¿Era roja a Güler? El codazo que incendió el Madrid-Sevilla, el órdago de Tebas y el vídeo con el que el Real Madrid exige su dimisión
Una jugada de pocos segundos, un forcejeo en plena carrera y un brazo que se levanta.
Eso bastó para que el Madrid-Sevilla pasara de ser un 4-1 cómodo a convertirse en el partido más discutido del fin de semana.
Porque la pregunta que recorre las redes, las radios y las tertulias es tan simple como explosiva: ¿debió ser expulsado Arda Güler en el minuto 22?
Y detrás de esa pregunta se esconde algo mucho más grande, una batalla de comunicados, vídeos y reproches entre el Real Madrid, el Sevilla y el presidente de LaLiga.
Hay quien ve un error arbitral evidente, quien ve una acción dudosa y quien ve, directamente, una guerra de fondo que nada tiene que ver con un codazo.
Vamos a ordenar los hechos, las versiones y los argumentos, porque en este asunto cada bando cuenta una película distinta.
Empecemos por el campo.
El Real Madrid dominó el partido y terminó ganando por 4-1, con goles de Güler y un doblete de Mbappé, además de una gran acción de Diomandé en el cuarto.
El encuentro estaba igualado a cero cuando, en un contragolpe, Güler y un defensor sevillista se enredaron en un forcejeo.
El jugador del Sevilla cayó al suelo, y desde su banquillo pidieron la tarjeta roja.
El árbitro dejó seguir, y el VAR, tras revisar la acción, no le llamó al monitor.
Pocos minutos después, el turco marcaba el 1-0 con un disparo al ángulo largo.
Y ahí es donde empieza la discusión de verdad.
Para el Sevilla, aquel gol llegó de un jugador que debía estar fuera del campo, de modo que el partido que se jugó no fue el que se tenía que jugar.
Luis García Plaza lo resumió en sala de prensa con una idea muy clara: en once contra once, reconoció, el Madrid merecía ganar, pero a su equipo le han privado de jugar otro partido, el de once contra diez desde el minuto 25.
Es una frase que refleja la sensación del banquillo sevillista, y que explica por qué el técnico insistió en preguntar por qué desde el VAR no se había llamado al árbitro.
Fue entonces cuando lanzó su insinuación, la de que quizá no se revisó la acción porque el Madrid iba a quedarse a nueve puntos del Barça antes del Clásico.
Una sospecha que, conviene subrayarlo, es una opinión del entrenador, no un hecho acreditado.
Desde la propia web del Sevilla se tituló el 4-1 haciendo hincapié en el codazo, y un futbolista del club compareció para lamentar el trato recibido, hablando de víctimas y de que ya sabían a lo que venían.

La versión madridista, sin embargo, es muy distinta.
Quienes defienden al club blanco sostienen que la acción es mucho menos clara de lo que se pinta y que, antes del manotazo, el defensor sevillista ya estaba agarrando a Güler de la camiseta.
Es un argumento que se apoya en las imágenes que han ido apareciendo, donde se ve el forcejeo desde antes del gesto del turco.
También circuló un análisis arbitral que distingue entre apartar a un rival, algo que se permite en determinadas circunstancias, y las acciones que sí merecen sanción.
Según esa lectura, el gesto de Güler encajaría más en lo primero que en lo segundo, y por eso el VAR no intervino.
Hay otro punto en el que coinciden varios comentaristas: el VAR explicó que las imágenes estaban demasiado lejos para confirmar dónde se produjo el contacto y cuál fue su intensidad.
Es decir, que no se trata de una decisión caprichosa, sino de una duda técnica sobre una acción que no se vio con claridad.
Y aquí aparece otro matiz importante.
Los defensores del Madrid señalan que la pretensión del Sevilla de que el gol fuera ilegal solo se sostiene si se da por hecha la expulsión previa, algo que el árbitro y el VAR decidieron no aplicar.
En lo que se refiere a la jugada del gol en sí, nadie ha señalado ninguna infracción.
La polémica, por tanto, está en la tarjeta que no se sacó, no en el tanto.
Y la discusión se alimenta de otras comparaciones.
Hay seguidores madridistas que recuerdan una acción protagonizada por un jugador rival en otro partido, y que aseguran que aquella sí merecía expulsión clara, para defender que los criterios no se aplican igual en todos los casos.
Otros recuerdan que el día anterior hubo otro partido polémico en el que, según su opinión, el beneficiado fue el Barcelona, y que el Sevilla no protestó entonces con la misma intensidad.
Son argumentos de parte, claro, pero explican por qué la conversación se ha desbordado hacia una especie de pulso entre aficiones.
Y es en ese clima donde aparece la gran protagonista de la semana: la guerra abierta entre el Real Madrid y Javier Tebas.
Tras el partido, el presidente de LaLiga publicó un mensaje en el que aseguraba que bastaron dos días para que los hechos le fueran dando la razón.
Se refería a unas publicaciones suyas del 16 de octubre, en las que señalaba a un periodista como portavoz del discurso de la dirección del club blanco.
El Real Madrid respondió ese mismo día con un comunicado en el que se desvinculaba de las opiniones de periodistas ajenos a la entidad.
Según Tebas, el club se ha instalado en la manipulación, y sus comunicados y publicaciones oficiales alimentan el agravio, repiten las acusaciones y colocan a personas en la diana para luego presentarse como víctimas.
Añadió que pueden seguir pidiendo su dimisión, y que las preguntas sobre sus fuentes, sus acusaciones y los horarios siguen pendientes desde aquel 16 de octubre.
Es una respuesta que mantiene la tesis de que el conflicto es de fondo, y que no es el Madrid quien está siendo atacado, sino quien ataca.
La respuesta del club no se ha hecho esperar.
Real Madrid Televisión difundió un vídeo de poco más de dos minutos en el que defiende que comparar al club y a su canal con los mecanismos de propaganda de la Alemania nazi no puede quedar impune.
El vídeo califica el comentario de Tebas de inaceptable y fuera de lugar, y sostiene que el presidente de LaLiga debería renunciar a su cargo.
Para reforzar su argumento, repasa una serie de casos de responsables públicos que dimitieron tras declaraciones comparables.
Entre ellos, el de un miembro del consejo de la Federación Inglesa de Fútbol que tuvo que renunciar en 2023 por un mensaje en redes.
También el de un ministro británico que dejó su puesto en 1990 tras describir la unión monetaria europea como una maniobra alemana para apoderarse de Europa.
Y el de una ministra alemana de Justicia que abandonó el Gobierno en 2002 por una comparación sobre las tácticas de un presidente estadounidense.
El vídeo añade otros ejemplos de ministros, diputados y dirigentes suecos, británicos y suizos que dimitieron tras comentarios del mismo tipo.
La conclusión del club es clara: después de sus palabras, el nombre de Tebas debe sumarse a esa lista.
Conviene recordar, eso sí, que se trata de la tesis de una de las partes, y que la dimisión de Tebas depende de los mecanismos internos de LaLiga y de la Federación, no de una exigencia unilateral del club.
En el fondo del conflicto hay otro elemento que aparece una y otra vez: el caso Negreira.
Es el argumento al que recurre el Madrid cuando habla de la necesidad de una reforma profunda del sistema arbitral y federativo.
Los pagos del Barcelona al exvicepresidente arbitral José María Enríquez Negreira durante años, que el club ha defendido como servicios de asesoramiento, son objeto de una investigación judicial que sigue su curso.
Desde el entorno madridista se recuerda que una pancarta desplegada en el Bernabéu, con los colores azulgrana, aludía precisamente a ese caso, y que el presidente de LaLiga se habría mostrado crítico con ese tipo de mensajes.
Para sus defensores, esa pancarta es simplemente un ejercicio de libertad de expresión de la grada.
La polémica se complica con otro asunto que se cuela en la conversación: el acuerdo con el fondo CVC, que algunos aficionados madridistas recuerdan como una firma que el Madrid y el Athletic de Bilbao se negaron a hacer, y que condiciona los ingresos televisivos de otros clubes durante años.
Es un argumento que sirve para sostener que algunos equipos protestan contra el Madrid pero callan frente a otros asuntos de mayor calado, según esta visión.
Frente a eso, los sevillistas y otros aficionados replican que el Madrid lleva semanas presionando a los árbitros desde sus canales y que sus quejas no pueden convertirse en la norma.
Es, en definitiva, una discusión sin árbitro.
Cada bando ve las mismas imágenes y llega a conclusiones opuestas, y cada acusación alimenta la siguiente.
Queda, además, el Clásico en el horizonte, el partido que lo condiciona todo y que convierte cualquier decisión arbitral en munición.
Con el Barcelona a seis puntos y la tensión acumulada en las últimas semanas, el domingo promete ser un escenario donde cada acción será observada con lupa.
Por ahora, lo único cierto es que el Madrid ganó con claridad, que la polémica no se apaga y que una acción de apenas unos segundos ha acabado alimentando el pulso institucional más duro del curso.
Y mientras unos piden dimisiones y otros reclaman explicaciones, el balón seguirá rodando, ajeno a todo, hasta el próximo capítulo.