Vinicius, el problema que el Real Madrid no sabe cómo arreglar: cero tiros, cero regates, un taconazo fatal y una sanción de cuatro partidos que puede cambiarlo todo

Vinicius, el problema que el Real Madrid no sabe cómo arreglar: cero tiros, cero regates, un taconazo fatal y una sanción de cuatro partidos que puede cambiarlo todo

Cincuenta y ocho minutos sin un solo disparo, sin un solo regate completado y con un error que acabó en gol rival.

Esa es la hoja en blanco que dejó Vinicius en Roma, la primera vez en trescientas diez titularidades con el Real Madrid que terminaba un partido sin tirar a puerta y sin superar a nadie en el uno contra uno.

Para un extremo cuyo trabajo consiste precisamente en desequilibrar, el dato es tan frío como inquietante.

Y lo más llamativo es lo que ocurrió después: en cuanto el brasileño salió del campo, el partido cambió de dueño.

Esta es la historia de una noche que empezó con un taconazo y acabó con una remontada de 3-1 a 4-3, pero que dejó sobre la mesa una pregunta mucho más grande que cualquier marcador.

¿Y si el problema de Vinicius no es solo su estado de forma?

¿Y si su pasado glorioso está dificultando que el Madrid se enfrente a lo que ocurre ahora mismo?

Conviene empezar por los hechos, porque hablan por sí solos.

El Madrid iba por detrás en el marcador y necesitaba rapidez de pensamiento en la zona de creación.

Vinicius recibió el balón en el centro del campo con dos jugadores de la Roma cerrándole el paso y decidió intentar un taconazo.

Un pase sencillo habría mantenido viva la jugada, pero el taconazo regaló la posesión.

Soulé recuperó el balón y se lo entregó a Malen, y la Roma se puso 2-1.

En la banda, Mourinho no escondió su enfado, y la cámara lo captó con toda claridad.

Dos minutos después, Vinicius abandonaba el campo para dejar su sitio a Endrick.

Y fue el camino hacia el banquillo lo que desató la conversación.

El brasileño se señaló a sí mismo, abrió los brazos y miró al entrenador como si la decisión necesitara una explicación.

Nadie sabe qué pasaba por su cabeza en ese instante.

Pudo ser frustración, pudo ser orgullo, pudo ser la convicción sincera de que todavía podía cambiar el partido.

Pero la imagen era nítida: un jugador que lleva toda la temporada fuera de forma, sustituido tras un error costoso, y sorprendido por la decisión.

Lo que vino después hizo que esa imagen fuera imposible de ignorar.

El equipo que había sido dominado durante gran parte de la noche marcó tres goles a balón parado en los minutos finales.

Endrick, recién salido al campo, anotó uno y fue elegido mejor jugador del partido.

Carlos Espí remató un rechace tras un gran cabezazo del propio Endrick, y Antonio Rüdiger firmó el gol del triunfo para el 4-3.

Arda Güler fue el autor de los tres saques de esquina decisivos.

Así, el Madrid convirtió un 3-1 adverso en una victoria, y Vinicius lo vio todo desde el banquillo.

Incluso circuló un gráfico que mostraba cómo la Roma había dominado ampliamente el encuentro hasta que el brasileño se marchó, y a partir de ese momento el guion se dio la vuelta.

Tras el partido, Vinicius habló, y parte de lo que dijo fue justo.

Explicó que su reacción era normal porque quiere jugar todos los minutos.

Reconoció que Endrick cambió el partido y fue el mejor de la segunda parte.

Admitió también que está enfadado consigo mismo por no ofrecer su mejor versión.

Todo eso es lo correcto que se espera de un jugador en su situación.

Pero después, según sus críticos, el tono cambió.

El futbolista recordó que Vinicius siempre vuelve y mencionó los más de cien goles que ha marcado con el club.

Y es esa parte la que se ha quedado clavada en el debate.

Porque cuando un jugador responde a una mala noche señalando su pasado, suena menos a asunción de responsabilidades y más a un recordatorio de que se ha ganado un salvoconducto.

Aquí conviene hacer una distinción importante.

Una mala noche, por sí sola, no sería la historia.

Todo gran jugador tiene partidos así, y el Madrid puede sobrevivir a que una superestrella falle un día.

Lo difícil de sobrevivir es que el mal partido, la decisión costosa, la frustración visible y los problemas de disciplina coincidan en la misma conversación.

Y ahí es donde esta historia empieza de verdad.

Existe una diferencia sutil entre querer jugar todos los minutos y creer que se te deben todos los minutos.

Lo primero es admirable, y un entrenador debería querer jugadores que sientan así.

Lo segundo no se lo debe nadie, y mucho menos en el Real Madrid.

Según los analistas más críticos, la manera en que Vinicius salió del campo en Roma era la de un jugador que considera su nombre en la alineación un derecho adquirido.

Acababa de regalar un gol, llevaba casi una hora sin aportar nada y aun así miraba al banquillo como si fuera Mourinho quien le debía una explicación.

La pregunta que lanzan esos mismos comentaristas es tan directa como incómoda: ¿por qué juega Vinicius?

¿Qué ha hecho esa noche, más allá de un taconazo en la medular?

No da asistencias, no marca goles y entrega balones que luego no presiona.

Para ellos, eso no es hambre, es sentimiento de merecimiento.

A ese retrato se suma el capítulo disciplinario, que complica todavía más el panorama.

Contra el Villarreal, Vinicius tiró del pelo a un rival con el balón lejos de la disputa y fue expulsado.

El comité le impuso dos partidos solo por esa acción.

Después llegó su reacción a la tarjeta roja, lo bastante vehemente como para que Antonio Rüdiger tuviera que interponerse físicamente entre él y el árbitro.

Eso le costó otros dos partidos.

Una de las voces del vídeo lo resume sin dudar: la reacción no estaba justificada y fue desproporcionada, de modo que cuatro partidos le parecen razonables.

Y apunta algo revelador: cuando es Rüdiger quien calma una situación, el jugador que está en el centro tiene un problema.

La sanción llega en el peor momento posible.

Vinicius se perderá el Clásico, el partido en Valencia y otros encuentros de Liga, cuatro en total, uno de ellos el más importante de la temporada.

Seguirá disponible en la Champions League, lo que significa que su próxima aparición con el Madrid será en Europa, con todos mirando qué versión aparece.

Su defensa, según sus detractores, no se sostiene.

El argumento de que nadie recibe cuatro partidos por tirar del pelo, o de que los defensas le patean mientras él es quien ve la tarjeta, choca con un hecho concreto: nadie le había golpeado antes del incidente.

Agarró el pelo de un rival lejos de la jugada, de forma deliberada, y luego actuó como si el árbitro fuera quien había hecho algo mal.

Y cuando perdió los nervios, no fue una queja rápida, sino un encaramiento directo al colegiado.

Los críticos hablan de un patrón que se repite.

Cuando un jugador rinde, todo se perdona: una pataleta se llama pasión, un enfado se llama hambre y una falta se llama carácter competitivo.

Pero el comportamiento nunca fue distinto, solo que ahora no hay producto final que lo tape.

El comportamiento no ha cambiado, lo que ha cambiado es la cobertura.

Por eso reclaman que se deje de llamar fuego a lo que, a su juicio, es inmadurez en un futbolista con suficiente recorrido para saberlo mejor.

Y plantean la pregunta que sostiene todo el debate: si las actuaciones se resienten y la disciplina también, ¿por qué un jugador con este historial sigue recibiendo el beneficio de la duda?

Parte de la respuesta, sostienen, es que el problema nunca fue solo Vinicius.

Empezó realmente con la llegada de Mbappé.

Es la tesis más polémica del vídeo, y la formulan sin medias tintas: el Madrid solo puede permitirse tener a uno de esos dos jugadores en el equipo.

Ambos quieren el balón por la izquierda, ambos se cierran hacia dentro sobre su pierna derecha y ninguno defiende con regularidad.

Eso deja a Valverde y a Tchouaméni cubriendo demasiado terreno, y explica por qué el Madrid es superado en el centro del campo por equipos a los que debería controlar.

Contra la Roma se vieron las alternativas.

Diomandé mejoró cuando Vinicius salió y él pasó a la izquierda, y Endrick mostró un hambre real al entrar.

Carlos Espí suma tres goles en unos cuarenta minutos de juego esta temporada.

No son misterios, son opciones sentadas en el banquillo que producen momentos cada vez que se les pide.

Mourinho dijo después que, si el equipo que terminó el partido lo hubiera empezado, el Madrid habría perdido por 5-0.

Pero los hechos cuentan otra historia: el once inicial perdía 3-1 y el que terminó marcó tres goles.

Se puede alegar que la situación era distinta, que la Roma estaba cansada o que los córners tuvieron suerte.

Lo que no se puede defender es que los titulares fueran quienes tenían las cosas claras.

Las raíces de todo esto, sostienen, se remontan al verano.

El Madrid tenía un problema evidente: dos atacantes que se pisan el terreno, y uno de ellos estaba vinculado al Arsenal.

El club optó por renovarlo.

Eso resolvió el contrato, pero no resolvió el equilibrio del equipo.

Hay quien va más lejos y asegura que el mayor error del Madrid fue pagarle la renovación y que debió venderlo al Arsenal por lo que fuera posible.

Es una opinión dura, y no la comparte todo el mundo, pero refleja el nivel de desencanto de una parte de la afición.

Entonces, ¿qué le pasa realmente a Vinicius?

El análisis plantea tres posibilidades.

Podría ser un problema de forma, el de un buen jugador en una mala racha que necesita tiempo.

Podría ser un problema de disciplina, en el que sus reacciones y decisiones generan distracciones constantes.

O podría ser un problema de responsabilidad, en el que su reputación hace demasiado difícil que el club lo trate como a cualquier otro.

La tercera es la peligrosa, porque complica la solución de las otras dos.

No se puede corregir un bajón de forma si nadie se atreve a decirle al jugador que se ha ganado un asiento en el banquillo.

Ningún futbolista es más grande que el club, y la reputación no puede ser una inmunidad permanente.

Uno de los comentaristas lo expresa con claridad: durante un par de años pareció que los jugadores se salían con la suya, y ahora hace falta un gesto que demuestre que hay que ganarse el puesto de nuevo.

Y si al final de la temporada no funciona, añade, habrá que seguir adelante sin él.

Eso sí, nadie en el vídeo lo da por acabado.

Pero los números son difíciles de defender: un solo gol en más de setecientos minutos esta temporada, su peor registro desde 2021, el año en que empezó a ser regular en el Madrid.

No se puede exigir estatus de superestrella y pedir después excusas de jugador corriente cuando llegan las críticas.

En algún momento, el nombre en la camiseta tiene que dejar de argumentar por sí mismo.

Ahora, paradójicamente, la sanción puede convertirse en una oportunidad.

Cuatro partidos de Liga sin él le dan a Mourinho una prueba gratuita.

Puede colocar a Güler o a Diomandé en esa zona, o incluso meter a ambos sin Vinicius.

Por eso, según esta lectura, su ausencia no es una mala noticia para el Madrid, sino todo lo contrario, porque le facilita la vida a Mourinho.

Si el equipo se muestra más organizado, más equilibrado y más difícil de superar, la pregunta se vuelve inevitable.

¿Qué pasará cuando Vinicius regrese, a finales de noviembre?

El cambio en Roma funcionó.

Pero el jugador que cometió el error sigue siendo el mismo.

Esa es la gran incógnita que el Madrid tendrá que despejar antes de decidir si el talento de ayer sigue mereciendo la titularidad de hoy.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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