EL MADRID REMONTA EN ATENAS SIN VINÍCIUS: EL «EFECTO VINI» DIVIDE AL VESTUARIO, SEGÚN UN RELATO SIN CONFIRMAR

EL MADRID REMONTA EN ATENAS SIN VINÍCIUS: EL «EFECTO VINI» DIVIDE AL VESTUARIO, SEGÚN UN RELATO SIN CONFIRMAR

El Real Madrid remontó en Atenas para vencer al AEK por 3-2, con un golazo en el minuto 92. Sin embargo, según el relato que aquí se resume, en el vestuario nadie habla de la remontada, sino de Vinícius. Hay una estadística que, aseguran, lo explica todo y que corre estos días por España: con Vinícius en el campo, el Madrid no gana; sin él, sí.

Conviene aclarar desde el inicio qué es verificable y qué no. Los resultados, los minutos de los goles y las cifras de partido son datos que pueden contrastarse. En cambio, las supuestas frases de tres jugadores, que según el relato habrían criticado al brasileño, proceden de «informaciones del vestuario» sin fuente identificada y ninguno de los implicados las ha confirmado.

Dicho esto, la historia se presenta así. Uno de los tres jugadores lo dejó claro durante el partido con su gesto, sus brazos abiertos y su mirada al banquillo. Otro ha sufrido en primera persona las consecuencias de que Vinícius juegue. El tercero, el que menos se espera, es el que más peso tiene en ese vestuario, y lo que habría dicho se cuenta entre lo más duro que se ha oído esta temporada en Valdebebas.

Antes de entrar en materia, el repaso de notas, jugador por jugador. Courtois, un siete: detuvo dos ocasiones clarísimas en los primeros quince minutos, de Maher y de Jovic, y en los goles poco pudo hacer. Dumfries, otro siete: mucho trabajo por la derecha, la asistencia del 2-2 a Mbappé y una ocasión a bocajarro que detuvo el portero.

Militão, siete, sólido atrás y con un disparo lejano que casi sorprende al meta griego. Rüdiger, un seis: realizó entradas importantes, pero sufrió en las transiciones, como todo el equipo. Cucurella, un siete muy merecido, porque jugó sin ayuda alguna: asistió en el 1-1, tuvo una ocasión que se sacó bajo palos y defendió por sí mismo y por otros.

Camavinga, seis: muchas intercepciones, muchas faltas para frenar contraataques, una de las cuales debió ser amarilla. Bellingham, un nueve: el mejor del Madrid, con un gol anulado, un taconazo de otro mundo para el empate y todas las llegadas al área hechas en solitario. Bernardo Silva, seis: el único pasador de élite del once, pero muy solo en la fase creativa.

Di María, siete: fuera de posición en la banda derecha, ayudando aun así en defensa y generando más de lo esperable. Mbappé, un ocho: el gol del empate, un larguero, ocasiones creadas y un sexto partido consecutivo marcando en la Champions. Cargó con el ataque del equipo él solo. Y Vinícius, un uno. Cero tiros a puerta, cero regates, cero centros buenos y once balones perdidos. No le ponen menos, dice el autor, porque no existe.

De los que entraron, Endrick, Brahim, Carreras y otros, poco tiempo para juzgar, pero hay uno que no necesita nota. Valverde salió en el minuto 67 y lo cambió todo, con un cohete imparable en el 92. Lo de siempre, concluye. Con las notas sobre la mesa, el lector ya puede adivinar adónde va esto, porque ese cero no ha pasado inadvertido en el vestuario.

Vayamos al partido para entender cómo se llegó hasta aquí. Miércoles por la noche, Atenas, cuarta jornada de la fase de grupos de la Champions, AEK contra Real Madrid. Antes del encuentro se guardó un respetuoso minuto de silencio en memoria de Jesús de Miguel, con todo el estadio en pie. Después, el partido.

El AEK es cuarto en la liga griega: no es el PSG, no es el Bayern, es cuarto en Grecia. Un equipo con tres puntos en la Champions que había perdido sus dos partidos fuera de casa ante el Shakhtar y el City. Un rival, sobre el papel, para ganar con comodidad. Y el Madrid llegaba con bajas importantes: sin Güler, sin Huijsen, sin Tchouaméni, y con Vinícius de vuelta en el once, en la banda izquierda.

Ahí empezó todo, según el relato, porque Mourinho tomó antes del partido una decisión que, vista en retrospectiva, lo condicionó todo. ¿Y quién fue el capitán del Madrid en el sorteo de campos? Vinícius. El brazalete en el brazo, la responsabilidad, en teoría, de liderar al equipo. Pero desde el minuto uno el que mandaba era el AEK.

Courtois tuvo que detener dos ocasiones claras en el primer cuarto de hora, de Maher y de Jovic. Y en el minuto 11 llegó el golpe. Contraataque del AEK por su banda derecha, el lado de Cucurella, el lado al que Vinícius debía ayudar. Koita la recibe al borde del área, se zafa de Cucurella y saca un zurdazo potente que bate a Courtois. 1-0.

¿Y dónde estaba Vinícius en esa jugada? Arriba, sin replegar, sin ayudar a Cucurella. Solo, en un dos contra uno. La prensa madrileña lo dejó escrito: el Madrid es perezoso en la transición defensiva, y Vinícius tampoco ayuda a Cucurella, a diferencia de Diomandé, que se desplaza por el otro costado. Es verdad, matiza el relato, que Diomandé pierde el balón al inicio de la jugada, pero al menos está ahí para ayudar. Vinícius ni se movió.

Y Mbappé tampoco repliega, es cierto, pero Mbappé marca. Mbappé crea, y hoy eso marca la diferencia. Pero esto es solo el principio, porque el Madrid empató gracias a otro jugador, y no precisamente Vinícius. En el minuto 27, un tiro flojo de Vinícius que Bellingham desvía a la red. Gol anulado por fuera de juego.

Cinco minutos después, Bellingham firma una obra de arte: centro de Cucurella y un taconazo magnífico que sorprende al portero. 1-1, y Bellingham es un talismán en la Champions. El Madrid ha ganado todos los partidos en los que ha marcado el inglés: nueve de nueve. Y esta noche, el décimo. Bellingham bajando a recibir, abriéndose a las bandas, entrando en el área, haciendo solo las carreras que nadie más hacía.

Antes del descanso, Vinícius tuvo una ocasión: centro de Diomandé, remate a bocajarro y el balón da en las piernas del portero. Además, estaba claramente en fuera de juego. En la segunda parte, el Madrid apretó. Cucurella estuvo cerca de marcar, pero el balón fue despejado bajo palos. Mbappé rozó el palo y el AEK, al contragolpe, se volvía cada vez más peligroso.

En el minuto 74, otro golpe: 2-1 para el AEK, gol de Pilios, el lateral izquierdo, tras un centro raso de Koita. ¿Y cómo empezó la jugada? Por una falta de entendimiento entre Mbappé y Vinícius. El brasileño no lee un pase del francés, y de ahí nace el contraataque griego. Por debajo 2-1 en Atenas ante el cuarto clasificado de Grecia, y vuelta a empezar.

Mbappé igualó tres minutos después. Centro raso de Dumfries y definición fácil, 2-2. Sexto partido consecutivo marcando en la Champions para el francés. Y en el minuto 81 llegó la decisión: Mourinho retira a Vinícius con el 2-2. Con él sale Cucurella. Entran Brahim y Carreras. Según quienes estaban cerca del banquillo, Vinícius abandonó el campo sin mirar a nadie, directo al banquillo y con la cabeza gacha.

Ni un gesto para el entrenador, ni una palmada al compañero que entraba, solo una toalla sobre la cabeza. ¿Y qué pasa sin Vinícius? El Madrid se suelta, Mbappé estrella un balón en el larguero y, en el minuto 92, Valverde saca un disparo imparable desde fuera del área. 2-3 final. Vinícius se va en el 81 con empate y diez minutos después, sin él, el Madrid gana.

Al final hubo incluso un lío: Koita, el mejor de su equipo, fue expulsado tras el pitido final por ir a protestar al árbitro, y varios compañeros tuvieron que sujetarlo. Pero eso fue lo de menos, porque lo que importa esta noche, según el relato, es lo que pasó con Vinícius y lo que ocurrió después en el vestuario.

¿Casualidad? Miremos los números, porque los de Vinícius son espeluznantes. Pero primero, conviene recordar quién era hace un par de años, porque la caída es tremenda. Hace dos temporadas, Vinícius era uno de los mejores jugadores del mundo. Ganó la Champions, marcó en la final y fue segundo en el Balón de Oro. Y el Madrid, cuando supo que no lo ganaría, ni siquiera fue a la gala. Tan convencidos estaban de que era el mejor del planeta.

Desde entonces, todo cuesta abajo, según esta versión. Un Mundial con Brasil para olvidar, eliminado en octavos ante Noruega con aquel penalti que quería lanzar y que Ancelotti le quitó. Expulsiones, suspensiones, polémicas con árbitros, con rivales y con su propio entrenador, y cada vez menos fútbol sobre el césped.

La estadística más cruda: Vinícius no ha completado un solo regate con éxito en sus últimos tres partidos de Champions. Ninguno. Ni contra la Roma, ni contra el Leipzig, ni contra el AEK. Un extremo que no regatea, un jugador cuya mayor virtud era superar a todos y que ahora no supera a nadie. Esta noche, su banda concentró casi la mitad de los ataques del Madrid. ¿Y qué generó? Nada. Ni un regate y once pérdidas.

Su ficha completa, afirma el relato, es de enmarcar: cero goles, cero asistencias, cero tiros a puerta, cero pases clave, cero regates completados, cero centros acertados, nueve toques en el área y nada. En defensa, una sola recuperación en 81 minutos. Ceros por todas partes y once balones perdidos. Ese es el balance del capitán del Madrid esta noche. Y no es solo una mala noche, es una tendencia: tres partidos seguidos de Champions sin un regate para un jugador cuya mayor virtud fue siempre regatear.

Y ahora, la estadística que se ha hecho viral. Qué pasa en la Champions con Vinícius sobre el campo y sin él. Contra la Roma, con Vinícius en el campo, el Madrid perdía 3-1. Lo sustituyeron y el Madrid ganó 4-3. Contra el AEK, con Vinícius en el campo, 2-2; lo retiraron y el Madrid ganó 3-2. Con él, perdiendo o empatando; sin él, ganando. Dos de dos. Y en goles, uno en 12 partidos.

Uno, para un jugador al que, según las informaciones, el club acaba de renovar por unos 25 millones netos por temporada, con un coste para el Madrid de casi 60 al año, hasta 2032. Un periodista madridista conocido lo resumió así esta noche: juega por su nombre y porque el club no puede sentar a alguien a quien acaba de dar ese contrato. Otro lo dijo con más claridad: este jugador no es solo uno menos para el equipo, es uno más para el rival.

Esa es la lectura que se hace en Madrid sobre Vinícius, según el relato. Es justo recordar que también hay defensores del brasileño, que subrayan su trayectoria, sus títulos y la injusticia de reducir a un jugador a un puñado de estadísticas de tres partidos. Los números son los que son, pero la interpretación es lo que está en discusión.

En el vestuario, según esta versión, tres jugadores piensan exactamente lo mismo. Empecemos por el primero. Es el que más sufrió esta noche, el que se quedó solo una y otra vez, el que pagó en su banda cada balón al que Vinícius no fue. Marc Cucurella, el lateral izquierdo, un jugador que nunca se esconde. Esta noche, el AEK lo tenía muy claro: todos sus ataques iban por su banda, con Koita, su extremo más peligroso, y las incorporaciones de su lateral. Dos contra uno toda la noche.

¿Por qué? Porque sabían que Vinícius no iba a replegar. Cucurella lo sabía. La prensa madrileña lo escribía durante el partido: el AEK centra sus ataques por ese costado ante la insuficiente colaboración defensiva de Vinícius. Colaboración insuficiente, una manera educada de decir que no ayudaba nada. Y esa misma prensa le puso un nombre muy gráfico: la trampa tendida a Cucurella.

Así de solo estaba y, a pesar de todo, Cucurella cumplió. Frenó varias carreras de Koita, dio la asistencia del 1-1, casi marcó en la segunda parte, y cumplió con su trabajo y con el de otro. Hacia el minuto 15, como se vio en televisión, ya estaba harto: gesticulaba, miraba al banquillo y pedía a Mourinho que cambiara de banda a Diomandé para recibir ayuda. En el minuto 65 vio una amarilla por una falta en la frontal, y su cara al verla lo decía todo. Un aficionado lo describió perfectamente: basta mirarle la cara, está harto de quedarse siempre en dos contra uno sin ayuda.

Según las informaciones del vestuario, Cucurella no se calló tras el partido. Habría dicho a varios compañeros algo muy claro: lo dejaron solo durante 90 minutos, así no se puede defender, no puede con dos. Son las palabras que se le atribuyen a un lateral que lo dio todo, que dio una asistencia casi de gol y que tuvo que defender por sí mismo y por su compañero. Insistimos: es una cita atribuida, no confirmada por el jugador.

Hay además otro detalle que, según el relato, nadie en Madrid quiere ver. Cucurella recibió algunas patadas antes de la amarilla y el árbitro las dejó pasar. Muchos aficionados lo señalaban: es increíble cuántas tarjetas se les perdonan a los jugadores del Madrid. Una opinión de aficionados, que los del AEK, por su parte, no compartirían.

El primero de los tres, pues, ya estaba harto, y el segundo es todavía más claro, porque es la mayor víctima táctica de que Vinícius juegue. Es un chico que era la sensación del Madrid hasta que Vinícius regresó: Yan Diomandé, 19 años, extremo y uno de los jugadores en mejor forma del Madrid esta temporada. Un chaval que ha irrumpido con una fuerza tremenda, con regate, velocidad, goles que ponen en pie al estadio y también una cualidad que Vinícius ha perdido: defiende de verdad.

Esta noche, la propia prensa madrileña lo destacó: Diomandé repliega por su banda, ayuda atrás y cubre a su lateral. Justo lo que Vinícius no hizo, y donde Diomandé juega mejor: en la izquierda. Esa es su banda. Ahí crea desequilibrios, supera a su par y rompe los partidos. Con Diomandé en la izquierda, el Madrid había encontrado un equipo, uno que funcionaba y entretenía a su afición, y en Madrid todos tienen muy clara la fórmula.

Diomandé en la izquierda, Güler en el campo, Konaté y Huijsen en el eje de la defensa y Valverde de lateral. Con ese once, el Madrid asfixió al Racing en El Sardinero: presión, intensidad y verticalidad, con Diomandé volando por la izquierda y Güler repartiendo los pases. Güler se ha vuelto imprescindible esta temporada. Cinco asistencias en la Champions, el que da el último pase, el que conecta las líneas. Incluso el diario AS lo reconoció esta noche: se echa de menos a Güler.

Al equipo le falta alguien que sepa dar el último pase y, atrás, sin Huijsen, también sufre la progresión del balón. Huijsen ha crecido mucho en defensa, pero su aportación con el balón es más importante de lo que parece. Todo lo que se aparta de ese dibujo no funciona, dice el relato, y todo el mundo lo ve. ¿Y qué pasó esta noche? Vinícius volvió a la izquierda y, para hacerle sitio, Mourinho envió a Diomandé a la derecha, fuera de su posición.

Un aficionado madridista lo explicó con mucho enfado: obliga a Diomandé a ir a la derecha y perder el 90 % de lo que es. Y el Madrid de esta noche no tenía nada de aquel equipo. Cuatro delanteros, Vinícius, Mbappé, Diomandé y Bellingham, y un solo pasador de élite, Bernardo Silva. Sin Güler, que es quien da sentido a todo. El equipo no tenía plan, un tridente estático a la espera de una jugada a balón parado.

Y llega lo que más ha indignado a Madrid. En el minuto 67, Mourinho hizo el primer cambio, y a quien retiró fue a Diomandé, no a Vinícius. Diomandé, el jugador que ayudaba en defensa, el que estaba en buena forma, el que juega fuera de posición para que otro juegue, se va al banquillo y Vinícius disfruta de 14 minutos más sobre el césped. Según las informaciones del vestuario, Diomandé se fue al banquillo muy serio y soltó una frase a los suyos que lo dice todo: lo mueven a la otra banda para que él juegue y luego lo sacan, no lo entiende.

No es el único, porque en la grada y en las redes los madridistas se hacían la misma pregunta, y la afición lo resumió en tres frases muy claras, compartidas miles de veces esta noche. Vinícius no puede volver a ser titular, Güler no puede volver a quedarse fuera y Valverde no puede volver a ser desplazado del lateral derecho. Tres reglas que, según esa lectura, Mourinho rompió esta noche.

Un periodista madridista conocido lo dijo sin rodeos: Mourinho sabe lo que funciona, pero hoy no tuvo el valor. Otros fueron más lejos y hablaron de cambios temerosos. Quienes defienden al técnico responderían que decidió con la información de un partido abierto, con el marcador igualado y sin tres piezas importantes, y que el desenlace final, con victoria en el 92, le da la razón en el resultado.

Y ahora, el tercero: el que menos se espera, el que más poder tiene en ese vestuario y el que, según se cuenta, pronunció la frase más dura de todas. Porque estuvo en la jugada del 2-1, porque fue el que tuvo que arreglar el desastre y porque esta noche, sin Vinícius, se sintió más libre que nunca. Kylian Mbappé, el delantero más importante del Madrid y el que más ha sufrido por convivir con Vinícius.

La relación entre ambos nunca ha sido fácil, y aquí se ha contado muchas veces. Desde que llegó Mbappé, los dos se estorban en el campo, los dos quieren la banda izquierda, los dos quieren ser la estrella. El vestuario se ha dividido entre ambos más de una vez: las miradas, los gestos, los pases que no se dan, las celebraciones por separado. Todo eso ya se ha visto antes y esta noche volvió a aflorar.

Piénsese en lo que hizo esta noche: seis partidos consecutivos marcando en la Champions, su quinto gol esta temporada. Un larguero, ocasiones, disparos, todo. Mbappé generó. Mbappé apareció. Y Mbappé estuvo en la jugada del 2-1, la de la falta de entendimiento: dio el balón a Vinícius, que no estaba atento, y de ese balón nació el contraataque que puso por delante al AEK.

Según las informaciones del vestuario, Mbappé estaba muy caliente tras aquella jugada y, después del partido, aun con la victoria, no celebró como los demás. Cuentan que, mientras todos festejaban el zurdazo de Valverde, Mbappé se acercó a un par de compañeros y les dijo algo así: no nos entendemos, le doy el balón y no está, es imposible jugar juntos de esta manera.

Lo habría dicho el jugador que acaba de marcar en seis partidos seguidos de Champions y, según las mismas fuentes, varios compañeros asintieron, porque todos lo vieron: el balón que se pierde, la carrera que no llega, el espacio que se pisa. Y añadió algo más duro, que se susurra en Madrid: cuando no está, jugamos mejor, todos lo hemos visto, alguien tiene que decírselo.

Esa es la frase que habría circulado por el vestuario esta noche. Y ese alguien, en teoría, debería ser el entrenador. Pero Mourinho todavía no se ha atrevido, porque la relación entre Mourinho y Vinícius tampoco es la mejor. Hace unas semanas, tras su expulsión, Mourinho estalló con él y Vinícius respondió. Todo esto, insiste el relato, debe leerse con prudencia: es una cita que se atribuye a Mbappé sin que él la haya confirmado, y que su entorno podría desmentir.

Esta noche el capitán en el sorteo fue Vinícius, pero quien decidió el partido fue Valverde, el verdadero capitán, según el autor. En zona mixta, Valverde habló del mérito de seguir confiando en los compañeros y del placer de jugar para este cuerpo técnico. Ni una palabra para Vinícius. Reconoció el mérito del cuerpo técnico y de los jugadores, dijo que es un placer jugar para este cuerpo técnico y que no dejaron de intentarlo.

Y sobre su gran gol, afirmó que hay veces que lo piensa mucho y que agradece a los compañeros la confianza para intentarlo. Un capitán que habla del equipo, del cuerpo técnico, de la confianza, y que con un latigazo desde fuera del área hace lo que el otro capitán no hizo en 81 minutos. Su segundo gol de la temporada, ambos en la Champions, el primero ante el Inter, siempre cuando más hace falta.

Así que, según el relato, hay tres jugadores que han explotado y un vestuario que empieza a mirar a Vinícius de otra manera. Pero no es solo el vestuario: toda la afición madridista se está distanciando de él, y las críticas esta noche son durísimas. Uno de los comentarios más compartidos decía que no se ha visto una decadencia tan exagerada en un futbolista, dos años cayendo al vacío sin frenos.

Otro, aún más cruel: a Vinícius lo dejamos en algún sótano de Río de Janeiro y el actual es un clon. Así de duros se muestran los aficionados. Juega por su nombre y por lo que fue, pero no supera a su marcador, y no queda nada de aquel Vinícius que nos enamoraba cada fin de semana. Hay incluso quien apunta que su primera temporada fue mejor que esta.

Uno de los aficionados señaló un detalle interesante: que Vinícius huye de la banda izquierda y que, como ya no gana ningún uno contra uno, ha empezado a moverse hacia dentro, casi como un delantero centro, pisando la zona de Mbappé, y eso explicaría la falta de entendimiento. Dos jugadores ocupando el mismo espacio y el equipo partido: ese es el problema táctico de fondo. Con Vinícius, el Madrid juega con cuatro delanteros y un solo pasador de élite. Demasiados delanteros y poco fútbol, mucho talento arriba y nadie que lo conecte.

Y cuando Vinícius se mete hacia dentro, la banda izquierda queda vacía y el rival entra por ahí a su antojo. Pero también hay quien lo defiende: siempre lo hay. Se puede pensar que Vinícius no debería ser titular ahora mismo y, aun así, no dejar de creer en su resurrección. Muchos solo estaban para los buenos momentos, escribió uno; yo seré el último en abandonar el barco.

Ahora llega lo que más preocupa en Madrid: lo que viene. El problema no es una sola noche, es lo que se avecina. El calendario no espera. Vinícius está suspendido en la Liga y juega en la Champions porque puede. Y el miedo de los madridistas es muy claro: en cuanto termine la sanción, Vinícius volverá a ser titular y Diomandé volverá a la derecha.

Un aficionado lo escribió con resignación: asumo que, cuando acabe la sanción, Vini será titular y arruinarán a Diomandé poniéndolo a la derecha. ¿Y qué hará Mourinho? Esa es la gran pregunta, porque ya ha demostrado que sabe lo que funciona, pero también que, cuando hay que tomar una decisión, no la toma. Según el entorno del técnico, Mourinho sabe perfectamente lo que pasó y no le gustó nada.

Pero también sabe que sentar a Vinícius no es solo una decisión deportiva: es una decisión de club, de contrato y de imagen. Y en el Madrid esas decisiones no las toma solo el entrenador, las toma la directiva. Por eso Mourinho insiste, a la espera de un milagro, de una buena actuación, de un gol, de algo que reflote a Vinícius. Pero con cada partido de titular, el barco se hunde un poco más, sentencia el relato.

El autor, que se declara aficionado del Barça, añade una observación que no puede pasar por alto. Esta noche el Madrid ha vuelto a protagonizar una remontada en la Champions, igual que ante la Roma, cuando perdía por dos y ganó 4-3. Esta noche perdía 2-1 ante el cuarto de Grecia y ganó en el minuto 92. Remontada tras remontada, épica tras épica, y siempre lo mismo.

Es un patrón que se repite, sostiene. Hace justo un año, en noviembre de 2025, en Grecia, ante el Olympiacos, el Madrid empezó perdiendo y terminó ganando 3-4 con cuatro goles de Mbappé. Grecia, noviembre, empezar perdiendo y remontar. La historia se repite casi al milímetro, incluso el país. Y llega una estadística llamativa: los goles con los que el Madrid ha ganado sus partidos esta temporada.

Contra el AEK, en el 92; contra la Roma, en el 90; contra el Elche, en el 91; contra el Espanyol, en el 90; y contra el Barça, en el Clásico del Camp Nou, en el 87. Cinco victorias decididas en los minutos finales. En Madrid dicen que la mentalidad ha cambiado, que el Madrid de la temporada pasada nunca habría ganado en Atenas. Quizá, o quizá es simplemente que, como siempre, al Madrid le caen cosas del cielo en el último minuto. Cada uno puede pensar lo que quiera.

Pero cuando ocurre una vez, es épico. Cuando ocurre cinco veces en tres meses, empieza a oler a otra cosa, según el autor. Es una insinuación de parte, que los madridistas rechazarían de plano atribuyéndola a la fortaleza mental y a la calidad de la plantilla. Y el relato menciona también un detalle de la noche que no escapó a muchos: las tarjetas perdonadas, con Cucurella repartiendo y sin amarilla hasta el 65, y Camavinga cortando contraataques una y otra vez. No dice nada, solo lo deja ahí.

Cerremos el círculo. El Madrid ganó en Atenas, pero ganó sin Vinícius, y eso es lo que nadie en Madrid se atreve a decir en voz alta. Cero regates en tres partidos de Champions, cero tiros a puerta, once balones perdidos y una sola recuperación, un gol en 12 partidos y una falta de entendimiento en el 2-1, con empate en Atenas y derrota virtual ante la Roma. Sin él, ganaron los dos.

Cucurella, solo en su banda: no puedo con dos. Diomandé, desplazado de posición y luego sustituido: me cambian de banda para que juegue él y luego me sacan. Y Mbappé, según el relato, la bomba: cuando sale, jugamos mejor, todos lo hemos visto. El Madrid tiene un once que funciona con Diomandé en la izquierda y Güler en el campo. Todo el mundo lo ve. La cuestión es si Mourinho se atreverá a verlo también.

Y si no se atreve, el problema no será solo de Vinícius, sino de Mourinho, porque un entrenador que no toma decisiones acaba perdiendo el vestuario. En ese vestuario, según esta versión, ya hay tres que han dicho basta. Queda, no obstante, la otra cara de la moneda: quienes creen que Vinícius volverá a ser el de antes, quienes recuerdan que un par de partidos no definen una carrera y quienes sostienen que la responsabilidad es colectiva, no de un solo jugador.

Lo único comprobable, a día de hoy, son los resultados y las cifras. Lo demás, las frases atribuidas, las rabias y las rupturas, forma parte de un relato que nadie ha confirmado. Queda por ver qué dirá Mourinho en los próximos días, si responderá Vinícius y qué plan, en definitiva, tiene el Madrid para encajar a todas sus piezas sin romper el vestuario.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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