¿Y si el Madrid vuela sin Vinicius? Endrick y Mbappé, el cambio de sistema que Mourinho no descarta, el aviso sobre Bernardo Silva y el debate que nadie se atreve a cerrar

¿Y si el Madrid vuela sin Vinicius? Endrick y Mbappé, el cambio de sistema que Mourinho no descarta, el aviso sobre Bernardo Silva y el debate que nadie se atreve a cerrar

Hay preguntas que se hacen en voz baja porque la respuesta incomoda a media afición.

Una de ellas lleva días circulando por los foros, las radios y los grupos de WhatsApp madridistas: ¿qué pasa si el equipo funciona mejor sin Vinicius?

Nadie quiere formularla en voz alta, pero el calendario ya la ha puesto sobre la mesa con una crudeza imposible de esquivar.

Cuatro partidos de Liga sin el brasileño, un Endrick que ha cambiado un encuentro entero desde el banquillo y un Mourinho que, en su última rueda de prensa, dejó pistas sobre lo que piensa de casi todo.

Esas pistas, junto con las dudas más calientes de la afición, dieron forma a un largo turno de preguntas y respuestas grabado apenas una hora y media después de la comparecencia del técnico portugués.

Sobre la mesa, seis cuestiones: el futuro de Vinicius, el sistema de juego, el verdadero nivel de Diomandé, el misterio de Bernardo Silva, el castigo deportivo en el caso Negreira y la posibilidad de que el Madrid abandone LaLiga.

Empecemos por la que más duele.

La primera pregunta planteaba un escenario tan sencillo como inquietante: si durante los cuatro partidos de ausencia de Vinicius el Madrid vuela con Endrick, con Mbappé o con ambos, ¿qué hacemos cuando el brasileño regrese?

La respuesta empieza por una previsión práctica.

Según el análisis que se desprende del vídeo, Mourinho recurrirá sobre todo a Mbappé para cubrir el hueco de Vinicius, y la opción de Endrick aparece como alternativa, quizá no con muchos minutos, pero sí con minutos relevantes.

Y la razón es evidente para cualquiera que viera el último tramo del partido en Roma.

La entrada de Endrick, como el propio Mourinho reconoció, cambió el guion por completo.

Fueron entre quince y veinte minutos de avalancha madridista, con una enorme cantidad de volumen ofensivo, y el joven delantero fue uno de los grandes protagonistas.

Pero el fondo de la pregunta va más allá de las rotaciones inmediatas.

Lo que realmente se pregunta el aficionado es qué ocurrirá si el equipo funciona mejor sin Vinicius, y si el brasileño dejará de ser un titular indiscutible.

Aquí el análisis no se anda con rodeos.

Con el nivel que Vinicius ha mostrado en este arranque de temporada, no basta para ser titular en el Real Madrid.

Y, según el autor del vídeo, el propio jugador lo sabe.

Pero también se recuerda algo que nadie debería olvidar: ya hemos visto de qué es capaz la mejor versión de Vinicius, un futbolista que ha traído enormes éxitos al club.

La gran incógnita es cuán realista resulta recuperar esa versión, y eso es precisamente lo que esta temporada y el trabajo de Mourinho tienen que aclarar.

Mientras tanto, el razonamiento es de una lógica casi aplastante.

Después de dos años con resultados pobres, con ciertas inconsistencias dentro del equipo y combinaciones que no han funcionado, ha llegado la hora de priorizar lo que funciona para el colectivo.

Eso sí, con un matiz importante que conviene subrayar.

Endrick tiene que jugar realmente bien para generar dudas, porque un buen partido, o incluso dos, no son suficientes.

Hay que sostener el nivel para impedir que el equipo siga probando o que se le siga dando tiempo a Vinicius para alcanzar su mejor versión.

Pero si Endrick rompe, si de verdad se abre paso, la prioridad ahora mismo es encontrar lo que haga funcionar mejor al equipo.

No se trata de descartar a Vinicius ni de abandonarlo.

Se trata de poner al mejor equipo posible en cada momento mientras se espera la mejoría que todos esperan del brasileño.

Y Mourinho, como entrenador, tiene clarísimo ese principio, más aún en las circunstancias actuales.

En resumen, si el equipo funciona muy bien, será un gran problema para el técnico portugués, de esos que cualquier entrenador firmaría tener.

Y la conclusión del autor es contundente: él no será quien le pida cambiar lo que esté funcionando.

La segunda pregunta nos lleva del banquillo a la pizarra.

Un seguidor se preguntaba si Mourinho mantendrá eternamente su clásico 4-2-3-1, y apuntaba que, salvo Bellingham, la plantilla tiene jugadores que se adaptarían mejor a otros esquemas.

Recordaba incluso que en los mejores momentos del Mundial, con Xavi, se jugaba con defensa de tres, y que un pivote con dos interiores ofrece más alternativas que esa temida doble pivote.

La respuesta empieza por una confesión del propio entrenador.

Mourinho reconoció en la rueda de prensa que no es cabezota y que está abierto a cambiar de opinión, siempre que su cuerpo técnico se lo transmita o lo perciba él mismo observando los partidos y estudiando el trabajo.

Pero el análisis va más allá del dibujo táctico.

El esquema importa, claro que importa, pero todavía más importa lo que se les pide a los jugadores y qué tipo de futbolistas hay en cada puesto.

El ejemplo que se propone es muy ilustrativo.

Imaginemos una doble pivote formada por Bernardo Silva y Arda Güler, una opción extrema pero perfectamente posible dentro de un 4-2-3-1.

Seguiría siendo el mismo sistema sobre el papel, pero estos dos jugadores harían cosas muy distintas a las que hacen hoy Tchouaméni y Valverde.

Habría que ver si funciona mejor o peor, pero sin duda sería otra cosa.

Por eso, más que un cambio de sistema, lo que se plantea es un cambio en el tipo de jugador que ocupa cada posición.

La idea de fondo es que el jugador crea la función, y no al revés.

Si colocas a Güler y a Bernardo Silva, resultará muy difícil que tu opción preferida sea el pase largo directo, y aparecerá de forma natural una manera distinta de sacar el balón.

Es una reflexión que rompe la discusión habitual entre defensores del tres, del cuatro o del cinco, y la lleva a un terreno más interesante: el de las características de quienes pisan el césped.

La tercera pregunta fue, sin duda, la más provocadora.

Un comentarista calificaba de chiste decir que Diomandé es bueno, y aseguraba que, por lo mostrado hasta ahora, es un fracaso total y de los gordos.

El autor del vídeo explicó que había elegido ese comentario precisamente porque no está de acuerdo.

Admite que el joven extremo todavía no demuestra el nivel que justifica una cifra de 140 millones, entre los 125 fijos y los 15 en variables.

Pero también deja clara su valoración: le está gustando, lo encuentra muy completo, muy desequilibrante arriba cuando encara, cuando busca situaciones de centro, y muy trabajador en defensa.

Habla de un jugador que de verdad equilibra al equipo.

Y va más lejos: en un contexto de equipo complicado, Diomandé es uno de esos futbolistas que se están consolidando, que están superando la prueba de alguna manera.

Sus expectativas, confiesa, son cada vez más altas.

No obstante, no se trata de un aplauso sin condiciones.

Si dentro de tres meses sigue en el mismo nivel, advierte, habrá que decirle que tiene que evolucionar más.

Pero a día de hoy, la percepción es que el jugador pinta bien.

Es una lectura que encaja con lo que el propio Mourinho dijo del joven fichaje, al que considera un producto aún sin terminar pero con margen.

Y llegamos al nombre que más preguntas genera en el vestuario y en la grada: Bernardo Silva.

Un seguidor lo expresaba con claridad: tras llegar como una figura importante para mejorar el centro del campo, el portugués ha desaparecido prácticamente de los planes de Mourinho.

Ha jugado muy poco o nada en los últimos partidos, y lo mismo le ha ocurrido con su selección.

La pregunta es si se trata de un problema táctico o físico, y si, de no ser Bernardo una alternativa, fichar un centrocampista en enero se vuelve inevitable.

La información que maneja el autor es que existe la sensación de que el jugador, ahora mismo, no está físicamente al nivel que exige el Real Madrid.

Y eso importa mucho, porque Mourinho lo pidió en su día como creador, como organizador de juego.

Ese es el papel que el técnico le había asignado.

Los minutos de Bernardo han bajado, y el juego del Madrid en el centro del campo, según este análisis, también ha decaído.

Hay un factor físico que, según le cuentan, ojalá sea solucionable.

Preocupa, además, que su impacto en Portugal también sea escaso desde el Mundial.

A sus treinta y dos años, con la trayectoria que tiene, es lógico que tenga que mejorar su condición física, y se espera que lo haga.

Hay otro elemento que se menciona con cautela.

Sacar a un jugador del entorno táctico de Guardiola es, a veces, peligroso, porque son futbolistas acostumbrados a jugar de una manera muy concreta que, fuera de ese contexto, sufren más.

Con Portugal, a juicio del autor, tampoco rindió al mismo nivel que en el Manchester City, donde jugó a un nivel altísimo.

En cuanto al mercado de invierno, el dato es llamativo.

Mourinho dijo en la rueda de prensa que no quiere fichajes en invierno y que no va a pedir absolutamente nada, exactamente lo mismo que repitió en verano, cuando no quiso otra cosa que no fuera Bernardo para la medular.

De ahí la preocupación del analista.

Si el problema es físico, ojalá sea reversible, porque que Bernardo entre en una mala racha sí sería un gran problema para el Madrid.

No tanto por su contrato, que todavía tiene un año más garantizado, sino porque ese rol de creador es justo el que le falta al equipo.

Hasta aquí, lo estrictamente madridista.

Pero el turno de preguntas dio un giro hacia terrenos mucho más polémicos con dos cuestiones que dominan buena parte de la conversación futbolística de estos días.

La primera es el caso Negreira y el posible castigo deportivo al Barcelona.

Un seguidor pedía una respuesta honesta sobre qué sanción deportiva espera el autor, y qué esperan sus colegas cuando hablan en privado.

Conviene recordar que se trata de una opinión personal y de un asunto en el que los procedimientos judiciales y deportivos siguen su curso.

El autor empieza reconociendo que tiene muchas dudas.

Una condena penal, por sí sola, no garantiza una sanción deportiva a nivel nacional, y las penas posibles para un delito de corrupción deportiva serían económicas.

En el escenario más extremo, que él mismo no cree que se vaya a plantear, podría haber una suspensión de actividades que llevaría al descenso, pero admite que no sabe si se llegaría a eso.

Por eso, la mayor posibilidad de castigo deportivo viene de la UEFA, según su análisis.

El mínimo que podría hacer el organismo europeo sería no invitar al Barça a la Champions League durante un año, aunque podría imponer más años de exclusión.

También podría, de forma alternativa o acumulativa, prohibirle inscribir jugadores y retirarle títulos europeos, como Champions League o Supercopas de Europa.

Lo que no cree es que puedan quitarle títulos nacionales.

Su deseo, dice con franqueza, es que la UEFA sancione al club con varios años sin Champions.

En su opinión, eso supondría mucho más que una mancha eterna: implicaría un golpe económico enorme y, probablemente, la marcha de jugadores importantes que quieran competir en Europa.

Se le preguntó además si podría prosperar la vía según la cual el código ético que permitía a la Federación sancionar al Barcelona fue eliminado ilegalmente, lo que podría obligar a decisiones como el descenso o la retirada de títulos.

Potencialmente podría, responde, pero no se muestra demasiado optimista.

Y sobre lo que opinan otros colegas, prefiere no hablar por ellos.

La sexta y última pregunta es la más explosiva de todas.

Un seguidor preguntaba qué está esperando Florentino Pérez para sacar al equipo de lo que él llama la liga más corrupta del mundo.

El autor responde con una advertencia práctica: lo primero que hay que analizar es si es legalmente posible.

Sí se puede desvincular uno de LaLiga, e incluso desafiliarse, pero eso no garantiza que se pueda competir en otra liga.

Hacen falta, según lo que entiende, varias autorizaciones, entre ellas la de la propia Federación Española.

Y la pregunta clave es si la Federación autorizaría a competir en otra liga a su mayor activo, el Real Madrid.

No lo ve nada viable.

A veces se piensa que salir del fútbol español es una opción sencilla, pero en la práctica es mucho más complicado de lo que parece.

Se publica que el club estudia el asunto legalmente, pero el autor cree que está más que estudiado.

Reconoce que la apertura de una investigación por corrupción deportiva, con el Madrid asumiendo un papel protagonista, podría darle más vías legales, aunque la última vez que lo analizó el camino era tremendamente complicado.

Y cierra con una frase de sentido común: también hay que ser realista.

Si juntamos todas las piezas, el mosaico que dibuja este turno de preguntas es el de un Real Madrid que vive entre la ilusión y la prudencia.

Ilusión por un Endrick que llega con hambre, por un Diomandé que se consolida y por un Mourinho que admite que puede cambiar de idea.

Prudencia por un Vinicius que tiene que demostrar que sigue siendo el que fue, por un Bernardo Silva cuya situación física preocupa y por un mercado de invierno sobre el que el técnico no quiere oír hablar.

Y por encima de todo, la sensación de que esta temporada se juega algo más que unos puntos en la tabla.

Se juega la identidad de un equipo que lleva dos años buscando su mejor versión.

Mourinho lo sabe, y por eso el criterio que se impone es el más pragmático de todos: jugará el que mejor funcione.

Sea Endrick, sea Mbappé, sea Vinicius cuando regrese.

Quizá la respuesta a la gran pregunta con la que empezó esta historia no sea un nombre, sino un principio.

Que el mejor equipo posible, en cada momento, sea el que salga al campo.

Lo demás, ya se verá.

Porque en el Real Madrid, como siempre, el que no rinde espera sentado y el que rinde se lo gana a pulso

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