EL REAL MADRID TIENE UNA PRUEBA DE NIVEL EN EL CLÁSICO. MARCOS LÓPEZ

EL REAL MADRID TIENE UNA PRUEBA DE NIVEL EN EL CLÁSICO. MARCOS LÓPEZ

El Clásico ya está aquí, y con él llega todo el ruido que acompaña a la cita más grande del calendario. Este domingo, Real Madrid y Barcelona se miden en un partido que, según el analista Marcos López, es «una prueba de nivel» para el equipo blanco. La conversación con Ramón, grabada a propósito el jueves para poder incorporar lo visto en la Champions, mezcla el análisis del momento madridista con una lectura táctica del duelo.

La espera tenía su lógica. Con el Barça enfrentándose al Paris Saint-Germain y el Madrid visitando al Leipzig, había material de sobra para saber si José Mourinho repetiría ciertas apuestas. Con esos datos sobre la mesa, el análisis resulta más completo que el que habría salido unos días antes.

López arranca con una advertencia: un Barça-Madrid siempre es un contexto distinto, y los vencedores se deciden sobre el césped. «Nunca hay un antes y siempre hay un después», viene a resumir, de modo que cómo llega cada equipo le parece, en el fondo, algo anecdótico. Con todo, admite que un equipo roto psicológicamente se lo pone mucho más fácil al rival, como le ocurrió al Madrid en ocasiones y al Barça en otras.

El analista tampoco se deja llevar por el entusiasmo azulgrana. Reconoce que el Barça «vuela» en este arranque de curso, aunque el PSG le ha ajustado el nivel. Y recuerda que, mirando a Bayern, Arsenal y París, hay equipos en Europa por delante de Madrid y Barça, algo que considera evidente. Pero la Champions, subraya, se decide sobre todo entre marzo y mayo, y es ahí donde hay que llegar en forma.

De ahí su idea sobre quién tiene más que perder. Para López, la obligación de ganar recae en el Barça, y lo explica con una lógica de regularidad. Cuando un equipo atraviesa un momento tan dulce, cualquier cosa que no sume es un tropiezo. Y cuando el Madrid alcance ese pico de la temporada en el que vuela, un empate será claramente perder dos puntos, porque ambos son equipos capaces de encadenar rachas de diez victorias seguidas, incluso sin jugar bien.

En ese sentido, el analista describe a un Barça «franca y muy bueno» en la facilidad goleadora, desatado arriba aunque con dificultades atrás frente a rivales de primer nivel. Jugar en casa, además, aumenta esa exigencia. Eso sí, aclara que nada cambia para el Madrid, que debe llegar con la misma competitividad y las mismas ganas de ganar.

Para situar al Madrid, López se detiene en el proyecto de Mourinho y lo compara con sus predecesores. Su sensación es que este Madrid va por detrás del de Ancelotti y por detrás del de Xabi Alonso. Para medirlo, propone fijarse en noviembre y diciembre de cada etapa desde que Mbappé llegó y se convirtió en el número uno del equipo. Sobre esa vara, el proyecto actual queda rezagado.

El matiz es importante: aquellos proyectos acabaron desmoronándose, así que lo relevante no es estar por delante en octubre, sino mejorar. Y las soluciones del técnico portugués, subraya, ya las conoce todo el madridismo. Valverde de lateral, un organizador en la posición de ocho, el tridente roto con un jugador más que corre, como Camavinga, cuestionamiento de ciertas actitudes y, sobre todo, ponerse delante de los jugadores para defenderlos con uñas y dientes, igual que hicieron Ancelotti y Xabi Alonso.

Lo que cambia, según el analista, es la identidad. Ancelotti buscaba el equilibrio permanente, un ecosistema en el que no primaba ni el ataque ni la defensa. Xabi Alonso planteaba un proyecto muy ambicioso, con un juego colectivo excelente que priorizaba el balón y el ataque. Mourinho, por su parte, prioriza la defensa y mantener la portería a cero. Hace apenas un día, recuerda López, el técnico lanzó un toque de atención por el gol encajado.

De ahí nace la fórmula de este Madrid: construir desde la defensa, salir rápido en transiciones, aprovechar los errores del rival y dejar después que vuele la magia individual. «Cuando tienes grandes jugadores y están confiados, aparece la magia», sostiene. La foto es clara en la Champions, donde el equipo suma tres partidos y nueve puntos con un pragmatismo máximo. Pero también es un equipo al que le falta algo, y en los tres encuentros hubo fases en las que Courtois tuvo que ser muy importante, una zona de mejora para octubre.

Ramón introduce entonces una paradoja que enriquece el debate. Si el Madrid pierde, la Liga entre ambos queda prácticamente sentenciada, porque nueve puntos son una distancia muy difícil de recortar. La pregunta es si esa obligación puede empujar a Mourinho hacia un planteamiento más agresivo de lo habitual, sobre todo tras ver en el duelo ante el PSG los problemas del Barça cuando se le disputa la posesión y se le va a buscar.

López recuerda que el técnico siempre ha sido, a domicilio, un entrenador de ataque y, en casa, de perfil conservador. Esa fue, dice, la clave de sus éxitos en Oporto, el Inter, el Chelsea y el Madrid. Con Oporto e Inter lo logró en la Champions; con Chelsea y Madrid, quizá sus equipos jugaron de forma más brillante, pero el fútbol es así y a veces se consigue y a veces no. Esos planteamientos ofensivos fuera y defensivos en casa tenían además el aliciente de los goles fuera de casa, que contaban doble. El fútbol ha cambiado algo, concede, pero Mourinho sigue siendo Mourinho.

De modo que habrá momentos, como siempre, de un Madrid replegado, defendiendo con líneas muy juntas y saliendo al contragolpe aprovechando la tremenda velocidad de sus atacantes. Pero, a su juicio, será un Madrid que se atreve. Y si gana el Barça, la Liga queda prácticamente decidida.

Sobre esa cuestión de los puntos, López ofrece un criterio que él mismo maneja: cuando las cosas van mal, hay que sumar la mayor cantidad posible porque en una liga de regularidad todo cuenta, y cuando van bien, no se regala ni uno. Por eso, si el Madrid gana en el Camp Nou, serán puntos «extra». ¿La razón? Cree que el equipo no está tan bien como todos quieren que esté, y que cuando lo esté encadenará muchas victorias con facilidad. Por ahora, en el Bernabéu lo gana todo y casi va de cuatro en cuatro.

Visto así, lo que le conviene al Barça es no perder y abrir la mayor brecha posible. Pero el analista recuerda que el año pasado ocurrió justo lo contrario: el Madrid salió volando, con una gran diferencia sobre el Barça, y la Liga parecía a tiro. Después, sin embargo, hubo tiempo para que el Atlético de Madrid fuera líder, para que el Barça se escapara y para que el Madrid casi volviera a igualar. Habrá altibajos, avisa, y no es lo mismo con Courtois que sin él, con Yamal que sin él, con Raphinha que sin él o con Mbappé que sin él.

Por eso su previsión es de un año «pesante», como dicen en Italia, de resistencia total. Habrá un favorito claro, admite, pero si gana el Barça le parece una carrera larga y prefiere no dar nada por zanjado. En su opinión, hasta pasado el primer mes de competición, las diferencias no son definitivas, con tanto calendario por delante.

Ramón, por su parte, centra el foco en las ideas que Mourinho y su cuerpo técnico han modificado respecto a planteamientos algo preconcebidos. Lo de Valverde en la banda le resulta llamativo, y recuerda que ya se había dicho tiempo atrás que podía ser una posición ideal para el uruguayo. Güler, que ayer jugó en banda, lo hizo como falso extremo, moviéndose mucho por dentro y combinando con Valverde aprovechando su profundidad. A la izquierda se ve a Mendy, salvo cuando juega Vinícius, que no estará en el Clásico.

Ambos coinciden en que el Madrid va por detrás de otros años, algo que se comprueba fácilmente mirando la clasificación en noviembre de temporadas anteriores. Pero López añade un matiz que cambia la lectura: si este fuese el primer año de Mbappé en el Madrid, todo el mundo sentiría una enorme ilusión por un equipo imbatible en la segunda mitad de la temporada. El problema es que hay historia, hay evolución del equipo de Ancelotti y del de Xabi Alonso, y todos esperan ahora la evolución de este.

Los jugadores del núcleo son los mismos, de modo que la confianza del público es un «sí, pero no». A eso se suma el desgaste. De Vinícius, dice López, se podría escribir un libro por la cantidad de episodios de todo tipo. De Mbappé, ya van dos largos años de historia en el Madrid, con mejores y peores momentos, y con discusiones como la de su banquillo. De Courtois, hablamos de un portero de diez años. Y de Militão, si fuese su primera lesión, todos dirían que va a dar un salto de calidad enorme, con la cautela de siempre.

Todo es siempre un «ya veremos». ¿Quién tiene que romper ese «ya veremos»? El propio equipo, responde López, que tiene que ganárselo porque cada futbolista tiene un recorrido y el grupo tiene su historia. Ramón añade que el propio Mourinho admitió ayer que ni siquiera está cerca de donde quiere estar.

La pregunta de Ramón es si hay cierta evolución en la toma de decisiones del técnico. Es la que se hará mucha gente, porque el Madrid ha marcado cuatro goles en los últimos tres partidos. Sobre el choque ante la Roma, el presentador mantiene que fue un mal partido más allá de una victoria importantísima. Los dos siguientes tuvieron momentos mejores y peores, y también el del Lille tuvo fases negativas, pero se trata de un Madrid que, al menos, gana con solvencia.

López coincide y lo explica con una peculiaridad que ve en este Madrid y en los de años anteriores: la capacidad de ganar en las áreas. Courtois te lo salva, y cuando Militão está en su punto permite defender lejos de la portería, lo que acerca a los jugadores de primer nivel al área rival. Ahí están Mbappé, Vinícius, Bellingham, Endrick y el propio Güler, y el golpe, subraya, no falta. Si se dominan las áreas, en el fútbol siempre se puede ganar.

Otra cosa, matiza, es la era del fútbol total en la que está inmerso el deporte, que sigue siendo la asignatura pendiente del Madrid.

En ese punto aparece Arda Güler, a quien ambos habían dedicado una conversación previa para dilucidar si era la pausa o la aceleración. López cree que los dos últimos partidos lo dejan claro. Ante el Sevilla fue la pausa: tuvo tiempo para marcar y asistir, encadenaba pases sin forzar el balón hacia arriba ni buscar el pase con exceso de fuerza, y el Madrid terminó con una posesión de entre el 60 y el 65 por ciento. Con tanto balón, los jugadores que no defienden están menos expuestos y llegan con más frescura a la acción decisiva.

Contra el Leipzig, en cambio, Güler pasó a ser la aceleración, porque la pausa la ponía Bernardo en el medio. Es su teoría: Güler puede ser la aceleración si antes hay alguien que inyecte pausa al juego, o ser la pausa si no hay nadie que acelere. Cuando el balón le llega y, a esa velocidad casi máxima, acelera aún más para buscar el pase final a Mbappé, a Vini o a quien sea, se transmite precipitación y ansiedad. Los pases se fallan y las acciones se vuelven búsquedas de gol, no de control del partido, y el Madrid, de un modo u otro, necesita control para crecer.

Ramón coincide en que lo sostenible es el control. López remata la idea: si Güler es la aceleración, el Madrid necesita un ocho para la pausa; si es la pausa, necesita otro para acelerar. No pueden jugar los dos a la vez.

El analista cree, además, que Güler tiene una suerte tremenda desde que llegó al Madrid, porque el equipo lo necesita. En otra época, con un Özil, un Modric, un Kroos, un Xabi Alonso o un Di María, probablemente habría pasado mucho tiempo en el banquillo, sin los minutos para desarrollarse. Pero cuando cumpla 25 años habrá jugado entre 200 y 300 partidos con el Madrid y será un jugador «impresionante».

Ramón suscribe la tesis y añade que Güler encontró un contexto muy favorable que al principio no lo era tanto, con Modric y Kroos todavía en la plantilla y una lesión en su primera temporada. Ahora es un jugador fundamental, y cree que si Nico Paz estuviera en su lugar también disfrutaría de esa oportunidad, precisamente porque este tipo de futbolista no abunda en el Madrid.

López recoge el guante y elogia el partido de Nico Paz ante el United. Lo conoce desde niño, dice, y lleva años mostrando que es un gran futbolista. Lo ve claramente como un diez, un jugador de perfil invertido que en las categorías inferiores también actuó de ocho o de diez, moviéndose por dentro. En el contexto actual, la banda derecha sería para Nico Paz cerrando hacia dentro con un lateral como Valverde, y el ocho sería Güler.

La conversación entra entonces en lo táctico, y López dibuja la película que imagina. Lo primero, dice, es el inicio de la jugada. El Madrid debe tener el control del balón y desgastar al Barça haciéndole correr tras él, como hizo el PSG, algo que incomodó mucho a los azulgranas. El motivo: sus problemas están en la línea defensiva cuando no dominan el juego, cuando las posesiones no son largas y tienen que correr hacia atrás.

Por eso, lo primero a superar será la presión de Raphinha. Para el analista, el Barça podría apostar por cuatro centrocampistas, y la ausencia de Dani Olmo le parece una molestia, sobre todo en los cambios y en la gestión del partido. Pero con Lamine Yamal, Raphinha y, cree, Adeyemi, intuye velocidad y capacidad para atacar los espacios, especialmente si Rüdiger es el central del lado derecho al que le cuesta girarse. Esa presión inicial, voraz, puede complementarse durante el partido con cambios ofensivos que mantengan la intensidad.

Ese es, para López, el primer examen: la salida de balón y la presión hacia Courtois con Raphinha. Si el belga puede jugar largo, ojo, es zurdo y querrá el cambio de orientación hacia el lado de Valverde. Pero Valverde tendrá que estar muy alto, y si Adeyemi se queda atrás, hay problemas. Hay que encontrar una solución para Courtois.

En su opinión, el partido el Madrid tiene que ganarlo, aunque probablemente no con la posesión, ya que Mourinho no querrá el balón ni jugar en campo rival. Querrá aprovechar la opción de correr de Mbappé, Bellingham y Diomande, pero también aportar estabilidad y seguridad. Si en casa se perciben pérdidas o nerviosismo, el Madrid será inconsistente; si se percibe seguridad jugando el balón hacia delante, habrá ganado la batalla psicológica, al menos como primer punto.

Son dos equipos con una potencia ofensiva enorme, advierte. Puedes dominar durante 45 minutos y, en el 46, justo antes del vestuario, un jugador crea magia y marca la diferencia. Y si se ve a Courtois muy presionado y apurado, sacando balones y despejando sin poder iniciar el juego, al Madrid solo le quedaría esperar una recuperación o un error del Barça y, entre medias, intentar llegar a la portería rival, algo que podría quedarse corto.

Para la salida, López imagina una estructura cercana y baja, con un tres más cuatro. Esos siete jugadores obligarían a seis, o incluso siete, futbolistas del Barça a replegar y dejarían los duelos hombre a hombre atrás. Con tiempo para golpear, se puede golpear. En la salida del balón imagina la conexión habitual con Valverde, que además tiene una buena diagonal con la izquierda, y a Bellingham frente al lateral buscando esa salida, siempre sin riesgos.

Luego viene el posicionamiento defensivo, imprescindible para poder ganar a la contra, y aquí asoma un dilema. El Madrid defendería más o menos en un 4-4-2, con Bellingham probablemente metido hacia dentro, lo que podría dibujar un 4-2-3-1 en defensa. Lo primero, en cualquier caso, será dificultar la salida del Barça. En ese sentido, le parece que el duelo Pedri-Bellingham es uno que el inglés debería ganar.

Habrá que ver, eso sí, el enfoque de Mourinho, si agresivo hacia el gol o hacia la defensa. Si es hacia el ataque, López cree que Bellingham taparía la salida de Cubarsí y Mbappé iría con Gerard Martín. Esa es su sensación. Eso cambia la diagonal de Courtois y genera una inferioridad numérica, un tres contra dos.

El analista se detiene después en el origen de la confianza azulgrana. A su juicio, está en el triángulo formado por Cubarsí, Xavi Estartús y Lamine Yamal, un rombo si se suma al portero. Imagina a Cancelo en la izquierda y a Estartús en la derecha, y apunta que, si se analiza, el interior del lado opuesto es Rodri, porque atraen aquí y la llevan hacia el otro lado para terminar en Lamine Yamal.

El juego del Barça, resume, es un rondo en ese costado derecho, balón a Pedri, otra rotación y, sin ayudas, la búsqueda del uno contra uno para Lamine. «Vienen tú, vas tú, vienen», describe. Esa es la zona donde el Madrid debe ser fuerte, y por eso le parece obligatorio, en defensa, alejar a Mbappé de esa área y llevarlo al otro lado.

A partir de ahí, el análisis se vuelve casi una pizarra hablada. Hay que ser muy agresivo marcando a Lamine y cerrando el pase a Rodri. Quien esté en el lado derecho del Madrid tendrá que defender a Pedri, que será el hombre libre del Barça. La clave es lograr que cada vez que el Barça va de un lado al otro sea con un pase largo, para dar tiempo a la basculación, porque en cuanto eso ocurre, el de ese lado pasa a ser el marcador de Rodri y se mantiene el dos contra dos.

En su propio razonamiento, López reconoce que se enreda con los números y los emparejamientos, y propone dejar el diez para Mbappé para no confundirse. La asignación final que plantea: Bellingham con Cubarsí, Diomande con Xavi Simons, Cucurella con Lamine Yamal. El otro puesto le genera dudas. Le da la sensación de que podría ser Camavinga.

Aquí aparece uno de los pocos desacuerdos de la charla. López dice que el partido de Camavinga de ayer no le gustó nada, y que en una cita de tanta exigencia táctica podría fallar. Ramón, sorprendido, lo vio de otra manera y le gustó, aunque lo dejan para hablarlo en privado. López admite, eso sí, que existe una versión 2024 de Camavinga que, cuando está enchufado, es otro tipo de futbolista, y que esta podría ser una oportunidad para él.

La otra duda es Bernardo. El partido le daría ritmo y jerarquía en el equipo, según López, pero está por ver si puede seguir corriendo detrás del Barça durante tantos minutos, porque no está acostumbrado a perseguir, sino a ser perseguido. Si hay poco balón, Bernardo sufre, y probablemente se vería a Arda en la derecha.

Sea quien sea, la idea es mantener el dos contra dos, cubrir la salida de Cubarsí y ser muy intensos con Xavi Simons, al que describe como un centrocampista sombra, un Kimmich cuando jugaba de lateral en el Bayern o un Philipp Lahm, lo que intentó Guardiola: el lateral que se mete por dentro. Después, precisión en las basculaciones y nunca, jamás, inferioridad numérica en el medio, manteniendo el bloque.

Queda la incógnita del once rival. ¿Qué pasa si el Barça pone otro centrocampista en la zona, si en lugar de Yamal es Fermín saliendo desde la banda o entra Frenkie de Jong? Entonces habrá que leerlo bien y decidir quién defiende a quién, porque en esa zona habría un dos contra cuatro que necesitaría solución. Si es Yamal, cree que el problema está resuelto, aunque verán un Barça vertical y con el último pase, y un Madrid que sufre más en el área y menos en la zona de construcción.

En ese escenario, el Madrid probablemente gestionaría mejor el área, y además tiene a Courtois, aunque podría sufrir muchísimo con oleadas continuas. ¿Y si Valverde se va a esa zona y Güler tiene que correr con Cancelo, marcándolo hombre a hombre? López piensa que, si el Barça sale con cuatro centrocampistas, hasta podría verse a Valverde en esa posición, algo que Ramón también intuye. Para ambos, la solución más segura en las bandas, sin conocer la alineación azulgrana, es el hombre a hombre. Habrá persecución, y el lateral de verdad sería Valverde.

Con el once casi claro, a Ramón solo le queda ver el partido, comentarlo, disfrutarlo y evaluarlo después. López, fiel a su estilo, cierra con una defensa del espectáculo. El fútbol, dice, debe disfrutarse porque es único, y estos partidos hay que verlos con pasión y con fuego por dentro si eres aficionado, pero también con ese punto de disfrute.

Pone ejemplos recientes de lo cambiante que es el juego. El Roma-Madrid le parece un partido maravilloso, como «darle la vuelta a la vida». Y el Barça, que llegaba sin perder ante nadie, fue puesto en su sitio por el PSG, cuya gente celebraba mensajes y hablaba de un tercer título europeo hasta que, de pronto, Kvaratskhelia cayó para casi un año. Nadie le quita esos diez meses, y eso lo cambia todo en un instante.

También menciona el Bayern-Arsenal de ayer, espectacular, y reflexiona que a veces se disfruta más una eliminatoria entre otros, como la del año pasado entre PSG y Bayern, que cuando juega tu propio equipo. Pero un Madrid-Barça, insiste, debe verse con ese espíritu, porque será un test de nivel. El Barça llega con una confianza enorme y un pequeño tirón de orejas del PSG. El Madrid llega con muchas dudas, pero con nueve puntos de nueve en la Champions.

En su balance final, López recuerda una conversación privada en la que le dijo a Ramón que el Madrid estaría en la pelea por la Liga y obligaría al Barça a superar los 90 puntos. Si el Barça juega muy bien en España y no tiene lesiones, tendrá un porcentaje de puntos altísimo. Pero también sabe que necesita jugar muy bien para ganar. El Madrid, en cambio, puede alcanzar un total altísimo sin jugar bien, porque tiene el golpe para resolver partidos en tres jugadas. Por eso cree que los duelos directos serán clave.

Y en el horizonte aparece el Atlético de Madrid, que le parece un equipo muy sólido este año y cuya evolución también habrá que seguir. Ramón cierra con humor, bromeando con que la «esperanza» de López significa en realidad que gane el Madrid para poder disfrutarlo. Ambos coinciden en que son partidos de los que ojalá hubiera más durante el año.

La cita queda para el lunes, con la esperanza compartida de comentar un partido muy disfrutable. Antes, el domingo, el Clásico dictará sentencia sobre un Madrid que, en palabras de su analista, tiene que ganarse a sí mismo el derecho a que el «ya veremos» deje de existir.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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