Mbappé, la bicicleta, la discoteca y el vuelo privado: lo que el Real Madrid no quiere que sepas
Hay semanas en las que el fútbol se detiene y el ruido lo ocupa todo.
Esta ha sido una de ellas, y el protagonista tiene nombre y apellido: Kylian Mbappé.
Una lesión, una discoteca, una bicicleta, un avión privado y un runrún que no ha dejado de crecer.
Todo el mundo opina, pero muy pocos han puesto las fechas en orden.
Porque cuando se ordenan los hechos, la historia cambia de color.
Y no, no es blanca ni negra.
Es bastante más gris de lo que a muchos les gustaría admitir.
Un viernes que lo cambió todo
Viernes 25. Francia juega de noche contra Turquía y Mbappé marca.
En el instante exacto de golpear el balón nota algo en la rodilla.
Se queda tendido sobre el césped y termina abandonando el campo.
Zidane, seleccionador francés, no maquilla el momento en rueda de prensa.
Habla de un asunto feo y deja caer que habrá que mandarlo a Madrid.
La decisión es prudente y razonable: el jugador viaja a la capital con urgencia, esa misma noche o a la mañana siguiente.
Como siempre ocurre cuando cae una estrella, el rumor viaja más rápido que el diagnóstico.
Hay quien lo da por perdido para lo que resta de temporada e incluso para la siguiente.
En apenas unos días se llegó a hablar de tibia y peroné rotos.
Nada de eso era cierto.
El sábado en Valdebebas: el parte oficial
Sábado 26. Mbappé ya está en suelo español.
Se desplaza a las instalaciones de Valdebebas y, según se ha contado, pasa unos veinte minutos sometido a las pruebas médicas.
Después llega el comunicado del club, la versión oficial.
Tras las pruebas realizadas por los servicios médicos del Real Madrid, el jugador presenta una hiperextensión de la cápsula posterior de la rodilla izquierda.
Pendiente de evolución.
Es el documento que importa, porque es el único que sale del club.
No es lo que dice un youtuber, ni un tertuliano, ni un compañero de plató.
Y si ya no podemos creer ni un comunicado oficial del Madrid, apaga y vámonos.
Cinco días de rutina, cinco días sin noticia
Desde ese sábado, el calendario es de una normalidad casi aburrida.
El 26, el 27, el 28, el 29, el 30 y el 1 de octubre, Mbappé sigue su tratamiento.
A veces en la Ciudad Deportiva cuando le toca, a veces en casa, con los fisios del club y con los suyos propios.
Ahí no hay nada que reprochar.
Es lo que hace cualquier futbolista lesionado.
Hasta que llega el jueves 1 de octubre.
Esa mañana recibe tratamiento en Madrid, como el resto de la semana.
Y al terminar, el club le dice algo muy sencillo: puedes tomarte el fin de semana libre.
Viernes, sábado y domingo.
Ve adonde quieras.
La pregunta del millón: ¿es un delito que te den un fin de semana libre?
Planteémoslo con los pies en la tierra.
Si en tu trabajo te dicen que tienes el fin de semana libre, ¿te parece una barbaridad?
Probablemente tampoco te lo parecería a ti.
Lo que cambia es lo que haces con ese fin de semana y lo que dejas que vea la empresa que te paga.
Ahí empieza la parte incómoda.
Porque hasta este punto, todo está dentro de lo pactado.
París, Ester Expósito y la Semana de la Moda
Mbappé vuela a París.
La razón es sencilla: su pareja, la actriz Ester Expósito, participa en la Semana de la Moda parisina.
Él es de allí, conoce la ciudad como la palma de su mano y decide acompañarla.
Hasta aquí, un plan perfectamente comprensible para cualquiera.
El problema llega esa misma noche.
Se filtran unas imágenes del futbolista bajándose de una furgoneta junto a Ester Expósito.
Se dirigen a una discoteca parisina, el Boom Boom.
En el vídeo se ve el cartel del local, un detalle que no es menor.
El detalle del horario que nadie mira
Una búsqueda rápida en Google basta para comprobar que el club abre los jueves a medianoche y cierra a las seis de la mañana.
No sabemos a qué hora se marchó Mbappé.
Lo que sí parece bastante claro es que no pudo llegar antes de que abrieran las puertas.
Y a partir de aquí empieza lo negativo de esta historia.
Una cosa es salir una noche.
Otra, muy distinta, es hacerlo con una rodilla en recuperación, horas después de haber recibido tratamiento en Madrid.
Lo legal, lo ético y lo que se ve desde fuera
Hay que separar los planos con cuidado.

Primero: ¿ha cometido Mbappé alguna ilegalidad?
No.
¿Ha incumplido lo pactado con el club?
Tampoco, hasta donde se sabe.
Pero que algo no sea delito no significa que sea una buena imagen.
La fotografía de un futbolista lesionado, el mejor pagado de la plantilla, entrando en una discoteca de madrugada, no es precisamente la que sueña un club como el Real Madrid.
Y menos en un momento en el que, según el propio relato madridista, todo el entorno está a la espera de cualquier tropiezo.
El arte de bordear el límite
Hay una lectura que se repite entre quienes siguen de cerca al club.
Mbappé, sutil y calculador cuando quiere, camina siempre por el borde.
Nunca cruza la línea, pero tampoco se aleja de ella.
Es el jugador que no rompe lo acordado y, sin embargo, echa un poco de gasolina a la hoguera.
Y cuando tu apellido es Mbappé, cada chispa se convierte en incendio.
Tiene recursos de sobra para que esa noche no apareciera ni una sola imagen del Boom Boom.
Si aparecieron, es que no puso demasiado empeño en evitarlo.
Eso es independiente de lo que el club le haya permitido o no.
Una cosa es respetar lo que Madrid le dice.
Otra es cuidar la imagen que ese escudo merece, y ahí el francés hace lo que le da la gana.
Viernes 2 de octubre: París, pasarelas y un salto a Suiza
El viernes 2, Mbappé sigue en París, pendiente de la agenda de su pareja.
Después del viaje a la capital francesa llega el siguiente movimiento.
Salta a Suiza.
En jet privado, un trayecto tan corto que equivale, para él, a que tú o yo cojamos el metro hasta Majadahonda.
Los motivos de la escapada nadie los conoce.
Puede que fuera por negocios, por familia o por simple descanso.
Lo que sí sabemos es lo que decidió enseñar al mundo.
La bicicleta de Zúrich
Las imágenes que salen de Zúrich muestran a Mbappé montando en bicicleta.
Con casco, a un ritmo tan tranquilo que, como dijo alguien, parecía el protagonista de Paseando a Miss Daisy.
Si no hubiera pasado nada más, sería una anécdota.
Pero diez días antes, su entrenador había dicho públicamente que no le gustaba nada que los futbolistas fueran en bicicleta.
Mourinho no lo consideraba un deporte apropiado para un profesional.
Además, utilizó la palabra bike al hablar, lo que invita a pensar que se refería más bien a una moto, mucho más cercana a un deporte de riesgo.
Pero el mensaje estaba ahí, claro y reciente.
Las palabras de Mourinho, con matiz
Hay un detalle de esas declaraciones que merece atención.
El entrevistador le pregunta si habla por el contrato, ya que muchos clubes blindan los contratos de sus estrellas para impedir deportes considerados peligrosos.
Mourinho responde de inmediato que no, que no va por ahí.
Lo que le importa no es lo contractual.
Le importa la imagen, la que un jugador proyecta de su trabajo.
Esa respuesta cambia por completo el tono de la polémica.
Ya no hablamos de una cláusula que se pueda incumplir, sino de una cuestión de respeto y profesionalidad.
¿Lo sabía Mbappé?
Esa es la gran pregunta.
Si damos por hecho que Mbappé es tan listo como dicen, también deberíamos asumir que conocía esas declaraciones.
Y si las conocía, publicar esas imágenes resulta, como mínimo, llamativo.
Nadie en el Madrid puede sancionarle por pasear en una bicicleta de ocio a cinco kilómetros por hora.
Eso es evidente.
Pero igual de evidente es la pregunta que surge: ¿por qué, Kylian?
No hacía ninguna falta.
Podía haber hecho el mismo vídeo, riéndose igual, paseando entre margaritas, o directamente no haberlo hecho.
Un club bajo ataque
Aquí aparece un argumento que se repite entre los aficionados más fieles.
El Real Madrid, dicen, vive bajo un ataque constante.
Hay periodistas de todo tipo deseando sacar una grieta en el vestuario y alimentar la sospecha sobre la gestión de Florentino Pérez.
En ese contexto, un jugador de su nivel tiene que ser doblemente cuidadoso con cada imagen que sube.
Si estás lesionado, no publicas una discoteca.
Y tampoco una bicicleta, por más inofensiva que sea.
Porque en un club como este, un detalle pequeño se convierte en titular de portada en cuestión de minutos.
Sábado y domingo en Zúrich, lunes en Madrid
Mbappé pasa ambos días en Suiza.
Y el lunes por la mañana, por fin, aterriza en Madrid.
Otra imagen que da la vuelta a las redes: su jet privado tomando tierra junto a todo su séquito.
En la esquina superior derecha de la pantalla se ve la hora: 11:16.
Ese número se convirtió en munición para sus críticos.
El Real Madrid había entrenado ese día a las 10:30, como de costumbre.
Muchos preguntaron por qué llegaba cuando el equipo ya estaba sobre el césped.
El reproche menos sólido de todos
De todos los reproches, este es probablemente el más débil.
Más tarde se supo, y el propio club lo mostró, que Mbappé entrenó solo esa misma tarde en las instalaciones.
Se vieron las imágenes.
Si él y el Madrid habían acordado una sesión individual por la tarde, puede aterrizar a las once, a las diez o a las doce.
Lo único importante es estar a la hora pactada.
Un vuelo Zúrich-Madrid depende de tantas variables que perfectamente podría haber aterrizado a mediodía sin que nadie dijera nada.
Y llegó cinco o seis horas antes del horario que tenía que cumplir.
La mirada fría del aficionado
Si analizamos la semana con frialdad, la reacción resulta casi desproporcionada.
El club le dio tres días libres.
Un jugador salió una noche con su pareja en París, dio un paseo en bicicleta con casco por una carretera local y aterrizó cinco horas antes de entrenar.
Y con eso se montó un incendio que nadie entiende bien.
Es una reflexión legítima, y muchos madridistas la comparten.
Pero esa lógica tiene un límite, y ese límite se llama Real Madrid.
Ser la estrella tiene un precio
Mbappé juega en el Real Madrid.
Es la gran estrella del equipo y el jugador mejor pagado de la plantilla.
Eso significa que cada detalle de su vida pública se mira con lupa, y que debe dar ejemplo al resto del vestuario.
Habrá quien diga que la prensa está desquiciada, que le han fastidiado un fin de semana de descanso.
Puede ser.
Pero hay que saber que en este club funciona así, y que no tiene pinta de que vaya a cambiar.
Y no solo desde fuera.
También desde dentro de las propias filas madridistas, donde a veces se discute si Mbappé llegó a las 11:35 o a las 12:44.
Mientras tanto, el caso Negreira
Hay una ironía que no pasa desapercibida.
Mientras se debate la hora exacta de un aterrizaje, el caso Negreira sigue ahí.
Un asunto que apunta a décadas de presunta manipulación del fútbol español.
Se había empezado el parón con ganas de hablar de eso, de investigar, de profundizar.
Duró muy poco.
Porque resulta más rentable, dicen, entretenerse con otro tipo de temas, que manipulan y desinforman, antes que investigar de verdad.
Dos capas en una misma historia
Hasta aquí, lo que podríamos llamar la primera capa.
La de las imágenes, los vuelos y las horas.
Algunos le darán mucha importancia y otros muy poca.
Pero hay una segunda capa, más profunda y más interesante.
Es la de las preguntas de fondo: ¿por qué actúa así Mbappé?, ¿qué piensa el Real Madrid de todo esto?, ¿qué piensa el propio jugador?
Pedrerol y la sombra de la duda
Antes de entrar en esa segunda capa, hay un momento televisivo que merece comentario.
Josep Pedrerol, a quien se le atribuyen conexiones con el entorno del club, soltó en su programa algo que no pasó inadvertido.
Dijo, con ese tono suyo, que los jugadores se habían ido a entrenar a Valdebebas, pero lesionados.
Y que si los lesionados no entrenan, ¿quién entrena?
Sugirió que Mbappé necesitaba ponerse en mejor forma física y que había que llamar al preparador físico, también de confianza del club.
La insinuación es clara: que quizá no estaba tan lesionado como se contaba.
Del hueso roto a la lesión inexistente
La reacción de los creadores del vídeo es contundente.
Se está diciendo tanta tontería que acabará afirmándose que Mbappé ni siquiera está lesionado.
En una semana se ha pasado de hablar de tibia y peroné rotos a insinuar que no tiene nada.
Es evidente que sí está lesionado.
Por eso dejó de jugar con la selección francesa, y por eso lleva cinco días entrenando en Madrid.
Pero Mbappé genera tanta especulación que cualquier cosa termina colándose en el debate.
La versión de Radio Marca
Y la especulación continúa.
Radio Marca ofrece su propia explicación sobre el comportamiento del delantero.
Según el relato de uno de sus tertulianos, es algo que lleva dos años diciendo: Mbappé solo piensa en sí mismo.
Asegura que la semana del derbi, el jugador habría pedido al club un esfuerzo para hacer campaña por su Balón de Oro.
El club no habría cedido.
Con eso, dice, cobra sentido la actitud de Mbappé en el campo durante el derbi, algo que ya había comentado en directo.
Según su versión, no es normal que, con el equipo reducido a diez y luego a nueve jugadores, un futbolista se limite a pasear por el césped.
Habla de una rabia contenida.
Y añade que también habría pedido un esfuerzo a Zidane, que no pudo hacer nada por estar implicado en el asunto.
La réplica: así se construye una narrativa
La respuesta de los autores del vídeo es dura.
Hablan de una manipulación clara.
Según ellos, el tertuliano une comentarios sueltos de un lado y de otro, los interpreta a su manera y afirma que Mbappé se borró a propósito del partido ante el Atlético de Madrid.
Así se construye una narrativa.
La parte verdadera de la historia, defienden, es otra mucho más simple.
En el Madrid piensan que Mbappé ha dejado escapar ciertas imágenes este fin de semana, o no se ha esforzado en mantenerlas en privado, porque quizá está molesto con el club.
Molesto porque el club no le apoyó lo suficiente en la carrera por el Balón de Oro.
Eso es todo.
Esa es la reflexión que se hace en Madrid.
Lo que el club percibe y lo que solo Mbappé sabe
Hay un matiz importante.
Todo esto es solo una percepción del club.
Desde el Madrid pueden imaginar que esta forma de bordear las normas y de ponerse un poco pesado en la última semana responde a ese enfado.
Pero no tienen certeza.
Solo Mbappé sabe qué hay realmente en su cabeza.
Es la cruda realidad.
Lamine, Barcelona y un Balón de Oro desigual
Lo que sí parece difícil de negar es otra cosa.
Barcelona ha hecho una campaña mucho más firme por Lamine que la que el Madrid ha hecho por Mbappé.
Probablemente él se ha dado cuenta, y probablemente no se equivoca.
Que eso lo moleste un poco es algo que el club puede aceptar como posible.
Y con su carácter, que es el que es, el resto se explica casi solo.
Los futbolistas son como son.
Si alguien esperaba que fuera el líder y el modelo de imagen que necesita el Real Madrid, ese jugador no es Mbappé.
Un genio al que hay que cuidar y no castigar
Eso no le quita ni un gramo de talento.
Es un futbolista extraordinario, y las opciones del Real Madrid esta temporada pasan inevitablemente por sus botas.
Es indiscutible.
Ahí es donde hay que situarse: entre quienes quieren crucificarle y quienes lo disculpan todo.
Mientras tanto, los enemigos del club harán lo que hacen siempre.
Si pueden dinamitar el proyecto, lo dinamitarán.
El hartazgo, según OKDiario
Para entender qué piensa el club, hay que mirar a los medios que se consideran cercanos a Florentino.
El Chiringuito, OKDiario y otros del mismo entorno.
Este jueves, OKDiario publica un artículo cuya idea central es que en el Real Madrid empiezan a estar hartos de Mbappé.
Incluso después de los grandes esfuerzos por defenderle.
Según el texto, crecen las voces críticas con su comportamiento y se considera que algunas de sus decisiones responden únicamente a su propio interés.
Los episodios que desgastan su imagen
La lista de agravios es larga.
La bicicleta durante la recuperación, que ya hemos comentado.
La polémica de Ceuta, algo ya medio olvidado.
Su postura con los árbitros, que también se trató en este canal.
Y la gestión de sus problemas físicos.
El artículo sostiene que todo eso ha generado un malestar interno considerable, y que su imagen dentro del club se ha deteriorado seriamente.
Hay voces muy críticas con lo que describen como una actitud demasiado individualista.
Mbappé va a la suya, explican algunos.
Otros son más directos: solo mira por sí mismo.
Peor que Vinicius
El texto va todavía más lejos.
Según OKDiario, en ciertos sectores de la directiva blanca la situación de Mbappé se ve peor que la de Vinicius.
Entienden que el brasileño atraviesa un momento deportivo muy malo, que no ofrece el nivel esperado y que hay un problema evidente para recuperar su mejor versión.
Pero consideran que el caso de Kylian es distinto.
En su opinión, parte del malestar nace de decisiones totalmente conscientes, y eso resulta mucho más molesto.
El mensaje, sin embargo, también deja claro que nadie discute su calidad.
Mbappé sigue siendo una estrella, un jugador diferencial y una pieza fundamental para Mourinho.
Lo que se cuestiona es otra cosa: su forma de entender lo que significa representar al club.
Entre la crítica y la caza de brujas
Esa es la opinión del Real Madrid sobre él.
No lo consideran un ejemplo para el resto y no creen que encarne del todo los valores del club.
Pero una cosa es eso y otra muy distinta atacar a Mbappé desde todos los frentes como si fuera el enemigo público.
La virtud, como casi siempre, está en el término medio.
El francés es como es, desconectado y a su aire, y hay que tomarlo así.
Al Madrid no le gusta.
Y a muchos aficionados, tampoco.
La pregunta que se hace el madridismo
Aquí aparece una reflexión incómoda.
Si hay sospechas de que Mbappé bordea los límites a propósito, ¿por qué nadie de arriba le marca el camino?
Hablamos de Mourinho, de directivos como José Ángel Sánchez, del propio Florentino.
Tal vez no haya hecho nada ilegal, como ya hemos repetido, pero la impresión que deja es otra.
Y empieza a dar la sensación de que es reincidente.
Mientras nadie lo ponga en su sitio desde arriba, parece que el patrón se repetirá una y otra vez.
Ese es el sentimiento de buena parte de la afición.
Se pide mano firme
Los aficionados no piden castigos ejemplares.
Piden algo más sencillo: firmeza.
Que alguien controle mejor a este activo llamado Kylian Mbappé.
Ya sea Mourinho o quien corresponda.
Por eso la rueda de prensa del técnico portugués antes del partido ante el Villarreal se espera con tantas ganas.
Con toda seguridad le preguntarán por esto.
Y aunque pueda quitarle importancia a una vuelta en bici con casco, conociendo a Mourinho, difícilmente le habrá hecho gracia.
La última bomba: Jorge Picón
Pero la historia no termina ahí.
Jorge Picón, periodista que suele estar bien informado, publica una información de gran calado.
Aunque ningún periodista acierta el cien por cien de las veces, su nombre pesa.
Según su versión, Mbappé habría transmitido a personas de su máximo círculo que no es feliz en el Real Madrid.
Y que no tiene nada que ver con su futuro.
Habla de lo que vive en el club y cree que el proyecto no es serio.
Algo que, según se cuenta, también piensan otros jugadores.
Vestuarios, desahogos y memoria corta
La respuesta de los autores del vídeo es sensata.
Sacado de contexto, todo esto puede adquirir proporciones gigantescas, como las que le da Picón en su artículo.
Cualquiera que haya pisado un vestuario de fútbol lo sabe.
Cuando los resultados son mediocres, todos se quejan, todos se desahogan y todos sueltan que esto no es serio y que van a perder cuarenta partidos.
En una misma temporada, dicen, hay trescientas opiniones distintas según el último resultado.
Ponen un ejemplo muy gráfico.
Un vídeo de jugadores del Barcelona un verano, asegurando que este año sí, que ganarían la Champions al dos mil por ciento.
Con Jordi Alba como protagonista.
Todavía siguen esperando.
¿Significa eso que estaban descontentos?
Las opiniones de un vestuario son tan cambiantes como los resultados.
Villarreal, el mejor antídoto
Con esa lógica, la semana que viene el Madrid gana al Villarreal.
Y el mismo Mbappé que hoy dice que esto no es serio, dentro de unos días dirá que con Mourinho hay un gran proyecto y que van a ganar la Champions.
Si se toman declaraciones hechas en un contexto concreto, se tratan como si fueran el Evangelio y se meten en un artículo como el de Picón, es lógico que la organización se incendie.
Quizá eso era precisamente lo que buscaba el periodista.
No lo sabemos.
Lo que sí sabemos es que el ruido, en el fútbol, es casi siempre más grande que la realidad.
Lo que realmente ha pasado
Resumamos lo esencial.
Mbappé se lesionó con Francia, fue diagnosticado oficialmente por el club y siguió su tratamiento en Madrid durante cinco días.
Después recibió permiso para pasar el fin de semana fuera.
Lo pasó en París, con su pareja, y se le vio en una discoteca la noche del jueves.
Luego voló a Zúrich, donde publicó imágenes en bicicleta, y aterrizó en Madrid el lunes por la mañana.
Por la tarde entrenó solo, tal y como estaba acordado.
Nada de eso es ilegal.
Todo, en cambio, es discutible.
Una historia en gris
Aquí está el verdadero fondo del asunto.
Mbappé no ha roto ninguna norma, pero ha vuelto a demostrar que le encanta jugar con el fuego.
El Madrid, por su parte, vive bajo una presión mediática enorme que convierte cualquier gesto en una crisis.
Y entre los dos hay un aficionado cansado de titulares, pidiendo algo tan simple como normalidad.
Puede que Mbappé deba medir mejor sus gestos.
Puede que la prensa deba medir mejor sus excesos.
Y puede que el club deba medir mejor cómo gestiona a su mayor estrella.
El regreso del fútbol
Ahora vuelve la competición, y no puede hacerlo en mejor momento.
Con las estrellas recuperadas, con el equipo ganando y con el Real Madrid recuperando lo que se espera de él.
Esa normalidad blanca que, en el fondo, es lo único que apaga cualquier incendio.
Porque en este deporte, tarde o temprano, el balón lo ordena todo.
Y mientras llega el sábado, la conversación sigue abierta.
¿Tú qué piensas?
Cuéntalo en los comentarios, pero hazlo sin blanco ni negro.
Porque esta vez, de verdad, la historia es un poco más gris.