El rompecabezas del mediocentro madridista: Tchouaméni, Valverde, Bernardo Silva y el éter de Kroos

El rompecabezas del mediocentro madridista: Tchouaméni, Valverde, Bernardo Silva y el éter de Kroos

Dos periodistas de Minuto 116 repasan el gran quebradero de cabeza del Real Madrid. Lo que sigue son sus análisis y opiniones, no decisiones confirmadas del club ni del cuerpo técnico.

Llega el derbi y el Real Madrid vuelve a salir con Tchouaméni y Valverde en el centro del campo. La imagen sorprende a muchos aficionados, que esperaban ver a Bernardo Silva o a Arda Güler en esa zona. Y la pregunta se repite: ¿por qué no juegan ellos?

En Minuto 116, el presentador Rubén Martín lo plantea sin rodeos como el “puzle” del madridismo. Para analizarlo invita a su compañero de redacción Marco Ruiz. Ambos coinciden en que el mediocampo es, desde hace tiempo, uno de los mayores problemas del equipo.

Para Martín, el origen está en la marcha de Toni Kroos. Sostiene que desde entonces el Madrid vive “viudo” del alemán. Echa en falta a un jugador capaz de retener, sostener y administrar el balón, sobre todo cuando el rival aprieta.

La afición, recuerda, lleva tiempo reclamando un fichaje para esa posición. Entre los jugadores de toque cita a Güler y a Bernardo Silva, recién llegado. Sin embargo, en el Metropolitano volvieron a jugar los dos mediocentros de siempre.

Ruiz arranca explicando la lógica inicial. Según su lectura, la idea de Carlo Ancelotti era formar una pareja defensiva con mucho pulmón y mucha musculatura. Esa pareja debía sostener todo lo que ocurre por delante, que no es poco.

En su opinión, Güler ha jugado solo de forma circunstancial. Y recuerda que esa posición estaba pensada, de cara al futuro, para un fichaje de 120 o 125 millones más variables: Jude Bellingham. Con Mbappé, Bellingham y Vinícius arriba, el diseño parecía claro.

Reconoce que un doble pivote de ese tipo puede bastar para ganar un porcentaje muy alto de partidos. El problema aparece, a su juicio, ante rivales de nivel similar. Cita desde el Athletic hacia arriba, el Inter, cualquier aspirante de la Champions, cinco equipos de la Premier y el PSG.

En esos choques, advierte, se pierde demasiado control del juego. El equipo tiene menos el balón y no resulta tan sólido en defensa como se presumía. Como prueba, menciona una estadística: Courtois vive su mejor arranque de temporada en cuanto a disparos recibidos.

Ruiz introduce enseguida un matiz. Tchouaméni y Valverde no han jugado todos los partidos y han coincidido durante poco tiempo. Aun así, cree que ese dato “te lo dice todo” sobre la fragilidad del planteamiento.

Según su versión, la idea de José Mourinho era otra. Pensaba usar a Bernardo Silva en los partidos más sencillos, esos que el Madrid suele ganar por inercia. Con él buscaba más control, aunque duda de que ese esquema aguante mucho tiempo.

Martín recoge el guante y añade una pieza al relato. Recuerda que el fichaje de Bernardo Silva, un jugador que en principio no parecía interesar al club, habría sido una petición del propio Mourinho. Para él, es un secreto a voces.

Ruiz lo confirma en esos términos. Dice que habla de lo que sabe con certeza: Mourinho pidió al portugués como “plan B”. No lo quería necesariamente como titular, sino como un futbolista al que recurrir cuando el partido va bien y conviene mantener la pelota.

Ahora bien, el propio periodista pone un límite a esa solución. El cuerpo técnico sabría que Bernardo ya no tiene la física de hace cinco años. Y en este Madrid, subraya, ese puesto exige muchas ayudas, mucha carrera y mucho repliegue hacia las bandas.

De ahí su diagnóstico: hay partidos en los que el Madrid tendrá más la pelota por calidad y Bernardo podrá jugar. Y hay otros, como el del Atlético, en los que Mourinho prefiere poner a Valverde y Tchouaméni. Es decir, dos sistemas para dos tipos de partido.

Ambos ven en el parón de selecciones una oportunidad de reflexión. Ruiz cree, sin presumir de información privilegiada, que Mourinho tendrá que replantearse su idea inicial de un 4-2-3-1. Su preocupación no son tanto los nombres como el esquema.

La razón, explica, es que ese dibujo obliga a Vinícius a bajar mucho a defender. Y el brasileño, a su juicio, no está rindiendo en ataque. No es el mejor Vinícius, dice, porque trabaja más en defensa.

El equilibrio defensivo, añade, tampoco funciona. En ocho partidos, el Madrid solo ha dejado la portería a cero una vez, un dato que califica de pobre para un equipo que aspira a ganar títulos. Y subraya que el sistema condiciona también qué jugadores pueden coincidir en el campo.

Su propuesta parte de tres certezas: Bellingham, Mbappé y Vinícius tienen que jugar. La clave, cree, estaría en que Bellingham volviera a la fórmula de Ancelotti. No como mediapunta en funciones de organizador, sino como el jugador que más sufre y baja a ayudar por la izquierda.

Así, Mbappé y Vinícius quedarían más liberados arriba, con Bellingham a su espalda en ataque. Sin balón, el equipo se convertiría en un 4-4-2. Es una idea que el propio Ruiz presenta como opinión personal, no como información del vestuario.

En ese esquema, Valverde ocuparía la banda derecha. Ruiz sostiene que existe cierto consenso en que el uruguayo no funciona en el doble pivote. Y asegura que rinde mucho mejor pegado a la banda.

Aquí aparece una pincelada curiosa. Los dos periodistas recuerdan que la esposa de Valverde publicó en redes un mensaje en el que presentaba a su marido como un mediocentro de alma. Esa es, resumen, la versión opuesta: la del propio entorno del jugador, que lo ve en el centro.

Ruiz no la comparte. Para él, Valverde es un futbolista de mucho músculo y recorrido, ideal para romper líneas conduciendo y para las contras. Pero no lo ve recibiendo de espaldas, levantando la cabeza y pausando el juego: le falta, dice, esa pausa.

Con Valverde a la derecha, el doble pivote quedaría para Tchouaméni y, en determinados partidos, Bernardo Silva. Y se abre otro debate, el de Güler. Martín recuerda que fue el propio Mourinho quien dijo no verlo tanto en esa posición.

Ruiz responde con lo que presenta como cierto. Mourinho no ve a Güler como mediocentro, pero sí a Bernardo, por más experiencia en ese puesto, más serenidad y más sentido táctico. El turco, dice, tiene un toque excelente pero no está listo todavía para un papel con tanta exigencia.

La conversación vuelve a Kroos, y ahí los dos periodistas se emocionan. Ruiz habla de lo que se ha perdido como de algo “descomunal”. No solo por las diagonales de cuarenta metros, sino por su capacidad para dar el pase en el momento exacto.

Además, recuerda, el alemán corría, estaba siempre bien colocado y aportaba equilibrio defensivo. Aportaba mucho en ataque, pero también sostenía al equipo atrás. Ese doble papel es, para él, lo que ahora no se sabe cómo reemplazar.

Sobre Bernardo, Ruiz le reconoce el esfuerzo. Dice que hasta ahora el portugués se está dejando el alma y que no hay nada que reprocharle. La duda llegará en los partidos más duros, ante rivales de ritmo altísimo.

Cita expresamente al Arsenal, al PSG y al Bayern, equipos con futbolistas físicos que se mueven “como cohetes”. Allí, advierte, hay que sostener el centro del campo, y no está claro que el portugués pueda hacerlo durante noventa minutos. Para él, Mourinho sabe que algo tiene que cambiar.

Martín aporta una lectura más amplia. Cree que el equipo sigue sin defender bien y sin atacar con brillo. Y sitúa el origen en una apuesta de hace años por centrocampistas de gran potencia física: Camavinga, Tchouaméni, Valverde.

Recuerda que, hace unos años, el Chelsea campeón de Europa parecía marcar el camino de los mediocampos musculosos. Pero para él el fútbol ha evolucionado. Ahora gana quien usa el balón para defender, como la selección española campeona, y el Madrid, dice, aún no ha dado ese paso.

Ruiz coincide en parte. Admite que ese tipo de jugador ha estado de moda durante siete u ocho años, pero matiza que también son futbolistas con mucha calidad. Y señala una tendencia que va más allá de la física.

Para apoyarla cita una entrevista publicada por AS a Davide Ancelotti, que dirige a un equipo cuarto en su liga, con tres victorias en cinco partidos. Según Davide, los equipos que juegan hoy las finales de la Champions son los que mejor defienden. La tendencia real, resume Ruiz, es esa: triunfa quien defiende bien.

No se trata solo de presionar arriba, precisa. El Arsenal, por ejemplo, defiende muy bien también en bloque bajo, y sabe hacer ambas cosas. Esa solidez es, para él, la base sobre la que hay que construir.

Otro problema aparece cuando se quiere jugar de forma muy vertical. El Madrid, dicen, ha construido un equipo de músculo con tanta calidad arriba que le basta un mediocampo de Tchouaméni con Valverde o con Camavinga. Con eso recupera, y en tres pases marca. Esa es la teoría.

La reflexión de Davide Ancelotti que Ruiz considera válida es que la verticalidad no consiste en tener ocho jugadores que corren mucho. Hace falta alguien que haga la transición, que lance a los demás. Un Güler, un Bernardo Silva, un Kroos.

Pero ni Kroos ni Modrić están ya. Y ahí es donde Ruiz cierra su tesis: Mourinho debe hallar la fórmula para que Bernardo o Güler jueguen como titulares en la pareja de la Champions. El resto del equipo, sugiere, se construiría a partir de ahí.

Lo plantea, otra vez, como opinión personal. Queda por ver qué piensa realmente el técnico portugués entre ahora y final de temporada. Lo que sí parece evidente, dicen, es que algo tiene que cambiar.

Martín cierra con una invitación a seguir de cerca el parón. Espera que Mourinho haya considerado todo lo que se ha dicho, porque algunas cosas, a su juicio, son muy evidentes. Y quiere ver en qué minutos y posiciones aparecen Güler y Bernardo.

Aún así, el debate sigue abierto y las lecturas son muchas. Unos ven un doble pivote agotado; otros defienden que, para los partidos de rápida inercia, sigue siendo la fórmula más segura. La respuesta, como casi siempre, llegará cuando vuelva a rodar el balón.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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