Mourinho lanza su aviso a Vinícius: «Solo el escudo es intocable», dispara contra el VAR y deja claro que no ve a Mbappé de extremo antes del Madrid-Leipzig
Hay ruedas de prensa en las que un entrenador habla de táctica, y otras en las que cada frase parece escrita para que alguien, en alguna parte, la lea entre líneas.
La de José Mourinho, la víspera del Madrid-Leipzig, fue de las segundas.
Habló del árbitro, de Vinícius, de la posición de Valverde, de Güler, de Bernardo, de Mbappé y de cuánto le falta todavía a su equipo, y casi todas las respuestas dejaron titulares.
Y mientras tanto, a miles de kilómetros de la sala de prensa del Bernabéu, una información de la prensa inglesa amenazaba con sacudir los cimientos de la Premier League.
Empecemos por el partido que viene, porque el contexto importa.
El Madrid se enfrenta al Leipzig en la tercera jornada de la fase de liga de la Champions, y el análisis del calendario deja una conclusión sencilla.
Si ganas los tres primeros partidos, estás prácticamente entre los ocho primeros, porque lo más complicado que queda es el Arsenal y el resto de partidos son bastante asequibles, aunque haya que jugarlos y ganarlos.
Mourinho, preguntado por cómo afronta el encuentro, respondió que el Leipzig es un gran equipo.
El equipo ha ganado tres partidos en poco tiempo y el último lo hizo jugando muy bien, dijo, con un partido muy completo, y ahora hay que seguir en esa línea.
Es la respuesta de manual, la de siempre.
El autor del análisis no esconde la sonrisa: es como cuando se entra en el modo carrera de un videojuego y la respuesta es que el rival siempre es un buen equipo, aunque sea el último de la clasificación.
El Leipzig, recuerda, acaba de perder 6-1 contra el Bayern, lo que no lo convierte en un mal equipo, ni mucho menos, porque el Bayern golea a muchos rivales en la Bundesliga.
Pero la pregunta que dio más juego llegó después.
Le preguntaron si va a decirles a sus jugadores que pueden hablar con el árbitro para pedir revisiones, a raíz de la polémica con Pedri y el balón en la mano.
Una polémica que llamó mucho la atención, porque el VAR suele intervenir cuando ve algo por sí mismo, no cuando los futbolistas piden algo.
Mourinho respondió con un elogio al árbitro del día siguiente.
Dijo que tendrían un colegiado de máxima calidad, de los que no se complican, y que se alegraba mucho de contar con él para un partido importante, uno que no necesita al VAR para llevar un encuentro.
El análisis cuestiona el titular que eligió AS, que centró la noticia en ese elogio.
Y es que Mourinho matizó enseguida con una frase de fondo.
Todo el mundo necesita el VAR, dijo, aunque sea el mejor árbitro, porque el VAR es una herramienta para ayudar.
El problema, explicó, es que las normas escritas para su uso son una basura.
El VAR, defiende, nunca debería ser algo malo.
Al contrario, está para ayudar al árbitro, pero si las reglas dicen que, si hay contacto en el área y el árbitro pita penalti, no se puede revisar, algo no funciona.
¿Cómo que no se puede revisar, se preguntó, aunque el contacto sea mínimo?

Y entonces lanzó una propuesta concreta.
Como en la Primera RFEF, donde, a su juicio, están años por delante, cada entrenador debería tener dos opciones para pedir una revisión con el VAR.
Si pide y tiene razón, la conserva, y si pide y se equivoca, la pierde.
Lo que no entiende es que sea el árbitro de la sala el que decida intervenir cuando le dé la gana.
Para Mourinho, el que debe intervenir es el jugador, o el entrenador a petición de sus jugadores.
Es una propuesta que enlaza directamente con el debate que ha encendido el Betis-Barça y que probablemente seguirá dando que hablar.
La siguiente pregunta tenía que ver con las expectativas europeas.
Le preguntaron si el Madrid es uno de los favoritos para ganar la Champions, y Mourinho respondió con frialdad: es muy pronto.
El objetivo, dijo, es clasificarse, y el siguiente será evitar el repechaje.
Tiene la sensación de que harán falta muchos puntos, primero para alcanzar los 11 o 12 que clasifican, y luego para entrar entre los ocho primeros.
El análisis lo interpreta como un intento de diferenciarse de Simeone y su famoso partido a partido, aunque se haya entendido como paso a paso.
Y concluye que decir que se es favorito habría sido un poco absurdo, así que Mourinho lo hizo bien.
Hubo, además, un momento de elogio hacia su plantilla.
Le preguntaron si le ha sorprendido el profesionalismo de alguno de sus jugadores, y respondió que le gusta que se diga que las horas que uno pasa en el club no significan que esté trabajando, pero que, en un sentido positivo, sí hay una cultura de recuperación y de cuidado de cada detalle.
Citó a Diomandé, que siempre viene por la tarde con el fisioterapeuta, y subrayó que lo importante es que existe una dinámica global de trabajo.
Pero el momento más comentado fue otro.
Con una pregunta sobre si el puesto de Vinícius está en peligro, Mourinho soltó una de esas frases que se quedan.
Solo el escudo es intocable.
No le gusta, dijo, el concepto de jugador intocable: lo que convierte a un jugador en intocable es su rendimiento en el campo.
El analista aplaude la respuesta, pero añade el matiz que da sentido a toda la conversación: todos conocemos la teoría, pero luego hay que ponerla en práctica.
Y lo dice porque Mourinho confirmó que Vinícius iba a ser titular contra el Leipzig.
Es comprensible, razona, por la rotación de cara al Clásico: como Vinícius no podrá jugar después, debe jugar ahora para no perder el ritmo competitivo.
El técnico lo explicó con claridad.
Sabe perfectamente que no quiere a Vinícius en el campo en la Liga cuando Diomandé está mejor.
Si Vinícius está mejor, sí, pero si no, no.
Aun así, el martes lo quiere en el campo, porque no se puede permitir que un jugador como él pierda el ritmo competitivo.
Para Mourinho, el ritmo competitivo es súper importante, y lo ha explicado muchas veces con los lesionados.
Primero hay que recuperarse de la lesión y luego del ritmo.
Raphinha, puso como ejemplo, estuvo lesionado dos partidos y no perdió el ritmo, porque dos partidos no bastan para perderlo.
Pero si pasas cuatro partidos de Liga como Vinícius, y encima no juegas en la Champions, cuatro semanas sin jugar, entonces sí pierdes el ritmo, y luego cuesta recuperarlo.
El analista, con ironía, cierra la idea: si encima Vinícius no está muy fino, y no le haces jugar, pierde hasta lo bueno que le queda.
La respuesta le parece muy buena, pero propone esperar a ver si se cumple cuando la sanción termine.
Después llegó la pregunta incómoda de siempre: si el equipo está donde él quería.
Mourinho fue honesto.
Dijo que queda un largo camino, que llevan tres o cuatro meses y que es imposible estar donde uno quiere.
Hay que mejorar siempre, afirmó, ya sea de forma individual o colectiva.
Y añadió que entiende que las exigencias del club están en su punto más alto, algo que conoce perfectamente porque estuvo tres años en el Madrid.
El analista se muestra menos optimista.
Cree que se empiezan a ver pequeñas cosas en la intensidad de algunos partidos, pero no en el juego, y que Mourinho necesita mucho más tiempo para transformar el equipo.
Lo que falta, dice, son decisiones complicadas, que hasta ahora no se estaban tomando.
La del otro día, con Valverde de lateral, Güler en el medio y Diomandé por Vinícius, fue la primera, aunque, reconoce, no tenía otra opción.
Le preguntaron dónde rinden mejor Güler y Valverde.
La respuesta del técnico fue diplomática: sobre el campo son jugadores diferentes, pero ambos tienen capacidad de adaptarse a distintas posiciones.
Cada partido y cada equipo son distintos, añadió, y él intenta hacer el mejor equipo posible en cada momento, con aciertos y errores.
Aquí el analista aporta algo que dice haber visto en la rueda de prensa y que, según él, la transcripción no recogía.
Mourinho habría dicho que, si contra la Roma hubieran empezado Güler y Bernardo juntos, les habrían metido cinco goles.
El analista lo interpreta como una lección sobre equilibrio.
Güler y Bernardo Silva son muy buenos, pero el equipo todavía no está construido para eso, porque nadie defende entre los dos.
El Madrid, afirma, es un equipo con falta de equilibrio, que tiene poco el balón y lo pierde con frecuencia.
Si arrancas con los dos, te meten cinco, sea la Roma, el Sevilla, el Leipzig o cualquiera.
Otra cosa, añade, sería en el Barça, que sí está construido para eso, aunque ninguno de los dos sea realmente un organizador, sino creadores reconvertidos.
Otra respuesta con jugo fue sobre Mbappé y Endrick.
Le preguntaron si pueden jugar juntos, y Mourinho dijo que es difícil que jueguen los dos en un 4-4-2.
Es posible, concedió, pero con los extremos que tienen sería un 4-2-4, y con un esquema así no cree que puedan ganar.
Otra cosa son los momentos del partido, como pasó en Roma, cuando un equipo está cansado, no presiona los pases y está más centrado en destruir que en construir.
En esos momentos sí se puede apostar por esquemas así.
El analista la lee con cierta preocupación.
Le parece que Mourinho está diciendo, entre líneas, que Mbappé nunca irá a la banda.
En la banda están Vinícius, Diomandé, Brahim y, si se le fuerza, Rodrygo cuando vuelva.
Mourinho, razona, vería antes a Endrick de extremo derecho que a Mbappé de extremo izquierdo, porque si no habría dicho que, cuando se quiera jugar con Mbappé con libertad, puede jugar perfectamente ahí.
Y el problema del 4-2-4, advierte, es que Mbappé no defiende y la banda izquierda queda completamente abierta.
Habría que obligar a Bellingham a quedarse por ese lado para cubrir sus desmarques.
Mourinho, concluye, lo ha descartado por completo.
Hubo un último apunte arbitral.
Le preguntaron si los árbitros españoles son los mejores del mundo, porque así lo dijo Fran Soto, presidente del CTA.
Mourinho respondió con una frase de manual: para él, sus jugadores son los mejores del mundo.
El analista lo traduce con humor: Fran Soto defiende a sus árbitros, Mourinho defiende a sus futbolistas, y no se mojó más.
Le preguntaron también por lo más fácil y lo más difícil de su llegada.
Dijo que no puede hablar de sorpresas ni de si esperaba algo mejor o peor: esperaba lo que ha encontrado.
No vino pensando que estaría 100 días o tres años, aseguró, y trata de dar lo mejor cada día.
Y la última pregunta fue de un periodista alemán, que quiso saber qué papel tendría Diomandé ante su equipo.
El analista aprovechó para añadir un dato que había olvidado mencionar: Vinícius jugaría de extremo izquierdo, y Diomandé, si juega, lo haría por la derecha; si no, al banquillo.
Y vuelve a la idea del principio: la respuesta de Mourinho sobre los intocables le parece muy buena, pero toca ponerla en práctica.
Hasta aquí, lo que dio de sí la sala de prensa.
Pero el vídeo del analista incluía otra noticia de gran calado fuera del Bernabéu, y merece un tratamiento especial, porque se trata de una información todavía sin confirmar.
La prensa inglesa ha empezado a filtrar detalles sobre la posible sanción al Manchester City.
El Daily Star publicó que el club se encaminaría a pasar dos años en el Championship, y el Daily Mail, citando fuentes cercanas al proceso, apunta a que la sanción más probable incluiría una gran deducción de puntos y una multa muy elevada.
El analista pone en contexto el medio: no es The Athletic, no es el más sensacionalista, está en un punto intermedio.
Según esa información, la deducción sería lo bastante grande como para garantizar el descenso al Championship, la segunda división inglesa, con una multa muy pesada.
La expulsión de la Premier y el envío a la League Two parece un escenario poco probable.
Y la sanción podría incluir una segunda deducción de puntos para mantener al club en el Championship durante al menos una temporada más.
La idea, según el Daily Mail, es un castigo severo seguido de un camino para que el City se reconstruya.
El analista lo critica con sentido común: no le convence que se baje a un equipo a segunda para decirle que compita pero que no pueda ascender, porque eso, a su juicio, adultera la competición.
Si se quiere que esté otra temporada en el Championship, razona, que se le baje a la tercera y luego se le deje subir.
Lo que parece descartado es que el club acabe fuera del fútbol profesional.
Y el caos sería sin precedentes si la sanción se aplicara en mitad de la temporada, porque habría que anular todos los resultados del City y nadie sabría dónde jugará el equipo hasta junio.
Según la prensa británica, la Premier League presiona para que la sanción se conozca antes de que haya veredicto sobre la apelación.
Eso cambiaría los tiempos del caso: el City competiría con una sanción sobre la cabeza y la apelación se resolvería con la temporada ya muy avanzada.
Los datos que se manejan son estos: a finales de septiembre, la Comisión Independiente declaró al City culpable de 114 de los 115 cargos presentados por la Premier League por incumplir las normas financieras durante nueve temporadas, la mayoría relacionados con la falta de cooperación en la investigación.
La sanción sigue sin decidirse.
El club apeló tras el veredicto, dijo que agotaría todas las vías disponibles y sostuvo que el fallo contiene errores de derecho y de hecho.
Todo depende ahora de dos relojes: el de la sanción, que la Premier quiere acelerar, y el de la apelación, que no se resolvería antes de enero.
Hasta que uno de ellos se cierre, el City seguirá compitiendo sin saber en qué liga estará la próxima temporada.
El analista menciona la clasificación actual de la Premier, con el City primero con 21 puntos, el Arsenal segundo con 18, el Brighton tercero con 16 y el Chelsea con 13.
Y da su opinión: cuanto antes se sepa, mejor para todos, para el propio City y para el resto de la Premier, que necesita saber contra quién compite.
Eso sí, deja claro que esperará a ver qué dice The Athletic, el medio más fiable, antes de dar nada por cierto.
Es el tono con el que conviene leer toda esta información: como una filtración de prensa a la que le falta confirmación oficial.
Y es así como termina un día con dos mensajes muy distintos.
Uno, desde el Bernabéu, el de un técnico que se niega a declarar a nadie intocable y que sabe que, mientras habla, un jugador, Vinícius, tiene el reloj en contra.
Otro, desde Inglaterra, el de una liga que espera un veredicto que puede cambiarlo todo.
Mañana, el Madrid se enfrentará al Leipzig con el Clásico en la cabeza y con una frase de Mourinho flotando en el aire: solo el escudo es intocable.