Diomandé se come a Vinícius, Güler manda en el Madrid y Valverde cambia de banda: la goleada al Leipzig deja un Clásico lleno de preguntas que nadie quiere responder

Diomandé se come a Vinícius, Güler manda en el Madrid y Valverde cambia de banda: la goleada al Leipzig deja un Clásico lleno de preguntas que nadie quiere responder

Hay noches en las que el marcador cuenta una historia y el césped cuenta otra completamente distinta.

El Real Madrid ganó 4-1 al Leipzig en el Bernabéu, firmó su tercera victoria en tres partidos de Champions y, sin embargo, quienes lo analizaron minutos después hablaban más de dudas que de certezas.

Dudas sobre el juego, dudas sobre el lateral derecho, dudas sobre quién debe ser titular el domingo en el Camp Nou y una duda enorme, dolorosa y cada vez más difícil de esquivar que tiene nombre y apellido: Vinícius Júnior.

Y es que el fútbol, a veces, tiene esa cruel costumbre de ganar partidos mientras destapa problemas.

Empecemos por lo evidente, porque en una noche como esta conviene no perder la perspectiva.

Quien se sienta a analizar al Madrid reconoce sin rubor que el equipo deja un poco fríos a los aficionados con su forma de jugar.

Pero el propio análisis tiene una frase que sirve de punto de partida: en un contexto de dudas, lo más importante es ganar, y el Madrid lo está consiguiendo.

Además, lo hace acompañado de varias noticias muy buenas.

La primera, para los tertulianos, es la situación de Diomandé, una auténtica bocanada de aire fresco para el equipo, y más todavía por lo que está ocurriendo con Vinícius.

La segunda es la consolidación de Arda Güler, que es lo que el Madrid debe buscar y a lo que tiene que agarrarse con fuerza.

Y la tercera llega tras una semana en la que se ha visto a Fede Valverde jugar en la mejor posición posible, algo que abre una puerta extra por el costado derecho y también en el centro del campo para que un creador pueda jugar por dentro.

Lo que se vio sobre el césped no fue, ni mucho menos, un recital.

Uno de los analistas lo expresó con claridad: el Madrid no necesita jugar bien para ganar, porque puede hacerlo a base de pegada.

El juego de este martes no fue vistoso, pero si ganas 4-1 eso, en el fondo, es lo de menos.

Courtois salvó a su equipo en varias ocasiones, el Madrid marcó un gol y eso, a juicio de los tertulianos, ya es suficiente.

Hay una mística en este club que permite que, incluso jugando mal, el gol pueda llegar en cualquier momento.

Y en la segunda parte, cuando el Leipzig se abrió, la calidad y la pegada del Madrid terminaron decidiendo el encuentro.

Eso sí, hay una conclusión que sigue encima de la mesa: este Madrid es mucho mejor con espacios y con campo para lanzarse hacia delante que con la circulación de balón y el ataque posicional.

Es una radiografía incómoda, porque justo el próximo rival, el Barça, no suele regalar esos espacios.

Y ahí aparece el primer gran debate de la noche, el de Fede Valverde.

Uno de los presentes bromeó en Twitter diciendo que, cuando nació el hijo de su padre, le dijeron aquello de enhorabuena, ha tenido usted un lateral derecho, pero que a alguien se le olvidó contárselo al propio Federico.

Porque la diferencia entre un Valverde en una banda y en la otra es absolutamente enorme, en todos los sentidos.

En lo defensivo, en lo ofensivo e incluso en la actitud del jugador.

Lo más doloroso, reconocen, es que al propio uruguayo no le gusta jugar en esa posición.

Xabi Alonso ya lo había probado, y Mourinho lleva dos partidos con él ahí, a falta de saber si habrá un tercero en el Clásico.

Y aquí la tertulia se parte en dos.

Un bando está convencido de que Valverde será el lateral derecho en el Camp Nou.

El razonamiento es sencillo: si has jugado a un futbolista dos partidos seguidos en un puesto en el que muchos lo pedían, y lo ha hecho tan bien, no ves a Mourinho cambiando ahora, porque entonces uno se pregunta para qué sirvió la prueba.

Según esta teoría, el partido contra el Leipzig, séptimo de la Bundesliga, en el Bernabéu, era un escenario perfecto para que jugaran Dumfries o Trent, y el técnico decidió utilizar a Valverde igualmente.

Eso, interpretan, huele a ensayo general antes del partido que de verdad importa.

Y un ensayo, subrayan, que salió muy bien.

El otro bando sostiene lo contrario, y con argumentos igual de sólidos.

Les resulta surrealista que alguien vaya al Camp Nou a probar algo inédito, y creen que Mourinho le dijo algo así a Valverde: te pongo dos partidos para que el día que quiera que juegues ahí y brilles sea contra el Barça, y a partir de ahí, en el día a día, el Madrid tiene dos laterales a los que recurrir.

De hecho, uno de los analistas llegó a decir que es mucho más probable que Dumfries juegue por delante de Valverde que al revés.

Y añadió algo que provocó risas entre los compañeros: que lo decía con seguridad aunque pudiera ser un disparate absoluto.

La cuestión de fondo es otra: no se trata de si Valverde es el mejor lateral derecho disponible, que para varios lo es ahora mismo, sino de cómo se plantea el partido contra el Barça.

Y ahí se abre una segunda pregunta, la del extremo derecho.

Con Vinícius sin poder jugar en Liga, con Mendy previsiblemente en la izquierda, con Bellingham como organizador y Güler en la base, alguien tiene que cubrir esa banda.

Una de las hipótesis sitúa a Valverde como extremo, lo que se entendería como precaución defensiva, porque es un futbolista que ofrece dureza en los espacios.

Pero entonces habría que empezar con Dumfries tras dos partidos sin jugar, y eso, para algunos, es una incoherencia.

Otra opción sobre la mesa es Endrick, aunque varios admiten que Mourinho no parece fiarse todavía de su regularidad.

Y la tercera, la que más fuerza cogió en la conversación, es Brahim.

Quien la defendió dijo creer mucho en el malagueño, y pensar que Mourinho también.

Brahim, explican, ha añadido muchas facetas a su juego colectivo en el último año, y es de esos futbolistas capaces de sentirse cómodos con el balón cuando les llega, sostenerlo y juntar al equipo.

Los minutos que le dio el técnico el martes, interpretan, apuntan a una preparación para el domingo.

La apuesta les parece audaz, y a uno de ellos le entusiasma precisamente por eso, hasta el punto de prometer que se quita el sombrero y paga la cuenta el domingo por la noche si acierta Mourinho.

Aunque hubo quien recordó, con una sonrisa, que luego saldrá la alineación, a las 19:30 o las 19:45, con un triple pivote de Camavinga, Valverde y Tchouaméni, y todos se quedarán con los ojos como platos.

Hablando de Camavinga, el diagnóstico fue prudente.

Sería muy útil que estuviera en buen nivel, porque permitiría un doble pivote con Tchouaméni, ponerse a Valverde en el lateral, dejar a Güler más libre, y con Bellingham y Mbappé arriba, formar un equipo distinto.

El problema es que lo ven en un nivel normal, ni sublime ni especialmente malo, y así no se sostiene un plan de ese calibre.

Otro analista planteó una variante completamente distinta: Tchouaméni y Güler en el doble pivote, aunque eso le costaría al equipo calidad en el último tercio, que según él el Madrid necesita desesperadamente.

Y es aquí donde entra el verdadero protagonista de la noche, un futbolista de 21 años al que los tertulianos ya no saben cómo calificar.

Arda Güler.

Tres días antes había firmado un partido sensacional en la base de la jugada, iniciando las acciones y moviendo al equipo.

Este martes lo vieron como falso extremo derecho, ganando más duelos individuales que Mbappé y Vinícius, marcando un gol dentro del área pequeña y demostrando que está en todas partes.

Para uno de los analistas, Güler parece un sistema en sí mismo.

No lo dijo por decir: explicó que, cuando el balón le llega, el turco levanta la cabeza, ya sea con la izquierda o con la derecha, aunque con la zurda lo haga mejor, y es capaz de lanzar al equipo.

Cada pase que da tiene un propósito, no es el típico jugador que juega por supervivencia.

Su pase lleva peligro y lleva pensada la idea que puede tener el compañero siguiente.

Para otro de los presentes, lo que debe hacer Mourinho es construir su estilo de juego alrededor de él, porque el Madrid no necesita una salida de balón limpia ni ser un equipo armonioso con el balón, pero sí necesita que, cuando la pelota llegue a Güler, el equipo pueda crecer.

A eso se suma un detalle que casi nadie había mencionado en las últimas semanas: el cambio físico del jugador.

Güler se ve mucho más maduro en todos los aspectos, y también más hecho físicamente.

A los 21 años, nadie se atreve a calcular su margen de crecimiento, pero basta con verlo para entender que es el motor del Real Madrid.

Un Madrid sin Güler, aseguraron, ni siquiera se explicaría, y lo consideran el futuro a corto, medio y largo plazo del equipo.

También destacaron lo que hace sin balón, sobre todo en la primera parte, cuando el equipo estaba más atascado en ataque.

Güler, situado por la derecha, se metía entre el central y el lateral, creaba peligro y dio dos o tres pases al espacio que un compañero debió haber culminado.

Uno de esos pases, recuerdan, lo falló por muy poco Bernardo Silva.

Y en la segunda parte, de espaldas y rodeado, firmó un taconazo que los analistas calificaron de espectacular, de esos por los que se paga la entrada.

La conclusión de todos fue unánime: Mourinho tiene un dolor de cabeza maravilloso, porque no sabe en cuál de sus facetas es mejor, y lo razonable sería decidir dónde rinde más según el partido y encajar a los otros diez a su alrededor.

Entre tanta alabanza, los comentarios del chat colocaron un contrapunto importante.

Uno de los espectadores señaló que el mayor problema del Madrid es la falta de regularidad en defensa, y los tertulianos coincidieron de lleno.

Es algo que sigue llamando la atención, admitieron, y más después de haber discutido tanto sobre si el equipo estaba bien físicamente.

En la primera mitad, con Bernardo Silva, Güler y compañía sobre el campo, el Madrid concedió muchas ocasiones, y eso es algo que Mourinho quiere corregir cuanto antes.

Otro espectador preguntó si alguien veía a Bernardo en el Clásico.

La respuesta fue prudente: no lo ven de inicio, aunque creen que tendrá minutos, porque ofrece cosas distintas tanto si el partido va bien como si va mal.

Y entonces llegó, ya pasadas las once de la noche, el momento más duro de toda la conversación.

El segmento de Vinícius Júnior, íntimamente ligado al de Diomandé.

Quien lo abrió lo hizo con dos datos demoledores.

El primero: Vinícius solo ha jugado los 90 minutos en tres de los últimos 12 partidos del Madrid esta temporada, y no completa un encuentro desde el 4 de septiembre, contra el Betis.

El segundo, aportado por Opta: el brasileño no ha intentado ni un solo regate en sus dos últimos partidos con el Real Madrid en todas las competiciones.

Es la primera vez en su carrera en el club blanco que encadena dos titularidades seguidas sin intentarlo.

Para un jugador que siempre lo intentaba, incluso cuando lo trataban como un meme, el dato resulta estremecedor.

El análisis que acompañó a esas cifras fue crudo.

Quien abrió el debate confesó que le duele ver a Vinícius así, y que su titularidad en la Champions solo se explica porque no jugará en Liga y se quiso evitar ruido colocándolo de inicio.

Durante el partido llegó a publicar un tuit quizá muy duro, en el que decía que lo ve más cerca de colgar las botas que de recuperar su mejor nivel, y ahora, mirándolo, lo cree de verdad.

Lo que más le preocupa es el cambio de naturaleza del problema.

Antes, Vinícius en sus malos días era errático: probaba cosas, no le salían, tropezaba con el balón.

Ahora, dice, ni siquiera lo intenta: recibe en la banda y devuelve hacia atrás, y solo se atrevió un par de veces, cuando vio el camino libre, a conducir y probar el remate.

Su cara en el banquillo, añade, lo dice todo.

Es un jugador que no está.

Y el problema, insiste, es que el Madrid ya lo esperó, ya le tendió la mano, y él no pudo agarrarse a ella.

Mourinho, que lo había tratado con paciencia y repetido que lo esperaba en su mejor versión, ha comprendido que ya no puede seguir esperando, sobre todo con alguien como Diomandé apretando por detrás.

Otro tertuliano matizó con un tono más compasivo.

No sabe si es algo físico, mental o si hay algún problema que le afecte en esta etapa de su carrera, pero habla de una regresión sorprendente.

El peor Vinícius que recuerda seguía encarando, fallaba y volvía a intentarlo, y a la cuarta lo conseguía.

Le sorprende ver así a un futbolista que estuvo a punto de tocar el Balón de Oro y para quien, desde entonces, todo ha ido cuesta abajo.

Pero también ve una salida: el propio Vinícius tiene la solución delante, si encuentra el amor propio y el orgullo para decir que el titular y la cara del proyecto es él.

Reconoce que el brasileño acaba de renovar y que es el jugador que debería estar ahí.

Y propone una idea arriesgada, que escueza un poco ver cómo alguien de su posición le quita el puesto, y que ese orgullo herido lo ayude a mejorar.

El tercer análisis vino con una tesis llamativa.

Para él, la teoría de que la presencia de Mbappé perjudica al extremo izquierdo queda desmontada por Diomandé, que rinde a un nivel altísimo en esa banda con el francés en el campo.

Era, argumenta, absurdo justificar el mal momento de Vinícius con la llegada de Mbappé, cuando el nuevo ídolo del madridismo brilla justo ahí.

El problema, dice, no es un mes sin encontrar su forma, sino casi dos años.

Su arranque de 2026 es bueno en números, pero ha llegado a un punto en el que cree que ya no recuerda al Vinícius cómodo en el campo que hacía lo que siempre hacía.

Sospecha que él lo intenta todo, porque cuando eres el foco de todas las críticas, cuando te silban en el estadio, cuando aparece en los debates que sancionarte cuatro partidos es bueno para el equipo, uno intenta hacer todo para mejorar.

Pero cree que ha caído en un pozo de confianza por los suelos, y admite que no sabe cuál es la solución.

Lo único claro, repite, es que el Madrid no puede esperarlo más: ya lo esperó ocho o nueve partidos, y su entrenador no puede seguir haciéndolo.

Cuando vuelva de la sanción, algo que según lo leído sucedería hacia el 21 de noviembre con un parón de selecciones de por medio, habrá que ver si, desde un papel secundario, puede reencontrarse.

El parón, incluso, podría venirle bien con Brasil, para desahogarse y sentirse cómodo.

También hubo discrepancias, y eso es parte de lo bueno de la conversación.

Un espectador llamado Michael escribió que le parecía patética la obsesión con Vinícius, y que su bajón viene de eso y de que se elogie a Mbappé aunque pierda 17 balones por partido.

El analista le respondió con calma, recordando que Mbappé marcó un gol y que, aunque no lo ve todavía en el nivel que cree que debería tener, hay destellos.

Su metáfora fue gráfica: cuando dos chicos suspenden un examen, no es lo mismo sacar un 3,5 o un 4 que sacar un cero.

Mbappé hace goles y falla algunos, pero se ve su potencial, mientras que Vinícius, dice, ha desaparecido por completo.

Y lo asegura, repite, como alguien que está loco por el brasileño.

Otros espectadores aportaron frases más duras, como la de uno que opinaba que Vinícius ha perdido la velocidad y con ella la explosividad, o la de quien decía que por momentos parece un exfutbolista.

Y detrás de todo este drama está el contraste con el que viene empujando.

La cámara, recordaron, enfocó a Vinícius en varios momentos, y no lo vieron feliz.

No porque no se alegre de la victoria, matizaron, sino porque se nota que es el primero en darse cuenta de que no lo está haciendo bien.

Verlo en el banquillo con Diomandé jugando a otro ritmo, comentan, tiene que ser difícil, y un futbolista, por definición, es egoísta: quiere jugar, quiere marcar y quiere ser el mejor.

El consejo de uno de los analistas fue claro: Vinícius debe abrazar este momento, verlo como una montaña que puede superar y usarlo a su favor.

Le sugirió que hable con el cuerpo técnico, con sus compañeros, con quien haga falta, y que use el orgullo para decir que es mejor.

Reconoce que su caída no ha sido de un 10 a un 7,5, sino de un 10 a un 4,5 o un 3, pero cree que todos los futbolistas pueden cambiar su situación.

Y otro más, con humor, admitió que ha visto suficientes episodios de Ted Lasso como para no pensar que Vinícius sea irrecuperable.

Quedaba por defender a Diomandé en singular, y uno de los tertulianos lo hizo con convicción.

Cuando llegó al club, recuerda, mucha gente fue injusta con él y se dijeron muchas tonterías.

Se afirmó que el chico no valía lo que costó porque jugaba 15, 20 o 25 minutos en las segundas partes, y se concluyó que otros futbolistas eran mucho mejores.

Ahora, tras una semana y media, solo se habla de él para criticar a Vinícius, pero cree que estamos muy cerca de hablar únicamente de Diomandé, porque se está ganando a todos en el campo con goles y asistencias.

Es, además, un futbolista que no necesita marcar ni asistir para influir en los partidos, y encima lo está haciendo.

Este martes, en un encuentro en el que no se esperaba que jugara y en el que los focos apuntaban a Vinícius, salió y marcó un gol de los que hacía tiempo que no veían.

Para él, el Madrid tiene opciones de sacar algo del Camp Nou gracias a este chico, sobre todo viendo la defensa del Barça: si abren alguna puerta, será por ahí.

Otro añadió una idea muy atractiva: el equipo suma una pieza de incertidumbre y duda para el rival, porque no se sabe por dónde va a aparecer Diomandé, y cuando empiezas a conocerlo, descubres que es un futbolista que todos estamos descubriendo ahora.

Lo que más les llamó la atención fue su confianza.

El gol llegó tras un pase de Brahim, el típico balón que, si te sientes seguro, golpeas a la primera, mientras que si tienes una mínima duda lo controlas, levantas la cabeza y miras si hay un compañero.

Pero él lleva la flecha hacia arriba.

Y hubo una imagen que consideraron profundamente simbólica: Diomandé marcó, quiso pedir perdón por tratarse de su exequipo, pero se moría de risa, sorprendido de sí mismo, como si pensara que, por fin, se había encontrado.

Hasta hace poco, recordaron, lo habían visto en partidos en los que entraba con 15 minutos por jugar y se mostraba nervioso, o intentaba demasiado porque no sentía el equipo como suyo.

La confianza es todo para un futbolista, concluyeron, y el Madrid no te regala 15 o 20 oportunidades: tienes que aprovechar las pocas que te dan y dar razones al entrenador para que te ponga de titular.

Uno de ellos recordó que antes del partido con el Villarreal había dicho que tenía que dar un pequeño paso adelante para ser titular, y que acertó.

Y repitió que, si te gusta el fútbol, tienes que disfrutar con Diomandé.

La pregunta lógica, entonces, es obligatoria: ¿qué argumentos hay ahora mismo para no ponerlo de titular en el Camp Nou?

Uno de los analistas respondió que el único en contra es que, en teoría, es un chico fichado para jugar por la derecha.

Pero los demás replicaron que Mourinho lo quiere claramente en la izquierda, que es lo que han visto, sobre todo cuando Vinícius no está, y que cuando entró este martes lo puso a la izquierda.

Quizá, planteó otro, haya sido una bendición disfrazada: nadie pensaba que podría rendir así por esa banda, y de repente lo hace, lo que podría abrir un camino que todavía no conocemos.

Y hay un argumento táctico a su favor que resulta muy convincente.

Con Diomandé a la izquierda, el equipo suma además un trabajo sin balón que no deja colgado a Cucurella.

Y si por la derecha se completa con Brahim, Güler o Dumfries, el Madrid tendría dos bandas con futbolistas que trabajan para el equipo, tanto con balón como sin él.

Quizá por eso, intuyen, Mourinho lo prefiere ahí: porque equilibra al equipo en ambos lados.

Y entonces llegó el momento de mirar al domingo.

A las nueve de la noche, el Madrid visita al Barça en el Camp Nou, y los tertulianos terminaron la velada con una sensación compartida: hay diferencias entre ambos equipos, pero es un Clásico.

Uno admitió que ve al Barça superior, pero que en este tipo de partidos todo puede pasar, aunque el Barça haya perdido contra el PSG y siga siendo una potencia en la Liga.

Cree que el Madrid podría tener opciones si mantiene a Brahim en este nivel de confianza y si Mourinho continúa con la línea que ha tenido en las alineaciones.

Otro fue más directo y, quizá, más inquietante.

Para sacar algo positivo del Camp Nou, el Madrid tiene que hacer cosas que no ha mostrado hasta ahora, y no se refiere a las transiciones y contragolpes, que es donde cree que estará el partido, sino a la solidez sin balón.

No sabe quiénes serán los centrales titulares, y dice, con pena, que no le generan confianza.

Y recordó lo que dijo Luis Enrique antes del partido del PSG: a la pregunta de cómo defender a este Lamine y a este Barça, el técnico respondió que teniendo el balón.

Con todo el dolor de su corazón, no cree que este Madrid tenga capacidad para disputarle la posesión al Barça.

Por eso habla de resistencia y de que algunos futbolistas clave den un paso adelante, de modo que al terminar el partido se pueda decir que Cucurella secó a Lamine.

Sobre el papel, lo ve muy difícil, y con total frialdad, ante el riesgo de que la distancia suba a nueve puntos, confiesa que hoy firmaría un empate.

Eso sí, recordó que si este deporte levanta tanto revuelo es porque existen guiones que uno nunca espera, y trajo a la memoria aquellos tiempos en los que se daba por muerto al Barça de la era Xavi y aun así venía al Bernabéu y le metía cuatro.

El programa se despidió con la promesa de un directo especial antes del Clásico, otro después, y una gala del Balón de Oro el lunes que cerrará una semana de infarto.

Y hubo un último guiño, medio en broma medio en serio, sobre quién se llevará el trofeo, con alguien insinuando que podría tener que pedir disculpas el lunes porque Kane lo habría ganado.

Es posible que el Madrid llegue al Camp Nou con más respuestas de las que tiene hoy, o con muchas menos.

Lo único seguro es que ha encontrado a un Güler que manda, a un Diomandé que empuja y a un Valverde que cambia de sitio, mientras el nombre de Vinícius Júnior, el futbolista que definió una época, pesa cada día más en cada conversación.

Y a veces, en el fútbol, el partido más importante no se juega el domingo a las nueve de la noche, sino mucho antes, en la cabeza de quien ve cómo otro ocupa su sitio.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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