Roja a Vinicius, gol anulado y guerra de opiniones: el tirón de pelo que incendió el Real Madrid-Villarreal
Era una noche para hablar de fútbol y acabó siendo una noche para hablar de arbitraje. En un partido que el Real Madrid había empezado con dudas y que parecía enderezar justo en ese momento, una acción en la banda izquierda lo cambió todo.
El gol del 2-0 se anuló, Vinicius Junior vio la tarjeta roja y el Bernabéu pasó de la euforia a la indignación en cuestión de segundos. Desde entonces, la pregunta que ha dividido tertulias, redes sociales y vestuarios es una sola: ¿está bien expulsado el brasileño?
La jugada arrancó con una cabalgada de Bellingham por la banda izquierda. El inglés se marchó de un jugador del Villarreal en una acción en la que se pedía tarjeta amarilla para el rival, pero el colegiado dejó seguir.
Bellingham siguió adelante, se la presentó a Vinicius en posición de delantero centro y el brasileño, que partía como suplente en esa jugada de ataque, remató de primeras para batir al portero. Los comentaristas cantaron el gol con todo el énfasis posible: el Real Madrid ganaba 2-0 y mejoraba la imagen de la primera parte.
Pero el festejo duró poco. Mientras la jugada seguía su curso, Mourinho entró en el terreno de juego y comenzó a señalar al cuarto árbitro, como reprochándole que no hubiera visto algo.
Ese algo, según se supo después, estaba en el origen de la acción: Vinicius había agarrado del pelo a un jugador del Villarreal en los primeros metros de su carrera. La revisión confirmó lo que sospechaba el técnico y el gol quedó anulado.
Lo que vino después fue un caos. Vinicius, al comprobar que la tarjeta roja le sacaba del partido y le borraba además el tanto, se fue hacia el colegiado fuera de sí.
Según el relato de la retransmisión, no fue a agredirle, pero sí a protestar con enorme energía. Varios compañeros tuvieron que sujetarle y se lo llevaron del césped; uno de ellos le acompañó hasta el vestuario para evitar que dijera nada más al cuarto árbitro o a cualquier otra persona por el camino.
El ambiente en las gradas se encendió. Se escucharon gritos de corrupción en la Federación y el público reclamó explicaciones al árbitro, mientras Mbappé y otros jugadores se acercaban al colegiado para pedirle cuentas.
En los comentarios posteriores se apuntó que, a diez centímetros del cuarto árbitro, Vinicius gritó de forma insistente y que tres o cuatro compañeros tuvieron que interceder. Habrá que ver qué refleja finalmente el acta.
A partir de ahí, el debate. En uno de los programas que analizaron la acción, el presentador lanzó la primera pregunta a su compañero, directa y sin rodeos: ¿está bien expulsado Vinicius?
El propio presentador adelantó que él sí creía que era roja. Su razonamiento tenía dos patas: una, que Vinicius se equivoca en la acción; y otra, que el reglamento no deja margen cuando hay un tirón de pelo.
Para reforzar su argumento recordó un precedente reciente, el de un partido de selecciones entre Anguila y Antigua y Barbuda que se hizo viral por la melena de uno de los jugadores. Allí fueron expulsados dos jugadores de Antigua por exactamente lo mismo.
Si se sigue la lógica del reglamento, dijo, cualquier tirón de pelo debe castigarse con tarjeta roja, y por tanto la jugada está bien arbitrada.
Su compañero Alejandro, sin embargo, discrepó. Reconoció que al ver la jugada por primera vez estaba de acuerdo con la roja, pero explicó que, cuanto más la ve, menos clara le parece.
Su lectura es que, en el forcejeo con el rival, a Vinicius se le queda la mano dentro de los rizos del jugador y que, al echar el brazo hacia atrás, acaba tirando del pelo. A su juicio, eso es muy distinto de un acto violento.
Para sostener esa posición leyó el texto del reglamento. La norma habla de acciones potenciales de conducta violenta: jugador que propina un codazo, un cabezazo, un puñetazo, un bofetón, un agarre del cuello, un empujón, una patada, un mordisco o un tirón de pelo a un contrario sin estar disputando el balón y empleando fuerza excesiva o brutalidad.
Para Alejandro, la clave está en esas últimas palabras. En su opinión, la jugada está lejos de ser una acción de fuerza excesiva o brutalidad, y hay que valorar la intencionalidad, sobre todo con la herramienta del VAR a disposición del colegiado.
El matiz que introdujo es importante. Alejandro admitió que solo había podido ver la jugada, como todo el mundo, en las repeticiones de la retransmisión, sin detenerse en Twitter a analizarla fotograma a fotograma.
También apuntó que, desde el plano trasero en el que se ve cómo Vinicius arranca la carrera, a él no le parece que a Vinicius se le quede la mano enredada. Lo que ve, dijo, es que el brasileño agarra del pelo de forma instintiva, como quien tira de una camiseta para ganar un poco de ventaja en los primeros metros.
Aun así, dejó claro que no aprecia mala intención. No cree que Vinicius fuera a buscar el pelo para hacer daño, pero sí que hizo algo desafortunado, y por eso, matizó, para él sí es roja: porque es una acción que no se puede cometer cuando se va a doscientos por hora.
Por momentos, el debate se volvió casi paradójico. Quien defendía la roja lo hacía sin atribuir malicia al jugador, y quien discrepaba de la intencionalidad tampoco discutía que hubiera habido un tirón.
El presentador, que había arrancado el programa advirtiendo de que sería un debate movido por posibles diferencias de criterio, lo planteó así: cada vez que revisa la jugada, ve menos intención, aunque otros dos compañeros opinaban lo contrario.

En efecto, la opinión de Benny, el otro contertulio, fue la más contundente. Para él se trata de una roja clarísima, y discrepó de que no existiera intencionalidad.
Matizó, eso sí, que no hablaba de intención de hacer daño. Habló de la intención de agarrar algo, igual que se agarra una camiseta o un hombro, para quitarse al rival de encima y sacar ventaja al pasar.
Benny recordó además que, en redes sociales, circulaba otro tirón de pelo en otro partido, en el que el colegiado no pitó penalti. A su juicio, aquello merecía de igual modo roja y penalti, así que su criterio no depende de quién sea el equipo.
También reconoció que, si Vinicius hubiera forcejeado y agarrado el pelo sin querer, el árbitro, incluso el VAR, no tendría por qué intervenir. Pero él ha visto la jugada repetida varias veces y no tiene dudas.
Su veredicto fue duro con el delantero. Habló de un error grosero y recordó que, independientemente del arbitraje de la noche, que él tampoco consideraba precisamente impecable, esa misma acción en cualquier otro campo también debía ser roja.
Añadió que Vinicius había entrado bien al partido, que se le veía motivado y conectado, y que por eso la acción era todavía más lamentable. Y concluyó que es una roja directa y que habrá que ver cuántos partidos de sanción le caen.
Entre quienes defienden la expulsión hubo otro argumento que se repitió: la protección del jugador. El presentador citó un mensaje de un periodista en redes sociales que recordaba que, ese mismo día, había sido expulsada Athenea del Castillo, jugadora del Real Madrid Femenino, en un partido contra Estados Unidos, por una acción parecida, también por un agarrón de pelo.
La lectura que hizo de ese precedente es que se trata de una norma que se viene aplicando, y que los árbitros no están valorando tanto el conjunto de la intencionalidad como el simple hecho de que se produzca un agarrón de pelo, por mera protección del futbolista.
En la retransmisión del partido, la acción se había analizado desde otro ángulo. Los comentaristas, que intentaron mantener la mesura, comenzaron por lo que consideraron un hecho incuestionable: la expulsión de Vinicius, dijeron, es justa porque le tira del pelo a un jugador del Villarreal.
Según esa versión, la jugada empezó con una acción de Bellingham que, de haber sido sancionada, habría podido ser amarilla para el rival. Pero el inglés siguió, y fue entonces cuando Mourinho se metió dentro del campo para llamar la atención del cuarto árbitro.
Uno de los comentaristas sostuvo que Mourinho lo hizo para desviar la atención de lo que estaba pasando en la jugada. Y fue más allá: calificó el comportamiento del banquillo del Real Madrid de macarrismo intolerable.
Su argumento era que, mientras se producía la acción, todo el banquillo se levantó, con un comportamiento que, a estas alturas de la temporada, resulta chocante. Y recordó que durante todo el partido el colegiado había permitido que tres o cuatro auxiliares del banquillo madridista permanecieran de pie.
También se criticó al cuarto árbitro, por haber aguantado todo el partido esa situación sin reaccionar. Según el relato, eso es lo que tiene dejar pasar demasiado: tarde o temprano la olla desborda y se desparrama.
No todas las críticas fueron para el banquillo local. Se calificó de intolerable el comportamiento de un delegado del Villarreal, que respondió a los integrantes del banquillo madridista, y se pidió que el acta recoja también esa reacción.
Una de las cuestiones más discutidas fue la anulación del gol. Los comentaristas coincidieron en que el tanto no podía valer, porque la falta se produce en el origen de la jugada, donde se tira del pelo.
Precisaron además que el jugador agarrado era justo el que estaba encimando a Bellingham, lo que hace que la falta tenga consecuencias directas sobre el desarrollo de la acción. Por eso, razonaron, no solo procede la expulsión, sino que el gol no puede subir al marcador.
En ese punto, uno de los analistas explicó cómo interpreta el árbitro estas situaciones. Hay que distinguir, dijo, entre el jugador que va corriendo y entrelaza sin querer los dedos con el pelo del rival, algo que ya no es roja, y el que tiene la mano muy arriba y tira con claridad hacia atrás.
La regla, añadió, se modificó precisamente para tener en cuenta la intensidad. Si el agarrón es con intensidad, procede la expulsión; si es sin ella, no. Y en este caso, a su juicio, la imagen deja claro que la intensidad existió.
El razonamiento, sin embargo, no convenció a todos. Los argumentos de quienes ven una jugada muy discutible se apoyan en tres ideas: que la intencionalidad parece escasa, que no hay brutalidad ni fuerza excesiva, y que la interpretación del reglamento deja un margen.
Para quienes mantienen esa postura, el hecho de que un jugador se deje llevar por un gesto instintivo no equivale a una agresión. Aun así, ni siquiera ellos defendieron que la jugada fuera limpia.
Al otro lado se sitúan quienes recuerdan que el reglamento no distingue entre pelo y cualquier otra parte del cuerpo cuando se habla de tirón, y que su aplicación se basa en la protección del rival. Según esta lectura, la discusión sobre la intención es secundaria.
Para esos analistas, lo importante es que la mano sube, agarra y tira hacia atrás. Y recordaron que se trata de una norma que se aplica con regularidad, con ejemplos recientes tanto en el fútbol de selecciones como en el femenino.
Mientras tanto, el partido continuó. Valverde robó un balón y puso un pase para Mbappé, y los comentaristas siguieron narrando acciones, aunque el eco de la polémica no se apagaba.
Hubo incluso quien reprochó que parte del público y de los críticos con el arbitraje no habían visto la acción con detenimiento. El comentarista aseguró que, a su juicio, quienes protestaban no habían visto bien lo ocurrido.
Por lo que se refiere a Vinicius, se reconoció que habrá debido de actuar de forma instintiva. Pero se subrayó que, con las imágenes, queda patente cómo sube la mano y tira del pelo hacia atrás.
El brasileño tendrá ahora que esperar a ver qué recoge el acta del colegiado y cuántos partidos de sanción le caen. Su expulsión, además, llega después de una primera parte en la que el Real Madrid había mostrado una imagen menos convincente.
Queda así sobre la mesa un caso con dos lecturas muy marcadas. De un lado, quienes creen que el reglamento es claro, que el precedente de las últimas semanas lo confirma y que la protección del jugador justifica la roja.
Del otro, quienes entienden que una acción instintiva, sin mala intención y sin fuerza excesiva, no debería castigarse con la máxima sanción, y que el VAR y el colegiado deben valorar el contexto antes de actuar.
Lo que nadie discute es que el episodio cambió el partido. Cambió el marcador, cambió el estado de ánimo del banquillo y puso otra vez en el centro de la conversación el arbitraje, el comportamiento de los técnicos y la delgada línea entre una falta y una expulsión.
Y mientras se espera el acta, el debate sigue abierto: para unos, un error grosero de Vinicius; para otros, una decisión que se pasó de rosca. En ambos bandos, eso sí, hay una coincidencia: nadie esperaba que el 2-0 acabara así.