Mourinho se encara con Vinicius: 45 segundos, un tirón de pelo y un Clásico en el aire

Mourinho se encara con Vinicius: 45 segundos, un tirón de pelo y un Clásico en el aire

Hay noches de fútbol que se resumen en un marcador y noches que se resumen en una imagen. La del Real Madrid-Villarreal tiene las dos: una victoria por la mínima sufrida hasta el último segundo y la escena de Vinicius abandonando el césped, negando con la cabeza, con los brazos en alto, señalando al árbitro como si no hubiera hecho nada.

Según el relato que circula tras el partido, Mourinho fue directo a por él al final del encuentro. Y lo que ocurrió en la previa, en el campo y después explica por qué.

Todo empezó un día antes, en la sala de prensa. Mourinho habló de un plan concreto en el que Vinicius podría no jugar o empezar en el banquillo, y, como afirma que no miente, lo cumplió.

Según las informaciones de su entorno, el brasileño lo vivió con furia. Habría dicho en privado que es la cara del Madrid, que desde la llegada de Mbappé no se le trata igual y que a unos se les perdona todo mientras a él se le manda al banquillo. A eso se sumaba la camiseta de Ceuta que se quitó junto a Mbappé y una grada de la que se esperaba algún pito.

Vinicius llegó, por tanto, al Bernabéu molesto, señalado y con ganas de demostrar algo. Según esas mismas versiones, llegó con gesto serio y calentó solo, sin mirar a nadie.

En su lugar jugó Diomandé. No es un detalle menor: sentar a quien marcó en dos finales de Champions y ganó el premio The Best, en casa y ante su gente, es un mensaje para él, para el vestuario y para la grada.

El once de Mourinho fue Courtois; Trent, Konaté, Rüdiger, Carreras; Tchouaméni, Valverde, Bellingham, Güler; Diomandé y Mbappé. La presencia de Valverde, tras una lesión de grado 3 sufrida 18 días antes, fue uno de los temas de la noche.

Mbappé, además, fue titular desde el primer minuto, tal como había adelantado el técnico. Para quienes apuntan a un trato de favor, era otra pieza del mismo rompecabezas; para quienes defienden al francés, simplemente jugó el que estaba en forma.

El partido empezó bien para el Madrid. En el minuto 6, Carreras habilitó a Mbappé frente a la portería y el balón se estrelló en el poste. A partir de ahí, el equipo blanco se fue apagando.

El Villarreal se mostró atrevido y acabó con 15 disparos por 11 del Madrid y 13 córners por 8. En la primera mitad, lo mejor del Madrid fue Güler, mientras Mbappé chocaba una y otra vez con la defensa visitante.

En el 21, un disparo centrado de Mbappé lo paró Gulácsi sin problemas. En la defensa del Villarreal destacó Pau Navarro, que cortó balón tras balón, y por la izquierda, Diomandé lo intentó una y otra vez, pero se topó siempre con la anticipación del rival.

Se llegó al descanso con 0-0, un Madrid sin ideas y un Bernabéu impaciente. Desde el banquillo, Vinicius lo veía todo. Por momentos pareció que el partido iba a darle la razón: que sin él, a la izquierda, faltaba chispa.

Mourinho lo hizo salir en el minuto 51. Y en apenas veinte minutos, el partido respondería, para bien y para mal, a la pregunta de si el técnico había acertado al dejarlo fuera.

En el 62, Valverde recibió por la derecha, se metió hacia dentro y encontró a Diomandé solo en el área. El disparo del joven entró, pero el asistente levantó la bandera por fuera de juego. El VAR revisó la acción y concluyó que estaba en posición legal.

En el 64, el gol subió al marcador. Diomandé, el jugador que Mourinho eligió antes que a Vinicius, marcaba el tanto de la ventaja y acabaría siendo elegido el mejor del partido.

La asistencia fue de Valverde, el mismo que había quedado fuera de la convocatoria de Uruguay por su lesión. Jugó noventa minutos, corrió de área a área y no mostró señales de molestias. El hecho dio pie a bromas de los rivales y a dudas sobre la gravedad real del parte médico, un debate que tendrá su propio recorrido.

En el 78, otra jugada que podía cerrar el partido. Courtois sacó largo, Valverde bajó el balón con clase y filtró un pase a Mbappé, que se plantó solo ante Gulácsi. El portero se lo paró.

Primero un poste, después un mano a mano fallado. Mbappé acabó sin marcar y, en el 93, vio una amarilla por perder tiempo después de varios avisos del colegiado. Sus defensores recordarán que creó ocasiones; sus críticos, que se quedó en blanco.

En medio de todo eso llegó la secuencia que más se recordará. Pero antes, un apunte: en el minuto 68, Mourinho vio la amarilla por protestar con vehemencia tras haber sido avisado.

El técnico se había quejado el día anterior del arbitraje del derbi, alegando que fue un partido de once contra nueve y que el Atlético debía haber terminado con dos jugadores menos. Quienes le critican recuerdan que el expulsado en ese derbi fue un jugador del Madrid, que no pudo jugar por sanción. Quienes le defienden insisten en que el arbitraje de aquel día fue perjudicial.

El Madrid sumó seis tarjetas amarillas en total. Bellingham vio una en el 19 por una entrada dura. Después la vieron Konaté, Rüdiger por protestar y Mbappé por perder tiempo, además de Mourinho en el banquillo.

La de Konaté fue polémica incluso para sus críticos: según el relato, no tocó a Gerard Moreno y ni las crónicas del partido la consideran falta. Pero el resto, se admite, fueron correctas. Y la más importante de todas fue la roja.

Minuto 70. Bellingham arrancó por la banda izquierda, superó a Pau Navarro y llegó hasta la línea de fondo con una cabalgada de las que ponen al Bernabéu en pie. Pase atrás y allí estaba Vinicius, solo ante el arco, para empujarla.

Gol, 2-0. Vinicius lo celebró como si fuera una final: corrió, gritó y besó el escudo. Tras la semana que había vivido, esa fue su respuesta. Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba: Mourinho salió corriendo a abrazarlo ante todo el estadio.

La escena pareció cerrar la guerra de la semana. Pero el árbitro se detuvo, se llevó la mano al oído y fue llamado por el VAR. La revisión no se centró en el gol, sino en lo que había ocurrido antes.

Las imágenes mostraban a Vinicius, sin balón y sin disputa, cruzando el centro del campo y tirando del pelo a un jugador del Villarreal. El colegiado, Díaz de Mera, acudió al monitor y no dudó: gol anulado y roja directa. Del 2-0 al 1-0, de once a diez, del abrazo a la expulsión.

La reacción de Vinicius fue de incredulidad. Se fue negando, con los brazos en alto, y según varias versiones se encaró con el colegiado cuando ya había visto la roja, con compañeros intentando llevárselo.

En el banquillo, Mourinho observaba con el rostro de quien ve esfumarse lo que había construido en una semana. Había sentado a su jugador para enviar un mensaje, lo había hecho entrar para darle una oportunidad, y cuando parecía que todo se arreglaba, un tirón de pelo lo deshizo.

Ese comportamiento posterior puede pesar más que la propia acción. Insultar o ir a por el árbitro después de una expulsión es otra infracción, y si el colegiado lo recoge en el acta, la sanción puede ir más allá de la de una roja simple. Con las imágenes disponibles, resulta difícil pensar que no lo haya hecho.

Las redes se encendieron. Hubo quien escribió que eran los mejores 45 segundos de su vida y quien habló de la secuencia del siglo. Incluso muchos madridistas se llevaron las manos a la cabeza.

El madridismo, de hecho, se partió en dos. Unos defienden a Vinicius y sostienen que fue un roce sin importancia. Otros, hartos, dicen que siempre es lo mismo, que no aprende y que los deja tirados en el peor momento.

El propio reglamento, sin embargo, parece dejar poco margen. El documento de criterios arbitrales, en el apartado de conducta violenta, recoge entre las acciones sancionables el codazo, el cabezazo, el puñetazo, la bofetada, el agarre del cuello, el empujón, la patada, el mordisco y el tirón de pelo.

La lista continúa: a un contrario o a otra persona sin disputar el balón, empleando fuerza excesiva o brutalidad. Y la decisión que marca es la tarjeta roja.

Ese es precisamente el matiz que divide a quienes analizan la jugada. Para unos, un tirón de pelo sin balón es roja sin interpretación posible. Para otros, la cláusula de la fuerza excesiva abre la puerta a discutir la intensidad y la intención del gesto.

El capitán del Villarreal, Foyth, lo vio claro. Tras el partido dijo que la jugada se vio bien y que el reglamento es claro: es roja. Según el relato, lo dijo con calma, sin rencor.

También sugirió que el cuarto árbitro habría dicho algo antes de la expulsión, lo que indicaría que no fue un capricho del VAR, sino algo visto desde varios ángulos. En el VAR estaba Muñiz Ruiz, y ninguno de los dos tuvo dudas.

El partido, mientras tanto, continuaba. El Villarreal aprovechó la superioridad numérica y metió a Gerard Moreno, Mikautadze y Nzar.

En el 76, Carlos Romero lanzó un disparo a la escuadra que Courtois detuvo de forma espectacular. Sin esa parada, el Madrid habría empatado en casa por culpa de la expulsión.

Hubo siete minutos de descuento de sufrimiento y, en el último, un susto más: Nzar se zafó de Cucurella, centró y el balón, tras rebotar en un defensor, acabó en las manos de Courtois. Por centímetros, el Madrid sumó los tres puntos.

Mourinho retiró a Camavinga y a Dumfries para cerrar el partido como pudo, defendiendo una ventaja de un gol en casa ante el Villarreal con diez hombres. El Bernabéu, que había ido a ver si pitaba a Mbappé, terminó sufriendo con cada balón al área.

Al pitido final, según quienes estaban allí, Mourinho fue directo a por Vinicius. Las versiones que circulan, no confirmadas oficialmente, hablan de un reproche con tres ideas: lo dejó en el banquillo para que reaccionara, lo defendió ante la prensa y él lo dejó con diez.

La frase que más se ha extendido por el vestuario, de nuevo según esas versiones, sería una advertencia sobre el Clásico. La imagen es potente: quien minutos antes lo abrazaba ante 80.000 personas, ahora lo encaraba delante de sus compañeros.

La semana, para Vinicius, no podía terminar peor. Un día antes había explotado contra Mourinho por lo del banquillo y por lo que consideraba un trato de favor hacia Mbappé. En un solo partido, el técnico encontró argumentos para decir que tenía razón.

El contraste con Mbappé es llamativo. El francés tuvo un partido flojo, con un poste, un mano a mano fallado y una amarilla, pero nada que le cueste el puesto. Vinicius, en cambio, hizo lo único que no podía hacer: dar a Mourinho la excusa perfecta. Si vuelve a quejarse, al técnico le bastará una palabra: Villarreal.

Quienes conocen la trayectoria de Mourinho recuerdan que tiene memoria larga. En su primera etapa en el Madrid, cuando un jugador le falló, no lo olvidó: Casillas terminó en el banquillo y Ramos, en pie de guerra. En el United, Pogba perdió la capitanía ante todos.

Los defensores del brasileño dirán que un error puntual no define una relación, y que el propio técnico ya le ha dado oportunidades. Pero la pregunta queda en el aire: ¿qué pasará ahora entre los dos? El banquillo ya no es un aviso; puede convertirse en norma.

Vinicius se fue directo al vestuario, sin hablar con nadie ni atender a la prensa. En su entorno decían que se sentía traicionado. Hoy, según los críticos, quienes pueden sentirse así son sus compañeros, que sufrieron con diez hasta el minuto 97.

Courtois, parando todo; Rüdiger y Konaté, achicando agua; Valverde, corriendo por dos. Eso, aseguran, se recuerda en un vestuario, sobre todo en uno que ya estaba frío.

Y queda lo que puede costarle. No es una roja por doble amarilla ni por una entrada tardía: es una roja directa por conducta violenta, que se castiga con más dureza. Según el reglamento, puede suponer hasta tres partidos.

Los próximos encuentros de Liga son el Sevilla y el Clásico. La Champions es aparte: una roja en Liga se cumple en Liga, así que Vinicius podría jugar en Roma y ante el Leipzig. Con dos partidos de sanción, se pierde el Clásico.

El precedente es reciente y lo protagoniza el propio Vinicius. En enero de 2025, en Mestalla, se encaró con el portero del Valencia y le dio una bofetada en la cara. Roja directa y dos partidos de sanción.

Si el comité aplica su propio protocolo, un tirón de pelo ronda entre dos y tres partidos. Con dos, se pierde Sevilla y Clásico; con tres, el Clásico y uno más. Si se tiene en cuenta que es reincidente, y los insultos al colegiado, la sanción podría ser mayor.

La duda es si el comité se atreverá. Algunos críticos sostienen que, cuando el sancionado es del Madrid, las cosas a veces se suavizan, y esperan una semana de alegaciones, vídeos y recursos del club para salvarlo.

El Madrid, por su parte, hará todo lo posible por evitar que pierda el Clásico, para el que ya hay fecha: el 25 de octubre, en el campo del Barcelona. Pero esta vez lo tiene difícil, porque hay imágenes del tirón, imágenes de las protestas y una normativa que deja poco margen.

Para el Barcelona, la ausencia sería un golpe a favor. Vinicius es un jugador que se crece en los Clásicos, que provoca, corre y desequilibra, y que marcó tres goles en la final de la Supercopa de España de enero de 2024 en Arabia.

Si no está, Mbappé tendría por fin la banda izquierda para él, el puesto que se disputan desde su llegada. Alguien tendría que jugar en la izquierda: Diomandé o el propio francés. Y para Flick, dicen sus seguidores, un Madrid sin su plan de siempre, correr hacia Vinicius y Mbappé a la espalda, sería un regalo.

En el debate que se ha abierto, hay quien plantea una cuestión de doble rasero. Si un futbolista del Barcelona, por ejemplo Lamine, tirara del pelo sin balón, viera anulado un gol y fuera expulsado, ¿qué se diría en las tertulias madrileñas durante toda una semana?

Esa línea de crítica sostiene que, cuando lo hace Vinicius, siempre se busca un culpable: el árbitro, el cuarto árbitro, las provocaciones del rival o una campaña en su contra. Los defensores del brasileño responderán que se le trata con una dureza que no se aplica a otros, y que parte de la crítica obedece a la rivalidad.

Lo cierto es que la semana del Madrid ya era movida. Mbappé, criticado por una salida durante la baja por lesión; Valverde, recuperado de una lesión de grado 3 en 18 días; el Atlético bromeando en público; Mourinho calificando de ridículo lo que ve y viendo la amarilla por protestar; y ahora Vinicius expulsado tras celebrar un gol que no valía.

Siete días y una polémica nueva cada día. Los críticos hablan de un vestuario partido; los defensores del club recuerdan que el equipo ganó y que, con diez, supo resistir.

Y ahora, el Clásico, a quince días. Un Madrid que gana sufriendo en casa al Villarreal, que necesita a Courtois para no empatar, con Vinicius posiblemente sancionado, con Mbappé sin gol y apercibido, con Valverde en el punto de mira y con un entrenador que protesta hasta ver la amarilla.

Así llegaría a una cita en la que, en palabras de la fuente original, el rival debería aprovechar la oportunidad. Desde el otro lado se responderá que el Madrid sabe competir en los momentos difíciles y que, con su plantilla, nunca hay que darlo por vencido.

Queda la pregunta del principio: ¿por qué se ha encarado Mourinho con Vinicius? Porque lo avisó con el banquillo, porque lo defendió en público, porque lo abrazó al marcar y porque, 45 segundos después, lo dejó con diez por un tirón de pelo.

Ahora todo depende del comité. Dos o tres partidos, o más si se suman los insultos. Y esta semana, todas las miradas estarán puestas en lo que decida. Mientras tanto, tres preguntas quedan abiertas: si la roja es justa, si debe perderse el Clásico y si Mourinho hizo bien en dejarlo en el banquillo.

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