¿Por qué la Premier League, que gasta 39.350 millones en fichajes, apenas tiene 7 Balones de Oro? Las tres razones que casi nadie cuenta

¿Por qué la Premier League, que gasta 39.350 millones en fichajes, apenas tiene 7 Balones de Oro? Las tres razones que casi nadie cuenta

Siete.

Esa es la cifra de Balones de Oro que ha ganado la Premier League desde que el premio nació en 1956.

La liga más rica del planeta, la que más dinero mueve y la que más estrellas contrata, se queda a años luz de LaLiga, de la Serie A e incluso de la Bundesliga.

Y lo más desconcertante es que nadie gasta como ella.

Entonces, ¿qué está pasando?

La respuesta no es obvia, y tampoco se apoya en un solo motivo.

Pero para entenderla hay que empezar por los números, que son más crueles de lo que parecen.

Una paradoja de 39.350 millones de euros

Desde el año 2000 hasta 2026, la Premier League ha destinado nada menos que 39.350 millones de euros a fichajes.

Esa cifra es casi el doble de los 21.190 millones de la Serie A, que es quien la sigue en la lista.

Más lejos quedan LaLiga con 14.320 millones, la Ligue 1 con 11.520 y la Bundesliga con 11.410.

Si miramos el neto entre compras y ventas, la brecha se agranda todavía más.

La Premier acumula 18.858 millones de euros en negativo, cinco veces más que la Serie A, que se queda en 3.300 millones.

LaLiga y la Bundesliga rondan los 2.000 millones, y la Ligue 1, sorprendentemente, no solo no perdió dinero sino que ganó 1.450 millones.

Es raro que la liga que más desembolsa en el mundo no pueda presumir de tener entre sus filas al mejor jugador del planeta.

El reparto de Balones de Oro

Los siete galardones ingleses contrastan con las 24 coronaciones de LaLiga, las 18 de la Serie A y las nueve de la Bundesliga.

Si nos limitamos al siglo XXI, el panorama es igual de pobre.

En los podios de las últimas 25 ediciones, jugadores de la Premier ocuparon apenas 15 de los 75 puestos disponibles, es decir, el 20%.

Hubo rachas francamente nefastas.

Entre 2010 y 2018, ningún futbolista inglés siquiera llegó al tercer puesto.

Y no fue por falta de calidad: Wayne Rooney, Didier Drogba, Eden Hazard, Mohamed Salah o Harry Kane simplemente tuvieron que ver desfilar a otros por el escenario.

Cuando Inglaterra mandaba: el Mago del Regate

Lo curioso es que no siempre fue así.

El primer Balón de Oro, entregado en 1956 por la revista France Football, lo ganó un inglés que jugaba en su país.

Se llamaba Stanley Matthews, tenía 41 años y era conocido como El Mago del Regate.

Pelé llegó a decir de él que les enseñó cómo se debe jugar al fútbol.

Matthews recogió la estatuilla vistiendo la camiseta del Blackpool, un modesto club costero que hoy milita en la League One, la tercera categoría inglesa.

El extremo derecho se impuso en la votación a gigantes como Di Stéfano, Kopa, Puskás y Yashin.

Una final de FA Cup y un homenaje a una carrera

Una de las razones para premiarlo fue su actuación en la final de la FA Cup de 1953, un partido que pasó a la historia como la final Matthews.

Aquel día impulsó a su equipo para remontar un 1-3 en los últimos minutos.

Y no, no hay error con la temporada: el premio llegó tres años después de esa hazaña.

La explicación es que esa primera edición funcionó, en la práctica, como un reconocimiento a toda su trayectoria.

Jacques Ferran, uno de los impulsores del galardón, lo admitió públicamente sesenta años más tarde.

Matthews estaba en la recta final de su carrera, el Madrid de Di Stéfano apretaba y había que darse prisa.

La trinidad de Old Trafford

La década de los sesenta también fue próspera para Inglaterra.

Otros tres futbolistas se hicieron con el premio, todos ellos integrantes de la mítica trinidad del Manchester United.

El goleador escocés Denis Law lo ganó en 1964, el grandísimo Bobby Charlton en 1966 y el norirlandés George Best en 1968.

Con cuatro galardones en apenas 13 ediciones, Inglaterra compartía el primer lugar de la tabla con LaLiga.

Pero esa época dorada duró poco.

El dominio abrumador de la Serie A

Poco a poco, la situación se fue complicando para los de las islas.

Aunque contaban con equipos que ganaban todo, como el Liverpool de los años setenta y ochenta, los futbolistas de otras ligas se llevaron una presencia mucho mayor en las votaciones.

Antes del nacimiento de la Premier League en 1992, lo de la Serie A fue descomunal.

Acumuló 11 galardones repartidos entre Sívori, Rivera, Rossi, Platini, Gullit, Matthäus y Van Basten.

Entre 1982 y 1992 solo se les escapó en 1986 y 1991.

La Bundesliga y LaLiga, con ocho y siete respectivamente, también superaron en el podio al torneo inglés, que se había quedado en los cuatro mencionados.

La razón del dominio italiano era económica: allí se pagaban mejores salarios y, por tanto, se quedaban con los futbolistas top.

Lo cual, en cierto modo, vuelve todavía más enigmática la situación actual de la Premier.

El gran cambio: un premio sin fronteras

A partir de los noventa llegaron cambios importantes, tanto en el torneo inglés como en el propio premio.

Desde 1995, futbolistas de cualquier parte del mundo pudieron ser elegibles para ganar el Balón de Oro.

Hasta entonces solo podían optar los europeos.

La medida respondía a una tendencia clara: jugadores de otros países viajaban cada vez más a clubes extranjeros.

En 2007, el premio se expandió aún más al abrir su convocatoria a cualquier liga del mundo y alcanzar el formato que conocemos hoy.

Esas modificaciones, sumadas a la sentencia Bosman, que facilitó la contratación de deportistas, hicieron que aparecieran muchos más candidatos.

Los más favorecidos fueron, sin duda, los brasileños.

El Beckham que pudo ser

En 1997 se lo llevó Ronaldo Nazário, que aquel año había pasado del Barcelona al Inter.

En 1999 fue el turno de Rivaldo, con la camiseta blaugrana.

Fue quizá el momento en que más cerca estuvo la Premier de ganar el trofeo durante los noventa.

El Manchester United de Sir Alex Ferguson se coronó aquel año en Liga, FA Cup y Champions League.

Y dentro de ese equipo brillaba un joven David Beckham, que parecía un claro candidato.

Pero, por alguna razón, terminó cediendo ante Rivaldo, que había ganado la Liga con el Barça y la Copa América con su selección.

De haberse mantenido la regla de elegir solo europeos, no hay duda de que Beckham tendría hoy un hermoso Balón de Oro en casa.

Una sequía que terminó en 2001

Pasaban los años, pasaban los jugadores y el premio no llegaba a las islas británicas.

La Premier tuvo que esperar hasta 2001 para romper esa racha.

Aquel año, la sensación del Liverpool, Michael Owen, ganó cinco títulos, incluida la Copa de la UEFA, hoy conocida como Europa League.

Junto a Cristiano Ronaldo en 2008, con la camiseta del Manchester United, y Rodri en 2024, con la del City, son los únicos tres profesionales que ganaron el galardón estando en suelo británico durante todo el siglo XXI.

Siete trofeos en toda su historia que los alejan cada vez más de LaLiga y la Serie A, que lideran con 24 y 18 respectivamente.

Primera razón: una cuestión cultural

Y llegamos al corazón del asunto.

El primer motivo tiene que ver con el aspecto cultural.

En España, el Balón de Oro es algo increíblemente relevante.

En Inglaterra, no con la misma magnitud.

Cuando Michael Owen ganó el trofeo, la entrega fue muy distinta a lo que se hace hoy.

Su entrenador le comunicó el resultado por teléfono y días después una comitiva viajó a Inglaterra a darle la estatuilla.

El propio delantero lo recordó con una frase elocuente: no cambió la forma en que se sentía consigo mismo, y desde luego no estaba dando volteretas.

Fue tres años después, al llegar al Real Madrid y ver cómo se lo recordaban, cuando notó que había conseguido algo importante.

Llegó a sentir que ese premio lo acompañaba como un título de caballero.

Cristiano, Messi y la guerra por la corona

Con Cristiano y Messi, esa rivalidad se potenció hasta el punto de que el Clásico no solo se juega dentro del campo sino también en el terreno de la distinción individual.

Dan Haddad, jefe de estrategia comercial de la agencia Octagon, lo explicó a The Athletic: con la inminente salida de Messi y Ronaldo de escena, hay una batalla por impulsar a las próximas superestrellas globales.

Y el Balón de Oro tiene mucha importancia a la hora de crear esa próxima superestrella.

Las recientes declaraciones de las figuras de LaLiga previas a cada entrega reflejan esa dinámica.

Lamine Yamal dijo en 2026 que, sinceramente, quizá sean dos los mejores del mundo, pero que ese año se lo merecía él, y que para él los mejores eran él y Mbappé.

Mbappé, por su parte, afirmó que siempre pensó que el Balón de Oro debía premiar a un jugador diferente, que el componente colectivo importa pero que es un trofeo individual, y que ese año había hecho cosas distintas que justificaban sus opciones.

Visto así, parece que se hubieran puesto de acuerdo para que la batalla quede dentro de España.

Un país sin dos gigantes

En Inglaterra es más difícil plantear esas rivalidades.

La Premier no tiene uno o dos equipos fuertes que canibalizan el país, sino el famoso Big Six, al menos por ahora.

Eso hace que la opinión pública se fragmente entre muchos clubes y jugadores, y que sea difícil que solo uno o dos sobresalgan con fuerza.

Hay que recordar que este es un premio que se define por la votación de cien periodistas de todo el mundo.

La prensa importa, y esa dinámica se traslada incluso al interior de las plantillas.

Segunda razón: demasiado talento repartido

Aquí es donde, paradójicamente, el gasto desorbitado de la liga le juega en contra.

La Premier gastó 13.116 millones de euros en fichajes por cada Balón de Oro que consiguió en lo que va de siglo.

La Serie A logró una estatuilla por cada 7.063 millones invertidos, la Ligue 1 por cada 3.840 y LaLiga por cada 895 millones, gracias sobre todo a la rivalidad entre Messi y Cristiano.

El punto es que ese desembolso generalizado hace que el torneo inglés gane tan poco.

En lugar de tener una superestrella y diez trabajando a su alrededor, los clubes arman plantillas muy competitivas en todos los puestos.

Los títulos llegan gracias a un enorme trabajo colectivo, y eso hace que, a la hora de votar, no haya uno solo que sobresalga con claridad.

El caso Van Dijk: ocho puntos que lo cambiaron todo

El mejor ejemplo fue el Liverpool de 2019.

El equipo acababa de coronarse campeón de Europa tras remontar al Barcelona en semifinales.

Virgil van Dijk parecía el candidato natural para romper el molde y quedarse con el trofeo.

Pero cuando se abrieron las urnas, Lionel Messi lo superó por solo siete puntos.

Nadie puede negar que el argentino lo merecía, pero la dispersión del voto perjudicó al neerlandés.

Muchos creían que él era el mayor responsable de los títulos del Liverpool, mientras otros apuntaban a Sadio Mané, a Mohamed Salah e incluso al portero Alisson Becker.

Los cuatro estuvieron entre los diez primeros de aquella votación.

Si los otros tres hubieran juntado ocho puntos y se los hubieran regalado al defensa, el escenario habría sido muy distinto.

Tercera razón: una liga demasiado competida

Por último, aparece la competitividad interna.

Desde el año 2000, 18 veces lo han levantado delanteros, seis veces centrocampistas y solo una vez un defensor.

El sesgo hacia los atacantes es claro, y si hay algo que no puede faltarle al futbolista que quiera ganarlo son goles.

Clubes de élite como Real Madrid, Barcelona, Bayern Múnich y PSG han gozado de una disparidad tan brutal respecto a sus rivales locales que las goleadas son moneda corriente cada fin de semana.

Cristiano marcando cinco goles al Granada o Messi acabando muchas veces con cuatro tantos en el mismo partido parecían escenas rutinarias.

En la Premier, en cambio, los atacantes no logran esas marcas con tanta frecuencia.

Visitar estadios como los de Newcastle, Aston Villa o Brentford es una batalla descomunal, tanto física como mental.

Números que desafían la lógica

Para ganar el Balón de Oro en el fútbol moderno hacen falta cifras casi inhumanas.

Hablamos de delanteros que anoten entre 40 y 50 goles por temporada.

Cuando el votante abre la planilla y ve las estadísticas, favorece de forma natural a los que juegan en ligas más desiguales.

Para colmo, cuando Haaland estaba listo para llevárselo en 2023, tras una temporada excelente con 52 goles en 53 partidos, apareció Messi, campeón del Mundial de Qatar, y le arruinó la posibilidad.

El triunfo de Rodri en 2024 fue distinto: la victoria de la regularidad absoluta.

Logró sostener un invicto histórico de más de 70 partidos entre club y selección, además de ganar la Eurocopa con España y la Premier League.

El agotamiento en abril y mayo

Esa misma competitividad también los afecta en la Champions League, un torneo con un peso descomunal a la hora de elegir al ganador del Balón de Oro.

Históricamente ocurre que, al llegar los meses decisivos de abril y mayo, los equipos ingleses están muy cansados o cargados de lesiones.

Eso reduce su probabilidad de ganar la Champions y, por tanto, perjudica a sus figuras en la carrera individual.

Y si el futbolista no logra levantar la Orejona, el torneo que más reúne a los mejores equipos del mundo, es difícil argumentar que se merece el premio.

El combo perfecto en contra

Esas no son las únicas razones.

La mística de los clubes españoles, la construcción de narrativas alrededor de sus estrellas, el impacto cultural de las superpotencias del continente y los pocos triunfos ingleses en la Champions forman un combo perfecto que actúa en contra de las figuras de la Premier.

Además, la paridad interna parece aumentar año tras año, lo que incrementa el esfuerzo colectivo necesario para ganar la liga.

Cada vez hay menos espacio para que un único jugador sea el dueño indiscutible de un equipo que lo gana todo.

Un dato lo resume: de los cinco futbolistas del torneo inglés convocados para los premios de 2026, dos son defensores, dos centrocampistas y solo uno es delantero.

¿Habrá un cambio de tendencia?

Sin la posibilidad de construir un equipo entero alrededor de una gran estrella que marque decenas y decenas de goles, la Premier League tendrá que hacer una gran campaña de marketing si planea conquistar el premio con regularidad.

Mientras tanto, seguirá siendo la liga que más gasta y la que menos corona.

La pregunta es si algún día esa paradoja se romperá o si el Balón de Oro seguirá hablando español, italiano y, de vez en cuando, francés.

Y tú, ¿qué opinas?

¿Crees que la Premier League logrará cambiar esta tendencia en los próximos años?

¿Es culpa de la votación, del exceso de talento o simplemente de la cultura futbolística inglesa?

Déjanos tu opinión en los comentarios, comparte este análisis con ese amigo que defiende a la Premier a muerte y suscríbete para no perderte los próximos reportajes.

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