Mourinho, Vinicius, Mbappé y Bellingham: el octubre que decidirá la temporada del Real Madrid antes del Clásico y el fichaje que podría llegar en invierno
Hay rachas de calendario que no se juegan, se sobreviven.
El Real Madrid está a punto de entrar en una de ellas, y lo hace con más dudas que certezas.
Un parón larguísimo, dos estrellas que no terminan de conectar con la grada y un último resultado que dejó mal sabor de boca.
Delante, cuatro partidos en quince días y un Clásico al final del túnel.
La pregunta ya no es si el equipo está bien.
La pregunta es quién va a dar un paso al frente cuando el Bernabéu empiece a apretar.
El octubre en el que se juega todo
Quien abre la conversación lo tiene claro.
La Liga se decide aquí, entre finales de octubre y principios de noviembre.
Llegan el Barcelona, la visita a la Roma y el Leipzig, un rival contra el que el Madrid nunca juega cómodo.
Y después del Clásico esperan cuatro salidas seguidas, justo lo que más le cuesta a este equipo.
Un calendario que no perdona
Su compañero matiza el diagnóstico.
Para él, el verdadero examen empieza antes: del 10 al 25, en apenas quince días, se juegan cuatro partidos.
Villarreal, Roma, Sevilla, Leipzig y Barcelona, en ese orden.
Ahí, dice, se apuesta todo.
Porque el Villarreal y el Sevilla no son rivales fáciles ni siquiera en una Liga tan deteriorada como esta, y el Barcelona es el plato fuerte.
Si sales vivo de ese tramo
Su razonamiento es sencillo.
Si el Madrid sale vivo de esa vuelta, lo que viene después será mucho más llevadero.
Pero ese primer tramo es el crítico.
Y llega con las dos grandes estrellas en una situación delicada, cada una por una razón distinta.
Por eso confiesa que no le queda otra que rezarle a Don José como si fuera un santo.
Tres frentes abiertos
El panorama que describe es poco amable.
Una prensa totalmente lanzada a destruir al presidente y, por extensión, a la institución.
Jugadores que, a su juicio, no son conscientes de la guerra en la que están metidos.
Y una parte de la afición que prefiere mirar hacia otro lado, distraerse y criticar más que apoyar, agotada tras dos años muy malos.
El espejo de octubre de 2025
Aquí entra un dato que casi nadie estaba mirando.
El calendario de octubre del año pasado era muy parecido al actual.
Tras el parón, el Madrid ganó al Villarreal en casa, al Getafe fuera, a la Juventus en el Bernabéu y al Barcelona también en el Bernabéu.
Con Xabi Alonso en el banquillo, la parte difícil parecía resuelta.
La trampa de noviembre
Y entonces llegó noviembre, el mes que debía ser más sencillo.
Derrota en Anfield contra el Liverpool.
Empate en Vallecas ante el Rayo, empate en Elche, victoria milagrosa contra el Olympiacos y otro empate frente al Girona.
Ahí empezó la inestabilidad de verdad.
Por qué este año puede ser distinto
La lectura es la contraria a la del año pasado.
Entonces había un problema de motivación y el equipo ni siquiera parecía creer en las ideas del entrenador.
En los partidos grandes, eso se compensaba solo: no hay que motivar a nadie para un Clásico ni para una noche europea.
Cuando llegaron los encuentros más cómodos, el equipo se relajó y se vieron las grietas.
Un grupo más compacto
Este año, defiende, es al revés.
El equipo se ve más compacto como grupo y Mourinho está avanzando en eso.
El problema es otro.
Cuando toca pedirle a las estrellas que den el paso, no está claro que estén ahí.
El Bernabéu, una bestia incontrolable
Su compañero introduce una variable que pesa tanto como las demás.
La afición.
Siempre habrá un pequeño grupo que intente cuestionar y agitar, pero son muy pocos.
La inmensa mayoría reacciona según los resultados, y el Bernabéu es una bestia que no se controla.
En hombros o devorado
Si el Madrid gana a la Roma, al Barça y al Villarreal, y empata en Sevilla, el Bernabéu lo llevará en hombros.
Si tropieza en Roma, en Villarreal o en Sevilla y pierde contra el Barça, el estadio se lo comerá vivo.
No serán cuatro ultras.
Será todo el Bernabéu, incluso los que menos se espera.
El público no gana partidos
Y de ahí sale una idea que repite con firmeza.
Son las estrellas las que tienen que ganar los partidos.
No se le puede pedir al público que gane por ti.
La grada no gana partidos ni los pierde, y es el equipo quien debe encender a la afición y no al revés.
Vinicius: un problema físico y futbolístico
Llega el tema más delicado.
Hay quien se pregunta si es una exageración de los aficionados o si de verdad pasa algo con Vinicius y Mbappé.
La respuesta de Pesqui separa los dos casos.
Lo de Vinicius, dice, se debe únicamente a un estado físico y futbolístico lamentable para sus estándares.
El partido contra India
Pone un ejemplo que escuece.
Con Brasil, ante India, con todo el esquema construido a su alrededor y con Ancelotti, su padre futbolístico, en el banquillo, Vinicius fue el peor del ataque que formaba con Pedro y Estêvão.
Y el peor de todo el once brasileño.
Ya no sirve el argumento de que Mourinho invierte para recuperarlo de cara al tramo importante.
Ese tramo es ahora.
El dilema de Mourinho
Si el rendimiento no mejora, habrá que decidir.
Y la decisión, advierte, podría ser apostar por él.
Si Vinicius despega de pronto como un cohete, no habrá nada que decidir.
Pero si todo sigue igual, el entrenador tendrá que mover ficha.
A las estrellas se las aguanta
Aquí aparece el choque de teorías.
Quien conduce el canal confiesa que va a recibir palos por lo que piensa.
No es partidario de sentar a los buenos jugadores.
Cree que a las estrellas hay que aguantarlas en los malos momentos, porque una estrella en un mal momento siempre da más que un jugador de segunda fila al ciento veinte por ciento.
Casillas y la paciencia de Mourinho
Para ilustrarlo recuerda el caso de Casillas.
Mourinho lo mantuvo mucho tiempo, hasta que llegó a la conclusión de que ya no había solución.
Entonces lo apartó y no volvió a ponerlo.
Eso de sentar a un jugador para darle una lección no cree que funcione en el fútbol.
Lo que exige a un entrenador es que saque a sus mejores jugadores en su mejor versión.
Xabi Alonso y el error del Clásico
Por eso, dice, se enfadó tanto con Xabi Alonso en su momento.
Sentar a Vinicius no era la solución.
La solución era hacer rendir al mejor jugador.
Pero Pesqui introduce una diferencia clave.
Dos entrenadores, dos errores opuestos
El error de Xabi, explica, fue sentar a Vinicius cuando estaba jugando muy bien.
Lo sustituyó en el Clásico cuando era el mejor del campo junto a Jude Bellingham.
Mourinho hace lo contrario: lo pone incluso cuando está en su peor momento.
Y entonces surge una alternativa.
Diomandé, la tentación
Mira el Camp Nou y lo que pasó allí.
No es solo que Vinicius esté apagado en ataque, es que la defensa sufre.
Existe una buena opción, aunque no a su nivel: Diomandé.
Está en buena forma, ha liderado a su selección durante este parón y tiene regate, energía y capacidad para defender cada jugada.
Cuando el banquillo no basta
Diomandé, recuerda, defiende de arriba abajo en cada acción.
Y sabe cubrir bien el costado de Lamine Yamal.
Recuerda lo que ocurrió en el derbi con Cucurella, cuando le pasaban por encima una y otra vez.
Pero la decisión será Vinicius, porque a las estrellas hay que sostenerlas.
La respuesta del entrenador: inventar un sistema
Quien conduce el canal lo ve de otra manera.
Lo difícil para un entrenador, dice, es acomodar a sus estrellas.
Quizá haya que inventar un sistema distinto para que Mbappé, Diomandé y Vinicius puedan jugar juntos.
Si Diomandé está para romperla, habrá que encontrarle sitio.
Mbappé, el jugador que juega pero no está
El segundo caso es distinto.
Físicamente, Mbappé llegó bien y en buena forma.
Pero hay algo raro en su conexión con el grupo, como una entidad individual que va a lo suyo.
Un jugador que juega con el equipo, pero no está en el equipo.
Un pase libre que no merece
Entonces llega una opinión que va a levantar ampollas.
Pesqui sostiene que Mbappé no es el mejor del mundo, aunque todas las radios, televisiones y canales de YouTube lo repitan.
En ninguna temporada lo ha sido, y nunca ha sido constante durante un curso entero.
Para él, el problema es que un jugador con esos estándares tenga un pase libre para hacerlo todo, dentro y fuera del campo.
Un problema estructural
Eso, afirma, es un problema para el Real Madrid.
Porque las jerarquías no están bien definidas, o están definidas alrededor de alguien que no da lo suficiente para estar en esa categoría.
Y porque un vestuario cohesionado, aunque parezca una tontería, suma.
Es una opinión personal, aclara, sin información detrás.
La defensa de Collins
Quien conduce el canal responde con mesura.
Cree que la personalidad de Mbappé y la forma en que se presenta ante la afición condicionan tanto que se llegan a restar méritos deportivos.
Para él es un futbolista enorme, que hace lo que quiere con el balón.
Y recuerda actuaciones suyas en el Bernabéu, contra el Madrid, en las que parecía jugar otro deporte contra niños.
Récords y mala fama
Pesqui lo discute, hablando de una sola actuación.
La respuesta es que hubo más de una.
Menciona un Mundial y recuerda las palabras de Mourinho: alguien que rompe récords es un futbolista de otra dimensión.
Pero también reconoce que es un jugador con una personalidad tan marcada y tan poco respeto por la institución que cuesta separarlo de ese contexto.

El antimadridista que viste de blanco
Aquí llega la crítica más dura.
Cuando mira a Mbappé, dice, siente cansancio.
Porque se lo ha ganado a pulso: en muchas de sus actitudes recientes es el anti-Real Madrid.
Sin compromiso, sin espíritu de lucha, sin capacidad de empatizar con la institución ni con sus compañeros.
El modelo de jugador madridista
Describe el futbolista que, para él, representa al club.
Un jugador que deja la piel, corre más que nadie y sale del campo con la camiseta llena de barro.
Que además aporta calidad, es buen compañero y protege a sus entrenadores, a su afición y a las políticas del club.
Mbappé, en cambio, ha aprovechado para ir a ruedas de prensa y apuñalar a su entrenador, como con Arbeloa.
Lo opuesto a Vinicius
Es el contraste que pone sobre la mesa.
Vinicius, dice, ha hecho justo lo contrario.
Ha mostrado compromiso y ha mostrado todo lo que se le pide.
Mbappé, en cambio, no siente el Madrid.
Las fricciones con compañeros e institución
La lista continúa.
Los encontronazos con Bellingham.
Y las declaraciones sobre los árbitros en pleno caso Negreira, cuando el club entero estaba concentrado en eso.
Dijo que los árbitros son seres humanos y que había que protegerlos, y cayó en una contradicción.
Un amor que se enfría
Quien conduce el canal lo resume en una confesión.
Fue pro Mbappé siempre.
Pero este año, hacia febrero o marzo, se bajó del barco.
Dice que fue demasiado.
Bellingham, el único que sintió el derbi
Cambia de tema para hablar del jugador opuesto.
Jude Bellingham, dice, es quien parece de verdad el Real Madrid.
En el derbi fue el único que se fue furioso, el único que se encaró con el árbitro y el único que plantó cara.
Y concluye con rotundidad: hay que construir el equipo a su alrededor.
Una joya histórica
Pesqui coincide y lo tiene claro desde hace un año.
Cuando oía decir que había que vender a Bellingham, pensaba que se habían vuelto locos.
Es un talento histórico, y los números lo demuestran: catorce goles generados en sus últimos diez partidos con Inglaterra.
Además, tiene todo lo que se espera de un jugador del Madrid: garra, corazón y compromiso.
¿Con qué club encaja Mbappé?
Entonces plantea la pregunta pendiente.
Si Mbappé no encaja en el Madrid, ¿con qué club encaja?
Compara a Mbappé con las superestrellas mundiales.
Harry Kane, para él, es mejor ahora mismo, con más compromiso y más aportación tanto en ataque como en defensa.
La lista de los que dan más
Y sigue con nombres.
Michael Olise, Lamine Yamal y Raphinha, que también dan más.
Y Jude Bellingham, en casa, con el ADN del Madrid.
Pero reconoce que a Bellingham lo estamos quemando constantemente, porque el equipo se parte, se estira y él tiene que presionar al lateral y al mediocampista.
El futbolista que más corre
Esa fatiga pasa factura en ataque.
Un jugador agotado no ataca mejor, no tiene más claridad ni más capacidad de regate.
Y Bellingham es el que más corre en cada partido.
Pero Pesqui matiza algo importante.
Ni Cristiano era el que más corría
No sabe si es cuestión de encajar o no con el Real Madrid.
Porque Cristiano tampoco lo era, recuerda: no era quien más corría.
Ni Vinicius en su mejor versión.
Todo es cuestión de poner en la balanza lo que cada uno aporta y lo que quita.
La ecuación del tridente
Para él, esta versión de Vinicius y este Mbappé están al mismo nivel.
Bellingham, en cambio, la clave del tridente, da más de lo que quita.
La gran pregunta es cómo hacer que el proyecto gire a su alrededor.
Y la respuesta es difícil, porque contractualmente es casi imposible, salvo que los otros dos den más de lo que quitan.
Un problema a medio plazo
Lo dice con pesimismo.
Hay un problema, no a corto plazo, pero sí a medio y largo.
Y pasa por que los otros dos den un paso adelante.
Quien conduce el canal toma entonces la palabra.
La carga de ser el rostro del club
Para él, Bellingham es el prototipo de futbolista del Real Madrid sin ninguna duda.
Pero hay que recordar que empezó la temporada con veintidós años y acaba de cumplir veintitrés.
Es muy joven para cargar con todo el peso del Real Madrid como institución.
Tiene personalidad y madurez para hacerlo, pero quizá la responsabilidad llegó demasiado pronto.
La autocrítica a la planificación
Y ahí lanza una piedra contra su propia casa.
Cree que la planificación ha sido errónea.
Se ha puesto el peso del Madrid sobre jugadores que no han sabido recoger el testigo, como los Mbappé o los Fede Valverde.
No han dado un paso al frente para sacar las castañas del fuego cuando venían mal dadas.
Una generación que viene
Pero hay motivos para el optimismo.
Cree que hay jugadores con garra y personalidad madridista, y que llegarán.
Cita a Bellingham, a Arda Güler, con una personalidad muy marcada, y al joven De Hausen.
Y también a Endrick.
Los años de transición
Cuando esos jugadores alcancen la edad de ser los líderes del vestuario, como lo fueron Modrić, Kroos o Casemiro, todavía faltarán dos o tres años.
Mientras tanto, quizá haya que cambiar las cosas de forma estructural.
Y ser valientes.
Las frases que se le escapan al club, del estilo de hemos detectado errores y nos equivocamos, no deberían interpretarse solo en lo futbolístico.
Talento y liderazgo
Para él, el error es de liderazgo.
El Madrid se ha equivocado repartiendo galones.
Porque un equipo de fútbol no es solo talento, también es liderazgo.
Pesqui no está de acuerdo.
La edad no define el liderazgo
Pesqui sostiene que la edad no lo explica todo.
Es una consecuencia, dice: en promedio, la gente más madura suele ser más veterana.
Pero no es una regla escrita.
Ofrece contraejemplos: Cristiano ganó el Balón de Oro con veintitrés años en el United y Messi con veintidós.
El debate de la jerarquía
Quien conduce el canal responde que una cosa es ganar el Balón de Oro y otra ser el líder del vestuario.
Y recuerda a Roy Keane en aquel vestuario del Manchester United.
Pesqui insiste.
Bellingham también da la impresión de tener personalidad de sobra y es ya el líder de la selección inglesa.
Camavinga y la mano de Zidane
Aparece entonces un nombre inesperado.
Camavinga, que con Francia, dirigida por Zidane, ha mostrado el nivel que todos esperaban.
Quien conduce el canal lo explica con una lectura táctica.
Zidane lo está liberando de las zonas de creación en la base y lo coloca más como un ocho o un seis, al estilo del Casemiro de su última etapa.
Un chiste con calva y sonrisa
La conversación se relaja con un golpe de humor.
Si entrara en un vestuario y viera a Zidane con su traje oscuro, su cabeza reluciente como Mr. Proper y esa sonrisa perfecta de anuncio de dentista, dice, automáticamente se llevaría sus poderes.
Pero bromas aparte, cree que hay que reconocerle más mérito como entrenador.
Ya ganó tres Champions.
El mejor de la historia
Pesqui no tiene dudas.
El bueno de Zidane es el mejor de la historia, y más después de quitarle los títulos a Guardiola.
Dice que mucha gente no le da el crédito que merece.
Y espera que pueda devolvernos a un Camavinga en su mejor versión.
El mérito de haberlo retenido
Quien conduce el canal aprovecha para dar una de cal.
Después de criticar la planificación, hay que reconocer lo bueno.
Camavinga sigue en el club y alguien merece el crédito por haber decidido mantenerlo.
Es cierto que él no quería irse, pero si hubieran querido sacarlo a toda costa, probablemente lo habrían empujado.
Sin jerarquía, pero con fe
Reconoce que ahora mismo no existe la jerarquía que debería tener todo Madrid que se precie.
Pero mantiene la confianza.
Percibe en buena parte de la afición la sensación de que Mourinho está acabado.
Él tiene mucha fe en el portugués.
El Mourinho de los líderes inventados
Su argumento es histórico.
Mourinho es un entrenador que, si no tiene líderes, los inventa.
Buscó ese liderazgo en Mbappé y, si no lo encuentra, lo fabricará en otro, como hizo en su primera etapa cuando le dio ese estatus a un jugador como Carvalho.
Por eso, insiste, hay que dejarle trabajar y apoyarle.
El hombre para la purga
Va más lejos.
No echaría a Mourinho porque cree que es la persona adecuada para llevar a cabo la purga que el club no se atreve a hacer.
Es una de las razones, dice, por las que lo contrataron.
Y Pesqui lanza la última pregunta.
¿Mercado de invierno?
¿Descartan el mercado de enero?
Por primera vez, responde, cree que la puerta podría abrirse.
La situación de riesgo en la que podría estar la propia directiva podría obligarla a hacer movimientos importantes, aunque sea uno.
Pero para que lleguen fichajes, primero tienen que producirse salidas.
Las plazas llenas
Con la plantilla completa, salvo que ocurra algo drástico, nadie se va.
Aparece el nombre de Endrick.
Ese mismo día se hablaba de su posible traslado al Aston Villa.
También se mencionan la Roma y el Milan.
Alex Scott, el nombre que enamora
Entonces surge el nombre que más ilusión despierta.
Alex Scott, centrocampista del Bournemouth.
Quien conduce el canal confiesa que no lo conocía y que fue Pesqui quien se lo descubrió.
No cree que haya un solo jugador del Madrid que juegue en la medular con la calidad de ese chico.
El interés del Madrid y la sombra del Chelsea
El Chelsea ya está detrás de él desde hace tiempo.
Apunta que ya es internacional con Inglaterra y que se lo ha visto muy bien con Bellingham.
En Inglaterra cada vez salen más informaciones sobre el interés del Madrid, que lo estaría siguiendo.
La duda es si el Bournemouth lo dejaría salir en diciembre.
El precio de un fichaje
La respuesta es práctica.
Si pones el dinero encima de la mesa, sí.
Recuerda que el año pasado el Bournemouth vendió a Semenyo, su estrella, al Manchester City, un rival directo.
La Premier es un mercado en movimiento: siempre que pongas el dinero, está dispuesta a vender.
Alternativas y escepticismo
Scott le gusta mucho y cree que sería titular en el Real Madrid sin ninguna duda.
También le habrían gustado otras opciones, como Elliott o Henderson.
Recuerda que hace poco formaron por primera vez el doble pivote de Inglaterra con Elliott y Scott, y le metieron siete a Croacia.
Pero cuando se pregunta si el Madrid soltaría cien millones en invierno por un jugador de veintitrés años, responde con escepticismo.
Confiar en Mourinho, lo único que queda
La conversación termina sin grandes respuestas.
Hay dudas con las dos estrellas, un calendario endiablado y una afición que oscila entre la fe y el hartazgo.
Un Bellingham que parece ser el futuro, un Mourinho que tiene que inventar líderes y un mercado de invierno que quizá se abra.
Lo único que queda, concluyen, es confiar en Mourinho y que él nos lleve hacia la luz.