¿CÓMO CAMBIARÍA LA LIGA SI TEBAS ES INHABILITADO? TE LO EXPLICO

¿CÓMO CAMBIARÍA LA LIGA SI TEBAS ES INHABILITADO? TE LO EXPLICO

Javier Tebas lleva años acostumbrado a moverse en el filo de la polémica. Presidente de LaLiga desde hace una década larga, su relación con el Real Madrid ha sido un cruce de reproches casi permanente. Pero esta semana el choque ha subido de nivel, porque ha entrado en juego un actor nuevo: el Gobierno.

El Consejo Superior de Deportes ha decidido actuar de oficio y elevar al Tribunal Administrativo del Deporte una petición razonada sobre unas declaraciones del dirigente. Dicho en llano, el organismo público pide al TAD que estudie si lo que dijo Tebas constituye una infracción grave. La posible sanción va desde una amonestación hasta una inhabilitación de hasta dos años.

La pregunta que flota en el ambiente es evidente. ¿Estamos ante el principio del fin de una era? Y si así fuera, ¿cómo sería LaLiga sin su presidente? Antes de ensayar respuestas, conviene ordenar los hechos y distinguirlos de las especulaciones.

Todo arranca el 16 de octubre. Ese día, Tebas publicó en su perfil oficial de X un mensaje en el que comparaba el método de comunicación del Real Madrid y de su canal oficial, Real Madrid Televisión, con los mecanismos de propaganda que explotó Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania nazi.

La respuesta del club blanco no se hizo esperar. Ese mismo día exigió su dimisión inmediata y sostuvo que su conducta supone una falta de neutralidad, respeto e imparcialidad incompatible con sus responsabilidades institucionales. Para el club, esas palabras lo descalificaban para seguir ocupando sus cargos, que incluyen la presidencia de LaLiga y la vicepresidencia de la Federación Española de Fútbol.

Después llegó el Gobierno. El presidente del CSD, José Manuel Rodríguez Uribes, ya había advertido de esa posibilidad días antes. Dijo que Tebas debería pedir disculpas al Real Madrid y calificó la comparación de terrible. El jueves 22 de octubre, el organismo anunció que había elevado la petición razonada al TAD.

Conviene entender qué significa exactamente ese paso. El CSD no ha impuesto ninguna sanción ni ha dictado ningún veredicto. Lo que hace es pedir al tribunal que valore si existen indicios de infracción. El TAD debe decidir primero si admite a trámite el asunto y si abre un expediente sancionador, y esa decisión puede tardar varias semanas o incluso meses.

El organismo público considera que las palabras podrían vulnerar el precepto de la ley del deporte que castiga los actos notorios y públicos que atenten contra la dignidad o el decoro deportivo. En caso de que el tribunal viera una infracción, el abanico de castigos va desde una amonestación pública hasta una multa de entre 600 y 3.500 euros y una inhabilitación temporal de entre un mes y dos años.

De ahí que sea prematuro hablar de destitución. Algunos titulares la dan casi por hecha, y otros restan importancia al asunto. La realidad es que, a esta hora, nadie puede asegurar cuál será el resultado, y menos todavía cuándo llegará.

La referencia que muchos citan es el caso de Luis Rubiales. En 2023, el CSD también acudió al TAD por el comportamiento del entonces presidente de la Federación tras la final del Mundial femenino, y el tribunal acabó imponiéndole una inhabilitación de tres años. Fue, además, un proceso que lo apartó de su cargo antes de la resolución final.

Pero las comparaciones tienen límites. El caso Rubiales implicó un gesto físico, una polémica de dimensión nacional e internacional y una reacción del propio entorno federativo. El asunto de Tebas es de naturaleza distinta: unas palabras publicadas en una red social, cuyo alcance y cuyo sentido se discuten. Los precedentes sirven como referencia, no como pronóstico.

El propio Tebas ha defendido su postura. Según ha explicado, su comparación se refería a las técnicas de propaganda y no a una ideología, y pide que se lea con atención lo que escribió y se revisen algunos antecedentes. Ha afirmado que el TAD tendrá que valorar lo que realmente dijo, con su contenido completo y su contexto.

También ha señalado que periodistas y dirigentes políticos, incluidos miembros del actual Gobierno y del PSOE, han recurrido en el pasado a esa misma comparación. En su defensa, la cuestión no es la gravedad del insulto, sino la doble vara de medir con que se juzga a cada cual. Y ha lamentado que, «otra vez», los titulares hablen de su posible inhabilitación.

Quienes critican sus palabras responden que la referencia a Goebbels es de una carga histórica enorme y que, aunque se aplique solo a una técnica, equipara a un club con el aparato de un régimen criminal. Subrayan que no es una opinión más, sino una frase pronunciada por un cargo institucional, con deberes de neutralidad. Para ellos, el cargo exige un grado de prudencia mayor que el de un comentarista.

Los defensores de Tebas replican que el dirigente no hizo más que expresar una crítica a la forma en que Real Madrid Televisión trata los asuntos arbitrales, un debate que lleva años abierto, y que castigar una metáfora desmedida abre una puerta peligrosa para la libertad de expresión de los dirigentes deportivos. Aseguran que el Madrid, por su parte, no ha sido precisamente comedido en sus ataques.

Ese es, justamente, el trasfondo. La relación entre ambas partes es tensa desde hace años, con episodios como el rechazo del club al acuerdo con el fondo de inversión CVC, las cartas de protesta sobre el arbitraje o las denuncias cruzadas ante el CSD y el TAD. Tebas llegó a decir, en una ocasión, que quien caldea los partidos y cuestiona a los árbitros es la propia televisión del club.

En otra ocasión, el presidente de la competición afirmó haber perdido la cuenta de las veces que los dirigentes del club blanco han pedido su dimisión o han intentado inhabilitarlo. Es un dato curioso: ambas partes cuentan los agravios, y ninguna se considera la agresora.

Para los aficionados del Real Madrid, la novedad de esta semana es que el Gobierno ha dado un paso que nunca antes se había dado. Hasta ahora, las denuncias del club avanzaban con lentitud y, según ellos, sin resultados. Esta vez, la iniciativa viene de un organismo público, y eso les parece una señal de que las cosas cambian.

Para los seguidores de Tebas, en cambio, la intervención del CSD tiene una lectura política. Recuerdan que el presidente del CSD forma parte del Gobierno, que mantiene sus propias diferencias con LaLiga, y que actuar de oficio tras una denuncia mediatizada puede interpretarse como una forma de presión. Sostienen que sería más prudente esperar a que el tribunal valore el asunto sin ruido.

Hay que señalar, además, que el TAD ya ha tramitado otros asuntos relacionados con Tebas en el pasado. Según se publicó, el tribunal abrió en su día un expediente por la convocatoria de la asamblea en la que se aprobó el acuerdo con CVC, y otro por una presunta revelación de información del Barcelona. Los resultados de esos procedimientos ya forman parte de su historial, y ni el cargo ha sido apartado ni la tensión ha disminuido.

Eso explica que muchos observadores prefieran la cautela. El historial de Tebas en estos procesos es el de un dirigente que ha sobrevivido a numerosos intentos de apartarlo, y no hay razón para pensar que el desenlace vaya a ser distinto, aunque tampoco se puede descartar lo contrario. La política deportiva española es conocida por sus giros inesperados.

A partir de aquí entra el terreno de la hipótesis. Supóngase, solo como ejercicio, que el TAD abre un expediente y acaba inhabilitando al presidente de LaLiga. ¿Qué cambiaría? Según los críticos del dirigente, al menos cinco cosas. Y según sus defensores, ninguna de ellas es tan segura como parece.

La primera sería el fin, o al menos el enfriamiento, de la enemistad con el Real Madrid. Los críticos sostienen que Tebas ha convertido el enfrentamiento con el club en una marca personal y que un sucesor tendría que construir de cero la relación con la entidad más importante del país. Eso no significaría un trato de favor, sino que las decisiones institucionales dejarían de estar condicionadas por una inquina personal.

Para ilustrarlo recuerdan el episodio del acuerdo con CVC. Según esa versión, el fondo de inversión se presentó al Barcelona de forma discreta, como una vía para poder renovar a Messi, mientras que el Real Madrid se enteró a última hora. Es una narración que el club blanco ha hecho suya, y que LaLiga ha rebatido, defendiendo que el acuerdo se aprobó por una mayoría de clubes.

La segunda consecuencia sería la pérdida del supuesto padrinazgo del Barcelona. Los detractores de Tebas aseguran que ha sido un escudo del club azulgrana en momentos delicados, como el caso Negreira, y que ha respaldado medidas favorables a la entidad. Recuerdan que Joan Laporta lo defendió públicamente cuando el Real Madrid pidió su dimisión.

Señalan también que la propia LaLiga está personada en el caso Negreira, y que sería el Real Madrid quien más empuja procesalmente. Quienes defienden al dirigente replican que LaLiga ha actuado dentro de sus competencias, que el Barcelona también ha sido objeto de críticas del presidente en distintas ocasiones y que, de hecho, el club culer ha amenazado con denunciarlo por divulgar datos privados. Esa última circunstancia no encaja con la idea de un aliado incondicional.

La tercera posible novedad sería una flexibilización del control económico. Es una de las materias que más debate genera. El sistema de límites salariales de LaLiga ha sido criticado por clubes como el Betis o el Getafe, que consideran que les asfixia, y defendido por quienes creen que ha evitado desastres financieros en el pasado.

Un nuevo presidente podría permitir un mayor endeudamiento e inversión, y eso, en teoría, haría a la competición más atractiva para inversores, patrocinadores y televisiones. Pero también implicaría riesgos, desde la fragilidad financiera hasta la ampliación de la brecha entre los clubes ricos y los modestos. No es un cambio que beneficie a todos por igual.

La cuarta cuestión es la de la independencia de los medios. Tebas ha sido acusado por sus detractores de mantener vínculos con medios afines, a los que se atribuye una línea favorable a su gestión. Esas acusaciones, que él rechaza, forman parte del cruce de reproches habitual en el fútbol español, donde casi todos los actores acusan a los demás de tener altavoces propios.

Es justo recordar, en este punto, que el propio Real Madrid dispone de un canal propio de televisión y que esa es, precisamente, la razón de la polémica original. En un ecosistema en el que los clubes, la liga, la federación y los medios libran una batalla por el relato, hablar de independencia absoluta suena más a deseo que a realidad.

La quinta consecuencia sería una reforma de la gobernanza y del reparto de derechos. Los críticos aseguran que el actual presidente ha centralizado un enorme poder y que un sucesor tendría que renegociar el reparto de los ingresos televisivos, el formato de la competición y la relación con la Federación y la UEFA. En su lectura, LaLiga dejaría de ser un feudo y se convertiría en una institución más democrática.

Sus defensores recuerdan que el modelo actual es, en buena medida, el responsable del aumento de ingresos de la competición en los últimos años, y que un cambio de rumbo podría poner en peligro los acuerdos de comercialización internacional. También sostienen que la liga se rige por votaciones en las que participan los clubes, y que atribuirle todo el poder a una sola persona es una simplificación.

En todos los casos, el resultado dependería de quién llegara. Si el sucesor fuera alguien con una visión distinta y apoyo de los clubes, podría abrirse un periodo de reformas. Si fuera una figura cercana al presidente actual, es probable que las cosas siguieran como hasta ahora, y que el dirigente volviera a ejercer influencia desde las sombras. Y si llegara alguien con menos experiencia, el cambio podría ser a peor.

Por eso, los analistas más prudentes insisten en que cualquier pronóstico es una apuesta. LaLiga tiene una estructura compleja, con un presidente elegido por los clubes, estatutos propios y una relación tensa con las instituciones públicas. Cambiar a una persona no cambia, por sí solo, ese entramado.

Lo que sí parece claro es que el episodio refleja un cambio en la forma en que se dirimen estas disputas. Durante años, el Real Madrid ha sido el principal impulsor de las denuncias contra el presidente de la competición, con resultados escasos. Ahora, con la intervención del CSD, la batalla incorpora un elemento institucional que la hace más difícil de ignorar.

Para el club blanco, supone un respaldo inesperado. Para Tebas, un nuevo frente. Y para el resto de los clubes, una dosis de incertidumbre en un momento en que la competición afronta otros desafíos, desde la crisis de imagen en el mercado chino hasta la competencia de la Premier League.

Queda por ver cómo reaccionará el TAD. El tribunal debe decidir primero si admite el asunto, y después, si lo hace, tramitar un procedimiento con alegaciones, pruebas y resolución. Hasta entonces, el presidente de LaLiga seguirá en su cargo, y la polémica continuará.

Tebas ha dicho que defender la competición exige responder a quienes la desacreditan. Sus críticos le devuelven la pregunta: ¿quién defiende la competición de los excesos de su presidente? Es una cuestión que, más allá de cualquier expediente, plantea un debate de fondo sobre los límites de la crítica institucional.

Si el tribunal inhabilitara al dirigente, estaremos, según unos, ante el fin de una etapa. Si no lo hiciera, otros hablarán de una impunidad anunciada. Y si el proceso se alarga y termina en una amonestación, ambas partes dirán que tenían razón. Así funciona, casi siempre, el fútbol español.

Lo único seguro es que el asunto seguirá dando que hablar. Y que, gane quien gane la partida, la relación entre LaLiga y el Real Madrid, dos instituciones condenadas a entenderse, seguirá siendo uno de los grandes culebrones del deporte español.

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