Florentino, despierta: el clásico ya ha empezado y el Madrid va por detrás

Florentino, despierta: el clásico ya ha empezado y el Madrid va por detrás

Faltaban tres días para el clásico y el mensaje ya había dado la vuelta al país. Un teléfono vibró sobre una mesa de grabación en pleno directo, y nadie lo contestó.

En la pantalla aparecía un comunicado oficial del Consejo Superior de Deportes. Un organismo del Gobierno acababa de actuar de oficio contra el presidente de LaLiga.

“Esto no va de leyes”, soltó uno de los tertulianos, sin levantar la voz. “Esto va de política.”

Al otro lado de la mesa, un libro de técnicas de defensa personal descansaba junto a los micrófonos. Era una broma pensada para el domingo, pero a esa hora ya nadie se reía.

En el fútbol español, la semana del clásico no empieza con el balón. Empieza con un sobre cerrado, y ese sobre ya se había abierto antes de tiempo.

La apuesta de fondo era brutal y los protagonistas la formularon sin rodeos: ¿había llegado el momento de que el Real Madrid se levantara de la mesa y plantara cara a todo el sistema? Esa pregunta, planteada en el vídeo de los youtubers Pepe Collins y Javi, flotaría sobre cada minuto de la conversación. Y la respuesta, si es que llegaba, se daría al final.

El primer golpe del día fue institucional. El CSD, presidido por José Manuel Rodríguez Uribes, anunció que intervenía de oficio ante unas declaraciones del presidente de LaLiga, Javier Tebas, en las que, según los comentaristas, comparaba la comunicación de Real Madrid TV con la propaganda de un partido político. Los tres hablaron de esa comparación con un cuidado casi cómico. “Lo dejamos ahí”, dijeron, “porque si no, quizá nos cierran el canal.”

Nadie en la mesa tenía dudas sobre el impacto. Según contaron, la reacción internacional fue de incredulidad. Una cuenta estadounidense ajena al fútbol difundió el mensaje traducido al inglés, y los lectores respondieron que debía de ser un montaje, un fake.

“La gente alucinaba”, repitió Collins. “No podían creer que el máximo responsable de una liga hablara así de su club más grande.”

Pero lo que realmente intrigaba era el momento. Apenas una semana y media antes, el propio Uribes había dicho a pie de campo que el asunto quedaba fuera del abanico de competencias del CSD. Podía, como mucho, recomendar a Tebas que pidiera perdón. Ahora, sin embargo, el organismo entraba de lleno.

Ese giro merece una pausa. Si una semana antes aquello no era asunto suyo, ¿qué había cambiado para que de pronto lo fuera?

Los tres ofrecieron hipótesis, siempre desde la opinión y no desde los hechos probados. La primera era política. Recordaron que, durante la elección de Rafael Louzán como presidente de la Federación, el CSD le puso trabas hasta provocar, según su relato, una carta durísima de la FIFA que amenazaba a España con quedarse fuera del Mundial y de las competiciones internacionales. Uno de los tertulianos aventuró incluso vínculos ideológicos entre Tebas y otros dirigentes del fútbol, aunque se trata de una interpretación personal y no de un dato contrastado.

La segunda hipótesis era más sencilla, y probablemente más humana. “Hay una buena parte de los desbarres de Tebas que se explican por un odio visceral a Florentino Pérez”, dijo Pesqui. Y añadió: “Llega un momento en que ese odio le hace desbarrar.”

Alguien le había contado a Collins, de buena fuente según él, que dentro de LaLiga existía la sensación de que, cuando Florentino Pérez entra en la ecuación, no hay manera de frenarlo. “Y a la inversa”, matizó, “porque Florentino también lo detesta en la misma medida.”

La tercera hipótesis conectaba con el calendario electoral. Si había comicios en el horizonte, quizá al partido del Gobierno le conviniera cobrarse alguna cabeza, aunque fuera pequeña. Collins recordó además que Uribes mantiene una relación fluida con el club blanco, algo que, a su juicio, quedó claro durante el caso Dani Olmo.

Entonces llegó una pieza polémica del rompecabezas. Collins afirmó que el Tribunal Administrativo del Deporte actúa, según él, al dictado del Gobierno, y citó como respaldo un audio que, según su relato, forma parte de una causa judicial. En esa grabación, un tercero aseguraría que el organismo haría lo que dijera el presidente del CSD. Es una acusación grave que corresponde a los autores del vídeo, y que este medio no ha podido verificar de forma independiente.

“Aquí no hay justicia”, sentenció. “Aquí hay decisiones políticas.”

Alguien planteó entonces la pregunta del millón: ¿podía Tebas ser inhabilitado? Collins aclaró que, en el procedimiento ordinario, la sanción exige acumular varias infracciones. Pero esta vez, advirtió, el escenario era distinto, porque el Gobierno podía “bajarle el dedo” por la vía política.

“Por primera vez”, dijo uno de los presentadores, “Tebas debería estar preocupado.”

Y en ese preciso instante, mientras discutían la caída del hombre más poderoso del fútbol español, el teléfono volvió a sonar. Era el de Collins, y sonó en mitad de la grabación. Los tres rieron, pero fue una risa nerviosa. Lo mismo ocurrió, bromearon, con otro creador de contenido, que recibe mensajes del propio Tebas cada vez que publica algo que no le gusta.

La conversación dio entonces un salto hacia el verdadero detonante de la semana: el sobre cerrado.

La historia de las filtraciones arbitrales era un guion con tres actos. El primero llegó semanas atrás, cuando el diario Marca publicó que el árbitro mejor posicionado para el clásico era Hernández Hernández. El segundo llegó el 18 de octubre, cuando el presentador de camisa negra de El Chiringuito, esa figura de pelo engominado que los tres no dejaron de mencionar con ironía, anunció una exclusiva. Dijo que el gran favorito era Javier Alberola Rojas.

El tercer acto llegó cuatro días después, en directo. El comunicador Juanfe, entonces, reconoció que había hablado de un nombre que quizá era falso, porque alguien intentaba averiguar quién filtraba. “Ahora sí lo voy a dar”, dijo, con aire solemne. Aseguró que tenía confirmado al cien por cien que el árbitro sería Juan Martínez Munuera, del colegio valenciano, y que el VAR lo dirigiría Javier Iglesias Villanueva.

Tres nombres en tres semanas. Y solo uno, si acaso, sería el verdadero.

“Es la enésima chapuza”, resumió Collins. Y lo que más le irritaba no era la identidad del árbitro, sino el calendario. La normativa, recordó, establece que el nombre solo se conoce con 24 horas de antelación. Cuatro días era una infracción evidente del protocolo.

José Mourinho había sido claro la víspera, según relataron. Había expresado su malestar precisamente por eso: porque la reglamentación de la competición decía una cosa y la realidad mostraba otra.

Y aquí viene el giro más inquietante de toda la noche. El Real Madrid se había quejado públicamente de la primera filtración. Después, en cuanto el nombre cambió, la queja quedaba retratada. “Te dejan en evidencia”, explicó Pesqui. “Te hacen protestar por un nombre y, al día siguiente, el nombre ya no es ese.”

Si la hipótesis era cierta, no se trataba de un error, sino de una maniobra.

Collins apuntó también algo que, según dijo, ocurre en pocos países. En casi todos los grandes medios españoles hay un periodista que funciona como portavoz informal del estamento arbitral o federativo. Citó varios nombres de la prensa deportiva. Uno de los presentadores comparó esa dinámica con la de la prensa británica, donde, según él, en los grandes duelos entre Liverpool y City nadie debatía sobre quién pitaba.

Y recordó un precedente: la final de Copa de 2017, cuando el árbitro, designado con mucha antelación, se vio envuelto en una polémica monumental.

Mientras tanto, el rival ya había empezado a jugar el partido. Enric Masip, directivo del Barcelona, había lanzado esa misma mañana unas declaraciones que Collins calificó de “absolutamente incendiarias”. “Si las hubiese dicho un representante del Madrid”, dijo, “hoy estaríamos hablando de otra cosa.”

El Sevilla, además, había acudido a la sede federativa para revisar imágenes de un partido reciente. Según los presentadores, el club andaluz acusaba al Madrid de haber “secuestrado” unas imágenes que, en realidad, pertenecían a la producción televisiva de LaLiga. Una de las tertulias hizo notar, no sin sarcasmo, el pasado de un productor audiovisual vinculado a la cámara en cuestión, y recordó un caso antiguo sobre la inscripción de jugadores del Barcelona. Son afirmaciones de los autores del vídeo, no hechos acreditados por este medio.

Fue entonces cuando Collins formuló la frase que, en cierto modo, resumía el espíritu del debate. “Llevamos treinta años yendo por detrás.”

Era el momento de la gran pregunta: ¿qué debía hacer el Madrid?

La respuesta, que los tres debatieron con una mezcla de rabia y cálculo, fue tan radical como previsible. Retirarse del campo.

Collins reveló que, según una fuente cercana a la entidad, a Mourinho le habían asegurado que “habrá consecuencias”, y que el club había estudiado la posibilidad de abandonar el terreno de juego en un momento determinado. El precedente, subrayó, existía: el Barcelona ya había abandonado un partido en el pasado sin recibir un castigo ejemplar. En el peor de los casos, el castigo sería la pérdida de tres puntos y, quizá, una multa económica. “Nadie se queda sin Champions por eso”, afirmó.

Esa idea no era nueva. Uno de los presentadores recordó la final de Copa en la que Florentino Pérez, según contó, difundió que el club no jugaría si no se cambiaba el equipo arbitral, y luego no se llegó a ejecutar. Otro evocó los más de treinta episodios denunciados de insultos racistas contra Vinícius Júnior y sostuvo que el equipo debió abandonar el campo en el segundo. “Habría dado la vuelta al mundo”, dijo.

Cada uno defendió su versión. El primero propuso retirarse en el clásico. El segundo, en cualquier partido. El tercero fue más lejos: “Hay que reventar el fútbol español para regenerarlo.”

La imagen que eligió Collins fue contundente. Una rueda de prensa al día siguiente, con Florentino Pérez en el centro, José Ángel Sánchez a su derecha y Mourinho a su izquierda. Tres hombres frente a las cámaras explicando por qué el club se había marchado.

“El fútbol español es un vaso de gasolina”, dijo uno. “Y el Real Madrid tiene la cerilla.”

A unas 385 millas de Madrid, en Barcelona, el clásico seguía su cuenta atrás. Mil millones de personas, según los cálculos que manejaron los presentadores, estarían mirando. Si el equipo blanco se marchaba, la imagen recorrería el planeta antes de que terminara la primera parte.

Para sostener la propuesta, Collins ofreció un modelo exterior. Olympiacos, recordó, había pedido árbitros extranjeros, y la federación griega los había traído. En Turquía, aseguró, buena parte de la estructura arbitral procedía del extranjero. En Arabia Saudí, varios equipos hacían lo mismo. “¿Por qué no podemos pedirlo?”, preguntó. “O nos ponen árbitros de fuera o no seguimos.”

Hubo, sin embargo, un matiz que se coló al final, casi como una sombra. Collins admitió que existía otro escenario: que el Madrid fuera arbitrado con justicia y que el partido se jugara en igualdad de condiciones. “Vete tú a saber”, dijo, con una media sonrisa.

Pero esa duda era lo que daba vértigo al debate. Si el árbitro era honesto, todo lo anterior sería un castillo de naipes. Y si no lo era, el club tendría que decidir entre aguantar o romper.

El vídeo terminó como empezó, con un saludo y una petición de suscripciones. Pero el sobre cerrado seguía sobre la mesa, ahora abierto, con un nombre que quizá nunca debió haberse conocido.

Y el domingo, en el Camp Nou, un hombre con un silbato saldría al césped con una pregunta clavada en la espalda, y la respuesta quedaría escrita en el campo, no en los comunicados.

Nota editorial: las valoraciones sobre presuntas irregularidades, vínculos políticos y supuestos audios expresadas en este texto corresponden a las opiniones y afirmaciones de los autores del vídeo original y no han sido verificadas de forma independiente.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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