MOURINHO RINDE HOMENAJE AL AEK TRAS LA REMONTADA EN EL ÚLTIMO MINUTO: “HAN HECHO UN GRAN PARTIDO”

MOURINHO RINDE HOMENAJE AL AEK TRAS LA REMONTADA EN EL ÚLTIMO MINUTO: “HAN HECHO UN GRAN PARTIDO”

El Real Madrid sufrió más de lo previsto para doblegar al AEK de Atenas en la Champions League, pero terminó llevándose la victoria con un gol en el tramo final del encuentro. Tras el pitido, el entrenador blanco, José Mourinho, compareció ante la prensa con ganas de hablar. Y habló de todo: del rival, de la plantilla, de Vinicius, de un penalti polémico, del calendario y hasta de Rafa Nadal.

Lo primero fue reconocer el mérito del adversario. El técnico se declaró “muy satisfecho” con el resultado, pero dejó claro que el equipo griego fue un hueso. Según relató, el AEK jugó mejor que nunca, muy por encima de lo que mostraban los partidos analizados durante la preparación del duelo.

Mourinho elogió su organización, su presión y su manera de compactarse en defensa. Destacó también el juego directo del conjunto ateniense, con una referencia ofensiva en un partido extraordinario y futbolistas con piernas e intensidad para llegar desde atrás. A su juicio, ellos son los responsables de que el Madrid no firmara el partido perfecto.

Aun así, el entrenador subrayó que su equipo nunca se descolgó del choque. En los dos momentos críticos, con el 1-0 y el 2-1 en contra, el Madrid supo reaccionar con personalidad. Después llegó el gol en el último minuto, en un partido roto en el que dos equipos querían ganar y que acabó inclinándose del lado de quien tiene más calidad individual.

El primer turno de preguntas giró en torno a Endrick. Un periodista recordó que el brasileño, cuando sale desde el banquillo con el marcador en contra, suele cambiar el rostro del equipo, como ya ocurrió ante la Roma. Le preguntó si le da rabia que no pueda jugar un poco más.

Mourinho respondió con una idea que ya es marca de la casa. Le da rabia, dijo, por todos los que no juegan, porque todos merecen hacerlo. Y puso una prueba de que no dice tonterías: el rendimiento de quienes habitualmente no son titulares. Citó el caso de Militão, que volvió a salir de inicio tras mucho tiempo y que, tras un arranque costoso por la intensidad del partido, se estabilizó hasta firmar un gran encuentro.

Sobre Endrick fue más gráfico. Para un lateral, explicó, es dramático jugar una hora y enfrentarse luego a un rival de esa calidad fresco, lo que convierte al joven en un arma complicadísima de defender. El técnico, además, aprovechó para presumir de fondo de armario: “muchos entrenadores me deben mirar con sana envidia”, bromeó, porque cuando tiene problemas mira al banquillo y encuentra opciones.

Contó incluso un detalle de cocina interna. Con el 2-1 pensaba hacer tres cambios, pero tras el empate dejó de lado ese plan y ejecutó otros distintos. Dijo tener una plantilla de enorme calidad y destacó que sus jugadores trabajan para el equipo, dejando de lado las situaciones personales y estando disponibles lo mismo para 90 minutos, uno o cero.

En el plano clasificatorio, el entrenador hizo cuentas. El Madrid suma ya 12 puntos y se considera cualificado, pero advirtió que ahora no se trata de especular ni de ahorrar fuerzas en dos partidos, sino de sumar lo que falta: unos siete u ocho puntos, a su entender.

Otra de las cuestiones que más tinta consumió fue Vinicius. Un periodista preguntó si el brasileño había provocado el cambio de banda de Diomandé y si la intención del técnico era mantenerlo muchos minutos en el campo pensando en recuperarlo para el resto de la temporada.

Mourinho lo desmontó con rapidez. “Vinicius no ha provocado nada”, respondió, y explicó que Diomandé llegó al Madrid precisamente para poder jugar por las dos bandas, con características distintas pero con un rendimiento equivalente por derecha o por izquierda. Sobre el partido del extremo fue ecuánime: aceptable, nada extraordinario, igual que el del equipo, que firmó un encuentro serio y difícil sin brillantez.

También admitió que los cambios no solo respondieron al marcador. Con la mirada puesta en el choque del sábado en Valencia, decidió retirar a Diomandé y no a Vinicius, y a Bernardo y no a Camavinga, porque Tchouaméni estará en Valencia. El entrenador reconoció que, a la hora de mover el banquillo, también pensó en el siguiente compromiso.

Otro periodista fue directo al grano sobre la racha de remontadas en los minutos finales. Enumeró los goles tardíos en Cornellà, Elche, Roma, el clásico y ahora el AEK, y le preguntó si el Madrid había recuperado la fe que parecía perdida tras meses sin ganar al final.

El portugués matizó el relato. Prefiere ganar fácil, como en Santander, con un 3-0 al descanso, pero reconoció que ganar sobre la bocina da una sensación fantástica. Señaló que, cuando alguien habla de suerte, ocurre cuando las cosas pasan en contradicción con la dirección del juego, y que en este caso, en los últimos minutos, solo el Madrid podía ganar.

Para lograrlo, el técnico metió a Carreras y jugó con dos atacantes y dos extremos abiertos. Explicó que si el equipo lo hace es porque todos sienten que pueden, con jugadores valientes y suplentes que aportan mucho. Destacó el papel en los últimos diez minutos de Carreras, que ganó un par de saques de esquina, y de Brahim, que se metió hacia dentro y asistió. El cambio, aclaró, fue Vinicius por Brahim, y Cucurella, con amarilla, por Carreras. Todo ello, sentenció, es fruto de tener “mucha suerte” con una plantilla de esa calidad.

La pregunta sobre Bellingham arrancó los mayores elogios de la noche. Un periodista quiso saber si el inglés atraviesa su mejor momento desde la llegada del entrenador. Mourinho lo negó con elegancia: desde que llegó, Jude está bien. Para él es un jugador único y, en el fútbol de hoy, no hay un centrocampista tan completo a todos los niveles.

Incluso en los días en que no firma un partidazo, añadió, Bellingham aporta trabajo, liderazgo, ambición, calidad y llegada. El técnico lo definió como “absolutamente extraordinario” y repitió, una vez más, que tiene mucha suerte de contar con una plantilla de ese nivel.

Hubo también espacio para la polémica arbitral. Un periodista recordó que el Comité de Árbitros había calificado como error el penalti señalado a favor de Mbappé en el partido de Santander, y preguntó a Mourinho si compartía esa opinión.

Su respuesta fue de las que dan para titular. Para él, es una situación sin consecuencias en puntos, porque el Madrid habría ganado igual aun sin ese penalti. Admitió que el árbitro lo pitó convencido de que lo era por la dimensión de la acción, y que él también lo ve como penalti, aunque confesó que, si se lo pitan en contra, no se queda contento. Lo calificó de “penaltito” y contrapuso este caso a otros de la competición en los que decisiones arbitrales sí han tenido un impacto decisivo.

El lado opuesto del debate ya estaba servido en la propia pregunta: el órgano arbitral considera que hubo error, mientras que el entrenador, sin negar la discusión, resta importancia a una jugada que en su opinión no pesa en un partido ya resuelto.

La rueda de prensa dejó también un momento de orgullo madridista. A falta de que los socios compromisarios lo aprueben, se conoció esa misma mañana que Rafa Nadal será nombrado miembro de la junta directiva del club. Mourinho no escondió su entusiasmo: afirmó sentir un orgullo muy grande por tener al tenista con ellos y está convencido de que cada madridista pensará lo mismo.

Añadió un toque de humor. Su única esperanza, bromeó, es que los aficionados de otros clubes que admiran a Nadal no dejen de quererlo por vestir ahora la camiseta del Madrid.

No faltó la pincelada de tono ligero. Preguntado por cómo gestiona a Vinicius, si con mano izquierda o con mano derecha, el técnico se hizo un lío con la metáfora, pidió aclaraciones sobre cuál es la blanda y cuál la dura, y acabó resolviendo la cuestión con números: hasta ahora, algo así como un 80 % con una y un 20 % con la otra.

El calendario fue otro de los asuntos recurrentes. Un periodista le recordó que suele insistir en lo apretado de las fechas y le preguntó si le molesta que el partido en Valencia se juegue el sábado en lugar del domingo, y cómo está el equipo físicamente.

Mourinho fue concreto. Desde el domingo hasta hoy, el equipo cambió a cinco jugadores, y de hoy al sábado volverá a rotar a cuatro o cinco. Explicó que resulta muy duro afrontar un partido con solo dos días de descanso y, para colmo, con viaje de por medio.

La última pregunta le dio pie a cerrar con un gesto de caballerosidad hacia el rival. El ambiente creado por la afición del AEK le pareció extraordinario, muy parecido a los que conoce de Turquía, y apuntó que ese factor explica por qué los equipos griegos rinden menos lejos de casa.

Sobre destacar a un futbolista, admitió que durante un partido no tiene tiempo de fijarse en nadie. Prefirió señalar al entrenador del AEK, que planteó un equipo distinto al habitual, con posiciones diferentes, buenas definiciones, contraataques bien trabajados, sin miedo y con agresividad. Si tuviera que alabar el trabajo de alguien, concluyó, iría en dirección al técnico rival.

Así cerró Mourinho una comparecencia que dejó de todo: elogios al contrario, aplausos a su plantilla, una polémica arbitral relativizada, un fichaje de lujo para la directiva y la mirada ya puesta en Valencia. Para el Real Madrid, la Champions sigue por buen camino. Para el AEK, queda la satisfacción de haber puesto en jaque al campeón hasta el último suspiro.

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