Mourinho confiesa que no puede alinear a sus mejores centrocampistas: la remontada ante la Roma destapa el gran dilema del Real Madrid y pone a Endrick contra las cuerdas del banquillo

Mourinho confiesa que no puede alinear a sus mejores centrocampistas: la remontada ante la Roma destapa el gran dilema del Real Madrid y pone a Endrick contra las cuerdas del banquillo

¿Y si el Real Madrid solo despierta cuando se queda sin nada que perder?

Lo de anoche en Roma no fue solo una remontada, fue un retrato involuntario de todo lo que le pasa a este equipo.

Durante más de setenta minutos, los blancos fueron un equipo dominado, superado y partido por la mitad.

Y entonces alguien tocó el interruptor, y el partido cambió por completo.

Una confesión que lo explica casi todo

Hay frases en rueda de prensa que pasan desapercibidas y otras que, leídas con calma, lo cuentan todo.

Las palabras de Mourinho el día anterior al partido pertenecen a la segunda categoría.

Según se comentó en la tertulia posterior, el técnico se abrió más de lo habitual para explicar por qué hace lo que hace.

Vino a decir que tiene jugadores que no son exactamente animales defensivos.

El miedo de Mourinho a que el equipo se parta

Traducido, el razonamiento es sencillo.

La fase defensiva del equipo, la manera en que el Madrid se comporta sin balón, depende de que Tchouaméni y Valverde estén en esa zona.

Si no los pone ahí, según su forma de pensar, el equipo se le cae a pedazos.

Es su forma de ver el fútbol y la explicó con una claridad poco habitual.

Los mensajes contradictorios

Pero hay un detalle que no pasó desapercibido.

En sus declaraciones anteriores sobre el Inter, el propio Mourinho había dicho que correr y contragolpear no iba a ser suficiente este año.

Que el equipo necesita momentos de control, muchos momentos de dominio del juego.

Y ahí aparece la contradicción que algunos analistas señalan con el dedo.

Quién controla de verdad un partido

Para controlar un partido hacen falta jugadores como Güler o Bernardo Silva.

Futbolistas de criterio, de pausa y de buena circulación.

En cambio, nombres como Diomande, Vinicius, Mbappé, el propio Bellingham, Valverde o Tchouaméni pertenecen a otra familia.

Son jugadores de verticalidad, de espacios y de ida y vuelta, no de control.

La lucha interna del entrenador

En esa dualidad, según el análisis que se hizo en la tertulia, está la clave del dilema de Mourinho.

Quiere un equipo que no se rompa, sabiendo que tiene varios jugadores que no aportan en la fase defensiva.

Cualquiera que vea jugar al Madrid lo percibe, y él también.

Por eso sacrifica a quienes le darían más criterio y mejor organización del balón.

La réplica: el equipo se rompió igualmente

Hubo una objeción inmediata, y fue bastante contundente.

Mourinho olvidó mencionar que el equipo se partió precisamente con Tchouaméni y Valverde sobre el césped.

Decía que con los habilidosos se caería, pero se cayó antes de eso.

Lo que vino a transmitir, según esta lectura, es que no pone a los buenos porque entonces no aguanta defensivamente.

Un centro del campo de cemento

Pero omitió un detalle importante: que en la primera parte el equipo se descompuso jugando con “cemento” en el medio.

Dos pivotes pensados para dar solidez que, sin embargo, no la dieron.

Es una paradoja que alimentó el debate durante buena parte de la noche.

Y plantea una pregunta incómoda: ¿de qué sirve el músculo si el equipo se parte igual?

La corrección de Mourinho junto a Cucurella

Uno de los tertulianos contó que le gusta fijarse en las instrucciones de los entrenadores durante el partido.

En el descanso, o en una pausa del juego, vio cómo Mourinho hablaba con Cucurella y con Tchouaméni.

Cucurella sufría porque por su banda el rival estaba generando constantes situaciones de dos contra uno.

La corrección fue clara: Tchouaméni debía salir mucho más del carril central para ayudar al lateral.

El primer gol, un agujero en el centro

Esa corrección, según se supo después, fue confirmada por el propio Mourinho a Ricardo Sierra en la entrevista posterior.

Pero lo curioso es lo que ocurrió a continuación.

El primer gol llegó precisamente porque la zona central del área, un espacio que Tchouaméni ha protegido bastante bien últimamente, quedó desprotegida.

Es el eterno problema de las mantas cortas: cubres un lado y se te abre el otro.

Un problema más estructural de lo que parece

La conclusión del debate fue que el asunto va más allá de dos nombres.

Ni siquiera con Valverde y Tchouaméni, dos auténticas apisonadoras, es suficiente contra equipos buenos si tres o cuatro de los de arriba no hacen su trabajo.

Te dominan, te generan ocasiones y, como pasó anoche, el partido pudo írsete de las manos.

La diagnosis, en resumen, es la de un desajuste estructural con una solución complicada.

La propuesta que se puso sobre la mesa

En la mesa se planteó una alternativa táctica concreta.

Tchouaméni y Güler en el doble pivote, con Valverde de interior derecho, no de lateral.

Un cambio de piezas sin necesidad de fichajes, que ofrecería más fluidez en la circulación.

Pero también aquí aparecieron las dudas.

Valverde en la derecha: ¿el mejor lateral del mundo?

Uno de los participantes recordó que Valverde le sigue pareciendo el mejor lateral derecho del Madrid.

Y que, si empezara a jugar con regularidad en esa posición, podría convertirse casi en el mejor lateral derecho del mundo.

Es una opinión atrevida, pero revela hasta qué punto el uruguayo se ha convertido en una pieza comodín del equipo.

Incluso se planteó una variante: Güler por la derecha, Bernardo en el centro, con la fluidez asegurada.

El agujero que no se tapa con cambios de posición

Aun así, la advertencia fue la misma.

Si en el equipo hay dos, o dos o tres elementos, que no cumplen con sus obligaciones defensivas, en Liga quizá no se note en el ochenta por ciento de los partidos.

Pero en Champions, tarde o temprano, te dejan en evidencia.

O al menos te dominan en muchas fases del partido, porque hoy en día no se puede tener dos eslabones rotos en la cadena.

Hasta la Roma les dominó

Y el ejemplo lo puso anoche la Roma.

Un equipo que en las últimas ediciones ni siquiera había estado en la Champions.

Dominó al Madrid durante setenta o setenta y cinco minutos, hasta que, por los caprichos de la vida, llegaron los cambios.

Todos los equipos salen a jugarte de tú a tú, y el Madrid, ahora mismo, no está en condiciones de aguantar esa clase de partidos.

Los de blanco salen a quitarle el balón a los de rojo

Qué cosa más extraordinaria ocurrió anoche.

De pronto, unos chicos de blanco salen a quitarle el balón a los de rojo, a molestarlos cuando lo tienen, y lo recuperan.

Y con el balón recuperado, empiezan a crear ocasiones.

Puede parecer una obviedad, pero a veces cumplir con lo mínimo es lo que marca la diferencia contra rivales de primer nivel.

El punto de inflexión: la mentalidad

El Madrid cambió cuando decidió ir a por el partido.

La mentalidad de salir a perseguir cada balón, presionar todo, subir la agresividad, asumir riesgos y meter a muchos jugadores en el área.

La ambición de querer ganar de verdad.

Y entonces llegó la coincidencia de que, a balón parado, el equipo anotó tres goles en tres córners.

Un cambio de sensación que va más allá del marcador

Pero la sensación era ya totalmente diferente, con independencia de que los goles llegaran o no.

El equipo transmitía otra cosa: hambre, intención, convicción.

Es la diferencia entre jugar por obligación y jugar por necesidad.

Y anoche el Madrid descubrió, casi por accidente, de qué lado le conviene estar.

La decisión ahora es de Mourinho

Según el análisis de Álvaro Benito, la clave está en que ahora la decisión es de Mourinho.

Porque ya se ha demostrado que el club tiene grandes jugadores, como siempre los tuvo.

Pero si no se les pone a jugar, es imposible demostrarlo.

Es una frase que debería hacer pensar a más de un madridista.

Una frase que preocupa al madridismo

Hay una conclusión que quedó flotando en el aire tras el debate: un problema difícil de resolver con lo que hay ahora y con lo que se está viendo.

Para solucionarlo, según este análisis, habría que tomar decisiones drásticas.

Nadie sabe si se van a tomar, ni si estaban previstas.

Pero lo de anoche, coincidieron los analistas, es sintomático.

Un ejemplo perfecto de lo que pasa en este Madrid

Anoche fue un ejemplo perfecto de lo que ocurría, y de lo que ocurrió después.

Un equipo que se esconde mientras todo le sale mal y que solo da un paso adelante cuando ya no le queda otra salida.

Muchos se preguntan si será un punto de inflexión o si, por el contrario, será solo un día más en la oficina.

Una de esas noches de épica que no cambian nada al día siguiente.

El caso Endrick: se ganó jugar el domingo

Uno de los participantes lo dijo sin rodeos: Endrick se ha ganado el derecho a jugar el domingo.

Entró, ganó el partido y salió habiendo disputado muy pocos minutos, con un estado físico que fue, a su juicio, el primer punto a su favor.

Es lo que más sorprende de un jugador que casi no había participado hasta entonces.

El segundo punto es la ambición.

El chico que echó la puerta abajo

El chico, en un cuarto de hora, protagonizó un espectáculo.

Con un hambre evidente de echar la puerta abajo y ganar el partido.

Una actuación que, por pura lógica, le abre las puertas del once.

Y ahí aparece un argumento casi moral.

La obligación moral de alinearlo

Si Endrick no juega el domingo ante el Sevilla, razonan los tertulianos, el mensaje que se envía al vestuario es peligroso.

El que no cumple, el que no se esfuerza, puede decir: “Puedo hacer lo que quiera, aquí no hay castigo”.

Y el que no juega con regularidad puede pensar: “Haga lo que haga, aunque me deje la piel, aquí no va a servir de nada”.

Para el entrenador, premiar al que se lo merece es algo más que una cuestión de justicia: es una cuestión de credibilidad interna.

La meritocracia, una vez más, en juego

Es el mismo debate de siempre en cualquier vestuario.

¿Mandan los nombres o manda el rendimiento?

La respuesta que dé Mourinho este domingo dirá mucho más que cualquier rueda de prensa.

Porque los jugadores leen las alineaciones con más atención que los periodistas.

Qué se juega el Madrid ante el Sevilla

El partido ante el Sevilla, el domingo a las nueve de la noche, llega con una carga extraña.

Es un partido de Liga, de los que se suponen manejables, y sin embargo funciona como examen de personalidad.

Tras la épica de Roma, el Madrid tiene que demostrar si aprendió algo o si se quedó solo en la anécdota.

Esa es la clave de la semana.

Las tres preguntas que Mourinho tiene que responder

La primera es si el doble pivote seguirá siendo Tchouaméni y Valverde, o si ve en Güler y Bernardo Silva una alternativa realista.

La segunda es si Endrick merece un sitio en el once después de su actuación.

Y la tercera, quizá la más profunda, es si el Madrid va a seguir jugando contra su propia estructura o si por fin hará los ajustes que reclaman los analistas.

Un equipo de arranques tardíos

Con el fútbol que ofreció durante la mayor parte del partido en Roma, ningún equipo debería remontar.

Pero el Madrid lo hizo, y ese es precisamente el problema.

Porque las remontadas milagrosas dan una falsa sensación de seguridad.

Y los grandes equipos se construyen sobre la regularidad, no sobre la épica de última hora.

La lección de la noche romana

Si algo demostró el partido ante la Roma, es que cumplir con lo mínimo en el campo no es una opción, es una obligación.

Presionar, correr, pelear cada balón.

Las cosas que cualquier entrenador pediría a cualquier plantilla de cualquier categoría.

Cuando el Madrid las hizo, el partido cambió, y cuando dejó de hacerlas, el equipo se desmoronó.

¿Punto de inflexión o día de oficina?

Queda por ver si lo de anoche fue un punto de inflexión o solo un día más en la oficina.

El domingo habrá una primera respuesta, y la competición no espera a nadie.

Mourinho tiene en sus manos las cartas y, como se dijo en la tertulia, ya no hay excusas: los grandes jugadores están ahí.

Solo falta ponerlos en el campo, y exigirles lo que cualquier equipo de élite exige.

Y ahora te toca a ti

¿Crees que Mourinho debería apostar por Güler y Bernardo Silva en el centro del campo o seguir confiando en Tchouaméni y Valverde?

Cuéntanoslo en los comentarios y comparte este análisis con otro madridista que quiera entender qué se esconde detrás del dilema táctico del equipo blanco.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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