Caso Negreira: por qué el Real Madrid abandona la vía FIFA, qué esconde la UEFA y la posible exclusión del Barça de la Champions

Caso Negreira: por qué el Real Madrid abandona la vía FIFA, qué esconde la UEFA y la posible exclusión del Barça de la Champions

Hay conversaciones que, vistas desde fuera, parecen una charla de bar.

Y de pronto descubres que dentro hay un mapa entero del poder del fútbol español.

Esta es una de ellas.

Tres voces, una pregunta incómoda y una sospecha que cada vez pesa más: ¿y si el Real Madrid ha decidido jugar la partida en otro tablero?

El caso Negreira, el más grave de la historia del fútbol según quienes lo siguen de cerca, vuelve al centro del debate justo antes de que se reanuden las competiciones.

Y lo hace con piezas nuevas sobre la mesa: una federación que no habría informado, un código ético amputado, un político en un puesto clave y una UEFA que podría mover ficha antes que los tribunales.

Vamos por partes.

La pregunta que dividió al equipo antes de grabar

Esta vez no había guion.

Quienes conducen el canal llevaban días discutiendo una duda concreta.

¿Tenía la Real Federación Española de Fútbol obligación real de enviar información a la UEFA sobre el caso Negreira, o era simplemente una cuestión de imagen y transparencia?

Para resolverla llamaron a Javi Pepe Collins, el colaborador más reclamado de la semana.

Su respuesta fue clara.

Una obligación que se cumple cada mes

Según Collins, la obligación existe.

Cada año, la federación envía a la UEFA un informe con los equipos que se clasifican para competiciones europeas.

Es un trámite casi absurdo, porque la UEFA ya lo sabe, pero se hace.

Y en ese mismo informe, si algún club está siendo investigado o procesado, hay que comunicarlo.

Una vez informado, el deber no termina.

Cada mes hay que actualizar cualquier novedad de la instrucción.

Cuarenta y cuatro meses de silencio

De ahí sale una cifra que retumba.

Si la obligación es esa, la federación tendría que haberlo comunicado hace cuarenta y cuatro meses.

Y después repetirlo cuarenta y cuatro veces, una por mes.

No consta que lo haya hecho.

La explicación que se le atribuye a la federación es que se trata de un asunto de personas individuales.

Una respuesta que, aplicada a un club entero, suena a excusa.

Lo que puede hacer el Madrid

La siguiente pregunta era inevitable.

¿Hay consecuencias por incumplir esa obligación?

Collins lo tiene claro: el Madrid, y cualquiera, puede presentar una denuncia ante la FIFA y ante la UEFA.

La FIFA es el órgano jerárquicamente superior a la federación, y por eso es la vía natural.

Además, ya existe una denuncia en esa dirección.

La denuncia de los dos abogados madridistas

Se la conoce como la denuncia Gravissimum.

La han presentado dos abogados veteranos, socios del Real Madrid, que prefieren mantenerse en un segundo plano y no poner su nombre por delante.

Está planteada sin estridencias y con mucho orden.

Primero, pedir a la FIFA que obligue a la federación a hacer su trabajo.

Que revoque el código ético de 2021, al que califica de ilegal, y vuelva al de 2019.

Después, que abra una investigación sobre el caso Negreira e informe a la UEFA.

El artículo que ya se usó con Rubiales

Si la federación no obedece, la denuncia prevé un paso más.

Invocar el mismo artículo que utilizó la FIFA en el caso del beso entre Jenni Hermoso y Luis Rubiales.

Aquel artículo permite intervenir la federación.

Es decir, que ante la inacción, la FIFA tome el control, revoque el código ético y actúe por su cuenta sobre Negreira.

Eso es lo que, según Collins, debería haber ocurrido si el Madrid lo hubiera reclamado con firmeza.

¿Por qué el Madrid mira a la UEFA y no a la FIFA?

Aquí viene la parte más jugosa.

Collins aclara que habla desde su percepción personal y no desde información privilegiada.

Su tesis es que el Madrid, como buena parte del fútbol español, no quiere realmente que el Barça descienda.

Aunque diga lo contrario.

Porque un descenso azulgrana golpearía la economía de toda la Liga.

Quién paga cada castigo

El razonamiento tiene una lógica fría.

Si el Barça pierde dos, tres, cinco o diez años de competiciones europeas, el daño lo sufre solo el Barça.

Si desciende a Segunda, lo pagan todos los clubes de la Liga.

Por eso, según Collins, la vía UEFA resulta más cómoda: el Barça se queda en Primera y el castigo es solo suyo.

Él habría ido con todo a la FIFA, porque además es el único camino para quitar títulos.

Pero cree que el Madrid ha elegido el otro.

El efecto dominó de quitar trofeos

Hay otra razón por la que nadie quiere tirar de esa cuerda.

Retirar títulos tiene ramificaciones enormes.

Podría dejar a Pep Guardiola con un palmarés muy menguado, solo con lo ganado en el Bayern.

Podría dejar a Leo Messi con los títulos del Inter Miami.

Y Infantino, advierte Collins, lo sabe perfectamente.

La conclusión es que todos buscan una posición intermedia y que el fútbol español intenta quitarse de encima su responsabilidad.

Descenso o cinco años sin Europa

Collins plantea una pregunta que desarma.

Si le dices al Barça que elija entre descender o pasar cinco años fuera de Europa, ¿qué elegiría?

Probablemente el descenso.

Subirían al año siguiente y no habría mayor problema.

Cinco años fuera de Europa, en cambio, pueden dejar al club tieso durante una década y media.

Y la UEFA, recuerda, podría llegar hasta diez.

El análisis del otro lado de la mesa

Quien conduce el canal coincide.

Para él, esto es control de daños.

El Barça tiene que pagar por lo que ha hecho, pero hay que mantener a flote una Liga que ya está en declive.

Mantenerlo en Primera pero sin competiciones europeas parece el equilibrio.

Y se atreve a ir un paso más allá.

Un Barça que seguiría peleando

Su opinión, que admite que puede estar equivocada, es que el Barça seguiría compitiendo en la Liga.

No estaría en la Champions, pero con su base social y su capacidad de maniobra, durante los primeros años seguiría disputándole el campeonato al Madrid.

Los problemas llegarían después.

En el tercer, cuarto y quinto año, por razones económicas, el equipo se debilitaría mucho.

Collins matiza que perderían a todos sus activos importantes desde el primer año.

Pero coincide en que el proceso sería más lento de lo que la gente imagina.

¿Negocio o firmeza?

Y entonces surge la gran pregunta moral.

¿Hay que cuidar tanto el producto de la Liga, o hay que ir con la máxima firmeza?

¿Es el caso lo bastante grave como para dejar el negocio a un lado?

Es un dilema que el debate deja abierto.

Pero para responderlo falta una variable que casi nunca se menciona.

La variable política

Los participantes lo dicen con cuidado.

Ni el canal de Collins ni el suyo quieren meterse en política.

Pero consideran imprescindible introducirla en la ecuación.

Porque, según ellos, el Madrid sabe que hay una operación política detrás del FC Barcelona.

La federación lo niega, la prensa lo niega y políticos de todos los colores lo niegan.

Una protección que nadie rompe

Sostienen que el Barça cuenta con una protección política que siempre estará ahí.

Y que la FIFA también lo sabe.

Por eso, probablemente, no quiere meterse en ese fango.

Si interviniera la federación y empezara a destapar una pieza tras otra, se montaría un lío político de primer orden.

El caso Negreira ya no sería solo deportivo.

El caso Soler: el tapón

Collins dedica un tramo largo a Albert Soler.

Recuerda que lo colocaron al frente del CSD, y que se habla mucho de la prescripción, pero que él cree que ese no es el fondo.

Aunque se hubiera cambiado el plazo, no habría afectado a este caso.

En España, explica, rige la ley vigente en el momento de los hechos, y un cambio legislativo solo te beneficia si es a tu favor.

Lo realmente grave, dice, es otra cosa.

Un decreto reformado para nombrarlo

Para Collins, Soler es un tapón.

Lo ponen al mando del CSD cuando faltan dos meses y medio para que el caso prescriba.

Su función sería que, si llega información por cualquier vía, quede tapada y no escale.

Porque si escala, están muertos.

Y lo más llamativo, afirma, es que para nombrarlo el Gobierno tuvo que modificar un Real Decreto, ya que Soler no podía ocupar ese cargo.

Dos sombras sobre su nombre

Según Collins, Soler llegaba señalado por dos asuntos que lo inhabilitaban.

El primero, el caso Soule, en el que una declaración de Gaspar apuntaba a que Soler habría dicho que podía decidir el voto del CAS a su antojo.

El segundo, el famoso caso de la deuda.

No fue condenado, explica, porque se amparó en su inmunidad parlamentaria.

No es impunidad como la de Rodri, bromea, pero sí inmunidad.

Un hombre de paja con mucho poder

Quien conduce el canal reconoce que no conocía ese proceso.

Le sorprende que Albert Soler, un nadie según sus palabras, reciba esa protección.

Collins matiza que no es tan nadie, porque forma parte de un entramado corrupto que va de arriba abajo.

Pero admite que podría ser un hombre de paja colocado por gente con mucho poder.

El hombre de confianza, en definitiva.

Ningún partido ha levantado la alfombra

Hay un dato que, para ellos, lo explica todo.

No existe un solo partido político, de cualquier ideología o color, que se haya pronunciado contra el caso Negreira.

Todo ha sido silencio.

Nadie se ha atrevido a levantar ni la más pequeña alfombra.

De ahí deducen que Florentino y el Madrid lo saben.

La teoría de Florentino

Collins lo cuenta como una convicción personal, apoyada en cierta información.

En algún momento, Florentino habría concluido que no puede luchar contra todo un establishment.

Que a nivel nacional, nada va a pasarle al Barça.

Su primera idea habría sido la Superliga: saltar a otra capa, crear una competición superior y poner allí sus reglas.

Salió mal.

La única puerta que quedaba

Descartada la Superliga, solo quedaba una salida.

La UEFA.

Porque la UEFA no necesita actuar en el ámbito nacional.

Gestiona una competición que es suya, la Champions League, con sus propias reglas.

Desde ahí, razona Collins, quizá se pueda arrancar algo de justicia.

El cuaderno de Leire Díez

Quien conduce el canal aporta una imagen que pocos conocen.

La libreta de Leire Díez, la fontanera del PSOE, donde aparece la palabra Negreira en una de las páginas.

Aparece como uno de los puntos que había que tratar.

Para él, es la prueba de que el caso no se puede separar de la parte política.

Es evidente, insiste.

La jueza, el marido y la comida con Laporta

Collins cuenta entonces una secuencia que parece sacada de una novela.

Al principio, el juez Aguirre, tenaz según él, es apartado y enviado a otro caso, el de la trama rusa y Puigdemont.

En su lugar, ponen a una jueza sustituta.

Resulta que su marido trabaja casi en exclusiva para el Barcelona, imprimiendo las pancartas independentistas que se ven en el estadio.

Dos o tres días después de su nombramiento, ese marido almuerza con Laporta en Barcelona.

El robo del portátil

Apenas una semana después, según el relato, un comando entra en casa de la jueza cuando ni ella ni su marido están.

No roban nada de valor, aunque había objetos valiosos.

Lo único que se llevan es el portátil de la jueza, donde estaba la documentación del caso.

Collins no lo suaviza: hay que llamarlo comando.

Y a partir de ahí, la jueza actúa con una lentitud pasmosa.

Cero registros

Lo primero que hace un juez en un caso así son registros.

Ella no ordena registrar el club.

Tampoco la oficina de Negreira.

No ordena ningún registro.

Apatía total.

La filtración de COPE

Hay un momento en que, según Collins, se filtra en la cadena COPE que se estaba valorando descartar el delito de corrupción deportiva.

La idea sería tratarlo como una simple cuestión de apropiación, de un estafador que habría servido para sacar dinero.

Cuando se conoce la relación de la jueza con su marido, el Consejo del Poder Judicial la aparta rápidamente.

Hoy sigue bajo investigación.

Entonces vuelve Aguirre y se mete de lleno en el caso.

¿Qué hará la FIFA ante todo esto?

Quien conduce plantea la duda lógica.

Si hay una libreta de Leire Díez, un robo de portátil al estilo de las cloacas del Estado y un caso Barçagate, ¿qué va a hacer la FIFA?

Collins responde que, precisamente por eso, se puede acudir a la FIFA y a la UEFA.

Porque a ellos las cuestiones políticas internas les dan igual.

Y pone un ejemplo.

La carta amenazante de la FIFA

Recuerda cuando hubo aquel lío con Villar y otro dirigente extremeño al que querían apartar.

La FIFA envió una carta al Gobierno diciendo que, si lo hacían, se quedaban sin Mundial y expulsaban del ámbito FIFA a todos los clubes y a la selección.

Una amenaza en toda regla.

Para Collins, la lección es clara.

Estas instituciones no tienen ningún interés en los asuntos políticos españoles, porque no les afectan.

El Madrid se ensucia las manos

Aquí Collins lanza su afirmación más contundente.

Cree que, por primera vez en todo el caso, el Madrid ha hecho política.

Y lo explica con crudeza: en el fútbol no existe la justicia, porque es un mundo corrupto, y el Madrid forma parte de él.

Han decidido meterse en el barro.

Según su lectura, el Madrid habría cerrado algún tipo de acuerdo o proceso con la UEFA.

¿Era la única opción?

Su compañero defiende al club.

Cree que el Madrid no tenía otra opción.

Collins no lo compra.

Siempre había alternativas, dice: se podía haber denunciado a la UEFA, a la FIFA, a todos, por dignidad.

Pero ahora han apostado por la realpolitik, y los mensajes llegan, incluso en el lenguaje, con esa denuncia y la indemnización de 4.500 millones.

Lo que se dice dentro del club

Collins asegura que le han llegado informaciones indirectas, de varias personas.

En el Madrid saben que van a desinvitar al Barça.

Lo dice con un tono tajante: apostaría la vida a que esa es hoy la opinión en el club.

El Madrid cree que habrá una sanción de la UEFA a corto plazo, empezando por una desinvitación.

Los artículos que blindan a la UEFA

Un abogado se lo explicó ese mismo día.

La desinvitación tiene sentido porque no conlleva ninguna responsabilidad para la UEFA.

Se basa en el reglamento de la competición, en los artículos 4.02 y 4.03.

Esos artículos dicen que, si hay un club con sospechas fundadas de haber actuado de forma irregular, no hace falta que esté probado, se le puede apartar y reservar el derecho a excluirlo.

Es una medida a prueba de balas, ningún tribunal puede tocarla.

De la desinvitación a la sanción

A partir de ahí, la UEFA puede abrir un procedimiento por el artículo 12.

Es la vía que permite sancionar.

Las penas van de uno a diez años.

Collins recuerda el caso del Fenerbahçe, que primero fue desinvitado y después recibió dos años más.

La carrera contra el reloj judicial

Aquí entra el calendario.

La sentencia española llegaría a principios de 2028 o finales de 2027.

Si la UEFA desinvita al Barça para la temporada 27/28, deja margen suficiente para que llegue el fallo.

Cuando se conozca, el Barça ya estaría fuera de la competición.

Y la UEFA se habría adelantado a la justicia española.

La desconfianza en los tribunales

Quien conduce no es optimista.

Depender de la justicia española y de sus plazos le parece arriesgado, porque se puede alargar todo.

Ahí, dice, se puede presionar y maniobrar para acelerarlo.

Pero está sujeto a un asunto doméstico, que puede estar contaminado por todo lo que se ha contado.

Collins va más lejos.

Llamadas de ministros a jueces

Asegura que hay jueces y magistrados que han recibido llamadas de ministros pidiéndoles que se den prisa.

Lo sabe, dice, es inteligencia.

Tienen urgencia por que haya una sentencia en el caso Negreira.

Quien conduce plantea otro obstáculo: una vez dictada, el Barça podría recurrir al Supremo, lo que supone más tiempo.

Collins responde que, con una condena penal, aunque haya recurso, la UEFA puede ir a por todas.

Una obligación moral con el madridista

Quien conduce plantea otra cuestión.

El Madrid tiene la obligación moral de representar a madridistas como ellos, como Collins, como los que les ven.

Aunque sea complicado, debería hacer el esfuerzo de denunciar ante la FIFA, de reportar el código ético.

Aunque luego sea imposible.

Es una cuestión de dignidad.

España, el único país sin código ético

Collins ofrece un dato demoledor.

España sería probablemente el único país del ámbito FIFA sin un código ético de verdad.

Lo que existe, dice, es una farsa.

Un código ético es un acuerdo entre partes para fijar mínimos: esto no se puede hacer, y esto es lo que te pasa si lo haces.

Aquí amputaron las sanciones, y en el primer párrafo eliminaron la capacidad sancionadora de la comisión ética.

Una reforma ilegal por partida doble

Además de vacío, el código sería ilegal.

La reforma la hizo un órgano que no debía hacerla.

Tenía que haberse aprobado en la Asamblea de la federación.

No estaba en el orden del día, no se desarrolló en el momento de la votación y no se explicó por qué se votaba.

Una serie de despropósitos fácilmente recurribles.

La carta del 2019

Si ese código se anula, queda en pie el de 2019.

Y para ese, el caso no ha prescrito.

Es el cabo suelto que sostiene toda la estrategia legal.

Un hilo del que, según Collins, todavía se puede tirar.

Elecciones generales y un guiño a los partidos

Quien conduce cambia el tono con un apunte político.

Las elecciones generales se acercan, el 29 de noviembre.

No quiere meterse en política, aclara, pero lanza un mensaje a cualquier partido que quiera ganar votos.

Sea Vox, Junts, PSOE o PP, le da igual.

Si quiere comprarle el voto, que diga públicamente que hará todo lo posible por sancionar al Fútbol Club Barcelona.

El madridismo no entiende de colores

Collins añade un dato curioso.

Hubo una encuesta, hace años, que mostraba que en todos los partidos, salvo en los nacionalistas, el equipo con más seguidores era el Real Madrid.

Incluso en Más Madrid y en Sumar.

Quien conduce lo resume en una frase.

Es simplemente un reflejo de lo que pasa en la sociedad.

El misterio de la postura del club

Antes de despedirse, quien conduce deja una reflexión.

Ante tanta mala gestión, cree que es muy importante tener información de primera mano.

Intuye que en la cúpula del club hay información muy sensible que a los de fuera les falta.

Y que quizá ha atado de pies y manos al club para ciertos movimientos.

Porque de otra forma, a veces no se entiende su postura.

Florentino, a las puertas de cumplir su palabra

Se agarra a una frase del presidente, dicha en una de sus últimas entrevistas.

Dijo que iba a ir con todo contra el Fútbol Club Barcelona.

Quien conduce lo celebra.

Lo único que pide es que lo cumpla de verdad.

Y con eso termina una conversación que, entre la ironía y la rabia, dejó clara una cosa: el desenlace del caso Negreira se está jugando mucho más lejos de los terrenos de juego.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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