MOURINHO, RUEDA PRENSA completa hoy RACING 0 – REAL MADRID 3: Opinión penalti, Diomande, cambios…
Hay ruedas de prensa que se limitan a repasar un resultado y otras que dejan, entre líneas, la hoja de ruta de toda una semana. La que ofreció José Mourinho tras la victoria del Real Madrid por 0-3 en El Sardinero pertenece a las segundas: habló de un partido que, según sus palabras, no se acabó nunca, de una polémica arbitral que, a su juicio, se explica por el reglamento, de un equipo que está creciendo y de una gestión de cambios que pensaba ya en el siguiente compromiso europeo.
La comparecencia, de unos pocos minutos, estuvo marcada por las preguntas de los medios que cubren habitualmente al equipo, y esta crónica las resume atribuyendo cada afirmación a su autor. El texto procede de una transcripción automática traducida, por lo que algunos nombres y detalles pueden no ser exactos y conviene contrastarlos antes de darlos por definitivos.
La primera pregunta, de José Martín, de O Diario, iba directa al plan de partido: si la forma de jugar la primera mitad, que dejó un 3-0 temprano, respondía a la intención de sentenciar pronto. Mourinho lo descartó con claridad. Para él, el Racing es un equipo muy combativo, con fuerza y con una grada que empuja, y ni siquiera con tres goles de ventaja se puede hablar de partido terminado.
Añadió que, con las oportunidades creadas en la segunda parte, el marcador pudo haber sido de cuatro o cinco goles, pero que también podría haberse complicado. Recordó que en los primeros diez minutos los locales tuvieron un par de situaciones, con centros al primer palo, y que si hubieran marcado uno habrían recibido un impulso. Nunca consideró el choque resuelto, insistió, aunque admitió que en la primera parte el equipo estuvo muy fuerte y supo jugar bien y con criterio incluso ante la presión alta del rival.
Valoró el resultado como una victoria buena e importante en una semana que calificó de ultracomplicada. Esa idea de calendario apretado volvería a aparecer más tarde, cuando respondió a las preguntas sobre los cambios. Por ahora, el técnico dejó claro que no quería dar el partido por ganado ni siquiera con un 0-3 en el marcador.
Javier Rey, de la Cadena SER, aprovechó su turno para fijarse en algo que no eran los goles. Le preguntó por dos acciones defensivas, una de Bellingham y otra de Diomandé, al final de la primera parte, una por cada banda, que demostrarían que también se puede correr y ganar partidos con un 0-3 en Santander, y si eso era, además, un mensaje para el resto de la plantilla.
Mourinho reconoció que hay jugadores con más aptitud física y táctica para el trabajo defensivo que otros, pero añadió que también había visto a Kylian presionar la circulación del balón rival en la primera fase. Habló de gente muy comprometida y de un equipo que crece y juega bien. En su opinión, el Madrid debería marcar más goles con las ocasiones que genera, pero mejora, y en bloque bajo sabe compactarse.
El entrenador se mostró «verdaderamente feliz» con esa evolución y coincidió con el periodista en que, cuando los futbolistas más ofensivos se sacrifican, el mensaje para el resto del equipo es positivo. Se trata de una línea que ya había defendido en otras comparecencias y que pone el acento en la idea de que el esfuerzo colectivo es innegociable, también para las estrellas.

Alberto Peiro, de Onda Cero, le pidió una valoración de sensaciones: si cree haber encontrado la clave del equipo y si los jugadores le entienden al cien por cien. Mourinho respondió que el proceso es progresivo y que ha comprendido cosas que no entendía ni el primer día. Según él, los futbolistas entienden mejor su carácter como entrenador, que es lo que importa, y no tanto su carácter como persona, que es secundario.
Añadió que los jugadores conocen sus líneas rojas, esas cosas que para él son innegociables, y que existe una buena empatía humana entre plantilla y técnico, entre sus ideas y las cualidades del grupo. Con todo, pidió prudencia: se vienen, dijo, dos partidos complicados esta semana, y cada uno de ellos es importante. Es una forma de rebajar la euforia que parece ser una constante en su discurso.
El momento más esperado de la sesión llegó con la pregunta de Miguel Ángel Díaz, de COPE, sobre las dos acciones muy protestadas por el Racing y por la grada. Una fue el penalti que acabó derivando en el primer gol y la otra, la que finalmente se anuló a los locales. Quería conocer la opinión del técnico sobre ambas jugadas.
Mourinho lo planteó con una sonrisa y con respeto por el escenario. Dijo que su opinión es que allí protestan todo, y que es un estadio y una afición que le gustan mucho, con un carácter propio: no van al estadio solo a ver un espectáculo, sino a participar, a jugar, y crean un ambiente muy difícil para el rival. A eso suma un factor que describió como jugar con el corazón, y recuerda que mucha gente no conoce el reglamento, que cambia con frecuencia en sus detalles.
Con esa premisa, entró en la jugada concreta que afecta a Tchouaméni. Según Mourinho, nunca puede ser penalti en ese tipo de acción, porque el balón llega tras un desvío y sale del propio cuerpo del jugador. Cuando el árbitro señaló la pena máxima, contó, se mantuvo tranquilo porque a sesenta metros no podía ver con claridad, pero cuando vio la imagen en el iPad pensó que Gil Manzano debía «despertar», porque aquello no era penalti.
La transcripción disponible no aclara con total precisión cuál de las dos decisiones beneficiaba a cada equipo ni en qué minuto se produjeron, por lo que conviene consultar el acta o la repetición antes de afirmar nada sobre ellas. Lo que sí queda claro es la tesis del técnico: la jugada, a su entender, no debía sancionarse, y por tanto no habría motivo para la queja del Racing.
En cuanto a la actuación del colegiado, Mourinho la calificó de técnicamente muy buena. A nivel disciplinario, apuntó, solo hubo un par de tarjetas amarillas en todo el partido, y para él era evidente que lo que se protestaba no era penalti. Es la versión del entrenador, y los aficionados locales, previsiblemente, mantendrían la contraria, que es la que han expresado con sus pitidos durante el partido.
Antonio Mola, de Radio Nacional de España, quiso saber si el equipo ha dado un salto, puesto que se ve gran velocidad en todos los jugadores con y sin balón y la sensación de que algo ha cambiado. Mourinho repitió que el equipo mejora y que los jugadores están con mucha confianza, y añadió una reflexión sobre el aspecto emocional: el fútbol lo juegan hombres y mujeres, no solo futbolistas, y cuando las cosas van bien parece que van bien para todos.
Explicó también uno de sus cambios, la entrada de Alexander-Arnold, que no había jugado en varios partidos. Pensó, dijo, que entre él y Dumfries la calidad técnica del inglés sería mejor para salir jugando en espacios reducidos ante un rival que presiona con intensidad, y el lateral cumplió con un partido óptimo y muy equilibrado. Reconoció que, cuando el momento es bueno, las cosas parecen mejores de lo que son, aunque se declaró feliz y convencido de que los jugadores están abrazando esa sensación.
Miguel Ángel Ara, del diario Marca, rescató una frase de días anteriores, cuando el técnico habló de ingenuidad en el equipo, y le preguntó por un detalle: en el 0-3, pidió a sus jugadores que celebraran el gol en su propio campo y no corrieran al otro extremo. Mourinho lo explicó con un ejemplo muy gráfico: si los futbolistas se van al campo rival y un jugador astuto saca rápido de centro, el Madrid podría encajar un gol absurdo.
Para el técnico, son pequeñas cosas en las que a veces la emoción hace perder el contacto con la realidad, y su trabajo es dar un poco de orientación a los suyos. Es un gesto que encaja con la imagen de un entrenador obsesionado por el control, y que algunos considerarán excesivo, pero que, según el propio Mourinho, nace de la experiencia de haberlo visto todo en el fútbol.
La última pregunta, de Miguel Ángel Toribio, de Radio Marca, planteó un asunto de gestión: por qué no usó las cinco sustituciones disponibles en una victoria que, como dijo él mismo, no estaba cerrada, pero sí bastante tranquila. Mourinho respondió con una frase que ya es casi un lema: el partido está sentenciado cuando el árbitro lo termina.
Añadió una razón práctica. Para algunos de los jugadores que participaron, no tendría sentido sacar del campo a quienes el miércoles estarán en el banquillo, y puso el ejemplo de Tchouaméni: si no va a jugar el miércoles, que juegue los noventa minutos hoy. En su cabeza, expuso, pensaba lo contrario que otros entrenadores que cambian cuando el partido está controlado, porque quería mantener sobre el campo a los futbolistas que no serán titulares en el siguiente encuentro.
El técnico aprovechó para lanzar una crítica velada al calendario. Según él, el «regalo» de la Liga al obligar al equipo a jugar este sábado le fuerza a esa gestión el miércoles frente al fútbol español, que debería querer que sus equipos ganaran en Europa, y reclamó puntos, puntos y puntos. Pese a ello, se mostró dispuesto a ver si, aun haciendo tres o cuatro cambios, el equipo es capaz de sumar en Atenas.
La queja no es nueva, y los responsables de la competición dirían, previsiblemente, que el calendario es el resultado de acuerdos con las televisiones y de normas comunes a todos los clubes. Otros equipos que juegan en Europa tienen que lidiar con las mismas fechas, y algunos aficionados considerarían que el entrenador convierte un asunto logístico en un argumento deportivo. Mourinho, sin embargo, parece convencido de que el desgaste de la plantilla es un factor clave en esta fase del curso.
En conjunto, la rueda de prensa deja una imagen coherente de un técnico que combina la cautela con el optimismo moderado. Pide no dar nada por sentado, defiende la integridad de sus decisiones, destaca la mejora de la plantilla y lanza mensajes al exterior sobre el arbitraje y el calendario. Es un discurso muy suyo, donde cada respuesta sirve a la vez para analizar el partido y para preparar el siguiente.
Queda por ver cómo recibe el madridismo esta victoria y cómo la lee el Racing, que ha perdido pero que se marcha con la sensación, según el propio entrenador blanco, de haber competido hasta el final en un escenario muy exigente. Mientras tanto, el Real Madrid mira ya a Atenas, con la idea de seguir sumando y con la certeza de que, en palabras de su técnico, nada se da por cerrado hasta que el árbitro lo decide.