EDER SARABIA SE PRESENTA COMO ENTRENADOR DEL ESPANYOL: “VAMOS A DEFENDER ESTE ESCUDO A MUERTE” Y UNA PROMESA CLARA, TRABAJO Y NINGUNA GARANTÍA DE RESULTADOS

EDER SARABIA SE PRESENTA COMO ENTRENADOR DEL ESPANYOL: “VAMOS A DEFENDER ESTE ESCUDO A MUERTE” Y UNA PROMESA CLARA, TRABAJO Y NINGUNA GARANTÍA DE RESULTADOS

La rueda de prensa de presentación de Eder Sarabia como nuevo entrenador del RCD Espanyol arrancó con un tono grave y terminó con una declaración de intenciones. Antes de que sonara la primera pregunta, el club quiso dedicar unas palabras a Jesús de Miguel, jugador del Tenerife, tras la desgraciada noticia conocida el día anterior. Después, el técnico vasco desgranó durante más de una hora su filosofía, su pasado, su equipo de trabajo y sus planes inmediatos.

El director general, Monchi, abrió el turno pidiendo disculpas por el retraso. El entrenamiento se había alargado más de lo normal, y eso, apuntó, no es mala señal. A continuación trasladó las condolencias del club a la familia de Jesús de Miguel, al Tenerife y a todo el fútbol. Sarabia se sumó con un mensaje de fuerza y ánimo para la familia tinerfeñista y para el propio Jesús, y expresó el deseo de que, cuando se juegue, todo el fútbol español le rinda el homenaje que merece.

Pasado ese preámbulo, el entrenador agradeció la oportunidad y recordó cómo se gestó su llegada. Habló de “muchísima ilusión” y de un acuerdo que, según dijo, fue muy fácil y muy rápido. Monchi tenía claro que él era la persona adecuada para llevar al equipo hacia donde lo imagina, y él también entendió que aquel era su sitio.

Sarabia explicó que el Espanyol siempre le ha gustado como rival. Recordó una visita con el Betis y otra con el Elche, y reconoció que acudir a este estadio suponía siempre una tarde incómoda, de sufrimiento, porque aquí se aprieta. Evocó también recuerdos de infancia, de los tiempos de Sarrià y de futbolistas históricos, y definió el actual estadio como un campo precioso con un gran ambiente.

A los futbolistas les ha puesto como ejemplo el día del 125 aniversario, el 25 de octubre, cuando su equipo perdió en Cornellà y el Espanyol acabó la jornada en quinta posición. Aquel día, relató, hubo una comunión espectacular con la afición, y ese es el equipo que quiere recuperar, con sus matices pero con la misma energía, ilusión y conexión.

La primera cuestión práctica fue la del banquillo. Sarabia sigue sancionado, de modo que serán sus ayudantes, John López y Aitor, quienes se sienten en el área técnica. Aprovechó para agradecer públicamente a Sergio el trabajo realizado en la victoria de Villarreal, donde supo cambiar la energía del grupo. Para el técnico, aquel triunfo fue importante en lo clasificatorio y, sobre todo, en lo mental.

Sobre el tiempo, uno de los asuntos más repetidos de la tarde, fue directo. No es lo mismo llegar a principio de temporada que a mitad de camino, así que hay que ser inteligentes. Recordó su llegada a Las Palmas con Quique Setién y cómo tardaron un mes en ver al equipo fluir como querían. Su primera tarea será, de nuevo, dar solidez y rescatar lo bueno que ya existía.

En ese rescate ocupó un lugar especial su antecesor. Sarabia aseguró que en ese vestuario siempre se hablará bien de Manolo González, al que describió como una persona espectacular y muy querida en el gremio. Destacó su ascenso, las permanencias y los buenos momentos de fútbol, y aclaró que no quiere borrar nada. Su idea es mantener lo mejor y ponerle después su toque.

Preguntado por si el Espanyol encaja en su modelo, el entrenador sonrió. Dijo que le gustan esas preguntas, porque durante los primeros días se escuchaba que la plantilla no era para él, y después de lo ocurrido en Villarreal ya se oye lo contrario. A su juicio, el equipo presionó bien, estuvo cómodo con balón y apenas concedió ocasiones, con un gol, otro anulado y alguna situación clara. Subrayó que hay mucho talento y que irán descubriendo dónde rinde cada futbolista, hasta el punto de haberles pedido que dibujen en qué posiciones se sienten más cómodos.

La charla, sin embargo, tuvo su momento más sensible cuando se le preguntó por su pasado. Sarabia no esquivó la cuestión. Reconoció que a veces la opinión de una minoría parece la de todos, y que sus seres queridos pueden llevarlo peor. Después aludió a unas declaraciones realizadas en su etapa en el Andorra, y fue claro: “pido perdón” a quienes se hayan sentido ofendidos.

El técnico insistió en que su equipo es el Espanyol y que lo defenderá “a muerte”. Más tarde, preguntado de nuevo por el mismo asunto, explicó que por historia familiar podría ser del Atlético, ya que su padre jugó allí, pero que ahora lo suyo es el escudo blanquiazul. Se comprometió a ganarse a la afición con trabajo, responsabilidad y resultados, sin forzar nada.

Hubo también espacio para su perfil humano. Sarabia se define como un entrenador pasional y enérgico, y admitió que durante este tiempo ha trabajado esa efusividad y ha intentado controlar aquello que no le ayudaba. Lo hizo con Javi Marigorta, la persona con la que aborda los asuntos mentales y espirituales. Cree además que ya dio un gran paso entre Andorra y Elche, aprendiendo a escuchar y a ser más flexible.

Esa evolución, contó, se apoya en un cuerpo técnico muy cohesionado. Con él llegan Aitor, John Moreno y Héctor, su representante y amigo, al que considera uno más del staff. En los cinco meses sin banquillo, explicó, han tenido tiempo de reunirse y conocerse mejor. A ellos se suma Álvaro, exjugador y exfutbolista blanquiazul que acaba de dejar el campo, comprometido con entrenar cada día y viajar con el equipo para transmitir el sentimiento perico.

Los cinco meses de parón también tuvieron una explicación personal. El técnico quiso desmentir que se tratara de un año sabático, algo que, según dijo, nunca afirmó. Necesitaba tiempo para ordenar sus prioridades. Su hijo pequeño, Max, ha crecido, ya deja dormir más horas y empezará el colegio en enero, y atender a sus padres y a su familia entraba en esa lista.

En lo profesional, el motivo era mejorar su estructura. En activo, dijo, es complicadísimo mantener las reuniones necesarias para configurar un cuerpo técnico, y ese tiempo le permitió hacerlo. Afirmó sentirse mejor preparado y capaz de ofrecer su mejor versión.

En lo táctico, Sarabia desmontó la etiqueta de entrenador de esquema rígido. Recordó que en Elche usó defensas de cuatro y de cinco, y resumió su idea con una frase: “el fútbol son relaciones y distancias”. Un día se jugará de una manera y otro de otra, con distintas formas de presionar, replegar o atacar, y lo importante es que el futbolista entienda el porqué de cada decisión. Por ahora, avanzó, solo están dando información, sin saturar a la plantilla.

También habló del desaprendizaje, un concepto que él mismo ha usado. Puso como ejemplo a Dituro, portero que en Elche empezó casi como último guardameta y acabó dando un nivel altísimo. Admitió que algunos jugadores deben desaprender, pero que también le toca al entrenador ser flexible. En Andorra se desesperaba con el pase largo del portero, hasta que entendió que con un buen pegador, un extremo preciso y un delantero rematador, ese recurso es eficaz.

Sobre los jugadores, aseguró haber encontrado una predisposición increíble, con futbolistas muy conectados con los vídeos y los trabajos tácticos. Mencionó a Cabrera como uno de los capitanes dispuestos a aportar en todo. Y recordó que, para él, la inteligencia futbolística no depende tanto de la calidad individual como de crear estructuras que simplifiquen las acciones, porque un pase de 15 metros es mucho más fácil que uno de 40.

El calendario inmediato centró otra parte del encuentro. El equipo recibe el sábado al Deportivo, y después llegará un parón en el que Sarabia pretende organizar una concentración, de martes a sábado, que a ser posible cerraría con un amistoso. No es, aclaró, por falta de forma física, pues considera que el equipo está bien y es de los que más corre, sino para compartir tiempo, reuniones y vídeos.

La polémica que sobrevoló la sala fue la posible suspensión del encuentro por el fallecimiento de Jesús de Miguel, una petición que, según un periodista, impulsa la Asociación de Futbolistas Españoles. Sarabia evitó entrar. Dijo que no le compete a él, que va a empezar a dar menos opinión sobre ciertas cosas y que lo importante es que, cuando se juegue, el homenaje sea inolvidable.

Más tarde volvió sobre el suceso, esta vez desde lo humano. Contó que en el vestuario hay jugadores especialmente tocados, como Álvaro, que fue compañero de Jesús de Miguel y coincidió con él en el nacimiento de sus hijos, casi en las mismas fechas. Él mismo habló con su agente y con directivos del Andorra. Calificó lo ocurrido de “absoluta desgracia” y aseguró que nunca pasa algo así, aunque dejó una reflexión: el club, sensibilizado por la historia de Dani Jarque, debe aprender para estar alerta.

Otro asunto que salió a relucir fue el de las incorporaciones. Preguntado si el club le había trasladado límites económicos, Sarabia restó importancia. Dijo que lo han fichado como entrenador, no como seleccionador, y que su tarea es sacar el máximo rendimiento a la plantilla actual. Mostró plena confianza en Monchi y en la secretaría técnica, y dejó el tema para más adelante.

La cantera también tuvo su turno. Alguien preguntó si es el momento para que jueguen los jóvenes del club o para exprimir a los 25 futbolistas del primer equipo. Sarabia contestó que elegirá según el rendimiento en cada momento, sin importar edad ni nombre, y que tiene la puerta abierta a que los jóvenes den “aire fresco”. Recordó que la cantera del Espanyol ha sido históricamente de las mejores de España y que los canteranos harán de sparring cada semana.

A los plazos, volvió una y otra vez. Con una analogía del gimnasio, avisó de que nadie tiene el pecho de un día para otro, y que esperar el modelo completo en tres meses solo traería frustración. Lo inteligente, dijo, es analizar bien al Deportivo y preparar el mejor plan posible. Y con una advertencia a la afición: lo único que un entrenador no puede prometer son los resultados.

En su lugar ofreció compromisos concretos. Prometió trabajo, buen ambiente diario, rendimiento individual, identidad y ganas de ir a todos los campos a ganar sin complejos, siendo propositivo y dominando tanto con balón como sin él. También quiso conectar con una hinchada que atraviesa un año duro, con solo cinco victorias en 2026. Recordó que en Elche vivió una racha parecida, con tres meses sin ganar tras una buena primera vuelta, y que terminaron siendo uno de los mejores equipos en el tramo final.

Su ambición, eso sí, no fue de corto plazo. Preguntado por si se ve muchos años en el club, respondió que “ojalá”, porque siempre piensa que cada destino es para toda la vida. Monchi había señalado antes que su contrato llega hasta 2028 y que la idea compartida es que el Espanyol deje de mirar hacia abajo y vuelva a mirar hacia arriba. La permanencia, subrayó el director deportivo, es el primer objetivo, pero el proyecto aspira a equiparar al equipo con la grandeza histórica del club.

La metáfora del ciclismo, su gran afición, sirvió para dibujar el camino. Preguntado si imagina esta etapa como una contrarreloj, un ascenso al Tourmalet o una jornada de montaña de las grandes, respondió que le gustan las emociones fuertes. Admitió que la evolución no será lineal y que habrá derrotas, pero pidió que, pase lo que pase, el equipo transmita siempre algo y que el resultado acompañe. Y recordó que no es una clásica de un día, sino una gran vuelta de 21 etapas.

Sobre su relación con el aficionado, no quiso compararse con su predecesor. “Manolo es Manolo, yo soy yo”, vino a decir, y pidió que las cosas salgan con naturalidad. Su objetivo, como en Elche, es llenar el estadio, que la gente vibre y que el futbolista quiera ir a entrenar cada día.

El cierre, ya con humor y emoción, llegó con el lema que acompaña a su bienvenida en el cartel del acto, “Rebels”. Sarabia reconoció que le gusta ser rebelde y valiente, e ir contra lo establecido, pero sobre todo rebelarse para sacar lo mejor de cada futbolista, y que cada uno salte al campo convencido de que hoy puede con todo. Recordó, para terminar, que ser futbolista profesional es un enorme privilegio y que hay que disfrutarlo.

La puesta de largo deja, así, un mensaje de optimismo moderado y una agenda inmediata exigente: un partido ante el Deportivo, un parón de trabajo intenso y un reto mayúsculo, el de devolver la ilusión a una afición que lleva demasiado tiempo esperando. Eder Sarabia ya ha dicho cuál es su camino. Ahora le toca al equipo recorrerlo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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