Bernardo Silva, Courtois, Güler y Diomandé rompen su silencio tras otra goleada en la Champions: el vestuario del Real Madrid ya mira de frente al Barça

Bernardo Silva, Courtois, Güler y Diomandé rompen su silencio tras otra goleada en la Champions: el vestuario del Real Madrid ya mira de frente al Barça

Hay victorias que se celebran con la boca grande y otras que se explican con una media sonrisa y los ojos puestos en el próximo domingo.

La del Real Madrid en la Champions League fue de las segundas: un 4-1 contundente en el Bernabéu, el tercer triunfo en tres partidos europeos y una sala de prensa llena de futbolistas que hablaban de otra cosa mientras decían que solo pensaban en el presente.

Porque detrás de cada respuesta había un nombre propio, el del Clásico, y detrás de cada sonrisa, un mensaje cifrado para quien quisiera escucharlo.

Mourinho abrió la ronda de declaraciones con un gesto que no pasó desapercibido, y no precisamente por el marcador.

El técnico se mostró satisfecho por el partido, satisfecho por el resultado y, lo dijo expresamente, satisfecho por Bernardo Silva en este caso concreto.

No era un elogio cualquiera, porque Bernardo era uno de esos jugadores que hacía mucho que no empezaban un partido.

Mourinho recalcó que el portugués tiene méritos de sobra para jugar, y que había firmado, a su juicio, un gran encuentro.

Del equipo, en cambio, hizo una lectura más matizada.

En la primera mitad, opinó, el Madrid jugó bien, pero a un ritmo bajo, y cuando se intensificó la velocidad del juego la historia fue otra muy distinta.

Había una única espina clavada en su análisis: el gol encajado, que a su entender Courtois no merecía.

Después de ese retrato del técnico llegaron las voces de los protagonistas en Real Madrid Televisión, de la mano de Julio Bermúdez, y la primera en la lista tenía un motivo especial para estar sonriendo.

Bernardo Silva había abierto el marcador, y se trataba de su primer gol con la camiseta del Real Madrid en la Champions League.

Para colmo, lo había marcado en el Santiago Bernabéu, un escenario al que él mismo calificó como siempre especial.

El portugués no escondió que el primer tiempo fue complicado.

Reconoció que el rival había llegado con peligro en varias ocasiones y que Thibaut había sido bastante importante para el equipo.

El Madrid también generó, explicó, pero no terminó de controlar el partido como quería.

La segunda parte, en cambio, fue otra cosa.

Bernardo la definió como bastante mejor, y se declaró muy feliz por sumar esos nueve puntos en tres partidos que colocan al equipo en una posición muy buena.

Le recordaron entonces un dato curioso: es el undécimo goleador distinto del equipo esta temporada, y el Madrid ya ha marcado 33 goles.

La pregunta apuntaba a la idea que Mourinho repite como un mantra, la de que todos suman y todos cuentan.

Bernardo la respaldó sin dudar.

Para que un equipo funcione, defendió, no basta con dos o tres estrellas: hace falta gente que sienta que puede marcar la diferencia en cualquier momento.

Y eso, aseguró, es lo que ocurre ahora tanto con los que juegan más como con los que juegan menos y con los que salen desde el banquillo.

Habló de un buen espíritu y de la obligación de seguir mejorando, porque, según sus palabras, el equipo está en un buen camino.

Hay un dato que flotaba sobre toda la noche y que el entrevistador no dejó pasar.

Son ya cuatro victorias consecutivas desde el largo parón de selecciones, ganadas en apenas 11 días.

Bernardo le quitó dramatismo con cierto aire de veterano: mucho mérito y mucho trabajo, sí, pero solo es el principio de la temporada.

Lo importante, insistió, es mantener la ilusión para acabar el curso peleando por los títulos.

La conversación derivó hacia el centro del campo, y ahí llegó el momento más divertido de la entrevista.

Con Bernardo, Camavinga y compañía, le dijeron, hay muchas pruebas en el medio, y esta vez Valverde volvía a ser titular.

El periodista quiso saber cómo vivía él esa reconstrucción, esa pieza más de un puzle en construcción.

La respuesta fue un regate verbal digno de su fútbol: pensó que el entrevistador se había equivocado de persona.

Esa pregunta, vino a decir, es para Mourinho, porque a él no le cambia nada y su trabajo consiste en meter goles, ayudar al equipo y ganar.

El periodista, resignado, prometió formulársela al técnico en quince minutos.

Más delicada fue la cuestión de Vinícius.

El brasileño, que no puede jugar en la Liga por su sanción, tuvo minutos en la Champions, y después de que Diomandé marcara al entrar, las cámaras lo mostraron con gesto triste.

Bernardo lo interpretó desde la comprensión.

Para él es bueno que esté triste, porque significa que quiere dar mucho al equipo y a la afición.

Le pidió, eso sí, tranquilidad y orgullo, porque un gran jugador, dijo, tiene que sentirse siempre orgulloso de lo que es.

Y añadió que debe mantener la confianza, porque calidad le sobra.

Sobre su propia actuación, la última pregunta fue casi una trampa afectuosa: lo vieron sonriente, pero él es, según el entrevistador, el más autocrítico.

Bernardo no esquivó el reto.

Dijo que puede hacer más, que es de esos pocos jugadores a los que hay que exigirles siempre más, y que ahora está en un buen momento pero tiene que seguir creciendo.

Es una frase corta, pero retrata a un futbolista que, a pesar de haber vuelto a la titularidad con gol, no quiere que nadie se lo cuente como una redención.

El siguiente en pasar por el micrófono fue el hombre que sostuvo al equipo cuando el partido estaba más incómodo.

Courtois, al que todos llaman Tibo, subrayó que la clave estuvo en marcar primero, y en lo que dijo Mourinho en el descanso.

El técnico pidió mejorar en defensa, y el equipo, aseguró, lo hizo: más intensidad, mejor presión y una victoria merecida.

El belga reconoció que su trabajo en la primera parte había sido decisivo.

Fueron dos paradas importantes, explicó, que mantuvieron la portería a cero y permitieron aprovechar el gol de Bernardo para irse al descanso por delante.

Y dio una lectura muy de portero veterano sobre ese momento: en un partido así, si vas perdiendo, el encuentro se te puede atragantar.

Habló también de la semana que está viviendo el equipo, con dos victorias de peso y ocho goles en dos partidos.

Todo gracias a que, según él, se puede contar con casi toda la plantilla y existe mucha competencia, algo que nos hace mejores a todos.

Ganar, añadió, ayuda a que todo el mundo esté feliz y trabajando.

Pero Courtois no se dejó llevar por la euforia, y fue él quien puso los pies en el suelo con el calendario en la mano.

Ahora vienen cuatro partidos fuera de casa, y fuera de casa, admitió, el equipo lo está pasando peor este año.

Su deseo es llegar al próximo parón con otras cuatro victorias.

Y el equipo necesita sumar en la Champions, porque entrar entre los ocho primeros exige ganar el máximo posible de partidos.

Ya van tres y faltan cinco.

La conversación giró entonces hacia el domingo, y el portero habló sin rodeos: hay que acortar distancias con el Barça, y eso solo se consigue ganando.

La realidad, recordó, es que el Madrid está a seis puntos.

Por eso el equipo irá al Camp Nou con confianza, creyendo en lo suyo, aprovechando las ocasiones y, ojalá, defendiendo bien para no encajar.

Le preguntaron cuál sería la clave de un partido de esas dimensiones, y la respuesta fue tan simple que casi dolió: gana el que más goles marque.

Aun así, el belga se detuvo a analizar al rival.

Es un equipo al que se le pueden generar ocasiones, dijo, pero que cuenta con un grandísimo portero y que ofensivamente está muy bien.

El Madrid, entonces, tendrá que defender bien y aprovechar las oportunidades que tenga.

En otro tramo de la conversación, Courtois fue preguntado por la sensación de ser tratado como segundo favorito en un vestuario que, según el entrevistador, ve al Barça como gran candidato.

El belga se encogió de hombros con elegancia: opinar, cada uno opina lo que quiere.

El equipo confía en sí mismo y sabe que es un partido importante para recortar distancias, y la única verdad es que están a seis puntos y que, si quieren pelear la Liga, hay que ganar allí.

Hubo, además, un guiño al gol de Güler, que fue el centro de otra pregunta.

Le dijeron que tiene fama de meter zapatazos, y que si ese era el más bonito de los que había marcado.

Courtois no se atrevió a coronarlo como el mejor de su carrera con el Madrid, pero sí lo calificó de increíble.

Y soltó un dato que debería preocupar a los rivales: en los entrenamientos, aseguró, Güler también hace muchos golazos.

Si está así, concluyó, mejor para nosotros.

Quizá la parte más humana de toda la jornada llegó cuando le preguntaron por Vinícius, sustituido en el minuto 70.

Courtois eligió las palabras con cuidado.

Nunca es fácil, admitió, y menos para un jugador que en los últimos años solía jugar los 90 minutos casi siempre.

Ningún futbolista quiere que lo cambien, pero él lo ve sonriente en los entrenamientos y con ganas de trabajar.

Quizá, apuntó, las cosas no le están saliendo del todo, aunque hizo un buen partido, con varias acciones de peligro y disparos.

Y cerró con una frase que suena a pacto de vestuario: necesitamos al mejor Vinícius, y como compañeros le daremos lo que haga falta para que se encuentre lo mejor posible.

Quedaba el último capítulo, el más ligero y quizá el más revelador.

Real Madrid Televisión se reservó a dos protagonistas con goles en el marcador: Arda Güler y Diomandé.

Güler tomó el micrófono con una frase que resume el espíritu del equipo: estamos muy contentos porque hemos jugado genial, con balón y sin balón.

Habló de una gran actuación colectiva, y de lo genial que es ganar este tipo de partidos.

Sobre el arranque de la Champions fue tajante: esto es lo que hay que hacer, porque somos el Real Madrid y hay que ganar todos los partidos.

Fue su tercer gol de la temporada, y aun así lo primero que dijo fue que él piensa ante todo en el grupo.

La victoria del equipo, insistió, es lo más importante y no quieren parar.

El entrevistador sacó entonces una estadística que dice mucho del Bernabéu: siete partidos esta temporada y siete victorias.

Güler habló del factor Bernabéu como una pieza clave, porque cuando juegan en casa, delante de su gente, intentan darlo todo por ella.

Diomandé coincidió con otro tono, más sobrio: necesitan a los aficionados para empujarlos, porque habrá momentos difíciles y los necesitarán.

Valoró, además, el trabajo que está haciendo la grada y cómo su apoyo se refleja en el campo.

Y entonces el tono cambió por completo.

Les pidieron que explicaran sus goles, y los dos jugadores, que parecían escoger el mismo guion desde hacía rato, se enzarzaron en una discusión amistosa.

Güler dijo sin pestañear que su gol fue mejor que el de Diomandé.

Diomandé respondió que Arda es mejor jugador, un jugador top, aunque al explicar su tanto no dejó de picarlo: asistido por Brahim, remató a la escuadra.

Güler insistió, con una sonrisa que no admitía réplica: el mío es mejor, él lo sabe.

Y soltó una confesión que dejó a todos riendo: le había robado el gol a Mbappé, pero porque sabía que el francés marcaría otro, así que no había problema.

En ese pequeño intercambio cabe mucho de lo que está pasando en este vestuario.

Dos jugadores jóvenes, con goles en el marcador, compitiendo por una broma en lugar de hacerlo por un puesto, y un equipo que, mientras se pelea por la titularidad, parece sentirse a gusto.

La última pregunta de Real Madrid Televisión no podía ser otra.

Güler y Diomandé hablaron del Clásico con una unanimidad casi calculada.

Para Güler, es un partido grande, un partido top, y el equipo lo dará todo para ganar.

Hay ganas de jugar este tipo de encuentros, dijo, y están listos.

Diomandé remató la jugada: tienen confianza y van con todo.

Alrededor de esa cita se cruzaba también otro acontecimiento de máxima expectación, porque el propio entrevistador despidió el espacio deseando un buen fin de semana de Clásico y Balón de Oro.

Quien escuche con atención esas voces encontrará un patrón.

Mourinho elogia al que vuelve a la titularidad, Bernardo se resiste a la medalla, Courtois reparte realismo, y Güler y Diomandé ponen la nota de frescura que el vestuario necesitaba.

Mientras tanto, la distancia con el Barça sigue siendo de seis puntos, y todos, desde el técnico hasta el último canterano, saben que el domingo solo vale una cosa.

No hay confianza más peligrosa que la que viene acompañada de la necesidad.

Y el Madrid, tras cuatro victorias seguidas, un Bernabéu invicto y una plantilla casi entera disponible, parece haber descubierto que puede tener las dos a la vez.

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