¿Quién puede parar al PSG en esta Champions?
Un trofeo de orejas grandes descansaba sobre una mesa de mármol en París, y nadie en la sala se atrevía a tocarlo. Era la segunda Champions consecutiva del Paris Saint-Germain, ganada desde el punto de penalti ante el Arsenal tras 120 minutos de resistencia, y a su alrededor flotaba una pregunta que ningún directivo quería formular en voz alta: ¿quién demonios puede detener a esta máquina?
Luis Enrique había sonreído en la ceremonia, pero su mirada ya estaba en otra parte. En el fútbol de élite, el día después de un título empieza la cuenta atrás hacia el siguiente.
Fuera del Parque de los Príncipes, en Londres y en Madrid, dos vestuarios hacían la misma cuenta, cada uno a su manera. Uno guardaba la herida fresca de una final perdida en la tanda. El otro guardaba algo más difícil de medir: quince copas y una fe que ningún análisis estadístico ha logrado explicar.
El PSG ha convertido la Champions en su jardín privado. Ha ganado dos orejonas seguidas y, según los números que manejan los analistas, este curso puede amenazar un récord que hasta hoy solo pertenece al Real Madrid: tres títulos consecutivos, los que el club blanco firmó en 2016, 2017 y 2018.
Esa es la apuesta de esta historia, y el autor del vídeo original, un creador latinoamericano de análisis futbolístico, la planteó sin rodeos en cuanto abrió el micrófono. “¿Quién puede ganarle al París en esta Champions?”, preguntó. “La respuesta es sencilla e incómoda para muchos.”
Solo dos equipos, sostiene, tienen argumentos reales. Uno por historia y mística, el Real Madrid. El otro por pura competitividad, el Arsenal, el único que, según su análisis, le ha plantado cara al PSG de forma sostenida desde 2024, cuando el equipo de Luis Enrique empezó a mostrar su mejor versión.
Antes de llegar a ellos, conviene repasar el expediente del favorito, porque el relato necesita saber a quién se persigue.
El PSG levantó su primera Champions League en 2025 con una exhibición que más parecía una ejecución que una final: un 5-0 al Inter de Milán. Un equipo construido a la medida de Luis Enrique, con un fútbol colectivo, ambicioso y espectacular. Un año después repitió. Se convirtió en el primer club francés de la historia en ganar dos Champions y, según el propio vídeo, en el primer equipo europeo en encadenarlas en la era moderna.
En el camino de la última edición dejó atrás al Mónaco, al Chelsea, al Liverpool y al Bayern de Múnich. Y en la final, al Arsenal, desde los once metros.
Los números de esta temporada alimentan el miedo ajeno: un 6-1 al Eslovan Bratislava, un 4-2 al City y un 4-2 al Barcelona. Tres partidos, 14 goles a favor, cinco en contra. Esa es la carta de presentación de un equipo que parece jugar con el viento a favor.
Y aquí llega la primera ficha del tablero: el Arsenal.
Porque seamos honestos, planteó el autor, todos hablan del Barça, del Bayern o del City, pero muy poco se habla del equipo de Mikel Arteta. Sin embargo, es el único que ha estado a la altura del PSG desde 2024.
Su cuaderno de pruebas empieza en la fase de grupos de aquella campaña, cuando el Arsenal ganó 2-0 con goles de Havertz y Bukayo Saka, mientras el equipo francés aún estaba en construcción. Después, en las semifinales, el PSG se cobró la revancha: 1-0 en el Emirates y 2-1 en París. Sobre el papel, un dominio claro del conjunto francés.
Pero los datos, advierte el autor, cuentan otra cosa. En la vuelta, el Arsenal tuvo un 54 % de posesión y firmó 19 remates frente a 11 del rival. No fue un espectador. Compitió, aunque la eficacia del PSG, con un 55 % de disparos a puerta, marcó la diferencia.
La final de este año fue todavía más reveladora. El PSG controló el balón en un 75 % del tiempo y lanzó 19 veces a puerta. El Arsenal, con un 25 % de posesión, disparó ocho. Una estadística que invita a pensar en una masacre. Sin embargo, Kai Havertz adelantó a los ingleses en el minuto 5 y Ousmane Dembélé no empató hasta el 64. El resultado fue 1-1, y el título se decidió en la tanda de penaltis.
Con ese marcador, el Arsenal logró algo que, según el comentarista, nadie más ha conseguido salvo el Liverpool de Arne Slot: llevar a este PSG a los penaltis y aguantarle el ritmo durante 120 minutos.
“Y esa también es una manera de competir”, dijo.
Entonces el autor lanzó la ironía que da sentido a todo el análisis. Sin el PSG en el camino, el Arsenal probablemente habría ganado dos Champions consecutivas. En 2025 era, a su juicio, el mejor equipo y muy probablemente habría vencido al Inter en la final. En 2026 volvió a llegar a la final y, de no haberse cruzado con los franceses, habría derrotado a quien hubiera estado enfrente. Ambas veces cayó ante el mismo verdugo.
Esa es una opinión, no un hecho, y este medio la recoge como tal. Pero hay cifras que la sostienen.
El Arsenal ha crecido también a nivel local: ganó la última Premier League tras 22 años de espera. En la temporada 2024-25 terminó tercero en la fase de liga con 19 puntos, seis victorias, un empate y una derrota, 16 goles a favor y solo tres en contra. Su mejor resultado fue un 7-1 al PSV Eindhoven. En las eliminatorias superó al PSV por un global de 9-3, y en los cuartos de final humilló al Madrid con un 5-1 en el global, antes de caer ante el PSG en semifinales.
En la edición siguiente, la 2025-26, fue aún más sólido. Terminó invicto y primero de la fase de grupos, con ocho victorias en ocho partidos, 23 goles a favor y solo cuatro en contra. Los cuatro tantos los recibió ante rivales de nivel, como el Bayern y el Inter. En octavos eliminó al Leverkusen, en cuartos al Sporting y en semifinales al Atlético de Madrid. Un camino quizá más accesible, admite el autor, pero eliminó a quien tenía que eliminar, sin tropiezos ni sorpresas.
“No ha perdido una eliminatoria desde 2024 si no es contra el París”, resumió.

Hay un detalle que el comentarista subraya con orgullo estadístico: a diferencia del PSG, el Arsenal no ha tenido que jugar la ronda de playoffs de la Champions en las últimas ediciones, algo que los parisinos sí hicieron en las dos ocasiones en que fueron campeones. Por números, sostiene, el equipo de Arteta es el primero de Europa. Por rendimiento, el segundo mejor del mundo.
Pero un equipo que lleva dos finales de aliento sin cruzar la meta necesita algo más que datos. Necesita creer. Y para eso hay un especialista.
El segundo candidato es el más grande de todos, y el autor lo presenta con una frase que parece un grito de guerra: “El Madrid no compite en la Champions: la vive, se nutre de ella.”
No habla de la historia en blanco y negro, aclara, sino de la última década. En 2022, el Madrid remontó al PSG de Mbappé, al Chelsea de Tuchel y al City de Guardiola en tres eliminatorias consecutivas, una secuencia que sigue pareciendo irreal. En 2024 eliminó al Bayern en semifinales con una remontada agónica en el Bernabéu. Y en 2018 ganó al PSG, a la Juventus, al Bayern y al Liverpool, en lo que muchos consideran una de las Champions más difíciles de la historia.
Con esos antecedentes, la tesis del vídeo es casi religiosa. “Cuando el Madrid suena, el Madrid aparece”, dijo. No importa cómo juegue, ni las lesiones, ni las críticas. Hay una mística, sostiene, que ningún otro club puede igualar en esta competición. Y si el PSG intenta robarle el récord de las tres seguidas, probablemente el Madrid estará allí para impedirlo.
Esa es la razón por la que, en su análisis, el Madrid es el único candidato histórico. No porque juegue mejor, sino porque no necesita jugar bien para ganar. “Solo necesita creer”, dijo. “Y en Champions, el Madrid siempre cree.”
Es una afirmación emocional, y como tal debe leerse. Pero también es una lectura que el madridismo comparte con una intensidad casi física.
Ahora bien, ni la mística ni la competitividad son un seguro de vida, y el autor lo sabe. Por eso se detiene en un detalle que muchos pasan por alto: el PSG también es vulnerable.
Para demostrarlo, recuerda la final del Mundial de Clubes de 2025, que el equipo francés perdió 3-0 ante el Chelsea. Exactamente el mismo PSG que, en ese mismo torneo, había eliminado al Madrid por 4-0. Un tropiezo contundente que invita a pensar que, en un partido único, con un mal día, cualquier cosa puede suceder.
“Esto nos enseña que el París es un equipo de humanos”, dijo.
Y entonces llega la pregunta inevitable: ¿qué pasa con los demás? ¿Nadie más puede detenerlo?
La respuesta, según el comentarista, es un inventario de caídas. Esta misma semana, el PSG destrozó al Barcelona, y la semana anterior hizo lo mismo con el City. El Barça ya había perdido en la fase de grupos de la edición anterior ante un PSG lleno de suplentes por una plaga de lesiones, por 2-1. El Aston Villa, quizá el mejor de su historia, también cayó. El Liverpool de Slot, uno de los mejores que se recuerdan, perdió dos veces frente al conjunto francés. El Bayern de Kane, Olise y Luis Díaz fue superado, y el Chelsea, que tanto había dolido a los franceses en el Mundial de Clubes, acabó humillado en los octavos de la Champions anterior.
Un cementerio de favoritos. Y en el centro, un equipo que sigue sonriendo.
Así llegamos a la conclusión, y es aquí donde el vídeo muestra su verdadera tesis. Solo hay dos equipos capaces de pararlo. El Madrid, por mística, porque la Champions es su casa y porque ha remontado a los mejores de Europa, incluido el PSG. El Arsenal, por competitividad, porque es el único que ha plantado cara a los franceses desde 2024, porque los llevó a los penaltis en 2026 y porque, si alguien puede sacar al PSG de su zona de confort, es el equipo de Mikel Arteta.
“El PSG es el favorito, nadie lo duda”, concluyó el autor. “Pero el fútbol no se juega en el papel, se juega en el campo.”
Y en el campo, la mística blanca y la resistencia inglesa son, a su juicio, las únicas armas capaces de tumbar al gigante.
Queda, sin embargo, una incógnita que ningún análisis resuelve. Quizá no aparezca ni el Madrid ni el Arsenal. Quizá surja un tercer equipo, uno que hoy nadie menciona, y cumpla la hazaña. El propio autor lo admitió al final y dejó la pregunta a su audiencia: ¿podrá alguien frenar al PSG, o este equipo igualará el récord del Madrid?
En París, mientras tanto, el trofeo sigue sobre la mesa de mármol. Nadie lo toca, porque nadie quiere arriesgarse a que la próxima vez, en lugar de una celebración, haya un recuerdo.
Y en algún despacho de Londres y en otro de Madrid, dos hombres miran el mismo calendario y esperan el sorteo, con la certeza de que el trofeo de las orejas grandes volverá a cambiar de manos, pero sin saber todavía a cuáles.