BOMBAZO: FLICK ESTALLA CONTRA EL ÁRBITRO Y 3 JUGADORES TRAS EL DOBLETE DE MBAPPÉ EN EL CLÁSICO
En público, Hansi Flick fue el de siempre: medido, frío y sin un solo titular. Pero según el relato que circula tras el clásico, en el túnel del Camp Nou y después en el vestuario el alemán habría perdido los papeles como nunca desde su llegada al Barcelona. La versión habla de dos frentes: el arbitraje y tres de sus propios futbolistas, señalados por su nombre.
Conviene subrayar que todo lo que sigue sobre lo ocurrido a puerta cerrada procede de fuentes sin identificar y no ha sido confirmado por el club ni por el técnico. Lo que Flick dijo ante los micrófonos fue otra cosa: decepción, falta de frescura y la necesidad de reaccionar, sin señalar a nadie. Las dos lecturas conviven, y es el lector quien debe pesar cuánto crédito da a cada una.
El contexto lo hacía todo más doloroso. El Barça recibía al Madrid sin Vinicius, sancionado, y sin Courtois, baja esa misma mañana, con los blancos a seis puntos del líder. Era la ocasión de dejarlos a nueve en octubre, y el equipo, según los culs más críticos, no logró jugar a lo suyo ni cinco minutos seguidos.
Ahora la Liga se aprieta. El Barça sigue líder con 27 puntos, pero el Atlético está a dos y el Madrid a tres, de modo que un colchón que parecía cómodo se ha esfumado en una sola noche. El propio vestuario, dicen, lo sabe.
El Madrid salió a presionar alto y junto. Bellingham, Bernardo Silva y Tchouaméni cerraron líneas de pase y Rodri apenas pudo tocar el balón, de modo que tuvo que bajar a buscarlo y estorbó a Pedri. Pese a ello, las primeras ocasiones fueron azulgranas, con dos avisos de Raphinha y una gran parada de Lunin a un disparo de Gordon.
El 0-1 llegó en el minuto 41 y fue extraño. Un centro bajo del Madrid por la izquierda, un defensa azulgrana que despeja hacia su propia banda, un balón que bota y Mbappé, que empuja casi sin querer. Según las fuentes, ese defensa tiene nombre, Gerard Martín, y Flick se lo habría dicho en el vestuario.
Aún hubo más. Poco después, un balón con ventaja dentro del área pequeña acabó un metro fuera, y el relato asegura que el técnico también tuvo mucho que decir sobre eso. En el descanso, el Madrid se fue por delante pese a haber hecho poco.
La reacción lleguó en la segunda parte. En el minuto 61, tras un córner y una jugada de segunda fase, Pedri inventó un pase interior que nadie vio y Raphinha cruzó el balón entre las piernas de Bellingham para el 1-1. Fue su gol número 13 en nueve jornadas, un registro que en lo que va de siglo solo ha superado Cristiano Ronaldo en sus primeros nueve partidos.
Flick lo celebró con una alegría poco habitual, porque en ese momento el Barça mandaba. Entró De Jong por Fermín y cambió el partido, y Lunin firmó una parada imposible a un cabezazo a bocajarro. Cuando parecía llegar el 2-1, el Madrid salió al contragolpe.
Hubo una pérdida de Gabriel Jesús, recién salido, una ruleta de Bellingham, un autopase de Camavinga, también suplente, y un pase atrás para Mbappé, que marcó el 1-2 en el minuto 87. Era su segundo gol de la noche y el número 100 con la camiseta blanca. Y llegaba la víspera de la gala del Balón de Oro.
Los números alimentan el enfado: más del 60 % de posesión para el Barça, más disparos y más ocasiones claras, y aun así derrota. Con una premisa que repiten los críticos: tener el balón no sirve de nada si no hace daño. Lunin, que no había jugado ni un minuto esta temporada, terminó con cinco paradas y fue, para muchos, el mejor del Madrid.
El primero de los frentes fue el arbitral. Según las fuentes del vestuario, Flick habría dicho en el túnel que tras una semana entera de quejas, el Madrid “consiguió lo que quería” y repasó las jugadas una a una. Su cierre, según se cuenta, fue que “el lloriqueo del Madrid ha funcionado”.
La primera jugada citada son las cinco faltas de Cucurella en la primera parte sin ninguna tarjeta del árbitro, Martínez Munuera. La segunda, una entrada baja de Tchouaméni en el minuto 28 sobre el tobillo de Xavi Espart, que tuvo que retirarse lesionado, sin falta ni cartulina. La tercera, una pisada del mismo Tchouaméni a Cubarsí al inicio del segundo tiempo.

La cuarta es, para Flick, la más grave, y se refiere a una acción de Camavinga sobre Rodri en el minuto 91, que el técnico habría calificado de la roja más clara que ha visto. La quinta, una entrada de Gündogan en el minuto 83, en la que según los culs toca el balón limpio y el árbitro le muestra amarilla mientras el Madrid reclamaba la roja.
El otro bando ve las cosas de forma distinta. José Mourinho elogió al árbitro, del que dijo que tuvo un buen partido, y reservó sus críticas para un VAR “dormido” en el minuto 60, por una acción de Cancelo sobre Diomandé que considera roja clara. Cubarsí, por su parte, dijo no haberla visto ni repetida.
En el sector azulgrana citan al canal Archivo VAR, que según el relato concluye que la acción de Cancelo es amarilla y no roja, y que el error de Munuera fue no sacar esa tarjeta. Desde el entorno madridista, comentaristas como Guti pidieron VAR en esa jugada. Cada parte, en suma, ve el partido con sus propias gafas.
El segundo frente del enfado, siempre según las fuentes, fueron los tres futbolistas. El primero, Gerard Martín, por el despeje del 0-1. Flick no se habría mordido la lengua y lo habría calificado de “vergüenza” ante sus compañeros.
La ironia es que, días antes, en rueda de prensa, el técnico elogió a sus centrales: Cubarsí y Gerard, dijo, están creciendo juntos. Veinticuatro horas después, el segundo regaló el primer gol a Mbappé. En la segunda parte, no obstante, Gerard frenó un dos contra uno de Mbappé y Bellingham, y Lunin le negó un gol de cabeza que habría cambiado su noche.
Según la versión, varios compañeros salieron a defenderlo en el vestuario, pero Flick habría sido firme: hacia fuera nadie señala a nadie, pero dentro se dicen las cosas a la cara. Un exdefensa culé, en un programa de televisión, apuntó al problema de fondo: ventana tras ventana, el club no ficha a un central zurdo de verdad.
El segundo nombre es João Cancelo. Según estas fuentes, el mensaje fue claro: hay partidos que no está preparado para jugar, y los clásicos y las noches de presión son uno de ellos. Con la lesión de Espart, que hasta entonces frenaba a Diomandé sin apuros, Cancelo tuvo que pasar de banda y sufrió ante un joven de 19 años y 345 días.
El dato que se cita es que casi la mitad de los ataques del Madrid, el 46,7 %, se produjeron por ese lado. Cancelo, además, terminó con la entrada sobre Diomandé que ha encendido la polémica, y ya sufrió en París ante el PSG. De ahí la pregunta: si el Barça quiere ir a por la Champions, ¿puede hacerlo con un lateral que no responde en las grandes citas?
El propio Cancelo ofreció otra lectura en la zona mixta, donde defendió que el Barça fue superior y que el Madrid tuvo pocas ocasiones, aunque admitió que hay que corregir errores. Antes del partido, recordó a Mourinho, al que admira, con respeto, pero con la obligación de defender el escudo.
Y el tercer nombre es el que, según el relato, nadie esperaba: Lamine Yamal. Flick habría sido directo y habría dicho que el Balón de Oro se gana en el campo y no en Londres, en referencia a la gala del día siguiente. El texto sostiene que la cabeza del joven extremo estaba en otra parte.
Sus argumentos son conocidos: la ocasión fallada en el minuto 43, un dos contra uno sin tirar a puerta y un duelo perdido ante Cucurella, al que en verano dijo que se iba a “comer vivo”. Sus defensores recuerdan que Cucurella cometió falta tras falta y que el árbitro lo permitió, aunque admiten que una estrella debe aparecer con o sin faltas.
Se recuerda, además, que Lamine llegaba lanzado, con 19 participaciones en gol en nueve jornadas, y que Fermín había dicho el viernes que merece el Balón de Oro. Según la versión, Flick le habría soltado: “Mañana te darán premios. Hoy no nos diste nada”. Enfrente, Mbappé llegaba a la misma gala con dos goles en el Camp Nou.
Pedri, sin embargo, ya había hecho la autocrítica en público, cuando dijo que en la primera parte “no hemos sido nosotros” y que hubo pérdidas tontas. A esa lectura se suman las del relato: falta de intensidad, un Madrid una marcha por delante y una presión azulgrana mediocre.
Hubo más chispas fuera de cámara. Rodri y Bernardo Silva, excompañeros en el City, se buscaron durante toda la noche, y antes del partido hubo abrazo entre Flick y Mourinho. En el palco no apareció Florentino Pérez, y el máximo representante blanco fue Pirri, presidente de honor.
El once de Flick, con una media de edad cercana a los 25 años, fue el más joven del Barça en un clásico liguero en casa desde 2006. El Madrid, por su parte, se replegó, corrió más y esperó su momento. Para sus detractores, fue un bloque bajo afortunado; para sus defensores, un plan bien ejecutado.
Lo que viene es una semana complicada. Con Espart lesionado, con Koundé y Olmo fuera y con la defensa en el aire, Flick tiene que reconstruir el equipo en pocos días, y con un vestuario que, si el relato es cierto, tiene mucho que decirse a la cara. El Barça sigue líder y la Liga es larga, pero de momento el enfado es el titular de la jornada, mientras Mbappé y Lamine volverán a verse las caras en Londres.
Y ahora, la pregunta para el lector: ¿atraco arbitral, derrota merecida o las dos cosas a la vez? ¿Quién pesa más en la derrota, Gerard Martín, Cancelo o Lamine? Cuéntanoslo en los comentarios.