Lamine Yamal, tercero en el Balón de Oro: lo que se sabe y lo que se cuenta sobre la polémica tras Mbappé

Lamine Yamal, tercero en el Balón de Oro: lo que se sabe y lo que se cuenta sobre la polémica tras Mbappé

Cada gala del Balón de Oro deja un ganador y un coro de indignados. La de 2026, celebrada en Londres, ha dejado ambas cosas en abundancia. Harry Kane se llevó el trofeo, Kylian Mbappé fue segundo y Lamine Yamal, de 19 años, tercero. Desde entonces, buena parte de la afición azulgrana y no pocos analistas se preguntan cómo es posible que el campeón del mundo quedara por detrás de un delantero que, en su opinión, no ganó ningún gran título esta temporada.

En medio de ese ruido ha circulado una versión más espectacular: la de un Yamal furioso, que habría estallado en privado tras la ceremonia y que señalaría a tres culpables concretos. Es una historia llamativa, y conviene decirlo desde el principio: no existe confirmación alguna de esas palabras. Se atribuyen a fuentes anónimas del entorno del jugador y se han difundido, sobre todo, en vídeos de análisis en redes.

Esta pieza intenta separar lo comprobado de lo que se cuenta. Y empieza por lo comprobado, que ya es bastante.

El veredicto de la gala fue el siguiente. Kane, delantero del Bayern de Múnich y capitán de Inglaterra, ganó el Balón de Oro y se convirtió en el primer inglés en conseguirlo en 25 años. Mbappé, del Real Madrid, quedó segundo. Yamal, del Barcelona, tercero, por segundo año consecutivo en el podio. Después se clasificaron Rodri, Lionel Messi, Khvicha Kvaratskhelia, Ousmane Dembélé, Erling Haaland, Michael Olise y Fabián Ruiz.

Para el fútbol español, fue una noche de sabor agridulce. España ganó el Mundial 2026, y en la ceremonia hubo galardones para su fútbol, entre ellos el Kopa al mejor jugador joven, que fue para Yamal por tercera vez consecutiva. Pero el premio principal se quedó fuera, y la imagen del joven extremo, sentado en la sala mientras Kane pronunciaba su discurso, dio la vuelta a las redes.

¿Cómo reaccionó el jugador? Lo que se conoce de forma oficial es un mensaje en su cuenta de Instagram, publicado un día después de la gala. Yamal felicitó a los ganadores, escribió que confía en el camino que está construyendo y que «algún día llegará mi momento», y orientó su atención a lo importante: lograr que el Barcelona vuelva a ganar.

Es un tono sereno, casi conciliador. No hay en ese texto ni una crítica a la organización, ni al ganador, ni a Mbappé, ni a ningún periodista. Quien quiera construir una historia de indignación tendrá que hacerlo con otro material.

Ese otro material es el que han aportado los análisis en vídeo mencionados. Según ellos, el futbolista sabía desde una semana antes que se había quedado fuera de la lucha por el trofeo, habría mantenido una reunión con el presidente del Barcelona, Joan Laporta, para recuperar el ánimo, y habría acabado la noche molesto con tres «culpables»: la revista organizadora, el presidente del Real Madrid y el periodista español con voto.

Ninguna de esas afirmaciones ha sido confirmada por el jugador, por su entorno de manera oficial ni por el club. Son, en el mejor de los casos, rumores de segunda mano. Y la ausencia de pruebas es especialmente relevante cuando se señala con nombre y apellidos a personas concretas.

Si se dejan a un lado las supuestas confidencias, el argumento de fondo de la polémica es perfectamente legítimo y se puede discutir con datos. Los defensores de Yamal sostienen que el extremo fue campeón del mundo con España, una selección que derrotó a Francia en semifinales, y que su temporada en el Barcelona fue de primer nivel, con títulos nacionales y una influencia enorme en el juego del equipo.

Sus críticos replican que el Barcelona fue eliminado en cuartos de final de la Liga de Campeones, y que ese resultado pesó en la votación. Recuerdan, además, que un Mundial no se resume en un solo futbolista, y que el éxito colectivo de España repartía méritos entre varios nombres, lo que pudo diluir el apoyo a cada uno.

Ese es precisamente el punto que mencionó el propio periodista español con voto. José Félix Díaz, director del diario AS y el único representante de España entre los cien votantes, compartió su análisis en El Larguero, de la Cadena SER, horas después de la gala.

Según lo que dijo, su podio estaba formado por los mismos tres nombres que el resultado final, aunque no acertó el orden. Admitió que esperaba a Mbappé o a Yamal y que a Kane, siendo un gran jugador, le faltaba algo. Añadió que, de los diez futbolistas que votó, nueve acabaron entre los diez primeros, con cuatro españoles entre ellos.

También explicó que, en su opinión, el voto hacia los campeones del mundo se dispersó y que ningún jugador español destacó de forma clara en el Mundial, algo que, en su palabra, fue un lastre. Y lamentó que el éxito del torneo no se hubiera reflejado más en la clasificación. Se negó a revelar el orden de sus votos, que la revista publicará más adelante.

Sus palabras han sido interpretadas de formas muy distintas. Para quienes defienden la tesis de que Yamal fue perjudicado, el periodista admite que el Mundial tenía que haber pesado más y, sin embargo, no lo apoyó de forma clara. Para quienes lo defienden a él, lo que hace es describir con honestidad una realidad: la competencia interna entre compañeros de selección suele repartir los votos.

Hay un detalle del que los vídeos hacen un argumento central. Según ellos, el 17 de septiembre el mismo diario publicó una entrevista con Mbappé, realizada por Díaz, y la votación se cerró once días después. De ahí concluyen que existe un conflicto de intereses. No hemos podido confirmar los detalles de esa cronología, pero incluso admitiéndolos, la lectura es discutible.

Entrevistar a un candidato no equivale a prometerle un voto. Los directores de medios deportivos entrevistan a los grandes protagonistas de la temporada, y lo habitual es que hablen con todos ellos en distintos momentos. Que un periodista con voto converse con un futbolista del que luego deba opinar es una circunstancia habitual en el oficio. Lo que importa, en todo caso, es cómo vota, y esa información se conocerá cuando la revista publique los desgloses.

Otra cosa es que el sistema tenga puntos mejorables. El Balón de Oro lo deciden cien periodistas, uno por cada uno de los cien países mejor clasificados en el ranking FIFA. Cada votante ordena diez futbolistas y reparte entre ellos puntos, de uno a quince. El premio Kopa, en cambio, lo votan antiguos ganadores del Balón de Oro, una diferencia que algunos aficionados citan como prueba de que los expertos prefieren a Yamal.

Los críticos del sistema señalan, con razones, que no existe un filtro que garantice que cada votante haya seguido de forma regular los partidos de todos los candidatos. Un periodista de un país donde LaLiga apenas se televisa vota con el mismo peso que otro que ve cada jornada. Y recuerdan votos de ediciones anteriores que sorprendieron por su originalidad.

Los defensores del modelo responden que ese método reparte el voto entre muchos países y que un sistema más estricto tendría sus propios problemas, desde la dificultad de definir qué significa haber visto suficientes partidos hasta el riesgo de excluir a periodistas de países con menos cobertura. Un sistema, dicen, es siempre mejorable, pero eso no lo convierte en fraudulento.

El segundo apartado de la polémica es la sombra del Real Madrid. Los vídeos sostienen que la influencia del club y de su presidente, Florentino Pérez, explica que Mbappé acabara por delante de Yamal. El argumento se apoya en un hecho cierto: el club blanco boicoteó la gala de hace dos años cuando supo que Vinicius no ganaría, y este año ha vuelto a la ceremonia.

Pero de ese hecho no se deduce que el club influya en los votos. No existe ninguna prueba pública de que el Real Madrid o su presidente hayan hecho campaña, presionado a votantes ni condicionado el resultado. Afirmarlo sin evidencia es una acusación grave. Lo que sí puede decirse es que el delantero francés tiene una enorme visibilidad mediática, como cualquier estrella de un club de esa dimensión, y que esa visibilidad puede influir en la percepción general, aunque no necesariamente en el voto.

Los partidarios de Mbappé tienen, por su parte, argumentos que aportar. El delantero firmó cifras goleadoras muy altas, participó en un Mundial en el que su selección llegó a semifinales y ha sido durante todo el curso una referencia ofensiva del Real Madrid. A su juicio, quedar segundo es un reconocimiento justo a un año brillante, aunque sin títulos colectivos.

Sus detractores, en cambio, subrayan que esa falta de títulos pesa demasiado. Los criterios publicados de la propia revista incluyen el rendimiento individual y el carácter decisivo, los logros colectivos de la temporada y la clase y el juego limpio. Con ese baremo, sostienen, un segundo puesto resulta difícil de justificar. Es un argumento razonable, aunque la revista no pondera esos criterios de forma pública y matemática.

El caso de Haaland, octavo, también se cita con frecuencia. El noruego, afirman los críticos, tuvo una temporada de gran impacto y acabó seis puestos por debajo del francés. Es otro ejemplo, a su juicio, de lo difícil que resulta entender las clasificaciones. Los defensores del sistema apuntan que cada candidato se mide en un contexto distinto y que comparar a delanteros de países y ligas diferentes siempre genera discrepancias.

Queda la figura de Kane. El delantero inglés, ganador además del Trofeo Gerd Müller al mejor goleador, tuvo una temporada notable con el Bayern y fue elogiado por su comportamiento durante la gala. Nadie discute seriamente que sea un gran futbolista. Lo que se discute es si sus méritos eran superiores a los de Mbappé y Yamal, y ahí las opiniones se reparten con una intensidad poco habitual.

Dentro del entorno de Yamal, algunas voces han mostrado cierta suspicacia. Se ha informado de que un familiar del jugador comentó que «algo pasa» con el resultado. Son palabras de un allegado, expresadas en tono de duda, y es importante distinguirlas de una acusación formal. No se ha presentado ninguna reclamación ni prueba.

Por su parte, Laporta ha pedido afrontar el resultado con deportividad, según se desprende de sus declaraciones desde Londres, y el propio Yamal ha hablado de trabajo, ilusión y paciencia. Esa es, hasta ahora, la posición pública del Barcelona, y es una posición distinta de la que algunos vídeos quieren presentar.

A los 19 años, Yamal acumula un currículum insólito: debut con 15, dos podios consecutivos en el Balón de Oro, tres Kopa y un Mundial. Messi ganó su primer Balón de Oro a los 22 y Cristiano a los 23. Eso quiere decir que el joven extremo tiene muchas galas por delante, y que el debate sobre cuándo llegará su trofeo se prolongará durante años.

Hay quien dice que este episodio puede ser un combustible para el jugador, que las derrotas en las grandes noches forjan a los grandes futbolistas y que el propio Messi perdió varias finales antes de ganarlo todo. Es una visión optimista, y probablemente cierta, aunque nada impide que, a la vez, se discuta con seriedad cómo se vota el premio.

Porque ese es, en el fondo, el debate que merece la pena. No si hay culpables ocultos, sino si el sistema del Balón de Oro es el mejor posible. ¿Debería haber filtros de conocimiento para los votantes? ¿Debe pesar más el rendimiento individual o los títulos? ¿Cómo evitar que el voto se disperse entre compañeros de selección? Son preguntas legítimas, y los aficionados de todos los equipos tienen derecho a plantearlas.

También está por ver cómo evoluciona el caso del voto español. La revista publicará el desglose de las votaciones, y entonces se podrá comprobar si el periodista con voto ha colocado a unos jugadores por delante de otros. Hasta ese momento, cualquier afirmación sobre el sentido de su voto es una conjetura. Y vale la pena recordar que tiene todo el derecho a votar como considere, siempre dentro de las normas.

La jornada ha dejado, en definitiva, una polémica con base real y un exceso de conjeturas. La base real es que los resultados del Balón de Oro son opinables, que el sistema de votación tiene puntos mejorables y que el fútbol español, pese a un año excepcional, no consiguió el premio principal. El exceso de conjeturas está en atribuir esas desilusiones a una trama con nombres y apellidos, sin pruebas.

Quizá lo más sensato sea seguir el consejo del propio protagonista: sin prisa, con ilusión y con trabajo. Si el talento del jugador es el que dicen sus seguidores, el Balón de Oro llegará tarde o temprano. Y entonces, quizá, la discusión será otra.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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