EL REAL MADRID DE MOURINHO SUFRE, REMONTA Y VUELVE A GANAR EN EL FINAL EN ATENAS: 2-3 CON GOLAZO DE VALVERDE Y PLENO EN LA CHAMPIONS

EL REAL MADRID DE MOURINHO SUFRE, REMONTA Y VUELVE A GANAR EN EL FINAL EN ATENAS: 2-3 CON GOLAZO DE VALVERDE Y PLENO EN LA CHAMPIONS

El Real Madrid de José Mourinho volvió a ganar a domicilio en la Champions League, de nuevo con un gol en el tramo final del encuentro. Los blancos se impusieron por 2-3 al AEK de Atenas en Grecia y firmaron un pleno de cuatro victorias en cuatro jornadas, lo que les deja con 12 puntos de 12 y en lo más alto de la tabla. Un equipo que arrancó dormido, despertó con un gol de Bellingham, se vio por debajo en el marcador a falta de un cuarto de hora y acabó ganando con tantos de Mbappé y Valverde.

El partido dejó, como casi siempre, dos lecturas. La de quienes celebran la capacidad de reacción de un equipo que no se rinde, y la de quienes advierten de que la imagen ofrecida durante buena parte de la noche no tranquiliza. Entre ambas posturas se mueve un análisis que merece la pena desgranar con calma, porque ofrece más matices que el simple resultado.

Quien firma esta lectura empieza por lo evidente: el Madrid parece vivir un momento de gracia. Y, sin embargo, reconoce que en algún momento esperaba que se cortase la racha de victorias en el último suspiro. No ha ocurrido. En su opinión, cuando el conjunto blanco gana en los minutos finales, el rival suele estar entregado en lo defensivo y el equipo de Mourinho lo ataca por todos los frentes, con cambios ofensivos, con balón y con criterio.

Los números respaldan esa sensación. En la competición continental, el Madrid suma cuatro triunfos y encabeza la clasificación. En lo que va de temporada, ha ganado todos sus partidos como local y seis de los ocho que ha disputado como visitante, con derrotas únicamente ante el Betis, por 1-0, y ante el Atlético de Madrid, por 2-1. La caída en el derbi, apunta el comentarista, fue la más dolorosa del curso.

Lo llamativo es la estadística de los últimos minutos. Cinco de las victorias a domicilio, ante el Elche, el Espanyol, el Atenas, la Roma y el Barcelona, llegaron con un gol en los cinco minutos finales. La única victoria cómoda lejos del Bernabéu fue el 0-3 en Santander ante el Racing, donde el equipo, según el análisis, brilló especialmente.

Hay un dato más que da contexto a la importancia del triunfo. En las dos únicas ediciones disputadas con este formato de Champions, el Madrid no logró acceder directamente a los octavos de final y se quedó fuera del grupo de los ocho primeros. El objetivo de esta temporada, subraya el analista, debe ser clasificarse entre los ocho mejores para ahorrarse una eliminatoria previa y ganar descanso.

Con ese horizonte, el análisis se atreve a afirmar que el equipo prácticamente selló su pase directo. Con 12 puntos y dos partidos por jugar en casa, cree que sumar seis victorias bastaría para acabar entre los ocho primeros. Es una estimación personal, no una certeza matemática, pero el entorno blanco difícilmente se mostrará en desacuerdo.

El triunfo también responde, a su juicio, a las dudas con las que el equipo llegaba a la temporada. Venía de dos cursos sin un once reconocible, con derrotas en los partidos importantes y sin un buen juego colectivo. Hoy, dice, gana y ataca con más criterio, aunque todavía le falta perfeccionar aspectos futbolísticos.

El comentarista reconoce incluso un cambio de opinión. Antes dudaba de las victorias sufridas ante rivales accesibles, porque se preguntaba qué ocurriría contra un equipo complicado. La respuesta, argumenta, llegó en el Camp Nou, donde el Madrid derrotó por 2-1 a un Barcelona que acumulaba nueve victorias seguidas en Liga. Es decir, el Madrid gana al Atenas como ganó al Barça, y eso, sostiene, hay que reconocérselo.

Mourinho dispuso un 4-2-3-1 con Courtois bajo palos, Cucurella y Dumfries en los laterales, Militão y Rüdiger en el eje de la defensa, y Bernardo Silva y Camavinga como pareja de pivotes. Por delante, Diomandé en la derecha, Vinicius en la izquierda, Bellingham de mediapunta y Mbappé de nueve. El dibujo respondía a una rotación que sorprendió por tres ausencias.

La primera fue la de Valverde, que sí acabó entrando desde el banquillo. Las otras dos fueron las de Tchouaméni y Arda Güler, que ni siquiera figuraron entre los suplentes. El análisis cree que Mourinho quiso resguardarlos pensando en la Liga y, aunque otros medios hablan de molestias físicas, afirma haber averiguado que no se trata de lesiones, sino de una medida preventiva.

Esa decisión, sin embargo, le sirve para lanzar una crítica. Para el comentarista, el error del técnico es cambiar el esquema según los jugadores disponibles, lo que acaba confundiendo al equipo. Cree que el Madrid había encontrado su mejor versión tras la victoria ante el Barça con un 4-2-3-1 y la presencia de Güler, y que sin él el conjunto vuelve a mostrar desequilibrio en el centro del campo.

El AEK, por su parte, formó con un 4-4-2, con Rota y Pilios en los laterales, Koita por la derecha y Maher por la izquierda, Gacinovic y Jovic en punta. Jovic, antiguo jugador madridista, fue una referencia constante. El plan visitante apuntaba, sobre el papel, a un rival accesible, pero el partido resultó muy distinto de lo esperado.

Los primeros treinta minutos, aseguró el analista, fueron de las peores versiones del Madrid de Mourinho en un arranque de encuentro. No quiere ser dramático, advierte, pero cree que no hay que dejarse llevar solo por el resultado final. El equipo blanco fue superado por completo, no pateó a puerta, no generó ocasiones y dependió de Courtois, que fue el único que rindió a buen nivel.

El guion se vio reflejado en el marcador. A los cuatro minutos, tras una buena combinación, Gacinovic controló y definió, pero Courtois sacó una parada monumental. Poco después llegó el gol del AEK: una gran jugada acabó con un pase de Jovic a Koita, que controló, amagó y lanzó un obús al primer palo, inatajable para el belga.

El equipo griego no se conformó. Tuvo otra ocasión clarísima, un centro de Gacinovic que Jovic controló en el área, con un amago de Camavinga, antes de definir cruzado, y de nuevo apareció Courtois. En ese tramo, el Madrid intentaba presionar alto sin recuperar y le costaba muchísimo sacar el balón jugado.

El análisis atribuye parte de la culpa al esquema. Recuerda el partido ante la Roma, en el que el Madrid perdía 3-1 y acabó ganando 4-3, y señala que el segundo gol romanista nació de una pérdida de Vinicius, quien había retrocedido hasta detrás del medio campo. El error, concede, fue individual, pero también de concepto: demasiados atacantes y pocos centrocampistas para recibir y salir jugando.

Cuando el equipo pierde el medio campo, sostiene, le cuesta defender bien y atacar bien. Ante el AEK, el doble pivote formado por Camavinga y Bernardo Silva quedó rodeado de futbolistas ofensivos que retroceden pero que no gestionan el juego. Y en ese contexto Bellingham acaba bajando a cubrir espacios, algo que, según el comentarista, le resta lo mejor que tiene, que es la llegada al área.

Aun así, el partido empezó a cambiar. El Madrid se fue metiendo poco a poco, pasó con más claridad el medio campo y sufrió las transiciones defensivas, pero llegó al área rival. Y llegó el gol que lo cambió todo: tras una buena jugada colectiva, con balón movido de un lado a otro, Cucurella centró desde la izquierda y Bellingham definió de tacón al palo largo. El comentarista no escatima adjetivos: una definición exquisita.

Ese gol, razona, explica mucho de lo que sucedió después. Dio tranquilidad al Madrid y preocupación al AEK, que estaba haciendo un partido casi perfecto. Que el equipo llegara al descanso con 1-1 pese a jugar mal hizo pensar a todos que, si mejoraba, acabaría imponiéndose.

La segunda parte confirmó esa intuición. El Madrid dominó, generó muchas más jugadas claras y mereció más. Un disparo de Militão desde fuera del área, una gran jugada de Mbappé por la derecha que acabó en pase a Cucurella, cuyo remate salvó Rota casi sobre la línea, y dos intentos más del francés fuera del área, uno cerca del palo y otro a las manos del portero, mantuvieron al AEK contra las cuerdas.

Mourinho movió entonces el banquillo. Retiró a Diomandé y a Bernardo Silva y dio entrada a Endrick y a Valverde, con lo que el equipo ganó profundidad. Cuando todo apuntaba a que el 1-2 caería de un momento a otro, llegó un golpe inesperado: en el minuto 74, Koita se marchó por la izquierda, asistió a Pilios y este definió de primeras, por debajo de las piernas de Courtois.

Con 16 minutos por jugar, el 2-1 parecía una sentencia. Pero el análisis se detiene en la identidad del equipo. El Madrid, apunta, puede jugar bien, regular o mal, pero es el escudo y el equipo más grande del mundo, y por eso termina remontando.

El empate llegó tres minutos después. Una buena pared entre Dumfries y Bellingham por la banda derecha terminó con el lateral neerlandés asistiendo a Mbappé, que empujó el balón a la red. Fue el 2-2 y el cuarto gol del francés en la Champions, según el cómputo del propio comentarista.

El tanto de la victoria tardó otros doce minutos. Entre un gol y otro, el Madrid tuvo ocasiones para marcar antes: un córner por la derecha que acabó en un remate de Dumfries que el portero detuvo, un contraataque de Endrick que asistió a Mbappé, cuyo disparo tocó el portero y pegó en el travesaño. Mourinho, además, retiró a Bellingham para meter a Pitarch y a Vinicius y Cucurella para dar entrada a Carreras y a Brahim.

Y llegó el golazo. Valverde, tras recibir de Brahim, soltó un disparo desde fuera del área al ángulo, imposible para el portero, que hasta entonces había sido una de las figuras del encuentro. El analista no escatima en elogios: pide aplaudir y quitarse el sombrero, y afirma que el uruguayo debe ser titular indiscutible. Entiende que hoy no jugó de inicio para gestionar cargas, pero cree que, futbolísticamente, nunca debería faltar.

Llegó entonces el repaso individual. Courtois, sostiene, no tuvo responsabilidad en el primer gol, un obús al primer palo, y el segundo le pasó entre las piernas. Pero antes sostuvo al equipo con paradas extraordinarias, sobre todo a los cuatro y a los diecisiete minutos, en el peor momento blanco. Para el comentarista, la defensa colaboró poco en los goles.

Dumfries fue aprobado por su faceta ofensiva: dio la asistencia a Mbappé, atacó con criterio y estuvo cerca de marcar. De hecho, el análisis aprovecha para destacar que Dumfries es lateral de naturaleza, mientras que Valverde, que ha cumplido esa función con nota, brilló más de mediocampista. Militão y Rüdiger, en cambio, no convencieron, y el comentarista cree que Mourinho todavía busca su pareja de centrales titular. Considera que Militão pudo hacer más en el segundo gol y que Rüdiger, sin cometer demasiados errores, sufrió ante el juego griego.

El caso de Cucurella divide opiniones. El comentarista admite que unos dirán que jugó bien y otros mal. Ofensivamente aportó, con la asistencia del primer gol y una ocasión clara que Kairinen sacó casi sobre la línea. Pero en defensa, afirma, perdió el duelo con Koita, el número 11 rival, que le hizo un caño, le ganó varios duelos individuales y le vio ver una amarilla tardía. Jugó 81 minutos y salió por Carreras.

En el centro del campo, Bernardo Silva y Camavinga cumplieron con matices. Bernardo, que jugó 67 minutos, tuvo una buena asociación con Vinicius y Cucurella, pero el esquema no le dejó ser el jugador de posesión y equilibrio que es, y su partido pasó discreto. Camavinga, en cambio, gustó más: conectó con los atacantes y se le ve con más confianza tras su excelente entrada en el clásico.

Diomandé, que jugó 67 minutos, quedó opacado en la primera parte, aunque tuvo algún desborde y un disparo. El comentarista dice que le gusta mucho esta versión del extremo, porque aporta en defensa y en ataque y es muy colectivo, pero sostiene que Mourinho tendrá que decidirse entre él y Vinicius, porque juntos, defiende, hacen un equipo más ofensivo pero más partido, con mediocampistas más solos.

Bellingham, que disputó 85 minutos, recibió una valoración positiva. Le costó entrar en el partido, pero acabó marcando el gol del tacón y dio la preasistencia en el segundo. Para el analista, el Madrid gana en parte por él.

El otro lado de la moneda fue Vinicius, que jugó 81 minutos. Tuvo un disparo en el primer tiempo a las manos del portero, otro desviado, y en la segunda mitad hizo su jugada característica, dejó pasar el balón, tiró un caño y dio un buen pase a Mbappé que este no controló del todo bien. También tuvo pérdidas, y el comentarista sostiene que no atraviesa un buen momento y que no completó un buen partido.

Mbappé, en cambio, aprobó. Marcó el 2-2, estrelló un tiro en el larguero en el minuto 85 y estuvo cerca del doblete, además de ser una amenaza constante. Pese a una ocasión en la que remató por encima del larguero tras recibir un pase, el análisis lo considera positivo.

Entre los suplentes, Valverde fue el gran protagonista, como no podía ser de otro modo. Endrick, que perdió la marca de Pilios en el segundo gol del AEK, aunque, como recuerda el comentarista, tampoco es defensor, compensó con un pase a Mbappé, un disparo al larguero y apariciones positivas en ataque. Carreras, Pitarch y Brahim jugaron poco, aunque el portugués, Brahim, dio la asistencia del tercer gol.

Entre la admiración y la cautela, el balance es claro. El Madrid ha dado un golpe en la mesa en el Camp Nou y lo ha ratificado con una victoria sufrida, de las que valen tres puntos y moral. Los críticos seguirán señalando que el equipo se parte y que Mourinho debe decidir su dibujo. Los defensores replicarán que, mientras tanto, el equipo gana, brilla en algunos tramos y responde a las órdenes de su entrenador. Con el top 8 casi asegurado, la pregunta que queda es si esta fórmula de remontadas se sostendrá cuando el rival no se entregue al final.

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