Racing – Real Madrid: un penalti, un VAR ausente y una indignación que no baja
Bastó con unos pocos minutos. Según el relato de uno de los comentaristas más críticos con el conjunto blanco, el partido de El Sardinero ya dejó claro, casi desde el inicio, hacia dónde soplaba el viento. El Racing de Santander, histórico recién ascendido, se topó de entrada con una pena máxima que muchos consideran inexistente.
«He visto la jugada en bucle, desde distintos ángulos», asegura el propio comentarista. Su conclusión es tajante: no hay penalti. Y su pregunta, la misma que se repite en las redes desde que acabó el encuentro, es dónde estaba el VAR.
La duda no es menor. El sistema de videoarbitraje existe para corregir errores claros y manifiestos, y en esta ocasión no intervino. El arbitraje, de hecho, ya estaba bajo sospecha antes del partido, y el comentarista recuerda que el colegiado que señaló la acción es el mismo que, según su memoria, no pitó una pena máxima a favor de Carvajal en el choque ante el Atlético de Madrid, tras un derribo de Llorente.
Ese paralelismo, que conviene tomar con cautela y contrastar con las imágenes de aquel partido, es uno de los pilares de su argumentación. Para él, la diferencia de criterio entre una jugada y otra resulta difícil de explicar.
Las reacciones no se limitaron al aficionado. En la retransmisión de DAZN, según relata, hasta Guti, al que describe como uno de los comentaristas más parciales a favor del Madrid, se mostró incrédulo ante la decisión. «¿De verdad van a pitar eso?», vino a decir en directo.
El contexto del partido también pesó. El Racing, muy fuerte en casa, plantea cada encuentro en El Sardinero con una defensa ordenada y pocas concesiones, y romper ese bloque suele ser lo más complicado para cualquier visitante. Un gol temprano, y de penalti, cambia por completo el guion.
La crítica se ha dirigido también al propio Mbappé, a quien el comentarista acusa de reírse sobre el césped. Es una apreciación subjetiva sobre un gesto concreto que, en cualquier caso, ha circulado con profusión en redes sociales y ha alimentado la sensación, en parte de la afición, de que el equipo blanco trataba el partido con displicencia.
La segunda parte de la polémica llega con el VAR, esta vez sí activo. Según se relata, el Racing logró que se señalara un penalti por una mano de Tchouaméni, pero la revisión desde la sala de vídeo acabó anulando la decisión. El comentarista lo califica de dato revelador: si el VAR puede intervenir para anular un penalti contra el Madrid, ¿por qué no lo hizo para corregir el primero?
En El Sardinero, mientras tanto, la grada no guardó silencio. Los cantos de la afición racinguista, según el comentarista, no fueron recogidos por la retransmisión, y critica que los narradores de DAZN —entre ellos el propio Guti y Rubén Martín— no les prestaran atención. Sobre Martín, sostiene que ha defendido en otras ocasiones que los rivales «se dejan ir» frente al Barcelona, lo que, a su juicio, condiciona la neutralidad del relato.

En el aspecto estrictamente deportivo, el Madrid se impuso por 3-0. El segundo tanto llegó en un contragolpe firmado por Bellingham y el tercero fue obra de Diomandé, a quien incluso el comentarista más crítico reconoce un gran gol. No hay reproche posible en ese tramo, admite, aunque insiste en que el marcador se explica por la ventaja que generó la decisión inicial.
A partir de ahí, afirma, el Racing tuvo que abrirse, y el Madrid encontró los espacios que le gustan. Los reproches de los locales por supuestas acciones en el área, que él tilda de «peticiones de cosas que no existen», le sirven para plantear una tesis polémica: si se acostumbra a los rivales a ver penaltis donde no los hay, es natural que luego se sientan perjudicados cuando no se les concede nada.
La frase, sin duda, es discutible, y tiene respuesta desde el lado racinguista. Para su entorno, el sentimiento de agravio no nace de una costumbre, sino de una decisión concreta y visible que alteró el devenir del partido. El propio entrenador del equipo cántabro ha recordado que ese primer gol condicionó todo lo que vino después.
El comentarista, por su parte, va más lejos y señala que el Madrid suele presentarse como víctima en la competición, cuando, en su opinión, es el equipo más beneficiado. Menciona un penalti a favor de Mbappé en otro partido y apunta que, sin esas decisiones, el delantero francés tendría menos registro goleador. Se trata de una valoración personal que sus críticos rebaten: la estadística de Mbappé en esta temporada, subrayan los defensores del jugador, habla por sí sola.
El episodio que más ha encendido los ánimos, sin embargo, es otro. Un futbolista del Racing se lesionó de gravedad en la rodilla, y fue retirado en camilla del terreno de juego. Poco después, unas imágenes mostraban a Mourinho haciendo un gesto que sus críticos interpretan como una acusación de simulación.
«Ahora le dirán que no, pero el gesto está ahí», viene a decir el comentarista, que reprocha al técnico portugués que no mostrara la misma vehemencia con las faltas de sus propios jugadores. Defiende, además, que el Madrid debería haber visto varias tarjetas amarillas durante el encuentro.
La lectura del lado madridista es distinta. Quienes defienden al entrenador sostienen que su gesto se produjo en una jugada anterior a la lesión y que no había intención de menospreciar al rival. Tampoco se debe descartar, matizan, que las imágenes difundidas en redes sociales se hayan editado o descontextualizado, algo habitual en cualquier polémica de este calibre.
Queda, además, la cuestión del discurso posterior. El comentarista subraya el silencio de Mourinho en la sala de prensa tras el partido: según él, no hubo papel impreso ni alusión a los árbitros, y le acusa de recuperar el caso Negreira solo cuando las cosas van mal para el Madrid. «Ahora no toca hablar de árbitros», ironiza, recordando que ocurrió lo mismo tras un codazo de Güler que pasó sin sanción.
La defensa del club blanco ha sido siempre la misma: que es el equipo más vigilado y más criticado del campeonato, y que los errores arbitrales también le perjudican con frecuencia. Para sus seguidores, convertir cada decisión discutida en una prueba de conspiración es una exageración que ignora los méritos deportivos del equipo.
El comentarista, en cambio, no tiene dudas. Llegó a calificar al Madrid como el equipo «más caradura» de la Liga —una opinión que no deja de ser personal— y extiende sus críticas a los árbitros y al sistema que, en su visión, los respalda. «Siempre será lo mismo, con VAR o sin VAR», resume.
La nota de color, o de tensión, la pone su alusión a China. Según relata, la reciente decisión de aquel país de prohibir la emisión de determinados contenidos deportivos ha pasado casi inadvertida en los medios, que, a su juicio, evitan hablar de cómo ha podido salpicar al club blanco. Es una afirmación que requeriría contraste con fuentes oficiales, y que él mismo introduce con un tono claramente irónico.
Otra de las ausencias que lamenta es la del Balón de Oro. Recuerda que la noche anterior, en Movistar, cada toque de balón de Lamine se acompañaba de una mención al premio, mientras que en el partido del Madrid no se escuchó ni una sola vez. Tampoco, añade, se habló de la baja de Vinícius ni del rendimiento de Diomandé, cuyo fichaje por 140 millones, dice, se justifica «constantemente».
La sensación final, según la propia voz del comentarista, es de cansancio: «Todos los equipos salen con la misma sensación», sostiene, y a lo largo de 38 jornadas esa acumulación de decisiones, a su juicio, marca la diferencia. Reconoce incluso que su malestar no le permite ya encontrar adjetivos.
Su cierre, como cabe esperar de un aficionado declarado del Barcelona, es de orgullo de club. «Nunca, ni en un millón de años, me sentiría orgulloso de formar parte de eso», concluye, en referencia al Madrid. Es una afirmación de parte, expresada desde la pasión, y como tal debe leerse.
Lo que está fuera de discusión es que el partido de El Sardinero ha vuelto a abrir el debate sobre la coherencia del VAR, la transparencia de las comunicaciones arbitrales y el peso mediático de los grandes clubes. Los defensores del Madrid insistirán en que la victoria fue merecida y que el 3-0 lo avala. Los rivales, en cambio, volverán a señalar una decisión clave que, a su entender, cambió el rumbo de la noche.
Entre ambos relatos, el Racing, con una lesión grave que lamentar y una afición que se marchó con la sensación de que pudo ser distinto, vuelve a mirar al calendario. La competición no espera y, como siempre, la polémica se renovará en la próxima jornada.