EL CASO CITY Y EL CASO NEGREIRA: DOS ESCÁNDALOS, UN MISMO DEBATE SOBRE LA IMPUNIDAD Y EL FUTURO DEL FÚTBOL ESPAÑOL
Con un ojo puesto en el juego del Real Madrid y en sus partidos, y con el otro en el caso Barça-Negreira, dos periodistas aficionados al análisis del fútbol han decidido abordar juntos una cuestión que consideran tremendamente importante. El detonante es el caso del Manchester City, un proceso que, a su juicio, podría tener consecuencias directas sobre lo que ocurra con el club azulgrana. La conversación, grabada un miércoles antes del partido del conjunto blanco, se publicará en los canales de ambos y es fruto de una colaboración entre ellos.
Los protagonistas son Ramón y Javi, este último responsable del canal Collins. Los dos admiten desde el primer minuto que están rompiendo una regla que les atribuyen sus críticos: hablar de corrupción en el fútbol cuando las cosas van bien para el Madrid. La grabación, aclaran, se hizo el miércoles por la mañana, antes del encuentro.
Por eso confiaban en que, al día siguiente, siguieran contentos con el rendimiento del equipo y no hubiera ocurrido nada extraño. De lo contrario, el vídeo podría interpretarse como una coartada o una cortina de humo. No lo es, insisten: se trata de un tema que les preocupa y en el que su compromiso, aseguran, es total.
Conviene advertir desde el principio de un detalle. Todo lo que sigue recoge las opiniones, interpretaciones y cifras que manejan los dos contertulios, que hablan desde una posición abiertamente crítica con el Barcelona y favorable a que se investigue a fondo. Esas posturas no son hechos probados ni sentencias firmes, y el club azulgrana y el City han defendido siempre su inocencia.
Dicho esto, el planteamiento de partida es claro. Ramón pregunta a Javi, que ha seguido el asunto a través de medios ingleses y periodistas de su confianza, cuál es el ambiente en Inglaterra respecto al caso del Manchester City. Habla de las más de cien infracciones que se le atribuyen, que ellos cifran en 114 o 115 según el momento. Y quiere saber qué calendario cabe esperar y qué medidas se barajan en la prensa inglesa.
La primera reacción, explica Javi, fue de indignación generalizada. Procede de los clubes rivales y de los aficionados, que han dispensado al City recibimientos tremendos durante esta temporada. También de los medios, aunque matiza que no puede decirse que de todos, porque algunos pueden ser afines al club. Pero prácticamente todos, sostiene, están a favor de una sanción severa.
Las instituciones se han alineado en el mismo sentido. La Federación inglesa y el resto de organismos reclaman el máximo rigor y la máxima independencia en este asunto. Esa fue, resume, la primera ola de reacciones. La segunda tuvo un protagonista político.
Hubo declaraciones, especialmente del primer ministro británico, favorables al City. Javi recuerda que es antiguo alcalde de Manchester y que dijo que lamentaría que el club descendiera o recibiera una sanción muy dura, dado todo lo que Abu Dabi ha hecho por la ciudad. Algo en esa línea, precisa. Esas palabras le valieron críticas brutales.
Según lo que cuentan, el dirigente se reunió además en Downing Street con el máximo responsable del club, cuyo nombre los propios interlocutores dudan en precisar. Nadie descarta que el encuentro fuese en la residencia oficial. Y recibió duros reproches por haber podido estar allí. Pero, más allá de la polémica política, lo importante, subraya Javi, es que la Premier League es un organismo independiente.
Un organismo que podría recibir influencias externas, admite, pero cuyo órgano juzgador es secreto. Ni siquiera se conoce la identidad de los tres jueces. Ramón pregunta qué relevancia tiene eso y Javi no duda: mucha. Los tres magistrados, explica, se comunican entre sí mediante un código y ni siquiera conocen la identidad de los otros dos.
Solo el presidente de la Premier League sabe quiénes son. ¿Con qué objetivo? Evitar presiones de los medios, de los propios clubes o de cualquiera que quisiera comprarlos. Javi lo ilustra con una imagen gráfica: alguien llegado del Golfo Pérsico que pregunta cuánto petróleo se quiere. Se trataba de blindar el proceso frente a la presión de los gobiernos.
Ramón reconoce que no sabía que existiera ese nivel de opacidad. Aquí se trata, dice, de una opacidad positiva. Javi lo contrasta con lo que ocurre en España, donde cualquiera está sometido a presiones y es martilleado, para bien o para mal. Allí, en cambio, son herméticos y, por tanto, disfrutan de una independencia absoluta.
Eso tiene un efecto colateral evidente. Todas las previsiones que se hacen son ficticias, porque, al tratarse de un órgano secreto, es difícil contar con fuentes. Aun así, hay un dato que los contertulios consideran revelador: según ellos, esos mismos jueces han tratado como infracción los 115 cargos, y lo han hecho tras haber dictado otras resoluciones sobre equipos que incurrieron en cuatro o cinco casos.
A partir de ahí, aseguran, en el país se da prácticamente por hecho que el City descenderá. Como mínimo. La resolución final es otra cuestión y Javi reconoce que no sabe cómo irá. Pero el descenso, insiste, se da casi por descontado, y todos los informes apuntan en esa dirección.
Hay precedentes, añade, y si se hace la cuenta de los puntos implicados, el resultado no solo conduce al descenso, sino probablemente a al menos un año más en una categoría inferior, porque los números no dan para volver a subir. Ramón retoma entonces la idea de la indignación como factor clave. Sin ella, razona, los poderosos suelen actuar según sus intereses.
Entre ellos incluye los económicos y la importancia que el país propietario del City pueda tener incluso para Inglaterra, no solo para su fútbol, sino a escala nacional. Para los dos, esa indignación es el combustible que está permitiendo que el proceso sea tan pulcro en cuanto a privacidad, aunque sea lento. Y que parezca imposible no tomar medidas drásticas contra el City.
Los clubes y la propia competición se han comprometido de forma tremenda. Cada semana aparecen declaraciones de figuras, futbolistas y entrenadores hablando con dureza sobre el caso. Javi recuerda que hace dos semanas se vio a Steven Gerrard y que ya ha pasado un buen tiempo desde que se dictó el veredicto. En realidad, matiza, el veredicto está dado y lo que falta es la sanción.
Ramón señala que existe un recurso. Javi lo confirma, pero cuenta lo que se filtra: una vez que venza el plazo, que no sabe si termina en diciembre o en enero, la apelación será fulminante y no se tardará un año en resolverla. Es decir, si hay sanción, y la habrá, según él, porque se cometieron 115 irregularidades, será para el año que viene. No van a escapar de ella.
Lo que suceda se aplicará desde el verano, al final de esta temporada. Ese es el calendario que manejan. Conviene recordar, otra vez, que se trata de la lectura de los contertulios sobre un proceso cuyo desenlace no es público, y que el City ha negado reiteradamente las acusaciones y recurrido el procedimiento.
Más allá de Gerrard, Javi menciona otras voces. Ander Herrera habló hace unos días en un canal de YouTube de Mario Suárez y dejó una frase que ha circulado mucho. Según el relato de Javi, el exjugador afirmó que ahora se sabe lo que pasó y que lo que pasó es que les quitaron el título. Herrera sostuvo que debería tener una Premier más.
Gerrard, por su parte, reclamaba varios títulos de la Premier. A su manera, preguntaba qué pasaba con él, que lo dio todo allí y se los quitaron. Es decir, todos insisten en la misma narrativa: la de que hubo un equipo de tramposos. Y ahí Javi introduce la comparación con el Barcelona que, según dice, tiende a hacerse y que le parece curiosa.
Se suele equiparar con el caso Negreira. Pero, matiza, no es lo mismo, porque lo del Negreira es mucho más grave. ¿Por qué no son nueve años? Lo que se juzga son 17, aunque, según los propios presidentes del Barça, serían 25. A su juicio, lo que se está enjuiciando es mucho peor, ya que habla de comprar el sistema arbitral.
Esa es su tesis. Debe leerse con cuidado: el Barcelona ha sostenido siempre que los pagos a Enríquez Negreira correspondían a informes técnicos sobre arbitraje y que nunca hubo intención de influir en los resultados. La investigación judicial y la deportiva siguen su curso, y ninguna de las dos ha concluido con una condena que acredite lo que los contertulios afirman.
Aun así, ellos prefieren poner el foco en otra cosa. Lo curioso, dice Javi, es que casi nadie repara en que aquello por lo que el City ha sido sentenciado durante nueve temporadas es lo que el Barça lleva haciendo aquí durante los últimos cinco. Es decir, el Barça habría hecho exactamente lo mismo, según su lectura.
Han ganado ligas, ya van tres seguidas, con jugadores que no deberían haber podido inscribir y a los que se permitió registrar de forma irregular. Y si alguien dice que hay sanción porque les han reducido el límite salarial en 20 millones, para él es un chiste. Imagina a la Premier anunciando para el City una multa de 20 millones. La gente se reiría.
Ramón coincide. Hay una diferencia en la indignación, evidentemente, que es el motor. Pero también en la normativa. El fútbol español, dice, no se toma en serio. No se toma en serio el fútbol. ¿Por qué? Porque no hay consecuencias por inventarse una operación como Barça Studios.
Reducir el límite salarial, lo cual permitió inscribir a jugadores ya inscritos, no supone, según él, ningún castigo real, porque sus registros no se anulan. Lo compara con lo que siempre repite: que defraudes a Hacienda y solo te hagan devolver lo defraudado. Si no hay una penalización adicional, nada incentiva a cumplir las normas a quien está dispuesto a saltárselas.
Y LaLiga, denuncia, sigue sin haber establecido hoy ninguna normativa. La asamblea de clubes no ha fijado reglas para castigar un engaño como el de Barça Studios, que los propios implicados admitieron públicamente. No es algo que se sospeche, subraya, es algo que ya se sabe. Esa es, en resumen, su acusación.
La comparación, añade Ramón, es buena porque, obviamente, tiene que ver con las finanzas, y con el Barcelona también hay casos abiertos. Y aquí entra la UEFA, que de momento, salvo corrección, mantiene un perfil bajo respecto al City. Javi cree que el organismo puede y va a tomar medidas, y explica por qué.
La razón es que la UEFA recibe cada año la documentación de todos los clubes para comprobar si cumplen las normas de juego limpio financiero. Un reglamento distinto del de la Premier y del de LaLiga. Se sabe, recuerda, que el Barcelona está sancionado y vigilado precisamente porque también las ha incumplido. Y el City, según lo que establece la Premier, habría enviado documentación falsa, que no se correspondía con la realidad.
¿Por qué sacar a colación a la UEFA? Porque, por desgracia, es hoy la instancia con más probabilidades de adoptar alguna medida deportiva contra el Barcelona. El caso City también le concierne, y el fútbol español, razona Javi, debería sentirse muy implicado. Pero lo que se ve, lamenta, es otra cosa.
Tebas, dice, afirma que el Madrid está alargando demasiado el caso Negreira, y que ya se han visto suficientes ataques del Madrid al Barcelona. Es decir, aunque el fútbol español debería sentirse concernido, no se ve la indignación de los clubes que a ellos les gustaría ver. Para nada, coincide Ramón.
Una cosa es la vía legal, y otra la UEFA. La UEFA sí puede sentirse preocupada, dirigiéndose a sí misma una pregunta incómoda: si tengo que actuar contra el City, ¿cómo justifico no hacerlo contra el Barcelona? Ramón insiste en que, respecto al caso Negreira, existe además un paralelismo con la cuestión de las inscripciones.
Aquí aparecen las cifras, que los dos manejan con cierta vaguedad y que conviene tomar como estimaciones suyas. Hablan de los 400 millones de Barça Studios y de unos 200 millones en el caso Negreira, es decir, más de la mitad. LaLiga, recuerdan, no contabilizó 200 millones para ellos. Suman cerca de 600 millones en dinero virtual en cinco años, frente a los 1.000 millones del City en nueve.
En su cuenta, son más o menos los mismos importes, incluso mayores en el caso del Barcelona. Javi matiza para aclarar. LaLiga no contabilizó 408 millones por Barça Studios, porque 208 eran los que el propio club se otorgó mediante lo que se llama una valoración patrimonial: como se vendió una parte del 49 % por 200, se anotó una ganancia adicional de 208 por algo que de repente valía más.
Esa parte LaLiga no la aceptó, pero los 200 que sí aceptó fueron decisivos, obviamente. Ramón no lo discute. Aun así, pide ser justos: lo que ha inflado el City, dice, tiene un valor mucho mayor que lo que hizo el Barça con Barça Studios, que prácticamente no valía nada. No generaba ingresos, no generaba ventas, y se dijo que valía 400. Era un disparate.
Javi remata: un disparate que Tebas permitió. Lo explica con una metáfora doméstica. Es como si alguien te dice que este bolígrafo vale 300 millones. ¿Cómo va a valer 300 millones? Pero es que lo puedo comprar en la tienda de la esquina. Son 300 porque hay un señor que me paga el equivalente a esos 300 millones por quedarse con un 10 %. Eso es lo que Tebas aceptó, sostiene.
Y después, relata, quien pagaba ese 10 % salió a decir que solo había pagado un 5 %. Dijo que no tenía por qué pagar más. Dejó claro, en una semana, que se trataba de un préstamo disfrazado. Y, pese a ello, no se hizo nada. Son afirmaciones de los contertulios, que critican abiertamente la actuación del presidente de LaLiga, quien por su parte ha defendido en público la legalidad de su gestión.
Ramón da entonces un salto a las declaraciones de Louzán, el presidente de la Federación, que a su juicio sitúan el foco donde realmente está: en España. Fueron pronunciadas hace una semana o unos días, al salir del Ayuntamiento de Barcelona, donde se reunió para tratar el asunto del Mundial y otros temas.
Dijo, según el relato, que el Madrid… en realidad no lo nombró, pero estaba claro a quién se refería. Ramón asegura no haber visto nunca a Louzán tan enfadado con el Madrid. Pidió que paren ya, porque esto causa daño económico. No se dan cuenta, advirtió, como ocurrió con China, del perjuicio que puede tener para todos, para los 42 clubes. Hablar mal de la Liga española no beneficia a nadie.
La impresión de Ramón, mitad sensación, mitad convicción, es que todo el fútbol español lo sabe desde hace mucho. Agentes, clubes, la liga, la federación, el Gobierno. Y que, hace tiempo, todos decidieron mirar hacia otro lado. Reconoce que el Madrid ha cambiado de rumbo, igual que la queja de la Federación y de LaLiga de que esto se alarga demasiado.
Pero el fútbol español, afirma, no quiere: acepta la corrupción para evitar el daño a todos. Un perjuicio que, apunta Javi, consideran mayor. Es una lectura muy dura, que dista de ser compartida por quienes sostienen que el sistema ha actuado dentro de la legalidad y que los clubes y las instituciones no tienen por qué sumarse a una campaña.
En el Madrid, cuenta Javi, también existe una sensación comprensible: quizá sea mejor que actúe la UEFA y que las instituciones españolas no tengan que hacerlo. Porque quizá estas últimas habrían mirado hacia otro lado, si no hubiera caducado la vía. Ya conocen, dice, lo del código ético. Quizá se habrían creído la historia de los informes. Quién sabe.

Dado lo poco que interesa que el Barcelona afronte consecuencias, empezando por los propios clubes, quizá las instituciones habrían dicho: informes, no sé, a lo mejor una multa, porque lo que hicisteis no queda bien. No queda bien, pero poco más. En cambio, la vía de la UEFA, que a ambos les parece un mal menor, tiene al menos la virtud de dejar marca si finalmente actúa.
Podría haber algún daño para el Barcelona, alguna consecuencia que quizá era el único camino realista para que hubiera castigo. Así de podrida, se lamenta, está la situación. El camino más directo, el más normal, habría sido la FIFA. No se tomó, y algo habrá detrás. Ramón confiesa que no compra toda esa interpretación jurídica del código ético.
Al menos, dice, se podría haber intentado. Haber impugnado el código ético o haber denunciado a la propia federación por incumplir su deber. No entiende por qué el Madrid no denuncia a la Federación por esa falta, que provocó el enfado de Florentino en Múnich, en el palco junto a Ceferin y Lluís. Si hay un organismo que lleva 46 meses sin cumplir su obligación de informar cada mes a la UEFA, debería ser denunciado.
Debería serlo ante un tribunal o ante los propios organismos superiores, UEFA y FIFA. Ignora por qué no se hace, pero insiste en que es un asunto complejo. Y aporta una hipótesis que él mismo ha considerado: que el Madrid vaya contra el Barcelona, pero no tanto. Es decir, que se busque una sanción, pero no la mayor.
No el camino extremo, que sería el descenso o la retirada de títulos, como en el City, porque el propio Madrid también sufriría el daño. Si el Barcelona descendiera, todos pagarían un golpe económico por derechos televisivos, publicidad y el daño a la propia competición. Lo que haría la UEFA, en cambio, es una exclusión de las competiciones europeas durante algunos años.
Eso elimina el daño local, porque el Barcelona permanece en la Liga española y no afecta a los derechos televisivos ni a lo demás. Quizá la imagen comercial sufra con una condena, pero no en la misma medida que con un descenso a Segunda. Por eso entiende que incluso pudiera ser un camino pactado. Es una especulación de Ramón, que no presenta como un hecho.
Javi la recoge, pero la lleva a su terreno. Lo que de verdad importa, dice, es que el mayor daño posible para el fútbol español es la impunidad. Y cita a Tebas, aclarando que no lo dice él, sino el propio presidente de LaLiga. Según esa cita, el descenso del Barcelona les haría mucho daño, pero les haría más daño que no pasara nada.
Fue una frase pronunciada cuando se mostraba muy firme sobre el caso. Y así es, sentencia Javi, porque gente como ellos podría decidir un día decir basta. Recuerda el «Pressing Catch», que era una broma: uno prefiere ver un combate de boxeo antes que algo que está amañado. Lo mismo podría pasar aquí.
Ese riesgo, afirma, lo tienen muy claro en Inglaterra, y por eso actúan en consecuencia, mientras que en España se imponen los equilibrios de intereses. El precedente que invoca es el de la Serie A. Era, según él, la mejor liga del mundo, el mejor campeonato de fútbol que ha visto con sus propios ojos durante décadas.
Había entre ocho y diez equipos de primer nivel, todos con estrellas mundiales y aspirantes al Balón de Oro, actuales o futuros. No exagera, insiste. Estaba el Inter lleno de estrellas, el Milan lleno de estrellas, la Juve lleno de estrellas. Y luego se miraba a la Roma, al Torino, la Sampdoria, el Parma, la Lazio, el Nápoles. Era una barbaridad.
Todo se vino abajo en un instante, sostiene, básicamente porque la gente dejó de creer. Hubo un momento en que se decía: después de Calciopoli, ya no nos lo creemos. Y eso, en buena medida, tuvo consecuencias. Imaginad aquí, plantea, si se salen con la suya como si nada hubiera pasado.
Pero hay algo más, advierte Ramón. Por eso insiste a muchos madridistas en que, al final, no les va a pasar nada, y en que seguiremos adelante. No es así. Si no les pasa nada, no solo se producirá una injusticia y un abandono que sentirán muchos aficionados madridistas y del fútbol en general. El madridismo, vaticina, será acribillado a ataques.
Si no hay daño, si no hay una sanción para el Barcelona, buscarán el modo de decir que han sido unos fraudes, que se han inventado un bulo, que los han estado acusando, pobrecitos, de forma ilegítima. Jugarán esa carta, y nos aplastarán, insiste. Quien crea que saldremos de esta pensando que no va a pasar nada se equivoca.
Recibiremos, asegura, todo el daño que el Barcelona no ha recibido, en odio, desprecio y todo lo demás. La gente no debe pensar que esto no tendrá consecuencias; además, seremos los más perjudicados. Es, claramente, un alegato apasionado y partidista, y así debe entenderse. Los defensores del Barcelona replicarían, con la misma vehemencia, que el club ha sido objeto de una campaña y que nunca se ha probado que comprara partidos.
Por eso, concluye Ramón, no pueden permanecer en silencio. Y lo dice sin rodeos: si el Barça no recibe una sanción, el fútbol español está muerto. Caerá como cayó la Serie A, de la misma manera, y dejará de ser lo que ha sido. Eso es lo que él cree, y es lo que, según dice, deberían temer quienes tratan de que no pase nada.
Javi se suma a la lectura. Es lo que cree, repite, y lo que deberían temer quienes intentan que nada ocurra. Con un abrazo muy grande, Ramón se despide para cambiar de tema en el canal de su colega.
Más allá de las convicciones de cada uno, el vídeo dibuja con nitidez dos relatos enfrentados que conviven en el debate público. De un lado, quienes sostienen que el fútbol español ha mirado hacia otro lado ante casos que, en su opinión, merecen un castigo ejemplar, y que la impunidad acabaría vaciando de credibilidad a la competición. Del otro, quienes defienden que ni el City ni el Barcelona han sido condenados por todo lo que se les atribuye, que los procesos deben seguir su curso y que las campañas mediáticas no sustituyen a las sentencias.
Hay, eso sí, un punto en el que ambas posiciones podrían coincidir: la confianza del aficionado es el activo más valioso de cualquier liga. La Premier League, con su tribunal secreto y su calendario lento, intenta protegerla. La UEFA, con su control financiero, la tiene en la mira. Y en España, el debate sobre si las instituciones han estado a la altura sigue abierto.
Falta por saber qué decidirán finalmente los jueces ingleses, si la apelación del City será tan rápida como se filtra y cuál será la sanción, si es que la hay. Falta también por ver si la UEFA actuará y con qué coherencia. Mientras tanto, el fútbol español sigue pendiente de dos casos que, para algunos, son gemelos y, para otros, no tienen nada que ver.