Arda Güler ya no es una promesa: la revelación de la Champions que Mourinho no puede seguir dejando fuera del once del Real Madrid

Arda Güler ya no es una promesa: la revelación de la Champions que Mourinho no puede seguir dejando fuera del once del Real Madrid

Hay futbolistas que piden permiso para entrar en la historia de un equipo, y hay otros que simplemente tiran la puerta abajo.

Arda Güler acaba de hacer lo segundo, y lo ha hecho con una sonrisa tranquila, con la cabeza levantada y con el balón pegado a la bota izquierda.

El domingo 18 de octubre, el Real Madrid goleó 4-1 al Sevilla, pero el resultado fue casi lo de menos.

Lo que se quedó grabado en la retina de todos fue la imagen de un chico de 21 años mandando en el centro del campo, ese territorio sagrado donde durante dos décadas gobernaron Modrić y Kroos.

Y la pregunta que ahora recorre Madrid de punta a punta es tan sencilla como incómoda para el banquillo: si es tan bueno, ¿por qué todavía no es un fijo indiscutible?

Esa es la cuestión que vamos a desmontar pieza por pieza, porque detrás de ella hay datos que asustan, una trayectoria que parece escrita por un guionista y un entrenador que lleva semanas jugando al despiste.

Empecemos por la noche que lo cambió todo.

Mourinho había repetido durante semanas que veía a Güler siguiendo el camino de Modrić.

Según su teoría, el turco empezaría como un diez, retrocedería a mediapunta interior y acabaría siendo un seis, un centrocampista puro que dirige el juego desde atrás.

Es una evolución gradual, casi artesanal, y tiene una lógica de fondo: la mediapunta es, probablemente, la posición que más ha cambiado en el fútbol moderno de unos años a esta parte.

El técnico portugués, eso sí, dejaba una advertencia en cada intervención: todavía no era el momento de verlo en el eje.

Pero el fútbol tiene la costumbre de desobedecer a los pronósticos.

Contra el Sevilla, el dorsal 15 apareció como centrocampista central junto a Tchouaméni, formando ese doble pivote que parecía reservado para otros.

Y jugó un partido superlativo.

Completó 60 de sus 64 pases, metió 14 de ellos en el último tercio, creó tres ocasiones, recuperó cinco balones y, para que no faltara nada, marcó un gol de los que se recuerdan.

Fue, en términos prácticos, un mensaje enviado directamente al despacho de Mourinho: no te puedes permitir el lujo de prescindir de un talento como Arda Güler en cada partido.

Y no lo dice la emoción del momento, lo dicen los números, que en su caso son difíciles de discutir.

Güler se encuentra entre el 1% de los jugadores de la liga que más hacen avanzar el balón con sus pases por cada 90 minutos, con 5,96 pases progresivos.

Además, es el futbolista que más amenaza esperada ha generado en toda la competición a través de pases y centros, con 0,35 de amenaza esperada por 90 minutos.

Y atención, porque la lista no termina ahí.

Entre los atacantes y mediapuntas, es el mejor en asistencias esperadas por 90 minutos, en balones largos exitosos, en ocasiones creadas y en centros acertados.

A eso se suma que está en el 3% de los jugadores que más ocasiones claras han fabricado.

Cuando un mismo futbolista lidera tantas categorías distintas, ya no estamos hablando de una buena racha.

Estamos hablando de un jugador que ve cosas que los demás no ven.

Es de esos elegidos por el juego, de los que parecen tocados por una varita mágica.

Y sin embargo, aquí está la paradoja que vertebra esta historia: un futbolista con estas credenciales sigue sin ser ese intocable del once que el Madrid necesita, y lo necesita muchísimo.

Para entender cómo se llega hasta aquí, hay que viajar bastante lejos del Bernabéu.

Arda Güler nació el 25 de febrero de 2005 en Altındağ, un barrio obrero de Ankara, la capital de Turquía.

Está a años luz del glamour de Estambul, y quizá por eso su fútbol tiene ese aire de calle, de pelota que se aprende a dominar antes de aprender a presumir.

Sus primeros pasos organizados llegaron en la cantera del Gençlerbirliği, donde permaneció entre 2014 y 2019.

Allí destacó por su técnica y por un hábito rarísimo en un niño: jugaba con la cabeza levantada, mirando el campo en lugar de mirar el balón.

Es una virtud que, a día de hoy, lo sigue distinguiendo de casi cualquier otro jugador.

Esa cualidad llamó la atención de Estambul, y en 2019 dio el salto a la academia del Fenerbahçe, el club que lo lanzaría al fútbol profesional.

Su primera gran explosión de popularidad llegó en la Europa League, contra un Sevilla que acabaría proclamándose campeón de esa competición.

Güler tenía apenas 17 años, jugaba de extremo derecho y ya vestía el número 10 de su equipo.

Aquella noche ofreció una auténtica exhibición: completó siete de 12 regates, ganó 16 duelos, se sacudió de encima a medio equipo rival, provocó cuatro faltas y recuperó 10 balones.

Para ponerlo en perspectiva, esa cifra de regates supera la que firmó Neymar en aquel legendario partido de Champions contra el Bayern de Múnich en la temporada 2020-2021.

Era la señal de que aquel adolescente dejaba exhibiciones técnicas en cada campo que pisaba.

El Real Madrid tomó nota.

El 6 de julio de 2023, el club anunció su fichaje con un contrato de seis años, hasta junio de 2029.

El Fenerbahçe comunicó un traspaso de 20 millones de euros más hasta 10 millones en variables ligados a su rendimiento, cifras que convirtieron a Güler en el futbolista turco más caro de la historia.

La operación tuvo su intriga, porque durante un tiempo pareció que acabaría en el Barça.

Pero unos movimientos de última hora inclinaron la balanza, y fue el Madrid quien terminó convenciéndolo.

Y lo hizo, además, con un discurso sin adornos.

Juni Calafat, responsable del equipo de captación de talento del club, le explicó el plan sin rodeos.

Según el propio jugador, le dijo que el primer año sería difícil, pero que llegaba para la era posterior a Modrić y Kroos.

Güler lo recuerda así: todo fue muy claro y muy honesto, sabía que estaba en el club más grande del mundo, pero también sabía que tenía la calidad para triunfar allí, nunca dudó y solo esperaba su momento.

Su momento, sin embargo, se hizo esperar.

Varias lesiones a finales de 2023 retrasaron su debut, y su arranque en Madrid, desde luego, nunca fue un cuento de hadas.

Cuando por fin pudo jugar, mostró su cara más llamativa en muy pocos minutos: seis goles en 12 partidos y 440 minutos durante la temporada 23/24.

Aquel año el Madrid ganó la Liga y la Champions League, aunque él no participó en la final.

Aun así, se convirtió en el primer futbolista turco en levantar la Copa de Europa.

En el verano de 2024, además, se presentó ante toda Europa con su selección.

En la Eurocopa marcó en su debut contra Georgia y superó a Cristiano Ronaldo como el goleador más joven en estrenarse en el torneo, convirtiéndose en una de las grandes promesas del fútbol de aquella temporada.

Pero aquel chico ya no era solo una promesa.

Había superado la fase más complicada de la élite, esa que va de la promesa a la certeza.

Güler ya no es el adolescente que aterrizó desde el Fenerbahçe.

Cerró la campaña 25/26 con seis goles y 14 asistencias, y fue el máximo asistente de la plantilla.

La UEFA lo eligió Jugador Revelación de la Champions League el 31 de mayo de 2026, y además entró en el Equipo de la Temporada de LaLiga.

Hay un dato de su trayectoria que dice tanto o más que cualquier estadística.

Güler ha sobrevivido a varios cambios en el banquillo, de Ancelotti a Xabi Alonso, de ahí a Arbeloa y ahora a Mourinho.

Y en cada etapa se ha vuelto todavía más importante.

Eso demuestra que su rendimiento no depende del entrenador de turno.

En un club que cambia de técnico con la frecuencia con que lo hace el Madrid, y que carece de un estilo de juego fijo, esa cualidad vale bastante más que una buena racha de forma.

Si algo necesita el Madrid de Mourinho 26/27, es precisamente este perfil.

La plantilla rebosa talento ofensivo, con Mbappé, Diomandé, Bellingham y Vinicius como grandes referencias, aunque Vinicius atraviesa el punto más bajo de su carrera.

Pero tener delanteros de élite no basta si nadie les hace llegar el balón en una posición ventajosa.

Ahí es donde Güler resulta casi irreemplazable.

Es el único creador del centro del campo madridista, el que rompe una línea con un pase cuando el equipo se atasca, con la posible excepción de Bernardo Silva.

Y Mourinho parece contar cada vez menos con el portugués, sobre todo por su falta de volumen físico.

Un equipo que se estrella contra los bloques bajos y que deja escapar puntos en partidos que debería ganar necesita exactamente lo que el turco ofrece.

Y esos partidos, al final, son los que decidirán una Liga que se anuncia muy apretada, con un Barça que apunta a los 100 puntos.

Por eso no es solo que sea bueno para el Madrid.

Es que se está volviendo indispensable.

Hay otra razón de peso, y tiene nombre y apellido: Kylian Mbappé.

Güler parece tener una química enorme con el francés, dentro y fuera del campo, y potenciar a uno de los mejores jugadores del planeta con un pasador tan dotado como el turco es, sencillamente, vital.

Con apenas 4.000 minutos compartidos, el dorsal 15 ya figura entre los ocho jugadores que más asistencias han dado a Mbappé en toda su carrera, solo por detrás de nombres como Messi y Neymar durante su etapa en el PSG.

Y conviene recordar que casi todos esos pases han salido de las botas de Güler hacia las del francés, porque es Arda quien juega en una posición más retrasada.

Mbappé, por supuesto, es plenamente consciente del bien que le hace tener cerca a alguien así.

Y Güler corresponde con la misma moneda.

En una entrevista con L’Équipe llegó a decir que sus cualidades y las de Mbappé están hechas para complementarse, que se entienden muy bien, que todo fluye, y que a veces basta una mirada para saber lo que va a hacer el otro.

Cuando dos jugadores se leen de esa manera, el argumento para alinearlos juntos todos los domingos casi se escribe solo.

Y por si quedaba alguna duda, sus dos últimas actuaciones, contra la Roma y contra el Sevilla, deberían bastar para convertirlo en una de las grandes estrellas del equipo.

Empecemos por Roma.

Güler entró en el minuto 60 y, durante sus 30 minutos sobre el césped, cambió por completo el partido.

Ofreciéndose, pasando y ordenando, dejó claro que su pierna izquierda, de oro puro en las jugadas a balón parado, no tiene igual en el fútbol actual.

En un abrir y cerrar de ojos, firmó tres centros de córner que fueron el origen de la épica remontada del Madrid.

Terminó con dos asistencias, tres pases clave y dos ocasiones claras creadas.

Todo gracias a que ocupó un lugar en el centro del equipo y empezó a gobernar el juego, con cinco pases al último tercio, 11 que rompieron líneas rivales y dos recuperaciones.

Luego llegó el Sevilla, y con él la confirmación.

Aquella actuación de 60 pases acertados de 64, 14 de ellos al último tercio, un gol, tres ocasiones creadas y cinco recuperaciones es, básicamente, lo que el Madrid necesita de su organizador creativo.

Y lo más interesante es que el plan de Mourinho parece estar alineado con lo que Güler quiere en el Madrid.

Según el medio El Gol Digital, el técnico lo tuvo claro desde el principio.

A finales de mayo, supuestamente, hizo su primera llamada personal a un jugador de la plantilla, y fue para Arda Güler, a quien le garantizó un papel protagonista en su proyecto.

El mismo medio compara esa situación con aquel primer Mesut en el Madrid, con aquella primera versión del Madrid de Mourinho, pero esta vez con Arda como protagonista.

La comparación tiene bastante sentido táctico.

Los equipos de Mourinho funcionan mejor con un jugador de enlace capaz de transformar una recuperación en un ataque rápido, y que además sepa cuándo hay que pausar el juego.

Güler cumple con ambas funciones.

Su evolución, por cierto, ha ido a contracorriente.

En lugar de acercarse al área, ha retrocedido hacia la sala de máquinas, y esa versatilidad lo vuelve muy útil como mediapunta, como interior o como organizador más profundo.

Mourinho, por su parte, siempre ha tenido palabras amables para el turco cada vez que le han preguntado por él.

Al comenzar la temporada comentó que Güler podía jugar en la base, en la fase de creación, pero que todavía no lo veía en esa posición.

Tras los últimos partidos, con los cambios realizados, el equipo había mejorado mucho en la creación, y le preguntaron si ahora veía a Arda más cerca de ese rol o si dependía de cada partido.

La respuesta del técnico tuvo su correspondiente pulla a los periodistas: le parece que a los medios les cuesta reconocer el mérito del trabajo, como si lo negativo siempre tuviera dueño y lo positivo fuera fruto del azar o de la suerte.

Pero sobre Güler fue claro: es un jugador muy talentoso, como todos saben, y todavía no es un producto terminado a sus 21 años.

Añadió que tiene las condiciones para ser multifuncional y jugar en distintas posiciones, y que el jugador estaba muy contento.

Es normal que Mourinho sienta cariño por él, y no solo por su talento.

Güler no es el típico diez que, por ser técnicamente superior al resto, piensa que defender no es asunto suyo.

De hecho, es el jugador de la plantilla con más acciones defensivas por 90 minutos en campo contrario.

Ahora mismo es, al menos estadísticamente, el más efectivo presionando a los rivales, algo valiosísimo para cualquier entrenador en esta era de presión moderna.

Es el tipo de dato que se le queda grabado a un técnico que predica el sacrificio colectivo.

Álvaro Benito, a mi juicio uno de los mejores analistas de España y antiguo jugador del Madrid, lo resumió así.

Dijo que Güler es un creador, pero que las necesidades del equipo pasan por la presión.

Reconoció que siempre ha pensado que la mediocentro no es su posición natural para brillar, y que para ese puesto tiene más sentido Bernardo.

Pero concluyó que, para él, Güler es indispensable, que se lo ha ganado a base de trabajo, que aporta calma y continuidad al juego, que lee pases rápidos y profundos y que es el único de su especie en el medio del Madrid.

Güler se está adaptando todo lo que puede a las necesidades del equipo, porque en el fondo es un diez clásico.

El problema es que ese puesto ya lo ocupa Bellingham, así que el Madrid necesita que Arda aporte sus virtudes en otro lugar.

Y no son solo Mourinho y Benito los que han entendido su importancia.

El propio club también.

Según varios medios, la renovación está pactada y solo falta el anuncio oficial.

Las fuentes no coinciden en la fecha de vencimiento: unas hablan de 2031 y otras de 2032.

En cualquier caso, el movimiento mantiene a raya a clubes de la Premier League como el Arsenal, que al parecer contactó con su entorno en primavera.

Blindar a un jugador de 21 años no es un gesto sentimental, sino una decisión de negocio y de proyecto.

Güler acaba de completar una temporada de altísimo nivel y sigue en esa línea, y su valor solo puede crecer a partir de ahora.

Construir el proyecto a su alrededor, en lugar de limitarse a utilizarlo, es una apuesta de bajo riesgo y alto retorno.

Todo esto nos lleva a una pregunta que cuesta formular sin caer en la exageración.

¿Puede Güler ser la salvación de la temporada del Madrid?

Lo digo entre comillas, porque es una palabra muy fuerte y hay que utilizarla con precisión.

Güler no va a arreglar la defensa él solo, ni va a sustituir a Mbappé, ni va a ocupar el hueco de Vinicius cuando este vuelva a estar disponible.

Pero lo que sí puede hacer es resolver el problema más visible del equipo.

Al Madrid le falta un cerebro que conecte las líneas.

Si el equipo recorta esos seis puntos que le separan del Barça, será porque el juego empiece a fluir más.

Y para que fluya, hace falta alguien que piense el partido con el balón en los pies.

Porque sin el turco, el juego sencillamente no fluye.

Esa es la contribución concreta de Güler, y es lo que el equipo necesita hoy más que en otras temporadas.

El Madrid de Mourinho solo tiene un mediocentro creativo, y se llama Arda Güler.

Ayer, al menos por una noche, el equipo se comportó como si lo creyera.

Mourinho, por alguna razón, no parece confiar del todo en Bernardo Silva, aunque conviene mantener cierta cautela.

Al fin y al cabo, unos pocos partidos no hacen un pivote.

El Sevilla no es un rival de máxima exigencia, aunque llegue en muy buena forma y sea un equipo muy bueno.

Además, Tchouaméni sigue siendo el ancla defensiva de la pareja, y esa posición parece completamente cerrada para Mou.

Así que solo hay un puesto en juego.

Y Güler tampoco ha demostrado todavía una gran regularidad en él.

Personalmente creo que puede rendir tanto de mediapunta como de pivote, que puede jugar en cualquier parte, pero la verdadera prueba será demostrarlo.

Los exámenes ya tienen fecha: partidos de Champions como el del Leipzig y, muy probablemente, el Clásico contra el Barça.

Si Güler supera todas esas pruebas en esa posición, la historia de un jugador que mejora un poco más cada temporada se convertirá en la del futuro Modrić que, según parece, Mourinho quiere ver en él.

De momento, todo apunta a que ambos quieren caminar en esa dirección, o al menos así veo yo la situación de Güler y del Madrid en general.

Hay jugadores que llegan a un club para ocupar una plaza.

Y hay otros que llegan para cambiarle el carácter al equipo.

Arda Güler, con el balón dormido en la zurda y la mirada siempre por encima de la pelota, empieza a parecerse mucho a los segundos.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles