García Plaza rompe el silencio tras el 4-1 al Sevilla: «Nos privaron de jugar once contra diez», la sospecha sobre el VAR y el aviso a Madrid, Barça y Atlético

García Plaza rompe el silencio tras el 4-1 al Sevilla: «Nos privaron de jugar once contra diez», la sospecha sobre el VAR y el aviso a Madrid, Barça y Atlético

“Espero que lo titulen todos, no solo la web del Sevilla”.

Con esa frase, lanzada casi como un desafío a los periodistas que llenaban la sala, empezó la comparecencia más tensa de la noche en el Bernabéu.

Luis García Plaza acababa de perder 4-1 contra el Real Madrid y no venía a hablar de táctica.

Venía a hablar de un partido que, según él, nunca llegó a jugarse.

Un partido de once contra diez que habría empezado en el minuto 25 y que, en su opinión, lo habría cambiado todo.

Esta es la versión del Sevilla, contada desde la silla del entrenador y con sus propias palabras, en una noche en la que los matices importaron tanto como el marcador.

La sala de prensa se abrió con un titular que ya circulaba por las redes.

La web oficial del Sevilla había resumido el 4-1 con una fórmula tan escueta como cargada: un codazo, y se acabó.

Un periodista de El Desmarque se lo recordó al técnico, y la respuesta fue inmediata.

Dijo que esperaba que todos los medios lo titularan así, no solo el club.

Y a la pregunta sobre el arbitraje, soltó su tesis sin rodeos.

Hay un partido de once contra once, reconoció, en el que el Madrid merece ganar sin ninguna duda.

Pero hay otro partido que nunca se jugó, el que su equipo debía haber disputado en superioridad desde el minuto 25.

A partir de ahí, aseguró, no quería hablar más del partido.

Contó que él no lo vio en el campo, pero que en el descanso uno de sus jugadores le decía que le había pegado, y que al ver la imagen no tuvo dudas: es roja.

Admitió, eso sí, que en el segundo gol del Madrid hay también una falta sobre un jugador suyo, aunque no la considera roja porque quedaba mucho campo por delante.

Pero insistió en que toda aquella jugada tiene la misma raíz.

Con una honestidad poco habitual, reconoció que quizá no habrían ganado, y que incluso podrían haber perdido igual.

El Madrid, subrayó, ha merecido ganar en once contra once, y no tiene nada que objetar a eso.

Pero hay un partido que no se ve, dijo, un partido que no pudieron jugar.

La segunda intervención llegó desde Canal Sur Radio, y fue la más incisiva.

Se le recordó que en esa misma mesa se han oído muchas protestas arbitrales, y se le preguntó por la jugada de Arda Güler, de la que, hasta el momento, no se había mostrado ninguna repetición por televisión.

García Plaza respondió que eso le habían contado, que él no lo había visto, pero que la acción le parece clarísima.

Y añadió una reflexión que dice mucho de su carácter: quizá el Madrid les ganó porque es capaz de vencer incluso con diez.

Recordó otro año en que jugó con un jugador menos durante unos veinte minutos y les ganó igualmente, porque, admitió, son muy buenos, excelentes.

Pero insistió en que se les privó de ver lo que ocurrió, y de disputar un partido distinto.

Hizo además un balance muy suyo de la temporada: tres partidos con desventaja numérica y dos con ventaja, si no recordaba mal.

Aquel día, afirmó, les tocaba a ellos tener la ventaja, y no sucedió.

Desde Radio Marca, la pregunta fue directa: ¿por qué cree que el VAR no llamó al árbitro?

La respuesta fue la que ya había recorrido todas las redes.

No lo sabe, dijo, pero quizá porque el Madrid se habría quedado a nueve puntos del Barça antes del Clásico.

Y añadió, con un tono entre irónico y resignado: quizá si ganamos.

Se trata, conviene decirlo, de una sospecha personal del entrenador, no de un hecho comprobado.

Y es el propio técnico quien, minutos después, matizó su propia frase.

Cuando el periodista de Carrusel Deportivo le preguntó quién cree que toma esa decisión y si influye que sea así, García Plaza dio un paso atrás.

No, respondió, el VAR se equivocó, los árbitros se equivocan y no hay nada más.

Una rectificación significativa, que rebaja el tono de la insinuación inicial y la sitúa en el terreno del error humano.

Incluso fue más allá.

Dijo que no ve tan mal al Madrid, que hay mucha crítica hacia el Madrid y también hacia el Atlético, pero que el rival al que todos persiguen, el Barça, lleva el cien por cien de los puntos, y que lo que está haciendo es una auténtica locura.

Comparó su ritmo con el del Athletic, que promedia más de noventa puntos, y concluyó que, si el Barça gana todos sus partidos, es muy difícil competir con él.

Pero ve a los dos aspirantes bien, y cree que el Clásico será un partido bonito, en el que el Madrid tiene opciones.

COPE le planteó otra cuestión.

Un futbolista sevillista había declarado que sabían a lo que venían al Bernabéu y cómo iba a ser todo, y se le preguntó si había hablado con el árbitro, y si éste le había dado alguna explicación.

La respuesta del entrenador fue técnica.

Dijo que hay que hablar con quien está en la sala del VAR más que con el árbitro, porque el colegiado puede no ver la acción, ya que no tiene ojos en la nuca, y ni siquiera sabía dónde estaba situado.

Pero en los partidos del Madrid, del Barça o del Atlético, explicó, hay muchas más cámaras que en otros estadios, y esa jugada tiene que estar grabada.

Y si le llaman, es roja, repitió.

Para él, más que una jugada arbitral, es una jugada del VAR, y la califica de agresión muy clara.

Un periodista de un medio madridista le preguntó si el resultado reflejaba lo visto o era un castigo excesivo.

García Plaza reconoció que, tras aquella acción, queda poco por decir.

Admitió que el 4-1 es un resultado en el que su equipo tiene que mejorar cosas, que el rival tiene un ataque muy potente y que, quizá, el marcador pudo haber sido incluso más amplio, con un 5-2 o un 6-3 posibles.

Pero volvió a su idea central: no les dejaron jugar ese partido.

Y añadió una precisión importante: no dice que hubieran ganado contra diez, lo ha repetido muchas veces.

Solo dice que no les dejaron jugarlo.

Hubo preguntas, también, sobre el fútbol propiamente dicho.

Desde Disidencia Deportiva, en Radio Inter, le preguntaron por el ambiente del vestuario.

El técnico contestó que, en once contra once, hay cosas que tiene que revisar y aspectos donde su equipo debe hacer más.

En la segunda parte, dijo, llegaron bien, tuvieron ocasiones, marcaron un gol y después se vinieron abajo.

Pero admitió que el equipo está afectado por la jugada, y que los jugadores estaban bastante indignados, sobre todo ahora que la han visto con claridad en las imágenes.

Quizá el árbitro no pudo verla, concedió, pero es una jugada cien por cien de VAR.

Sobre los cambios, explicó que buscaba piernas frescas y jugadores en buen momento.

Metió a un jugador en el descanso y luego a otros dos, y considera que las tres sustituciones fueron muy buenas: uno marcó el gol del Sevilla, otro rompió con frecuencia y un tercero entendió bien el juego.

Preguntado por la reaparición de Vargas como titular tras mucho tiempo sin serlo, dijo que era normal verle justo de forma.

Habían pensado en darle unos cuarenta y cinco minutos, y sabían que llegaría muy justo al final de la primera parte.

Estuvo fuera mucho tiempo, y hasta dudaron de si alinearlo.

Seguirá mejorando, auguró, y ahora le toca dar un paso adelante a otro jugador que rindió muy bien en la segunda parte y que tendrá que asumir más protagonismo tras la lesión de un compañero.

Y llegó la pregunta más amplia de la noche.

Un periodista de El Mundo le pidió una reflexión general sobre el arbitraje en España, tras semanas de protestas del Madrid contra la estructura arbitral.

García Plaza empezó por la humildad: no es él quien debe opinar, porque también tiene defectos y se equivoca muchas veces.

Pero soltó una frase que ha dado la vuelta a las redes.

Tiene la sensación, dijo, de que quienes más se quejan son quienes menos deberían quejarse.

Citó expresamente al Madrid, al Barça y al Atlético, y aclaró que hablaba de los tres, no de uno ni de dos.

Recordó que el día anterior el entrenador del Betis también había comentado algunas jugadas, con total naturalidad, y que ellos mismos habían hablado de la suya con deportividad, deseándole suerte al árbitro y felicitándose al terminar.

Todo normal, insistió.

Es, en cualquier caso, su opinión personal, la de un técnico con mucho recorrido que dice haber visto siempre la misma historia.

Así acabó una comparecencia en la que García Plaza mezcló indignación, autocrítica y una sorprendente elegancia para reconocer la superioridad del rival.

Frente a él, Mourinho había contado esa misma noche otra película, la de quien no vio nada.

Dos entrenadores, dos relatos y un mismo partido.

Queda por ver si las imágenes que reclaman unos y otros terminan de aclarar lo ocurrido, o si el Clásico, que ya se huele, terminará enterrándolo todo.

Porque en el fútbol español, cuando el balón vuelve a rodar, las polémicas rara vez se resuelven.

Simplemente, se aparcan hasta el próximo capítulo.

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