Íñigo Pérez, tras caer en el Bernabéu: “Con el ardor de la batalla, me cuesta sacar lo positivo”

Íñigo Pérez, tras caer en el Bernabéu: “Con el ardor de la batalla, me cuesta sacar lo positivo”

El Villarreal se marchó del Bernabéu con las manos vacías y con la sensación de haber merecido algo más. En la sala de prensa, su entrenador, Íñigo Pérez, repasó una noche de tensión, de estadísticas favorables y de preguntas tácticas que prefirió dejar sin responder.

Su comparecencia fue una mezcla de autocrítica, orgullo por lo hecho y prudencia calculada. Con un calendario cargado por delante, el técnico dejó claro que no pensaba regalar pistas a sus próximos rivales.

La primera pregunta fue directa: el Villarreal lo había hecho casi todo bien hasta los últimos diez minutos, y en ese tramo final le faltó pegada para empatar. El entrenador no lo negó y ofreció una explicación casi psicológica.

En esos instantes finales, dijo, siempre le pasa a su equipo y a cualquiera: cuando se ve que se hacen las cosas bien, que el gol está cerca y que el tiempo se acaba, aumenta la crispación. Y con ella, lo que es el juego, el hacer las cosas bien, se diluye y pasa a un segundo plano.

Reconoció que le resulta difícil estar ahí abajo y que por momentos uno siente que pierde el control con el cuarto árbitro. Es complejo, admitió, pero coincidió con el diagnóstico de la pregunta: faltó rematar, nunca mejor dicho, y tener acierto para firmar un partido redondo.

El entrenador del Villarreal también fue preguntado por el planteamiento con el que su equipo había neutralizado al Madrid durante buena parte del encuentro. La clave fue la inclusión de Juan Foyth, jugador al que los reporteros se referían como Fo, en una posición más retrasada de lo habitual en los últimos partidos.

Según explicó, la idea era solidificar el centro del campo. En un escenario como el Bernabéu, argumentó, si no dominas esa zona, tanto en ataque como en defensa, el Real Madrid empieza a correr, se siente libre y cómodo, y al entrenador le queda poco por hacer para defender una transición.

Con balón, añadió, esa disposición también aporta conexiones y opciones de pase, porque los tres futbolistas que jugaron dentro tienen capacidad física y técnica para hacerlo. Se sintió cómodo, pero cree que por momentos el Villarreal pudo haber hecho más daño con la posesión y haber desesperado al rival.

Vio, eso sí, a un Real Madrid implicado, al que le costó mucho salir de la presión. Se mostró contento con el rendimiento de los tres mediocentros.

Desde la prensa le preguntaron si le había sorprendido algo del planteamiento del Madrid, como que Vinicius no fuera titular. El técnico restó dramatismo: tras tantas semanas de inactividad, siempre se espera este tipo de cambios.

Explicó que durante la parada los jugadores se van incorporando por goteo, que unos han jugado mucho y otros poco y que los viajes son largos. Todo eso, dijo, uno lo piensa de antemano, sabiendo que el rival también lo hace, y por eso el escenario era previsible.

Otra pregunta aludió al ajetreo que se vivió en los banquillos tras la expulsión de Vinicius, con el árbitro yendo continuamente a frenar y calmar los ánimos, especialmente en el banquillo del Real Madrid. Se le preguntó si esos parones habían perjudicado a su equipo.

Su respuesta fue de normalización. Habló de un partido de alta tensión, con dos equipos que quieren imponerse al otro sin reparos y con las cartas descubiertas. Con un resultado corto, el tiempo apremiando y un equipo defendiendo en su casa mientras el otro quiere ganar, no le sorprende lo ocurrido.

Para el entrenador, todo eso es fruto del fútbol y hay que darle cierta naturalidad, más allá de que haya personas encargadas de ordenar esa tensión. No quiso entrar a valorar si el parar y arrancar del partido les hizo daño.

Ni siquiera cuando se le insistió con la expulsión o con el comportamiento de los banquillos se desvió de esa línea. Su discurso se mantuvo en el terreno de lo deportivo y evitó cualquier crítica arbitral.

Un periodista le hizo notar un dato curioso: el Villarreal ganó todas las estadísticas del partido, hasta el punto de que, si la clasificación se hiciera por estadísticas, estarían entre los dos o tres primeros. El técnico entendió el argumento, pero no se dejó llevar.

Cuando pasen unas horas, dijo, seguramente esos parámetros refrendarán el gran partido de sus jugadores. Pero con el ardor de la batalla todavía latente, le cuesta sacar esa parte positiva, aunque es consciente de lo bien que el equipo compitió ante un rival tan complejo.

Llegó entonces la pregunta más técnica de la noche. Un periodista de un diario inglés le pidió que explicara la estructura del equipo en la primera parte: sobre el papel parecía una defensa de cinco, pero Foyth salía de central, seguía mucho a Bellingham y terminaba entrando al centro del campo, mientras los laterales se metían por dentro.

El entrenador respondió con humor y con una negativa elegante. Dijo que el periodista lo había explicado perfectamente y que, con un mes cargado de partidos, ya está pensando en lo que viene. Después, fuera de micrófonos, hablarán de fútbol.

Su argumento fue práctico. No quiere dar pistas ni ideas a los equipos a los que se enfrentará en apenas dos días, porque él mismo mira las ruedas de prensa de los rivales para detectar matices tácticos que pueda aprovechar. Quien habla ahí, recordó, es quien después piensa y plantea.

A una pregunta similar al final de la rueda de prensa respondió en la misma línea. Aseguró que la disposición táctica tiene un pensamiento detrás, como la de todos los entrenadores, y que le sabe mal no dar más detalles. Si empieza a hablar, bromeo, no para.

Otro periodista quiso saber dónde estaba el eslabón más accesible en el que el Villarreal podría haber competido al Madrid. La respuesta fue sencilla: las transiciones. El entrenador recordó que un técnico rival que visitó el Bernabéu en Champions dijo que una jugada que acababa en gol no podía adivinarse ni cinco segundos antes.

Es el modo en que el Madrid siempre ha transitado, explicó, y especialmente con su actual entrenador, un especialista en ese aspecto al que él mismo sufrió de jugador. Cada vez que pierdes el balón allí, te penalizan. Pero advirtió de que no se puede centrar el plan en un solo aspecto, porque hay factores individuales, colectivos y de ambiente.

También le trasladaron las palabras de uno de sus jugadores, quien había dicho que Dortmund, el Metropolitano y el Bernabéu se parecían: partidos en los que el Villarreal tiene el resultado cerca y se le escapa. Se le preguntó cómo gestiona esa frustración.

El técnico fue sincero. Es frustrante, dijo. Pero cree que los jugadores han adquirido la idea de poder visitar escenarios de este tipo, evitar el temor que aparece y ver que se puede estar cerca de ganar. Cuando no se consigue, habiendo merecido al menos algo más, el golpe es mayor.

Por eso, añadió, hay que seguir en esa línea mental y emocional, para que los futbolistas crean en la idea y, ojalá, poder ayudarles a estar cómodos también en lo táctico.

Una periodista de un diario nacional le preguntó por el proceso de implantar sus ideas en el equipo y por el regusto que le dejaba el partido. El entrenador prefirió sacar la conversación de su figura.

Explicó que se habla del nuevo proyecto, del inicio de la implantación y de la solidificación, pero que es algo que va mucho más allá de él. Ha llegado a un club que lleva décadas demostrando su importancia, y es él quien debe adaptarse, aún teniendo una idea propia.

Al terminar el partido, insistió, cuando se pierde no se puede sacar nada positivo. Pero reconoció que el reflejo que le queda de su equipo en un escenario como ese es muy positivo, sobre todo en lo que se refiere a la idea de juego, a dónde se mueven, cómo se paran y cómo ejecutan.

No era, admitió, el día perfecto para hablar de ello, pero cree que el proceso no se resume en su nombre.

Así, la rueda de prensa dejó dos lecturas que se contraponen sin llegar a enfrentarse. Por un lado, la de unas estadísticas favorables, un planteamiento que funcionó y un equipo que compitió de tú a tú en uno de los estadios más difíciles de Europa.

Por otro, la del marcador, que no admite matices: el Villarreal volvió a quedarse a las puertas, y su entrenador lo dijo con claridad. Entre ambas, una promesa, la de seguir creyendo en la idea, y una advertencia: de tácticas, por ahora, no hablará.

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