EL REAL MADRID PONE A LA LIGA CONTRA LAS CUERDAS SI DECIDE NO JUGAR EL CLÁSICO

EL REAL MADRID PONE A LA LIGA CONTRA LAS CUERDAS SI DECIDE NO JUGAR EL CLÁSICO

La tensión entre el Real Madrid y LaLiga ha vuelto a subir de temperatura, y esta vez el debate llega con una idea que hace unos meses habría sonado a disparate: que el club blanco plante el Clásico. En una tertulia reciente, el presentador y su invitado, Tomás, repasaron el cruce de declaraciones con Javier Tebas, los frentes judiciales abiertos y las estrategias que, a su juicio, debería barajar el club. No todo fue unanimidad: sobre el boicot, y sobre el tono que conviene adoptar, las posturas chocaron.

El detonante inmediato es la comparación del presidente de LaLiga entre la comunicación de Real Madrid Televisión y las técnicas de propaganda de Goebbels. Tomás, que lleva semanas siguiendo el asunto, lo resume sin rodeos: alguien dentro de la patronal, alguien que le aprecie, tendría que decirle que pare. Su receta era sencilla: pedir disculpas y pasar página. Lo que, en su opinión, no tiene sentido es «atrincherarse» como lo está haciendo.

La pregunta es por qué Tebas aprieta ahora. Tomás tiene una teoría: el dirigente ve a un Madrid débil, y posiblemente a un Florentino Pérez más débil tras las elecciones, y ha decidido pisar el acelerador. A eso suma otros factores. Según su lectura, no le sentará bien que el Madrid siga en la comisión delegada, está pendiente de sentencias que podrían serle desfavorables a la patronal y afronta elecciones el próximo año.

La referencia a la comisión delegada abre un paréntesis casi de números. Los dos interlocutores repasan quién ha votado para que el Madrid esté ahí: el Athletic Club y la Real Sociedad, en esta ocasión, y el Valladolid, el club de Ronaldo, en la anterior. El presentador admite que contaba con la Real Sociedad, que suele votar a favor, y que lo del Athletic le cuadra igualmente.

Más relevante es lo que Tomás señala como el verdadero nudo judicial. Hay, dice, dos sentencias esperando instancia final, las que afectan a los reglamentos audiovisuales de 2016 y 2018. Si el de 2016 se declara ilegal, lo más probable es que el de 2018 corra la misma suerte. Respecto al de 2023, el que regula cuestiones como la cesión de jugadores o las declaraciones en pre y posparty con la Liga, admite que no tiene confirmación de que también esté denunciado, aunque lo supone.

Las consecuencias, avisa, no serían solo económicas. Un fallo de ese calibre podría costarle dinero a la Liga, pero además obligaría a cambiar la normativa. Para Tomás, ese es un posible motivo de la agresividad actual del presidente de la patronal.

El historial judicial de Tebas también sale a colación. Los dos recuerdan que ya fue sancionado una vez por la asamblea extraordinaria del acuerdo con CVC, convocada de urgencia y con menos días de antelación de los que establecen los estatutos. Tomás menciona además una denuncia del propio Madrid, por haber sido excluido de una reunión relacionada con los acuerdos audiovisuales, y recuerda que el club ha ganado todos los procesos vinculados a la Superliga. Aquella causa, subraya, sigue pendiente de la instancia final, de la que depende que Tebas sea sancionado o no.

A ese cuadro se suman las denuncias de Miguel Galán, que ha vuelto a denunciar al dirigente por la comparación con Goebbels y por un episodio relacionado con la nueva normativa audiovisual. Pero aquí el presentador es escéptico. Dice no ver mucho recorrido a esa vía: llegará al TAD, porque el CSD no va a meterse, y allí no cree que prospere.

También duda de que los tribunales sean una salida clara. Recuerda que la libertad de expresión en España es amplia, «incluso para cosas que no veo», y evoca un precedente en el que José Mourinho ganó un litigio en primera instancia y en la Audiencia Provincial. Su conclusión es que el asunto es, ante todo, de educación y de cordialidad. No es, a su juicio, una cuestión estrictamente jurídica.

En esa línea, el presentador critica el comunicado que Tebas publicó tras la polémica, un párrafo que le parece de los que escribiría un asistente de inteligencia artificial, en el que advertía de que los dirigentes deben tener cuidado con lo que dicen. Para él, la contradicción es evidente: el presidente de LaLiga aplica una «línea de embudo», con la parte ancha para sí y la estrecha para los demás. Y lo compara con otros deportes: en la NBA, la NFL o la Premier League, dice, no se ven directivos con esa verborrea ni esa falta de formas.

La versión de Tebas es distinta. El presidente de la Liga ha dicho en redes que no comparaba al Real Madrid como tal, sino la política de Real Madrid Televisión. El presentador, sin embargo, descarta ese matiz: para él, es lo mismo, y no se puede invocar el nazismo ni siquiera con aclaraciones.

En el mismo sentido se ha pronunciado el Gobierno. El presidente del CSD, José Manuel Rodríguez Uribes, le ha pedido ya en tres ocasiones que pida disculpas, y en la última le recordó que tiene que ser neutral. Según lo expuesto en el programa, Uribes sostiene que el fútbol «despierta pasiones» y que las críticas forman parte de su normalidad, pero que existen «líneas rojas» que no se pueden cruzar. Tebas, por ahora, no ha rectificado, y Tomás está convencido de que no lo hará.

El episodio podría tener consecuencias reglamentarias. El presentador recoge una información de La Sexta según la cual el TAD podría inhabilitar a Tebas por equiparar la comunicación del Madrid con la de la Alemania nazi. Pero él mismo declara no verlo claro. Recuerda que Galán amplió su denuncia por un tuit publicado un viernes por la noche, y que Tebas, en lugar de disculparse, siguió con el asunto.

Para Tomás, la cuestión va más allá de un tuit desafortunado. Cuenta que, con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial, compiló los mensajes de Tebas de los últimos cinco años y que entre un 12 y un 14 por ciento hablaban del Madrid, de Florentino o de sus directivos. Su diagnóstico es que el presidente de la Liga ha «tocado fondo», aunque añade con ironía que, cuando se llega al fondo, lo único que queda es subir. Y aún así, concluye, el Madrid no puede permitir que el regulador de la competición tenga esas actitudes.

De ahí su propuesta concreta. En la próxima reunión de la comisión ejecutiva, que se celebra una vez al mes, Tomás cree que el club debe pedir la dimisión de Tebas y someterla a votación. Sabe que saldrá que no, porque el Barça se sienta en la mesa y Marín, vicepresidente desde 2020, tampoco se irá. Pero insiste en que hay que hacerlo «por higiene» y no solo en un comunicado.

El presentador sube entonces una imagen que, a su entender, retrata el clima. Se trata de una portada de Sport en la que aparece Arda Güler con la camiseta del Madrid, pero el nombre en la espalda está mal escrito, el dorsal es el 10 y la manga, larga en lugar de corta, no encaja con el equipo del Sevilla. Según él, es evidente que se trata de una imagen generada con inteligencia artificial. Lo que más le sorprende es que después ese medio critique a Real Madrid Televisión por manipular imágenes.

El presentador cuenta cómo se enteró del asunto. Cuando Tebas publicó su tuit, anticipó que saldría un artículo en Sport en tono airado, como así fue, y que el lunes aparecería otro del fundador del diario defendiendo al dirigente. Estaba en el hospital cuando vio la imagen y escribió que aquello «huele a inteligencia artificial», tras lo cual su móvil empezó a llenarse de avisos. La crítica va más allá del error: si te pillan, dice, se borra, se pide perdon y se publica otra foto.

Al hilo de esa polémica, los dos señalan la cercanía de ese diario con Tebas, un vínculo que ellos dan por hecho, aunque Tomás prefiere no entrar demasiado en ello. Sport ya cambió la imagen, pero según el presentador lo hizo sin disculparse y señalando una supuesta agresión en la foto sustituta. Y reclama que alguien le diga qué imagen exactamente ha manipulado Real Madrid Televisión, porque asegura que todavía nadie se lo ha concretado.

Para describir el estilo de Tebas, el presentador recurre a una comparación con el «método Óscar Puente»: seguir empujando el límite hasta que no queda límite y llegar al barro absoluto. Ambos coinciden en que la prensa extranjera mira el asunto con perplejidad, y que el tuit del presidente de la Liga es el tipo de mensaje que los medios de fuera comparten incrédulos.

Es en ese punto donde la conversación gira hacia la idea que da título a este artículo. Tomás lo plantea sin rodeos: el Madrid, dice, no puede seguir jugando en una competición en la que manda alguien con esa inquina. Su propuesta es que el club no juegue el Clásico y que lo haga saber. «No se trata de pedirlo, sino de exigirlo», viene a decir, en relación con la dimisión de Tebas.

El presentador no lo ve. Cree que dejar de jugar sin más sería hacerle un regalo a Tebas. Su receta es otra: la vía institucional, es decir, denunciarlo donde corresponda en cada momento, acudir al CSD y hacer lo que haga falta. Pero separando lo que el club hace sobre el campo. Es partidario de jugar el Clásico, ganar y que después Tebas siga insistiendo, porque así queda a la vista de todos.

Tomás responde con una idea mucho más dura. A su juicio, el fútbol español está controlado por Tebas y no hay forma de atraparle por los cauces ordinarios. La única salida de una situación que califica de insostenible, afirma, es desestabilizar el sistema, «destruirlo literalmente». Es una opinión a título personal, que su interlocutor no suscribe en esos términos.

Para justificarlo, Tomás se apoya en el caso Negreira. Ve un respaldo abrumador a Barcelona, que atribuye al miedo a las consecuencias de un posible descenso o de una sanción drástica, y lo compara con Inglaterra, donde los clubes ya han ido a buscar compensaciones. En su lectura, el sistema entero teme lo que pueda pasar si la situación del Barça se agrava.

Ese razonamiento enlaza con una noticia que el presentador comparte en pantalla: la Federación Turca ha nombrado al árbitro inglés Anthony Taylor presidente de su comité central de árbitros tras el escándalo de corrupción. Según los dos, casi todos los partidos en Turquía los pitan extranjeros. Lo toman como argumento para otra exigencia: que el Madrid pida árbitros extranjeros.

La petición se apoya en un argumento de conflicto de intereses. Tomás recuerda que el estamento arbitral ha demandado al club y sostiene que, mientras eso dure, no debería arbitrarle quien le haya denunciado. Menciona que hay ocho árbitros entre los denunciantes y que algunos, como González Fuertes, trabajan ya en Radio Marca. Si UEFA lo permite en varios paísés, afirma, el Madrid debe exigirlo, incluso pagándolo, «sin problema».

Un árbitro, según Tomás, no debería pitar a un club que le ha denunciado, y le parece «un poco surrealista» que se deba tolerar. A su juicio, el hecho de que el club número uno de España sea al mismo tiempo el más atacado forma parte de un clima que se ha normalizado.

De vuelta a su razonamiento sobre la fuerza del Madrid, Tomás sostiene que el club no está valorando bien su peso. Si el Madrid dejara de jugar, argumenta, lo sancionarían; si dijera que no juega más, lo bajarían a Segunda; y si eso ocurre, la Liga no puede continuar. Por tanto, concluye, el Gobierno tendría que intervenir, y cita un correo de un espectador que, con ayuda de la IA, defendía que las consecuencias para el fútbol español serían inasumibles.

El presentador pone el freno institucional. Recuerda que, poco después de estallar el caso Negreira, Pedro Sánchez pidió en rueda de prensa que se aclarase, y que desde entonces el Gobierno no ha vuelto a pronunciarse. Eso, dice, indica que nadie se mueve. Tomás lo ve como prueba de que el club no puede limitarse a comunicados ni a esperar los tiempos de la justicia ordinaria.

La valoración más dramática llega al final. Tomás asegura que Florentino Pérez no terminará la temporada, y que ni siquiera está claro que llegue al próximo año, porque, dice, a su alrededor se está construyendo una persecución «como nunca he visto». Recuerda que el Madrid es ahora tercero, por delante del Betis, y que lo es gracias a los goles de Espií en el tiempo añadido de dos partidos. Es su forma de subrayar la fragilidad del momento deportivo.

El presentador no lo ve igual. Reconoce que Tomás puede tener razón y que, cuando lo mira, él es más cauteloso. Admite que hay que dar un golpe en la mesa, pero cree que el momento perfecto fue la final de Copa del año pasado, cuando se produjo la comparecencia de los árbitros, y que allí el club debió actuar. Ahora, a su entender, hace falta una acción concreta y no más ataques diarios sin respuesta.

Ambos terminan donde empezaron. Para los dos, la situación es insostenible, y más aún desde el punto de vista arbitral. Lo que los separa es el cómo. Tomás quiere llevar el pulso hasta el extremo de no jugar el Clásico. El presentador prefiere ganarlo sobre el césped y plantar batalla en los despachos.

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