Valverde de lateral, Güler en el eje y el miedo al cambio: la tertulia madridista que ve “luz al final del túnel” antes del Clásico y señala el peor plan táctico de Mourinho
Hay debates que parecen eternos, hasta que de pronto el entrenador mueve una pieza y todo cambia de sentido.
Eso es lo que, según dos tertulianos madridistas, ha ocurrido con Federico Valverde.
Y de ahí parten todas sus conclusiones sobre lo que viene.
Para ellos, lo más positivo de los últimos días es que José Mourinho ha sabido reconsiderar.
Quizá le haya costado, o quizá ya lo sabía y lo guardaba por otras razones, pero ha entendido que la pareja formada por Valverde y Tchouaméni no funciona.
Y que Valverde tiene que jugar donde debe jugar: por la derecha, ya sea como carrilero o como lateral.
El segundo punto de su razonamiento es igual de claro.
Tchouaméni necesita a alguien que le ayude a sacar el balón.
No puede ser, dicen, que quien le saque el balón sea Courtois, y bromean con que quien lo hace es el propio portero.
Uno de los contertulios cree que Valverde disfruta más jugando de lateral derecho.
Recuerda que lo comentaba Álvaro Benito, y que se ve cómo se asoma al área rival, centra y llega al remate.
Pone un ejemplo reciente: contra el Sevilla, Mbappé le quitó un gol.
Y lanza una pregunta que deja en el aire.
No recuerda cuándo fue el último gol que marcó Valverde jugando de centrocampista.
Es cierto, admite, que contra el Inter marcó porque presionó al portero, pero eso puede ocurrir desde el lateral o desde el medio.
Para él, la razón es de espacio y de potencia.
Desde atrás, Valverde puede arrancar con mucha fuerza y nadie lo frena, tiene más espacio para correr y parece un jugador que nunca se cansa.
Además, llegando por esa banda es casi indetectable y siempre tiene la opción de disparar.
No entiende, por tanto, por qué no quiere jugar ahí.
Cree que lo siente como un descenso, como una especie de degradación.
Pero defiende que desde el lateral se puede dominar un partido, como hacía Marcelo, con características distintas, o como hace Hakimi en el PSG.
Hakimi es el espejo que utilizan.
Es capitán, ha sido nominado varias veces a mejor jugador africano, marca goles importantes y da centros decisivos.
A su juicio, Valverde debería darse cuenta de que Kroos le dejó el número ocho, pero quizá aquello fue un error de amistad.
La conversación se vuelve más rotunda.
Uno de ellos afirma que, para él, Valverde es el mejor lateral derecho del mundo.
Y el otro lo secunda, aunque ambos admiten que todavía debe mejorar en defensa.
Es una opinión, y así debe leerse.
Pero el vídeo la apoya con un argumento táctico que va más allá del entusiasmo.
La mejora del Madrid, sostienen, coincide con Valverde de lateral y dos extremos que presionan y ayudan.
Aquí aparece Vinícius, y el tono se endurece.
Uno de los contertulios dice que el brasileño tiene un sitio en este Madrid, pero que no es irreemplazable.
Porque si no se entrega como lo hizo Diomandé, que estuvo presionando noventa minutos contra el Sevilla, su juego no le permite serlo.
El razonamiento es sencillo.
Con el Vinícius de hace tres años, ofensivamente hablando, se podía permitir el lujo de no bajar a defender.
Pero ahora hay que compensar la ineficacia ofensiva con algo, y lo que toca es ayudar al lateral.
Alguien le replica con el ejemplo de Mbappé.
Dice que pasó cuatro o cinco partidos sin marcar, y que, aun así, acaba con las cifras que tiene y aparece cuando tiene que aparecer.
Por eso no se le puede exigir que además baje a defender y que encima marque.
Pero con Vinícius, responde el primero, sí.
Con este Vinícius, aclara, que puede ser distinto de otras versiones.

Y añade una frase que resume su postura: en un equipo equilibrado puede haber uno que no defienda, pero dos es imposible.
Para ilustrarlo, recuerdan la actuación de Diomandé contra el Sevilla.
Lo describen como una clase magistral de esfuerzo defensivo y de ayuda a los compañeros, y lo comparan con Endrick.
Endrick no jugó muy bien, reconocen, porque las cosas no le salieron como contra la Roma, pero se pasa los noventa minutos corriendo.
El resultado, dicen, fue un equipo equilibrado.
No vieron un Madrid roto ni dominado, aunque hubo tramos en que el Sevilla movió bien el balón en el centro del campo.
Vieron un bloque sólido, con Mbappé libre arriba, y eso les parece bien.
Hay un detalle que les llama la atención.
Con Vinícius, dicen, tendría que cambiar mucho el chip para verle presionar como lo hacía Diomandé.
Y recuerdan que el entrenador puede sentarlo otra vez si no cumple.
Ahora bien, entienden que juegue en la Champions.
Primero, porque tiene por delante tres partidos de Liga o un mes sin jugar, y es bueno que no pierda el ritmo competitivo.
Y segundo, porque pensando en el Barcelona, se puede dar un descanso a Diomandé si tiene demasiado trabajo acumulado.
Del partido contra el Leipzig pasan, sin perder el hilo, al Clásico.
Ambos creen que Mourinho repetirá el once con un solo cambio.
Uno dice que pondrá a Dumfries de lateral derecho y a Valverde por la derecha, pero más arriba.
Según este contertulio, el sacrificado para el partido contra el Barça sería Endrick.
Esa es la sensación que tiene.
El centro del campo quedaría así con cuatro hombres: Tchouaméni, Valverde, Güler y Bellingham.
Les parece una alineación buena y sensata.
Porque el Barcelona, argumentan, empieza todo en el centro del campo, y un medio más consistente es la mejor respuesta.
Y conociendo a Mourinho, no creen que saliera con un 4-3-3 contra los azulgranas.
Valverde, además, puede ayudar subiendo y bajando.
Les recuerda un poco a cuando Ancelotti lo usaba de extremo, aunque no del todo igual.
Es una forma de aprovechar su energía sin sacrificar equilibrio.
Sobre Endrick hay un debate interesante.
Ambos reconocen que están locos con él, pero advierten que lo que hizo ante el Sevilla en los últimos diez o quince minutos fue una tormenta perfecta.
Todo le salió bien, y a los demás suplentes también.
Aun así, creen que Endrick jugó un buen partido y que está preparado para jugar más que antes.
Pero para el Clásico, creen que no será titular.
Y uno de ellos añade una advertencia con cariño: le encanta Endrick, pero es un chico impulsivo.
Puede llegar tarde a una entrada presionando, irse al suelo y acabar expulsado.
Es lo que puede pasar con un jugador tan vehemente, dice.
Por eso el once que han esbozado les parece compacto y capaz de ganar al Barcelona.
Aquí viene la parte más sorprendente de la tertulia.
Uno de los dos confiesa que, tras los últimos partidos del Barça contra el Galatasaray y el Betis, pensaba que era imposible ganarles.
Vio al Barcelona sufrir contra el Galatasaray, al que le anularon un 2-0, y contra el Betis.
Considera al Barcelona favorito.
Pero ve cierta luz al final del túnel.
No entiende, dice, por qué se actúa como si todo estuviera perdido.
Ve señales de que el Madrid puede competir bien con el Barça.
Y se apoya en un argumento: los azulgranas tienen muchas ausencias defensivas.
Con Eric García lesionado y media defensa tocada ante el PSG, la zaga azulgrana no está en su mejor momento.
El otro contertulio va más lejos.
Dice que, analizando las plantillas hombre por hombre, no cambiaría la del Barça por la del Madrid.
Hay jugadores que fichería y otros que no, pero en total, con profundidad en cada posición, ve una plantilla muy buena en el Madrid.
Reconoce que quizá le falta algo.
Un jugador como Rodri, un organizador en el centro del campo, podría ser la guinda del pastel.
Y recuerda que lo dijo en verano, así que no se echa atrás.
Su sensación es que Mourinho no estaba sacando de la plantilla el rendimiento que puede dar.
Y pone un ejemplo: Güler parece fuera de lugar en la posición donde lo han puesto.
El técnico dijo que a largo plazo no jugará ahí, pero ellos se preguntan por qué no a corto plazo.
El argumento es directo.
Si hay que caer, que sea con Güler y con Diomandé, con los buenos, y no aferrándose a Tchouaméni y Valverde.
Llevan tres años viéndolos juntos, dicen, y les resulta un auténtico suplicio como aficionados.
Uno de ellos matiza con una pregunta honesta.
¿Hay realmente tanta diferencia entre Güler y, por ejemplo, Pedri, que es quien juega en ese papel junto a Rodri?
Es decir, ¿tan distinto es su papel como para que Güler no pueda jugar ahí o tenga que esperar a los treinta años, como se dijo?
La conclusión del debate es que hay miedo al cambio.
Miedo a romper la pareja Tchouaméni-Valverde.
No entienden por qué Mourinho tiene ese temor cuando ninguno de los dos le ha dado títulos ni se les debe nada.
Para ellos, está claro que no funcionan juntos.
Y que Güler es, claramente, el que más calidad tiene para sacar el balón desde atrás.
Sobre Bernardo Silva, en cambio, admiten que no saben qué le pasa.
Güler, además, es un futbolista fabuloso que, como recuerdan, ganó el partido casi solo con sus córneres.
Y eso les lleva a una idea para el Clásico: el balón parado.
El Madrid tiene una buena base en córneres y faltas, siempre que Güler los ponga bien.
A los dos tertulianos, la defensa azulgrana de los córneres no les da mucha seguridad.
Y el Madrid tiene torres, como Konaté y Rüdiger, a quienes hay que aprovechar.
Uno de ellos asegura que Rüdiger jugará, y lo apunta como uno de los cambios que prevé.
Su razón es defensiva.
Cree que Rüdiger da más seguridad que el otro central de la plantilla, y que eso es especialmente importante en un partido como este.
Esa preferencia les lleva a revisar el partido contra la Roma.
Ahí el tono es durísimo.
Uno de ellos califica el planteamiento de Mourinho como el peor plan táctico que ha visto, y el otro lo corrige: no solo de este año, sino de toda la etapa de Mourinho.
Dicen que no tenía sentido alguno.
Su argumento es concreto.
Con ese centro del campo, con Tchouaméni y Valverde, tenía que haber jugado otro central o incluso Trent, porque siempre es mejor eso que tener a Courtois sacando el balón con pelotazos hacia arriba.
Y señalan una prueba que consideran definitiva.
Cuando Mourinho hizo los cambios, el Madrid remontó y marcó tres goles en siete minutos.
Es, según ellos, la demostración de que algo estaba mal planteado.
No es una verdad objetiva, pero sí una lectura bastante extendida entre los aficionados.
De ahí pasan a Trent Alexander-Arnold.
Con todo el cariño del mundo, uno de ellos cree que está condenado.
Si Valverde empieza a jugar de lateral, piensa que se marchará del Madrid.
Recuerdan que contra la Roma ni siquiera salió y que jugó contra el Villarreal, cuando dio ese pase a Mbappé.
En las competiciones europeas, en cambio, ha jugado Dumfries.
Y a Trent lo ven muy débil y muy blando en defensa.
Lo ven solo para contextos muy concretos.
Y creen que, por cómo defiende el Madrid, le resulta muy difícil jugar.
Recuerdan además lo que, según dicen, comentaba Klopp: que le había enseñado muchas cosas, pero no a defender.
El otro añade una crítica más.
Habla de falta de concentración en muchos partidos, de un jugador que se despista y pierde la cabeza.
Es, de nuevo, una valoración de dos aficionados, no un dato del club.
Si se mira el conjunto de la conversación, aparece una tesis simple.
El Madrid de Mourinho ha encontrado, por casualidad o por convicción, una versión más equilibrada: Valverde en la derecha, Güler más atrás, extremos que corren y Mbappé libre.
Y esa versión, creen, es la que mejor puede competir en el Clásico.
No es una certeza, sino una esperanza razonada.
Ellos mismos reconocen que el Barcelona sigue siendo favorito y que su optimismo es prudente.
Pero ven, por primera vez en tiempo, algo parecido a una luz.
Como todo buen debate de sobremesa, el vídeo termina con planes.
Uno de los dos comentará el Clásico en directo, y ambos se plantean seguir juntos la noche del Balón de Oro.
Entre bromas, quedan en verse más adelante.
Queda, al final, una pregunta que flota sobre todo lo anterior.
¿Será capaz Mourinho de vencer el miedo al cambio y apostar por la versión que sus críticos piden?
La respuesta, como casi siempre, llegará en el campo, en un partido en el que, según los más optimistas, el Madrid se juega media Liga.