Premier League vs. LaLiga: los números incómodos que España no quiere que compares

Premier League vs. LaLiga: los números incómodos que España no quiere que compares

Una comparación con datos reales, cifras aproximadas y el sentido del humor imprescindible para hablar del dinero de los demás. Las cifras son órdenes de magnitud tomados de informes públicos (Deloitte, LaLiga, Premier League, prensa económica). Verifícalas con las fuentes originales antes de citarlas.

Hay conversaciones que en España se evitan con el mismo cuidado con que se esquiva al cuñado en Nochebuena. Una es la política. Otra es si la tortilla lleva cebolla. Y la tercera, que se ha ido colando en las sobremesas futboleras de los últimos años, es esta: ¿por qué la Premier League tiene tanto dinero y LaLiga no?

La respuesta oficial suele tener forma de comunicado, de entrevista incómoda o de hilo de redes con muchos emojis de bandera. La respuesta de verdad tiene forma de hoja de cálculo. Y las hojas de cálculo, como los cuñados, dicen cosas que no queremos oír.

Este artículo no pretende demostrar que el fútbol inglés sea mejor que el español. Spoiler: no lo es, o al menos no es tan sencillo. Pretende algo más modesto y más molesto: poner los números lado a lado y dejar que cada uno saque sus propias conclusiones. Habrá cifras, habrá matices y habrá algún chiste, porque si hay que hablar de derechos audiovisuales, mejor hacerlo con anestesia.

Ronda 1: la tele, o cómo vender lo mismo a un precio muy distinto

Empecemos por lo que más duele, que es el dinero de la televisión.

La Premier League vende sus derechos, nacionales e internacionales, por cantidades que en los últimos ciclos han rondado los 10.000 millones de libras cada tres temporadas. Dicho en cristiano: una cifra anual que, según el cambio y cómo se cuente, ronda los 4.000 millones de euros. LaLiga, con sus derechos nacionales e internacionales, se mueve en una cifra anual del orden de 2.000 millones de euros. Es decir, entre la mitad y un tercio, dependiendo de qué partidas incluyas y de cómo esté la libra ese día.

Para entenderlo, imagina dos vendedores de coches. Uno vende un deportivo a todo el mundo y tiene lista de espera en cuarenta países. El otro vende un deportivo igual de bonito, con piloto más elegante, pero que muchos compradores no ven porque el concesionario cierra a las dos de la tarde y abre un lunes a las nueve de la noche. Pues eso.

La Premier tiene una ventaja que no se improvisa: lleva más de tres décadas construyendo su marca fuera de casa. Ha llegado a bares de Bangkok, a salones de Lagos y a tabernas de Nueva York cuando LaLiga todavía explicaba al mundo qué era un córner. Su producto está empaquetado, medido y vendido con una eficacia que roza lo obsceno.

LaLiga, en justicia, también ha invertido en proyección internacional, oficinas en el extranjero, delegados y una estrategia digital seria. Pero parte desde más atrás y con menos mercado de habla inglesa, que es, por razones obvias, el que más paga. Para los seguidores del mundo anglosajón, ver una liga en inglés es una comodidad. Ver una liga en español es una decisión.

Ronda 2: el reparto, o la incómoda virtud de la igualdad

Aquí llega la parte que a los defensores de la «meritocracia» del fútbol español les gusta menos.

En la Premier, el reparto de los ingresos televisivos es muchísimo más igualitario que en LaLiga. Una parte importante se reparte a partes iguales entre los veinte clubes, otra según los partidos televisados y otra según la posición final. El resultado es que la diferencia entre el club que más cobra y el que menos cobra por televisión está, aproximadamente, en una relación de 1,6 a 1.

En LaLiga, la relación entre el que más cobra y el que menos cobra es bastante mayor. Los dos grandes, Real Madrid y Barcelona, perciben cantidades que multiplican con holgura lo que recibe un recién ascendido, por el peso que tienen los criterios de audiencia, de repercusión social y de resultados históricos.

La discusión que esto genera es muy bonita y muy española. Unos dicen que quien genera más audiencia merece cobrar más. Otros responden que una competición donde dos equipos se llevan el pastel de forma tan desproporcionada deja de ser una competición para convertirse en una comparsa con dos protagonistas. Ambos tienen parte de razón, y precisamente por eso la discusión no se acaba nunca.

Pero hay un dato que conviene tener en la cabeza: en la Premier, la igualdad en el reparto no parece haber destruido el atractivo del producto. Al contrario. Los clubes del medio y de abajo pueden fichar, mantener plantillas competitivas y sobrevivir al descenso con una holgura que a muchos clubes españoles les produciría un ataque de risa nerviosa.

Resumen en una tabla, con las cifras tomadas como órdenes de magnitud:

Concepto

 

Premier League

 

LaLiga

 

Derechos de TV (nacionales + internacionales)

 

del orden de 4.000 M€ anuales

 

del orden de 2.000 M€ anuales

 

Relación entre quien más y quien menos cobra por TV

 

cerca de 1,6 a 1

 

bastante mayor

 

Asistencia media a los estadios

 

en torno a 40.000 espectadores

 

en torno a 30.000 espectadores

 

Campeones distintos entre 2005/06 y 2024/25

 

5 (Chelsea, United, City, Leicester, Liverpool)

 

3 (Barcelona, Madrid, Atlético)

Ronda 3: el último de la Premier cobra más que tu favorito

Este es probablemente el dato que mejor explica la distancia entre las dos ligas, y el que más hace sonreír a los ingleses.

El club que acaba último en la Premier League cobra, entre televisión y otros ingresos comunes, una cantidad que en muchos casos supera los 100 millones de euros por temporada. Léelo despacio. El último clasificado. El que desciende. El que pasa el año sufriendo, cambiando de entrenador a mitad de curso y rezando a santos de todas las confesiones.

Ese club, aun después de descender, recibe pagos de transición que le permiten sobrevivir a la categoría inferior sin vender el estadio ni convocar una rifa de camisetas.

Compáralo con el panorama de muchos clubes españoles de la zona media y baja, que viven con presupuestos mucho más ajustados, plantillas armadas con la calculadora en la mano y una dependencia casi total de los traspasos de jugadores para cuadrar el balance.

Hay una frase que se repite en el sector y que resume bien el asunto: en Inglaterra, descender es una tragedia deportiva; en España, a menudo es una tragedia deportiva y financiera al mismo tiempo. El paracaídas inglés es de oro. El español, en muchos casos, es de la tienda de todo a cien.

La consecuencia práctica es un fenómeno conocido: los clubes ingleses de media tabla pueden pujar por jugadores que a muchos clubes españoles de la zona alta les quedan fuera de alcance. No hablamos de superestrellas, sino de jugadores muy buenos, de esos que en otra época habrían acabado en un equipo español de mitad de tabla o en uno de los grandes y que ahora, simplemente, cruzan el Canal de la Mancha.

Ronda 4: el estadio y los horarios, o el arte de espantar al público

Pasemos a un terreno más prosaico: el domingo por la tarde.

La asistencia media a los estadios ingleses ronda las cuarenta mil personas, con ocupaciones que a menudo se acercan al lleno. En LaLiga, la asistencia media ronda las treinta mil, con estadios que en algunos casos acusan huecos importantes y con una tendencia a la desigualdad entre los recintos de los grandes y los del resto.

Hay varias razones. Una es la capacidad y modernidad de los estadios: muchos recintos ingleses se renovaron en los años noventa y dos mil, tras reformas profundas, mientras que parte del parque español arrastra instalaciones más antiguas. Otra es la cultura del abonado, muy arraigada en Inglaterra, donde la lista de espera para conseguir un abono es un clásico del paisaje futbolístico.

Pero hay una razón que en España se comenta en voz baja: los horarios.

La competición española ha repartido sus partidos a lo largo de la semana de una forma que, vista desde fuera, parece diseñada por alguien que odia a quien trabaja. Partidos a las nueve de la noche un lunes. Partidos a las dos de la tarde un domingo con el calor de agosto. Partidos un viernes a la hora en que la gente está volviendo del trabajo. La lógica es sencilla: maximizar la audiencia televisiva en distintas franjas y mercados, algo que tiene sentido empresarial pero que castiga al aficionado de a pie.

En Inglaterra, la costumbre del sábado a las tres de la tarde está tan arraigada que, por tradición y por norma, los partidos no se televisan en esa franja en el Reino Unido. Se protege la asistencia a los estadios, a costa de renunciar a cierta cantidad de audiencia televisiva. Una decisión que se podría resumir así: ellos protegen al que va al campo; nosotros, al que se queda en casa con el mando.

No hay una opción moralmente superior. Hay dos modelos con prioridades distintas. Pero el resultado en las gradas es visible.

Ronda 5: el control económico, o cómo tener dinero y no poder gastarlo

Aquí entramos en uno de los terrenos más peculiares del fútbol español.

LaLiga aplica un sistema de control económico que limita el gasto en plantilla de cada club en función de sus ingresos y de su situación financiera. En teoría, es una medida de prudencia para evitar que los clubes se endeuden por encima de sus posibilidades. En la práctica, produce situaciones surrealistas.

El ejemplo más famoso es el de un club grande que, en pleno proceso de renovación de un jugador histórico, descubrió que no podía inscribirlo por no cumplir los límites que le imponía el sistema. Un club inmensamente popular y con ingresos descomunales se encontró en la paradoja de tener el cariño de medio planeta y la capacidad de registro de una cooperativa de barrio.

La Premier League, por su parte, tiene sus propias normas, las llamadas reglas de rentabilidad y sostenibilidad, que permiten pérdidas dentro de ciertos márgenes en un periodo de tres temporadas. Son normas distintas, con otra filosofía: en Inglaterra se vigila cuánto pierdes; en España se vigila cuánto puedes gastar según lo que ingresas.

Y ojo, que tampoco en Inglaterra el sistema está libre de polémica. Ha habido clubes sancionados con deducción de puntos por incumplir las normas, y hay un caso largo y mediático, el de las acusaciones contra el Manchester City, que ha generado años de debate. El estado actual del asunto conviene consultarlo en fuentes recientes, porque estas cosas cambian más rápido que un fichaje de verano.

La conclusión es incómoda para ambos lados: ninguna de las dos ligas ha resuelto el problema de cómo controlar el gasto sin asfixiar la competencia. Simplemente han elegido enfoques distintos y, cada uno, sufre sus propios efectos secundarios.

Ronda 6: la Champions, o la gran contradicción española

Ahora toca hablar de lo que los defensores de LaLiga sacan, con toda razón, cuando alguien les enseña la hoja de cálculo.

La liga con menos dinero gana la copa de los ricos.

Los clubes españoles, y en particular el Real Madrid, han dominado la Liga de Campeones durante buena parte de las últimas dos décadas. El Madrid es el club con más Copas de Europa de la historia, y el palmarés continental de los equipos españoles en este siglo es extraordinario. Si el dinero lo fuera todo, esto no tendría sentido.

La explicación tiene varias capas:

La experiencia y la cultura competitiva. Hay clubes que saben ganar partidos de eliminatoria con una sangre fría que no se compra con dinero.
La calidad técnica. El fútbol español ha formado generaciones de jugadores con una formación táctica y técnica que sigue siendo referencia mundial.
El peso de dos o tres clubes con ingresos propios enormes. Los dos grandes de LaLiga no son pobres: están entre los clubes que más ingresan del planeta. La desigualdad española significa que tiene dos superpotencias y muchos clubes modestos, mientras que la inglesa tiene muchos clubes potentes.

De hecho, esa es la clave. La Premier es una liga de profundidad. LaLiga es una liga de picos. En la Premier, casi cualquiera puede ganar a casi cualquiera, y los veinte clubes tienen presupuestos que serían la envidia de buena parte de Europa. En LaLiga, hay dos o tres clubes que compiten con cualquiera en el continente, y un grupo de clubes que, siendo honestos, compiten con otras cosas, como la supervivencia.

Por eso el dato de la Champions no contradice los números de la tele. Los complementa. El éxito europeo de los grandes españoles es real, pero no se traduce en riqueza para el conjunto de la competición.

Ronda 7: la emoción del título, o quién gana de verdad

Hablando de picos y de profundidad, miremos quién gana los campeonatos.

Entre las temporadas 2005/06 y 2024/25, el campeonato de Liga español lo ganaron tres clubes distintos: Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid. Y el Atlético, en esas veinte temporadas, se llevó el título solo dos veces. Es decir, que durante dos décadas casi todo el campeonato se decidió entre dos equipos.

En la Premier League, en ese mismo periodo, ganaron cinco clubes distintos: Chelsea, Manchester United, Manchester City, Leicester y Liverpool. Con mucha concentración reciente en el City, por cierto, que ha acumulado una racha de títulos muy difícil de igualar. Pero, además, con una sorpresa tan monumental como la del Leicester, un club que ganó el título a cinco mil a uno según las casas de apuestas.

Hay que ser justos: la Premier tiene sus propias dinastías y sus propias etapas de aburrimiento. Quien haya visto al City ganar y ganar sabe que la emoción no siempre está garantizada. Pero el dato general es que en la Premier hay más variedad en la cima, y la zona media es más competitiva, porque casi cualquier club puede, con una buena temporada, aspirar a puestos europeos.

En LaLiga, esa zona media sigue siendo más frágil. Los clubes que se cuelan entre los cuatro primeros suelen hacerlo con un esfuerzo heroico y, a menudo, vendiendo después a sus mejores jugadores. Es el síndrome del equipo revelación: un año en la gloria y, al siguiente, sus estrellas ya están en otro país.

Ronda 8: la deuda, o el elefante que ambos fingen no ver

Llegamos a la parte que hace que nadie salga limpio.

Sería muy cómodo concluir que la Premier es un paraíso financiero y LaLiga un erial. No lo es. Los clubes ingleses también acumulan deudas importantes, a menudo respaldadas por propietarios con fortunas descomunales, fondos de inversión o grupos internacionales. Parte del dinero que circula en Inglaterra no procede de la taquilla ni de la televisión, sino de la billetera de un propietario con un patrimonio que daría para comprar un país pequeño.

Eso genera sus propios problemas: la dependencia de un propietario, la posibilidad de que un club cambie de manos y de rumbo de la noche a la mañana, y la sensación de que parte del gasto no es sostenible sin esa inyección constante.

Los clubes españoles, por su parte, también tienen deudas considerables. Algunos de los más grandes han acumulado pasivos de cifras que obligaron a medidas de choque, ventas de activos futuros y operaciones financieras de ingeniería creativa. Cuando un club vende una parte de sus ingresos futuros para pagar un fichaje presente, el balance mejora mucho y el futuro, ligeramente menos.

La diferencia es de enfoque. En Inglaterra, la entrada de capital privado ha sido masiva y ha transformado el fútbol en un negocio global. En España, el modelo histórico de clubes propiedad de los socios en algunos casos ha protegido a los clubes de ser comprados, pero también ha limitado su capacidad de captar inversión.

No hay un modelo perfecto. Hay modelos con riesgos distintos. Y cualquiera que te diga lo contrario probablemente te está intentando vender algo, y no precisamente un abono.

Ronda 9: la piratería y el bloqueo, o cuando el remedio escuece

Hay un capítulo que, aunque técnico, merece un párrafo, porque tiene un componente casi cómico.

LaLiga ha llevado a cabo una lucha muy activa contra la piratería, y una de sus herramientas ha sido el bloqueo de direcciones de internet en los días de partido. El objetivo es legítimo: proteger sus ingresos audiovisuales. El problema es que, según han denunciado diversos usuarios y organizaciones, estos bloqueos han afectado en ocasiones a servicios y páginas que nada tenían que ver con el fútbol. Quien intenta entrar en una web de trabajo un sábado por la noche y se la encuentra inaccesible porque comparte infraestructura con otra cosa tiene derecho a preguntarse qué ha hecho él para merecerlo.

La Premier también persigue la piratería, y con insistencia. Pero el caso español ha generado una polémica especialmente ruidosa, por el efecto colateral que ha tenido sobre usuarios que simplemente querían trabajar, estudiar o, quién sabe, ver un documental sobre pájaros.

El episodio sirve para ilustrar algo más general: proteger un producto es imprescindible, pero si el producto es tan caro y está tan fragmentado que el aficionado necesita varias suscripciones para verlo, la piratería deja de ser un problema de moral y pasa a ser un problema de diseño comercial.

Ronda 10: lo que España hace mejor (y no es poco)

Para no terminar convirtiendo esto en una lista de agravios, hablemos de lo que LaLiga hace mejor, que es bastante.

Primero, la cantera y la formación técnica. España ha producido generaciones de futbolistas con una formación táctica excepcional. La selección española ha dominado el fútbol mundial y europeo durante periodos muy largos, y buena parte de ese talento ha salido de las canteras de los clubes españoles. La Premier, con toda su riqueza, importa a muchos de esos jugadores. Es decir, que España fabrica y Inglaterra compra, igual que ocurre con ciertas industrias.

Segundo, el estilo. El fútbol de posesión, la circulación de balón y la paciencia táctica son marcas de la casa. Muchos aficionados, incluso fuera de España, prefieren la sofisticación táctica de un buen partido de LaLiga a la intensidad vertiginosa de un partido inglés típico. La Premier es un tren de alta velocidad. LaLiga, un ajedrez con cañas.

Tercero, la identidad de los clubes. Hay una densidad de historia y de pertenencia en los clubes españoles que muchos aficionados valoran precisamente porque no ha sido arrasada por la lógica del mercado global. Un estadio con ambiente de barrio, un himno que todo el mundo se sabe y un derbi que paraliza una ciudad son activos que no figuran en ninguna hoja de cálculo.

Cuarto, la eficiencia. Con menos dinero, LaLiga logra una calidad deportiva enorme. Los clubes españoles son, en promedio, más eficientes en convertir euros en resultados. Si la Premier gasta mucho y a veces desperdicia, LaLiga gasta poco y exprime cada euro. Es la diferencia entre el que paga el buffet libre y el que aprende a hacer un menú del día con ingredientes excelentes.

¿Qué podría aprender LaLiga? (y qué no)

Después de todo esto, la pregunta lógica es qué lecciones pueden extraerse.

Lo que probablemente sí convendría estudiar:

Un reparto más equilibrado. No necesariamente idéntico al inglés, pero sí más cercano, porque la fortaleza de la parte baja de la tabla es la que sostiene el atractivo del conjunto. Cuanto más competitivos sean los clubes medianos, más interesante será cada jornada, y más valioso el producto que se vende.
Una mejor planificación de horarios, que equilibre las necesidades de la televisión con las de quien paga una entrada. Un estadio lleno es también un excelente decorado televisivo.
Más ambición en el mercado angloparlante, el que más paga y el que más crece, con contenidos, narrativas y acuerdos adaptados.

Lo que probablemente no convendría copiar:

La dependencia de propietarios extranjeros con intereses ajenos al club. Parte del atractivo del fútbol español es su arraigo local.
La inflación desbocada de precios y salarios, que ha generado en Inglaterra una espiral cuyo final nadie sabe prever.
La pérdida de identidad en nombre del negocio. Un partido no se convierte en un producto mejor por parecerse más a un anuncio.

Y hay una cuestión que conviene dejar claramente planteada: el modelo inglés tampoco es un manual replicable. Se construyó en un contexto concreto, con un idioma global, una capital con peso económico enorme y una historia de marketing internacional que no se improvisa. Copiarlo punto por punto no garantiza el mismo resultado, igual que copiar la receta de un chef no garantiza que tu paella salga bien.

Veredicto: los números incómodos no son una sentencia

Volvamos a la pregunta inicial. ¿Por qué la Premier tiene más dinero que LaLiga?

Porque llegó antes, porque vende en inglés, porque reparte de forma más equilibrada, porque ha construido una marca global con una eficacia casi industrial y porque ha atraído a propietarios con recursos inmensos. Todo eso es verdad, todo eso se puede demostrar con datos, y todo eso es incómodo para quienes preferirían que la explicación fuera otra.

Pero la pregunta correcta no es quién tiene más dinero. La pregunta correcta es qué se hace con el dinero que se tiene. Y ahí, LaLiga tiene argumentos de sobra: sus clubes ganan Copas de Europa, forman a los mejores jugadores y mantienen una identidad que muchos aficionados consideran irrenunciable.

La Premier es la liga más rica del mundo. LaLiga, quizá, la más elegante. Y entre la riqueza y la elegancia, cada aficionado elegirá lo que le haga latir más fuerte el corazón, aunque el bolsillo diga otra cosa.

Lo que no puede hacerse, y esa es probablemente la enseñanza principal, es esconder los números. Porque los números, como los cuñados, acaban apareciendo en la sobremesa. Y es mucho mejor haberlos revisado antes que enterarse de ellos con el café.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

Related Articles