y solo cinco en contra, una diferencia de más 18.
En la Champions, 2-1 al Inter y 4-1 al Leipzig, y en la Liga, 4-1 a la Real Sociedad, 4-0 al Málaga, 4-1 al Rayo Vallecano, 1-0 al Villarreal y 4-1 al Sevilla.
Cuatro goles en cinco de los siete partidos de local: no es un detalle menor.
Es cierto que a este Madrid le falta, que no siempre gusta y que todavía tiene que terminar de construirse.
Pero, como dice el análisis, ¿qué mejor que mejorar desde la victoria?
Hay equipos que, cuando están mal, ni siquiera compiten en Europa, y este Madrid, que según sus propios hinchas está lejos de su mejor versión, lidera la Champions y solo ha perdido dos partidos en toda la temporada.
Ahora bien, el problema aparece cuando uno mira esas dos derrotas.
Las dos han llegado fuera de casa.
Y el calendario que viene no podría ser más exigente: cuatro partidos consecutivos de visitante, el Barça, el Racing de Santander, el AEK de Atenas y el Valencia, tres de Liga y uno de Champions.
El primero de ellos es el que concentra todas las miradas.
Si el Madrid gana en el Camp Nou, quedaría a tres puntos del Barça en la Liga y le sacaría tres en la Champions.
Si empata, sería al menos una señal de mejora, teniendo en cuenta que en los últimos tiempos el Madrid ha perdido la mayoría de los Clásicos.
Y si pierde, la sensación sería la de un equipo que flaquea en los partidos importantes, porque ya cayó contra el Atlético y contra el Barça.
Por eso el análisis no se anda con rodeos: ganar el domingo supondría un golpe sobre la mesa y la mejor noticia del madridismo en los últimos dos años.
Pero antes de mirar al domingo, hay que volver al partido, porque merece ser contado con calma.
Mourinho planteó un 4-2-3-1, y volvió a insistir con Valverde de lateral derecho.
Carreras ocupó el lateral izquierdo, Huijsen y Rüdiger formaron la pareja de centrales y Bernardo Silva y Camavinga se situaron en la base del mediocampo.
Güler jugó por la derecha, aunque con libertad para meterse por dentro, Vinícius por la izquierda, Bellingham de mediapunta y Mbappé de nueve.
El Leipzig, por su parte, planteó otro 4-2-3-1, con Nusa y Gruda muy abiertos, Rómulo de punta y Nkunku moviéndose suelto detrás.
Raum, el capitán y lateral, subía tanto que a ratos parecía un delantero más.
Era un rival bien armado, y eso se notó desde el primer minuto.
Durante los primeros 15 minutos, el partido estuvo muy igualado.
El Madrid tenía la posesión y recuperaba rápido con una presión alta muy bien ejecutada, con Güler, Vinícius, Mbappé y Bellingham como cabeza visible.
Al Leipzig no le dejaron salir jugando, y la intensidad y agresividad del equipo para recuperar y correr sin balón gustaron mucho.
Pero esa presión no se traducía en ocasiones claras.
El Leipzig defendía bien sin necesidad de encerrarse, llenaba los espacios, y el Madrid no generaba nada.
El análisis lo resume con una idea muy futbolera: lo mejor que le puede pasar al Madrid es que el rival le juegue de igual a igual, porque eso permite jugar directo, contragolpear y sacar partido a futbolistas muy rápidos y de buen pie.
Y de ahí nace, precisamente, la primera jugada seria.
En el minuto 20, el Leipzig atacó con bastantes jugadores, el Madrid recuperó rápido y salió al contragolpe.
Güler asistió a Mbappé, que definió algo incómodo, mordido, y el balón se marchó desviado.
Esa jugada cambió el tono del partido.

El Leipzig abandonó su faceta de tener el balón y no atacar, y el Madrid le dejó venirse para poder contragolpear.
Entonces apareció lo que nadie esperaba: la jugada más clara de la primera media hora fue del Leipzig.
Un contragolpe del Leipzig terminó en una volea de Rómulo, un disparo tan duro como bien dirigido.
Y Courtois sacó una de las mejores paradas de la temporada.
Metió la mano izquierda cuando todo parecía perdido y mandó el balón a córner.
Es el tipo de acción que explica por qué un equipo puede ganar 4-1 con un 4-1 que, en el fondo, no habla de toda la verdad del partido.
El Madrid necesita de todos sus jugadores para ganar de esa manera, y a veces el que más necesita es el portero.
Por mucho que el equipo meta cuatro goles, en algún tramo de un partido de Champions el rival genera jugadas claras, no siempre por error del Madrid, a veces por mérito propio.
Y ahí es cuando debe aparecer el arquero.
No es suerte, subraya el análisis, es causalidad: el Madrid tiene al mejor portero del mundo, y eso permite que te salve cuando otros arqueros no lo harían.
Después de ese susto, el Madrid arrancó a generar jugadas a toda velocidad.
Vinícius tuvo una gran jugada individual desde fuera del área, se acomodó y puso el balón en el ángulo, y el portero Verbruggen respondió con una buena parada.
Hubo otro intento suyo, otra vez desde lejos, que el guardameta sacó del ángulo.
Bellingham lo intentó con un disparo lejano que se fue por encima del larguero.
Hasta que llegó el gol, fruto de una gran jugada colectiva.
Valverde centró hacia atrás, Güler definió, el portero rechazó y Bernardo Silva empujó el balón bajo el arco.
Un 1-0 que llegó tras una serie de intentos, incluso con una pared dentro del área rival.
Pero la historia del primer tiempo no se acaba ahí.
Antes del descanso hubo otra jugada clarísima para el Leipzig, una acción colectiva en la que el equipo de Mourinho quedó muy mal parado.
Raum habilitó a Nkunku, que se plantó mano a mano con Courtois, y el belga volvió a taparle el disparo.
En el minuto 40, el error defensivo vino de Huijsen, que perdió la marca de Nkunku.
El Madrid se marchó al descanso con cuatro jugadas claras generadas por las dos que le crearon, pero con un 1-0 que existía gracias a las dos intervenciones de su portero.
El segundo tiempo, en cambio, fue una lección de inteligencia.
Con el 1-0, el Madrid no se desesperó por buscar el segundo, no se regaló en defensa y no le dio opciones al rival para generar peligro.
Durmió el partido, tuvo el balón el tiempo que quiso y marcó el segundo y el tercero sin despeinarse.
Empezó con un intento de Valverde desde la derecha, que el portero atajó bien.
Poco después llegó el 2-0: un centro de Bellingham que Mbappé cabeceó y que Güler empujó bajo el arco.
El análisis admite que el gol podría haberse apuntado Mbappé, que cabecea para convertir, y que Güler un poco se lo termina robando.
Mbappé tuvo después otro intento que pasó cerca del palo.
Entonces comenzó el festival de cambios.
Mourinho retiró a Vinícius y puso a Diomandé, quitó a Carreras y puso a Cucurella, y sacó a Güler para dar entrada a Brahim.
Durante unos 25 minutos, del 55 al 80, el partido fue tranquilo.
El Madrid no tuvo muchas jugadas claras, pero el Leipzig tampoco pateó el arco, y el marcador de 2-0 reflejaba un dominio sin sobresaltos.
Hasta que el Madrid decidió acelerar.
Y, como dice el análisis, cuando el Madrid acelera, te mete el gol.
Diomandé asistió y Mbappé definió con una clase de gol que ya se ha convertido en típico del francés: recibió, se acomodó, abrió el pie y colocó el balón en el ángulo, en el minuto 82.
El 3-0 parecía cerrar la noche, pero al Madrid le pasó lo mismo que con el Sevilla.
Un minuto después, el Leipzig descontó.
Una mala salida de Huijsen, no con el balón sino al cortar un pase que no llegó a interceptar, dejó un dos contra uno que aprovechó el visitante.
Baumgartner asistió a Gomes, que definió solo y con mucha calidad.
Courtois, nada que hacer.
El análisis cree que al belga, internamente, le molesta recibir esta clase de goles, porque hace un enorme esfuerzo por mantener la valla invicta.
Y aquí viene el detalle más bonito de la noche.
Tal como había ocurrido con el Sevilla, tras el descuento, el Madrid respondió con un golazo.
Un centro de Brahim que Diomandé controló de volea, un bombazo inatajable que se coló en el ángulo.
Es, según el análisis, una preciosura de gol, de esos que se miran una y otra vez.
Mourinho cerró el partido metiendo a Endrick y a Carlos Espí por Bellingham y Mbappé, con Espí rozando el 5-1 en una jugada que se fue cerca del palo derecho.
El partido terminó 4-1, con un Madrid más equipo, más inteligente y con más jerarquía, tanto colectiva como individual.
Y ahora, el repaso futbolista por futbolista, porque cada uno de ellos dejó una historia distinta.
Courtois jugó una noche de las que se recuerdan.
Dos paradones, uno en el minuto 27 ante el bombazo de Rómulo y otro en el 40 ante Nkunku, y un gol en contra del que no tuvo ninguna responsabilidad, porque Gomes definió completamente solo ante su salida.
Está, dice el análisis, más vigente que nunca, y sigue demostrando por qué es el mejor del mundo.
Valverde, de lateral derecho, ofreció otra gran actuación.
Tuvo mucho trabajo, tanto en lo defensivo como en lo ofensivo, llegó muy bien al fondo, hizo jugar al equipo y aguantó las subidas de Nusa, que tuvo un partidazo, pero al que el uruguayo neutralizó en bastantes jugadas.
Su pase a Güler propició el gol de Bernardo, y en la segunda parte hizo una pared con Güler, picó al vacío y se asoció bien.
El juicio es sencillo: Valverde defiende bien, ataca bien y lo hace todo.
En el centro de la defensa jugaron Rüdiger y Huijsen.
Rüdiger tuvo poca participación, pero se destacó con una intercepción clave en el minuto seis para cortar un mano a mano y completó un partido correcto.
Huijsen, en cambio, no tuvo mucho trabajo, pero cuando lo tuvo cometió errores: el del minuto 40, cuando perdió la marca de Nkunku, y el del gol, donde fue el mayor responsable al perder la marca de Gomes, salir y llegar tarde.
El análisis lo advierte con claridad: dos errores defensivos que podrían perjudicar mucho en un partido como el del domingo, en el que un fallo puede hacerte perder el encuentro.
Y no es ensañarse con él, recuerdan, porque en el derbi contra el Atlético, hace un mes, se hizo expulsar, provocó un penalti y el Madrid terminó perdiendo en gran parte por ese error.
Carreras jugó 69 minutos por la izquierda y tuvo mucho trabajo, desbordado en varias ocasiones por Gruda pero sin que esas jugadas terminaran en peligro.
Ganó el duelo, concluye el análisis, y tuvo un partido más defensivo que ofensivo.
En el medio, Bernardo Silva dejó un buen partido.
Metió el primer gol, empujando el balón bajo el arco tras un rechace del portero, y aunque es un mediocampista que no debería estar en esa posición, su intuición para llegar al gol le dio la oportunidad.
Después hizo jugar al equipo, tocando de un lado a otro, con confianza.
A su lado, Camavinga tuvo un partido correcto, una palabra que define su noche.
Tuvo algunos pases para iniciar jugadas que no progresaron y un remate muy centrado que atrapó el portero.
Bellingham jugó 88 minutos y no apareció tanto como de costumbre, al menos en la primera parte.
Su mejor momento llegó en el segundo tiempo, con el centro que originó el 2-0, un regate a un rival que terminó en remate desviado y otro disparo desde fuera del área.
El análisis es sincero: no sabe si hoy llega a la aprobación.
Güler jugó 67 minutos y fue, probablemente, el más completo.
Metió un gol, participó mucho en el ataque, tanto por la banda como por dentro, y tuvo disparos que el portero evitó que fueran otro gol.
Lo vio participativo, suelto, asociativo, haciendo jugar al equipo y marcando gol.
Esta es, dice, la versión de Güler que tanto le gusta y que viene demostrando desde que arrancó la temporada.
Vinícius jugó 70 minutos y tuvo dos grandes acciones individuales: en ambas la agarró, se sacó a un rival, corrió con el balón pegado al pie y definió desde fuera del área.
Las dos veces la puso al ángulo, primero al derecho y luego al izquierdo, y las dos veces Verbruggen la sacó a córner.
Después, no hizo mucho más.
Mbappé jugó 88 minutos y fue protagonista.
Metió un golazo en el minuto 82 tras un pase de Diomandé, controló y colocó el balón en el ángulo, y además participó en el segundo gol con ese cabezazo.
Es, concluye el análisis, un partido importante para el francés en la Champions.
Y luego están los que entraron.
Cucurella ingresó en el 70 sin mucha participación pero sin sufrir.
Diomandé, en cambio, entró en el 69, jugó 20 minutos y firmó una asistencia y un gol que el análisis califica de golazo con todas las letras.
Está aprovechando los minutos que le da Mourinho, en un estado de gracia total.
Y el gol de este martes, se nota, lo marcó con mucha más confianza que antes.
Su conclusión es rotunda: debe ser titular el domingo contra el Barça.
El fútbol es un poco el estado de ánimo del momento, insiste, y ni siquiera está Vinícius para jugar en la Liga, así que Diomandé tiene que arrancar el Clásico.
Brahim entró en el 77 y asistió en ese gol de volea, una buena participación.
Endrick y Espí ingresaron en el 88 y tuvieron una sola intervención cada uno: Endrick dio un buen pase y Espí definió cerca del palo derecho.
Al final, lo que queda es una noche en la que el madridismo se va a dormir feliz.
El Madrid ha ganado, ha gustado y ha goleado, y ha completado un gran partido ante un Leipzig correcto que hizo un buen planteamiento.
Pero el domingo, en el Camp Nou, empieza otra historia.
Y quizá ahí, en esa mezcla de entusiasmo y miedo, esté la clave de un equipo que aún no ha encontrado su mejor versión pero que, partido a partido, empieza a creer que puede hacerlo.