El PSG destroza al Barça (4-2), la patada de Fermín que nadie revisó y un Real Madrid que se juega la rotación ante el Leipzig con el Clásico en el horizonte

El PSG destroza al Barça (4-2), la patada de Fermín que nadie revisó y un Real Madrid que se juega la rotación ante el Leipzig con el Clásico en el horizonte

Hay noches de Champions en las que un solo marcador da para una semana de discusiones.

La del Parque de los Príncipes fue una de ellas.

Y mientras unos hablaban de dominio y de buen juego, otros pedían que miraran el vídeo otra vez.

El PSG derrotó por 4-2 al Barcelona en un partido que tuvo de todo: remontadas, postes, goles anulados en la conversación y una jugada que lleva horas en boca de media Europa.

El relato que sigue pertenece a un creador madridista, que lo cuenta con la guasa de quien se ha sentado a ver el partido con palomitas.

Conviene leerlo así, como una opinión con sus colores, pero también con sus datos.

Su primera frase sobre el choque es una sentencia.

Asegura que, si no fuera por Ferran Torres, el Barça habría recibido medio centenar de críticas y, sobre todo, media docena de goles.

Según su lectura, el delantero falló al menos tres ocasiones claras y estrelló un balón en el poste.

No es una opinión aislada, aunque sí exagerada con su tono guasón.

Lo que el autor sostiene es que el PSG fue claramente superior durante buena parte del partido.

Y que el 4-2 final, lejos de ser severo, fue incluso generoso con el equipo azulgrana.

Para entender la noche hay que revisar el resto de resultados.

El Fenerbahçe empató 2-2 con el Slavia, la Roma goleó 4-0 al Slovan Bratislava y el Liverpool remontó un 4-3 al Villarreal.

El Borussia Dortmund ganó 1-2 a domicilio, el Oporto cayó 0-1 en el Dragão ante el PSV y el Manchester City se dio un festín por 5-1 ante el Sparta.

El Nápoles ganó su primer partido en el Maradona en esta Champions, un 4-3 al Bodø/Glimt.

El Atlético empató 1-1 en su compromiso.

Y el Barcelona, como se ha dicho, perdió 4-2 en París.

La clasificación, a estas alturas, es todavía provisional.

Hay equipos que han jugado tres partidos y otros que han jugado dos, así que cualquier lectura debe tomarse con calma.

Aun así, el PSG lidera con nueve puntos tras tres jornadas, junto al Liverpool.

Completan los ocho primeros el Stuttgart, el Aston Villa, el Barcelona, el City, el Sporting y el Arsenal.

El Real Madrid, de momento, es noveno, pero con un partido por disputar.

Y de ese partido, el del Leipzig, depende su salto en la tabla.

Antes de entrar en el Madrid, conviene detenerse en la jugada que más conversación generó en la primera parte.

Con el marcador igualado a uno, Fermín entra con la bota por delante sobre Pacho y le golpea con los tacos en la cara.

El autor del vídeo lo describe con dureza: le destroza la cara y el juego tenía que haberse detenido.

Es importante el matiz que hace.

No acusa a Fermín de querer lesionar, y dice que va a por el balón.

Pero insiste en que la intención no exime de que la acción sea muy peligrosa.

Su sorpresa, sobre todo, es arbitral.

El colegiado, Michael Oliver, tenía línea de visión directa de la jugada, según se aprecia en la repetición, y aun así no la sancionó.

Peor aún, desde el VAR nadie lo llamó para que la revisara.

A su juicio, ni siquiera fue amarilla.

Y se pregunta cómo es posible que ni siquiera se le pidiera ver la acción desde otro ángulo con el árbitro del VAR.

Es un reproche que, de paso, conecta con las quejas arbitrales que han marcado la semana en España.

Para ilustrarlo, el autor recurre a una comparación cotidiana.

Cuántas veces vemos a futbolistas que resbalan en una entrada y se llevan por delante a un rival sin querer, dice.

No importa la intención: lo que cuenta es el resultado, y aquí el resultado fue un golpe muy violento.

Es, desde luego, una valoración subjetiva.

Hay quien consideraría la acción una disputa del balón y quien la vería como juego peligroso.

Pero es cierto que la jugada generó un amplio debate, y que muchos coincidían en que merecía una revisión.

El autor la usa como pieza de un razonamiento más amplio.

Dice que, mientras muchos dirán que fue roja y que el Barça debió quedarse con diez, otros mirarán hacia otro lado.

Y remata con ironía: qué casualidad, una vez más, una jugada dudosa a favor del Barcelona.

Después pasa a la reacción de los comentaristas.

Y se detiene en un tuit de José Álvarez que, según cuenta, hablaba de una derrota en París con buena actuación.

El mensaje añadía que el Barça dominó gran parte del partido y tuvo ocasiones.

La respuesta del autor es furibunda.

Se pregunta qué partido vio, y asegura que el Barcelona fue superior al PSG como mucho durante diez minutos.

Los otros ochenta, sostiene, los dominó el PSG.

Y añade datos para apoyarlo.

El PSG, dice, estrelló dos balones en el poste y el mejor jugador del Barça fue su portero, Joan García, que hizo paradas de todo tipo.

Sin Ferran Torres fallando oportunidades, concluye, la paliza habría sido todavía mayor.

Su conclusión es que, para escribir y hablar, lo primero es sentarse a ver el partido.

Insinúa que quien firmó ese tuit no lo vio, o que intenta engañar al público.

Y se burla de que, por ello, lo conviertan en un meme.

Es un tono deliberadamente exagerado, el de una persona que se ríe con su comunidad.

Pero detrás de la burla hay una crítica real: la narrativa de un partido puede alejarse de lo que ocurre en el campo.

Y los aficionados lo notan.

Para cerrar el bloque, el autor repasa las reacciones de los comentaristas que retransmitieron el partido.

Escuchamos a Gerard Romero y a Jordi narrando el empate del Barça, obra de Lamine Yamal en el minuto 78.

Lo narran con la euforia del que cree que la remontada está cerca.

Pero el partido se rompe pocos minutos después.

Vitinha marca el 3-2 y los comentaristas, aún sorprendidos, hablan de un partido completamente roto y loco.

Después llega una jugada de Hakimi dentro del área, un centro y el gol.

Hay un momento curioso en las reacciones.

Alguien pide revisar si el primer toque de Ferran Torres, tras un pase de Lamine, estaba en fuera de juego.

Y, como no se revisa nada, el comentario es que han fastidiado al Barça.

Llega el cuarto, obra de Fabián Ruiz.

Y el coro de narradores insiste en que ya lo habían dicho, que el cuarto estaba al caer.

Entre risas, recuerdan el remate de cabeza de Lucas Hernández que había puesto el 3-1 a la salida de un córner.

Es ahí donde el vídeo se ríe de una reacción concreta.

El comentarista pide fuera de juego en un córner, algo imposible por reglamento.

Y el autor ironiza que en España ya están tan acostumbrados a ciertas cosas que cualquier cosa puede pitarse.

Hasta aquí, el análisis de lo ocurrido en París.

Pero el verdadero motivo del vídeo era otro.

Era el Real Madrid, que al día siguiente recibía al Leipzig en el Bernabéu.

El partido, además de ser importante por sí mismo, es el último ensayo antes del Clásico.

Esa semana, el Madrid tiene una doble cita: el Leipzig en la tercera jornada de la Champions y, el fin de semana siguiente, el Barcelona.

Una victoria ante el Leipzig supondría un paso muy importante para entrar finalmente entre los ocho primeros.

El encuentro se disputaba a las nueve de la noche.

Y de él depende no solo la clasificación, sino también el ánimo con el que el equipo llegue al Clásico.

Por eso el autor defiende que la alineación debe estar condicionada por el partido del fin de semana.

El último entrenamiento antes del partido se desarrolló en la Ciudad Real Madrid.

La sesión comenzó con calentamiento y rondos, siguió con una fase táctica, partidos en espacios reducidos y terminó con ejercicios de finalización.

Fue, en resumen, la preparación final para el Bernabéu.

El parte médico dejaba dos bajas de larga duración.

Asencio y Rodrygo continúan con sus procesos de recuperación y tienen todavía hasta aproximadamente enero para volver.

Son lesiones traicioneras, recuerda el autor, y hay que esperar a que evolucionen bien.

Aprovecha ese comentario para hacer una valoración positiva.

Cree que el plan de prevención está funcionando: los ejercicios preventivos, el cuidado en las recuperaciones y el hecho de no dar el alta competitiva a los jugadores hasta que estén listos.

Su sensación es que hay muchas menos lesiones que en temporadas anteriores.

Con honestidad, aclara que no tiene todavía los números para dar un dato objetivo.

Es una percepción, no una estadística.

Pero la celebra como una victoria, porque lo que ocurría antes en el club, dice, era absurdo.

Hay otra cita en el calendario de ese día.

A las cuatro de la tarde, en el Di Stéfano, el Juvenil A se enfrentaba al Leipzig en la Youth League.

Es el actual campeón de la competición, y el partido se emitía gratis en Real Madrid Televisión.

Con dos partidos jugados, el equipo juvenil ocupa el octavo puesto.

Curiosamente, la misma posición que el primer equipo.

Si ganara por 2-0, según el autor, se pondría líder, por delante del Slavia de Praga.

Antes de pasar a la lista, el autor repasa un hito individual.

Eduardo Camavinga alcanzó los 150 partidos de Liga con el Real Madrid en el choque contra el Sevilla.

En total, suma 231 encuentros con la camiseta blanca y once títulos.

Esos títulos son dos Champions League, dos Mundiales de Clubes, dos Supercopas de Europa, dos Ligas, una Copa del Rey y dos Supercopas de España.

Y el francés tiene solo 23 o 24 años.

Real Madrid Televisión le dedicó un vídeo con motivo del hito.

En él, Camavinga recordó su debut en el Bernabéu, en septiembre de 2021, contra el Celta.

Marcó su primer gol y su familia estaba en el estadio, un recuerdo que dice que le hace sentirse muy orgulloso.

Habló también de las diferentes posiciones que ha ocupado.

Explicó que como lateral izquierdo tiene que defender mucho más, cuidar la posición y jugar de forma muy sencilla.

Como mediocentro defensivo es distinto, y como interior es más ofensivo, con mucha más participación en el juego.

Y aseguró que cada posición le ha dado la inteligencia para ver el fútbol de otra manera.

Pero la historia reciente de Camavinga no es tan dulce.

Desde que volvió de la selección francesa, no ha sido titular y apenas suma 25 minutos de juego.

Jugó 13 minutos contra el Villarreal, ninguno contra la Roma y 12 contra el Sevilla.

Es, ahora mismo, el centrocampista con menos minutos de la plantilla.

Solo está por delante de Thiago Pitarch, que todavía no ha debutado.

El autor recuerda que su rendimiento con Francia había mejorado, con algo más de regularidad, confianza y concentración, pero que eso no se ha traducido en más minutos en el Madrid.

Para Mourinho, dice, sigue siendo un jugador para contextos concretos.

Y la situación se complica porque el técnico parece estar encontrando la versión definitiva que busca.

Según el autor, pasa por colocar a Güler en la base y a Diomandé en la banda.

Es su opinión, y aclara que la idea le gusta bastante.

Cree que ese es el camino por el que se está yendo, y eso complica el futuro inmediato de Camavinga.

Una vez más, el centro del campo cambia de inquilinos pero mantiene su número de ocupantes.

Del Madrid pasamos a Italia, donde un partido tenía sabor madridista.

La Fiorentina de Franco Mastantuono se enfrentó al Como de Jacobo Ramón y Nico Paz.

El autor confiesa que le encantó la actuación del argentino, aunque no pudo ver el partido completo.

Su análisis es detallado.

La Fiorentina, dice, es un equipo que lo pasa mal para crear, conectar, combinar y generar ocasiones, y que encaja demasiado atrás.

El efecto del nuevo entrenador se ha agotado, y Mastantuono es, con diferencia, el mejor del equipo.

Sus estadísticas respaldan esa impresión.

Dio dos pases clave, tuvo un cien por cien de acierto en su propio campo y en los pases largos, y completó dos de tres centros.

En el campo contrario alcanzó un 94% de acierto en el pase.

Además, intentó siete regates y completó cuatro.

Hizo cuatro acciones defensivas, con una de dos entradas ganadas, dos interceptaciones, nueve de dieciocho duelos y siete recuperaciones.

Es un partido muy completo para alguien que, como señala el autor, ha mejorado precisamente en lo que más se le criticaba: la intermitencia.

Sin embargo, no puede cargar con todo el equipo.

Muchos de sus compañeros, dice, no entienden su juego o no hablan su mismo idioma, porque son mucho más limitados técnicamente.

Aun así, está por encima de la media del resto, y la experiencia en la Serie A le está sentando muy bien.

La estrella del partido fue otro.

Nico Paz marcó un gol, dio una asistencia y completó un partido sobresaliente que lo convirtió en el mejor jugador del encuentro.

Dirigió al Como a otro triunfo en la hora que estuvo sobre el césped.

Sus números también hablan.

Un pase clave, un 93% de acierto en el pase, una gran presencia física cubriendo mucho terreno en el centro del campo y cuatro acciones defensivas.

Ganó dos de tres entradas, cuatro de nueve duelos y dos de tres duelos aéreos, con cinco recuperaciones y una interceptación.

El autor llega a decir que es uno de los mejores centrocampistas del momento en Europa.

Es una afirmación atrevida, pero la sostiene en el crecimiento que ha tenido en la Serie A.

Y en que, a diferencia de Mastantuono, es un producto más formado y más terminado.

Aquí llega el argumento de fondo.

Mastantuono volverá al Real Madrid, porque el club solo lo cedió una temporada a la Fiorentina.

Y con Nico Paz hay una opción de recompra unilateral que se activa el próximo verano.

El Madrid lo vendió al Como el año pasado por seis millones.

Y el verano que viene podrá recuperarlo poniendo ocho millones sobre la mesa.

Es la última oportunidad, advierte el autor: después tendría que negociar con el Como como cualquier otro club.

Su posición es contundente.

Para él, no recomprarlo sería un error histórico, porque es un producto de la cantera y quiere volver al Madrid.

Entiende las dudas del jugador al ver a futbolistas de la talla de Bernardo Silva o Brahim con dificultades para jugar de titulares.

Pero cree que ha llegado el momento de hacerles sitio.

Habrá que intentar deshacerse de los que menos aportan, dice, porque pensar en un centro del campo con Güler y Nico Paz le parece una locura.

Y ve a Mastantuono como un jugador muy útil desde el último tercio, ya sea por la derecha, como mediapunta tras Bellingham o incluso sustituyéndolo.

En un momento de entusiasmo, el autor afirma que pagaría ochenta millones sin dudar.

Un nivel de convicción que refleja su opinión personal, no una cifra del club.

Y que, en cualquier caso, choca con los ocho millones de la opción pactada.

Llegamos a la lista de convocados para el Leipzig.

La gran novedad es el regreso de Vinícius, que ya cumplió el primer partido de su sanción en la Liga ante el Sevilla.

En la Champions no está suspendido, y vuelve a estar disponible para Mourinho.

También continúa Militão, que jugó unos minutos el otro día y podría sumar algunos más para seguir su recuperación.

Diomandé sigue en la lista, y el autor se pregunta si compartirá banda con Vinícius, uno a cada lado.

La convocatoria oficial incluye a Courtois, Lunin y Sergio Mestre en la portería.

En defensa están Militão, Trent Alexander-Arnold, Konaté, Cucurella, Carreras, Rüdiger y Dumfries, además de otro central.

En el centro del campo, Bellingham, Camavinga, Valverde, Tchouaméni, Güler, Bernardo Silva y Thiago.

Y arriba, Vinícius, Endrick, Mbappé, Carlos Espí, Brahim y Diomandé.

Con esa lista, el autor propone su once.

Aclara, como siempre, que es lo que haría él y no lo que hará Mourinho.

Y recuerda que está completamente condicionado por el Clásico del fin de semana.

Su idea es hacer rotaciones controladas, sin volverse loco.

Aprovecharía que el Barcelona acaba de jugar un partido mucho más difícil que el del Madrid, que recibe al Leipzig en casa.

Con el máximo respeto, advierte, pero sabiendo que se trata del último ensayo.

Courtois jugaría en la portería, junto a una pareja de centrales con Rüdiger, para dar descanso a Konaté.

Carreras ocuparía el lateral izquierdo para descansar a Cucurella, y Trent el derecho para descansar a Valverde.

En el centro del campo, Thiago y Bernardo Silva darían descanso a Tchouaméni y Güler.

Brahim jugaría de mediapunta para que Bellingham descanse.

Endrick seguiría por la derecha, Vinícius volvería por la izquierda y Mbappé repetiría como delantero centro.

Serían cuatro o cinco jugadores que repiten y el resto, rotación.

Eso no significa que no pueda haber cambios durante el partido.

Militão, Carlos Espí, Diomandé, Güler o el propio Valverde podrían entrar para coger ritmo, según el contexto.

Pero la idea es llegar más frescos al Clásico, que el autor considera un partido en el que se juega media Liga.

Es un planteamiento prudente, aunque no está exento de riesgos.

Rotar en una competición como la Champions implica asumir que el rival no es tan inferior como parece.

Y el propio autor lo reconoce con su insistencia en el respeto y la necesidad de jugar bien.

Si se mira el conjunto de lo que cuenta el vídeo, aparece una idea que atraviesa todo.

El fútbol de esta semana se juega en dos tiempos: lo que ocurre en el césped y lo que se dice de lo que ocurre.

El PSG ganó en París, pero el debate sobre si el Barça dominó o no seguirá abierto.

La jugada de Fermín, la narrativa de los comentaristas y los números del partido forman parte de esa conversación.

Y el Madrid, mientras tanto, se prepara para un doble examen.

Primero el Leipzig, luego el Clásico, con una plantilla que se rehace entre bajas, regresos y rotaciones.

El autor se despide con un deseo sencillo.

Quiere dormir tranquilo, soñar con un gran partido y, si se puede, con una buena paliza en el Clásico.

Una ilusión que comparten muchos aficionados, aunque lo que dirá la última palabra será, como siempre, el césped.

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