Mourinho estalla tras el 4-3 en Roma: “El gato ya no se esconde”, el castigo a Vinícius dos horas antes del partido y la declaración de guerra que lanza contra el calendario
Hay ruedas de prensa que se olvidan a los cinco minutos
Y hay otras que se quedan flotando en el aire durante días, como un trueno que anuncia tormenta
La de José Mourinho, después del 4-3 del Real Madrid en Roma, fue de las segundas
Porque el técnico portugués no se limitó a analizar un partido loco
Se puso a hacer preguntas, a lanzar acusaciones con elegancia envenenada y a retratar, con una metáfora que ya corre por todas partes, lo que piensa del trato que recibe su equipo
El gato, dijo, ya no se esconde
Pero vayamos por partes, porque la noche empezó con una pregunta que parecía un trámite y acabó convirtiéndose en una declaración de intenciones
Alberto Pereiro, de Onda Cero, fue el primero en abrir el fuego
Le pidió que explicara cómo era posible un Madrid tan pobre en la primera parte y tan arrollador en la segunda
Y quiso saber de quién era la responsabilidad en cada caso
La respuesta de Mourinho fue de una claridad casi brutal
La primera parte, de la responsabilidad del entrenador, y la segunda, de los jugadores
Sin rodeos, sin excusas y sin esconder la mano
A partir de ahí, el técnico entró en materia con un reconocimiento que no se escucha todos los días en un banquillo de élite
Admitió que la Roma los había aplastado en los primeros cuarenta y cinco minutos
Lo repitió, con la insistencia de quien necesita que se le entienda bien: los aplastaron
Y explicó el cómo con precisión de cirujano
Gasperini había colocado a Wesley muy abierto, y esa decisión sorprendió por completo al Madrid
Al lateral blanco le costaba saltar sobre él, y muchas veces se encontraba en inferioridad, dos contra uno una y otra vez
En ocasiones, incluso, Mancini se sumaba por dentro y el dos contra uno se convertía en un tres contra uno
Un panorama imposible para cualquier defensa
Mourinho no dudó en atribuirle todo el mérito al técnico rival
Dijo que las dificultades de la primera parte son un mérito de Gasperini, un entrenador de altísima calidad, y no una consecuencia de los errores de sus futbolistas
Es el tipo de frase que revela mucho de su forma de entender el oficio
Porque Mourinho puede ser duro con casi todo el mundo, pero sabe reconocer a un buen rival cuando lo tiene delante
Además, la Roma, para él, no era un adversario cualquiera
La definió como un equipo extremadamente fuerte, terrible de jugar en contra
Un conjunto contra el que, según explicó, resulta imposible sostener noventa minutos al mismo ritmo
Y ahí volvió a aparecer su famosa imagen de la gasolina
Sabía, dijo, que el depósito se agotaba
Por eso, los cambios no eran un capricho, sino una necesidad
La segunda parte empezó con otra cara
El Madrid parecía haberse reorganizado y ofrecía un nivel de estabilidad aceptable
Pero entonces llegó un golpe que no tenía que llegar
Un gol que, según Mourinho, no se puede encajar
Y después, el tercero
Ahí era donde cualquier otro entrenador habría empezado a buscar excusas
Mourinho, en cambio, miró al banquillo
Fue el momento de cambiar el partido con futbolistas de cualidades distintas
Y el resultado fue el que todos conocemos: un 4-3 que nadie esperaba
El técnico, con su ironía habitual, resumió el balance en una sola frase
Si le hubieran metido cuatro o cinco goles, dijo, habrían dicho que estaba loco
Como ganaron 4-3, dirán que fue muy malo en la primera parte con el equipo que puso
Así es el fútbol, sentenció
Y al final de la cuenta, lo que quedan son seis puntos ante Inter y Roma, los dos equipos más fuertes de Italia
Un botín de oro en una fase de liga en la que cada punto cuenta
Hasta aquí, todo era previsible
Lo que vino después no lo era tanto
Un periodista de El País le preguntó por la jornada de Vinícius
Por la sanción de cuatro partidos y por su partido en Roma

Y Mourinho, con una media sonrisa, hizo algo que no suele pasar en una sala de prensa
Le devolvió la pregunta
Le preguntó al periodista si le parecía normal que un jugador de un equipo español, que tenía que disputar un partido importante también para el fútbol español, se enterara dos horas antes del encuentro de que le habían caído cuatro partidos de sanción
Y añadió, con una lógica aplastante, si no podían haberlo hecho al día siguiente por la mañana
Contó que se enteraron en el autobús, casi al llegar al estadio
Fue entonces cuando soltó la frase de la noche
En portugués, dijo, existe una expresión sobre un gato que se esconde pero deja la cola fuera
Y a su juicio, ahora el gato ya no se esconde, anda suelto, haciendo cosas vergonzosas
Una metáfora que dice más de lo que parece
Porque Mourinho dejó caer, con una ironía muy medida, que lo anormal empieza a parecer normal precisamente porque ya nadie disimula
Y se preguntó si se quería matar a un jugador dos horas antes de un partido que daba puntos para el ranking y el prestigio del fútbol español
No era una opinión cualquiera
Era una acusación envuelta en sarcasmo, de las que no se olvidan fácilmente
Cuando por fin entró en la segunda parte de la pregunta, la del análisis del partido de Vinícius, el tono cambió
Reconoció el mérito de Gasperini, que había colocado a su jugador muy abierto y había machacado el costado del Madrid con superioridades numéricas
Vinícius, apuntó, se enfrentaba a Wesley, un jugador fantástico, y eso lo hizo muy difícil
En la segunda parte, el técnico le dio libertad para jugar por el otro lado
Y recordó que Diomandé tiene un tipo de acción defensiva diferente
Después admitió, con una honestidad poco habitual, que el brasileño perdió un balón que no debía perder
Pero añadió algo que dice mucho de su manera de ver las cosas: él también se equivoca, y eso es la vida en el fútbol
Y entonces se le escapó una frase que casi pasó desapercibida
Una lástima, dijo, que Vini estuviera creciendo y volviendo a ser Vini, feliz otra vez, y ahora se quede fuera
Un lamento sincero que contrastaba con todo lo demás
Porque, detrás del enfado, había una preocupación real por un jugador al que Mourinho parece querer recuperar
La siguiente pregunta fue sobre otra cosa: si aquella victoria con tantos suplentes podía ser un punto de inflexión
Mourinho no se dejó llevar por el entusiasmo
La Liga es la Liga y la Champions es la Champions, repitió, y recordó que el Madrid suma seis puntos, la mitad del camino hacia la clasificación
Y para tranquilizar a los más ansiosos, recordó que el año pasado, con solo cuatro puntos en un tramo similar, el equipo acabó clasificándose
Todavía no está hecho, advirtió, pero seis puntos son seis puntos
Y quedan seis partidos
Ya han pasado además por los dos equipos italianos de máximo nivel
Para el entrenador, un balance muy bueno
Llegó entonces la pregunta de Rubén Cañizares, de ABC, sobre la sustitución de Vinícius
Cuando lo cambió en el minuto 58, se vio por televisión cómo el brasileño caminaba hacia el banquillo preguntándose por qué lo habían sacado
Mourinho le restó dramatismo
Es normal que pregunte, dijo, y es normal que no esté contento
No le gusta, claro, sobre todo si hace lo que hacen tantos jugadores y patea una botella
Pero entiende que un futbolista importante sienta frustración
Y destacó lo que para él es lo esencial: que al final del partido, Vinícius estaba muy, muy contento con la victoria de su equipo
Ese, insistió, es el dato que más importa
Iván Martín volvió sobre el asunto de la sanción y preguntó cómo había visto mentalmente al jugador al salir al campo
La respuesta de Mourinho fue personal
Dijo que un futbolista intenta bloquear sus emociones por distintas razones
Y confesó que él mismo había tenido que hacerlo para jugar allí, en un estadio que conoce, frente a gente a la que quiere
Un jugador, añadió, también tiene que tener esa capacidad
Y cree que Vinícius la tuvo y lo hizo bastante bien
Recordó una vez más que las dificultades de la primera parte no fueron culpa del brasileño, sino mérito de Gasperini
Una defensa clara de su futbolista en medio de la tormenta
Llegó entonces el turno de Abraham Romero, de El Mundo, con una pregunta sobre los últimos diez minutos
Habló de un tramo increíble con dos suplentes como Brahim y Endrick, y con Güler y Bernardo en el campo, muy distintos a lo que se suele ver
Quiso saber si podía ser un punto de inflexión para la temporada
Mourinho respondió con una mezcla de humildad y picardía
Si hubiera empezado el partido con los once jugadores que lo acabaron, dijo, les habrían metido cinco
Porque sería imposible sostener un equipo superintenso y superdefensivo con esos futbolistas
Y soltó entonces una reflexión que merece enmarcarse
A veces el entrenador es un idiota porque piensa mal la estrategia
Otras veces es muy bueno porque la piensa bien
Él no iba a hacerse el genio ni a decir que tenía preparado un 3-1 o un 4-3, porque no es verdad
Pero sí pensó que en los últimos veinte minutos tenía cambios que hacer
Y le contó a los jugadores algo que explica mucho de lo que ocurrió
Para jugadores como Mancini, que defienden al hombre, es muy difícil no ver una tarjeta amarilla
Cuando la ves, o te quedas en el campo con ese riesgo o te cambian
La Roma, añadió, tiene cinco defensas en el campo y otros cinco en el banquillo, y eso no es casualidad: es consecuencia de su forma de jugar
Hubo un momento de la noche, precisamente, en que Hermoso se las vio con Mendy, y cuando a Hermoso se le acabó la gasolina, entró Endrick
Y entonces llegó la frase que arrancó sonrisas en la sala: denme un poco de crédito a mí también, dijo, lo hice bien
Es difícil no estar de acuerdo
Quedaban dos preguntas
Y la primera fue, en cierto modo, la más explosiva
Miguel Ángel Lara, de Marca, volvió al asunto del gato y su cola
Y fue más allá: preguntó si aquello era como una declaración de guerra de la Federación al Madrid
Mourinho no se escondió
Dijo que, como mínimo, es una falta de respeto
Y a continuación abrió un frente nuevo, el del calendario
Jugar en Atenas el miércoles por la noche, llegar a Madrid probablemente a las cinco de la madrugada y volver a jugar el sábado en Valencia, en un fin de semana previo a un parón internacional, no tiene ningún sentido, afirmó
Y menos aún, subrayó, cuando se trata de un partido extremadamente difícil
Para él, nada de eso parece inocente
Dijo que no se cree las excusas de siempre, porque lleva veinticinco años en el fútbol
Las de que la televisión decidió, de que fue la tele la que eligió el partido para el sábado
Ya no se las cree, remató con una frase que sonó a sentencia: es demasiado viejo para eso
Sobre lo de Vinícius, enterarse dos horas antes de que le han caído cuatro partidos, dijo que no merece comentario
Y terminó con una advertencia que dejó helada a la sala
Los aficionados del Madrid no son tontos, dijo, y él hará todo lo posible para abrirle los ojos a la gente
No hace falta ser un experto en lenguaje político para entender el alcance de esas palabras
Es una declaración de intenciones y, para muchos, el inicio de un nuevo capítulo en la relación entre el club y los estamentos del fútbol español
Y por supuesto habrá quien piense exactamente lo contrario
Quien considere que el calendario lo fijan las televisiones y las competiciones, que las sanciones siguen unos plazos administrativos y que invocar conspiraciones no ayuda a nadie
Pero lo que no se puede discutir es que Mourinho consiguió lo que buscaba: que se hablara de ello
La última pregunta llegó de Carlos, del diario AS
Y volvió a poner el foco en un nombre que empieza a hacerse imprescindible: Carlos Espí
El periodista recordó sus números: ocho goles, tres con el Real Madrid y cinco con la sub-21, estos últimos ante San Marino
Mourinho, con su humor de siempre, comentó que no es fácil marcar cinco goles a San Marino, pero que los marcó
Y recibió la pregunta clave
Tres goles en cuarenta minutos con el Madrid, una situación que parece condenarlo a ser casi un revulsivo
¿Piensa en la manera de darle más minutos?
La respuesta de Mourinho fue una de las más reveladoras de la noche
Dijo que Espí está creciendo, y que cuando se planteó la posible salida de Gonzalo, un chico que le gustaba mucho, al Fulham, en una operación fantástica para el Madrid, la estructura del club puso tres nombres sobre la mesa
Y uno de ellos era Espí
Quien lo puso ahí, dijo, hizo muy bien su trabajo
Después de verlo, siempre supo que un chico con ese perfil es importante para el equipo
Pero reconoció la dificultad: para un delantero, compartir plantilla con Kylian no es fácil
Porque aunque Mbappé no esté en su mejor momento, es un jugador importantísimo, y rotarlo no es sencillo, no solo por su estatus, sino por su calidad
Dijo que es muy difícil decir que ante el Sevilla Kylian no juega y juega Espí
Y que no lo hará
Pero añadió que Espí sigue mejorando, que responde como siempre ha respondido y que es un chico cuya tendencia natural es jugar cada vez más y ser una opción cada vez con más frecuencia
Un mensaje con doble lectura: hoy no, pero mañana quién sabe
Al final, la rueda de prensa de Roma dejó tres ideas claras
La primera, que Mourinho asume sin disimulos que su equipo fue dominado en la primera parte y que ese fue su error
La segunda, que el técnico ha decidido usar el caso Vinícius y el calendario como bandera en su pulso con las instituciones
Y la tercera, que el Madrid tiene en el banquillo recursos que quizá no se estaban aprovechando lo suficiente
Porque lo que ocurrió en esos últimos veinte minutos no fue magia, ni tampoco casualidad
Fue el resultado de un entrenador que sabe leer los partidos, que no teme equivocarse y que, cuando acierta, lo celebra con una frase de las que no se olvidan
Denme un poco de crédito a mí también
Es difícil negárselo después de una noche como la de Roma