Lionel Messi: “En toda mi carrera no jugué nunca” ...

Lionel Messi: “En toda mi carrera no jugué nunca” contra Inglaterra

El fantasma del archipiélago y la gran ausencia

Existe un vacío geográfico y temporal en la biografía del futbolista más grande de todos los tiempos. Un agujero negro estadístico que desafía las leyes de la probabilidad en el fútbol moderno. Lionel Andrés Messi Cuccittini ha disputado más de mil partidos como profesional, ha conquistado el planeta con la camiseta albiceleste, ha roto todos los récords posibles en Europa y América, y ha enfrentado a casi todas las potencias del orden mundial. Sin embargo, en su bitácora de batallas, el casillero de la Selección Absoluta de Inglaterra permanece en un blanco fantasmal.

En toda mi carrera no jugué nunca contra Inglaterra”, repite el eco de una estadística que suena a mitología o a un capricho del destino geopolítico del fútbol.

Para un argentino, la camiseta blanca con los tres leones no es un rival cualquiera. No es Francia, no es Alemania, ni siquiera es Brasil en el sentido estrictamente bélico-emocional. Inglaterra es el antagonista histórico, el espejo de una rivalidad que excede los límites del campo de juego y se sumerge en las aguas frías del Atlántico Sur y en las páginas de la historia contemporánea. Diego Armando Maradona cimentó su estatus de deidad civil en 1986 precisamente ante ellos. Messi, el heredero universal, cruzó su carrera con el fútbol inglés a nivel de clubes de manera devastadora, pero la historia le negó el duelo de naciones.

¿Cómo es posible que el hombre que dominó el siglo XXI no haya escuchado el God Save the King (o la Reina) desde el círculo central vistiendo la camiseta argentina? La respuesta es una combinación de calendarios sobrecargados, sorteos mundialistas esquivos y la sutil ironía de un fútbol que a veces decide guardar sus mejores páginas en el tintero de lo imposible.

El mapa de las batallas ausentes

Para entender la magnitud de esta ausencia, es necesario revisar el mapa de ruta de Lionel Messi con la Selección Argentina desde su debut en el año 2005. Durante más de dos décadas, la Albiceleste ha disputado decenas de partidos amistosos en Europa, Asia y Estados Unidos, además de los torneos oficiales.

En los Mundiales de 2006, 2010, 2014, 2018 y 2022, los caminos de Argentina e Inglaterra parecieron diseñados para evitarse. En Alemania 2006, Inglaterra cayó en cuartos de final ante Portugal; Argentina hizo lo propio ante Alemania. En Sudáfrica 2010, el morboso cruce de cuartos de final que todos esperaban se frustró porque Alemania destruyó a los ingleses en octavos (con aquel famoso gol no cobrado a Frank Lampard) antes de gobernar a la Argentina de Maradona y Messi.

En el año 2022, la oportunidad dorada estuvo a un partido de distancia. Si Inglaterra hubiera superado a Francia en los cuartos de final en Qatar, la semifinal del Estadio Lusail habría sido un choque tectónico: Lionel Messi contra la Inglaterra de Harry Kane, Jude Bellingham y Phil Foden. El destino, sin embargo, prefirió un Mbappé contra Messi para la final, dejando el clásico anglo-argentino en el limbo de las realidades alternativas.

El terror de los clubes ingleses

Que Messi no haya enfrentado a Inglaterra con la selección no significa que el fútbol inglés no haya sufrido sus noches de genialidad. Todo lo contrario. El Arsenal, el Manchester United, el Manchester City, el Chelsea, el Tottenham y el Liverpool conocen perfectamente el peso de la zurda del rosarino. Las noches de la UEFA Champions League fueron el escenario donde Messi ejecutó su propia diplomacia futbolística.Recordar el póker de goles al Arsenal en el Camp Nou en 2010, o los cabezazos y definiciones quirúrgicas en las finales de Roma (2009) y Wembley (2011) contra el Manchester United de Sir Alex Ferguson, es repasar la era dorada del Barcelona. Sir Alex lo admitió años después: “No había manera de pararlo. Messi fue el elemento diferenciador”.

Arsenal: El blanco favorito de Messi en Inglaterra. Aquella noche de los cuatro goles dejó a Arsène Wenger declarando que Messi era “un jugador de PlayStation”.

Manchester United: Dos finales de Champions League sentenciadas por el argentino. Wembley, el templo del fútbol inglés, fue el jardín de su consagración en 2011.

Manchester City: Soportó hat-tricks y exhibiciones de túneles a Fernandinho y James Milner que se volvieron virales antes de que la palabra “viral” definiera nuestra era.

El fútbol inglés, en su versión doméstica de Premier League, siempre intentó tentar a Messi. Los debates de taberna en el Reino Unido solían girar en torno a la eterna y provinciana pregunta: ¿Podría Messi hacerlo en una noche fría y lluviosa en Stoke? El rosarino nunca necesitó fichar por un club de las islas para demostrarlo; destruyó a los campeones ingleses bajo las luces de la máxima competición europea.

La sombra de 1986 y el peso de la herencia

Para la sociedad argentina, jugar contra Inglaterra nunca será “un partido más”. Aunque los futbolistas profesionales intenten bajar los decibelios del nacionalismo, el tejido social de la Argentina está impregnado de la memoria de la Guerra de Malvinas (1982). Cuatro años después de aquel conflicto bélico, Diego Maradona transformó el partido de cuartos de final en México 1986 en una catarsis poética y política.

La “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo” no fueron solo genialidades deportivas; fueron actos de vindicación popular. Messi creció bajo esa sombra colosal. Cada comparación con Maradona exigía, de manera casi inconsciente por parte del público, una noche de gloria frente a los ingleses.

Al no haberse producido nunca ese enfrentamiento en la era de Messi, el relato carece de ese capítulo específico. Messi construyó su propia épica en el Maracaná ante Brasil en 2021 y en Lusail ante Francia en 2022. No necesitó el fantasma de las islas para coronarse, pero los románticos del fútbol siempre lamentarán la falta de una fotografía de Messi eludiendo camisetas blancas en un escenario mundialista.

 Reflexión de una era sin el “Clásico Imposible”

El fútbol moderno es una máquina de generar partidos repetitivos. Vemos un Real Madrid contra el Manchester City o un PSG contra el Bayern Múnich casi todas las temporadas. La sobreexplotación del espectáculo ha diluido la mística de lo inesperado. En ese contexto, el hecho de que Lionel Messi finalice su carrera internacional —o esté cerca de hacerlo en la Major League Soccer y las últimas etapas de la selección— sin haber tocado el césped frente a Inglaterra es una hermosa anomalía.

Es el recordatorio de que el fútbol, a pesar de los algoritmos y los intereses comerciales de la FIFA, todavía conserva zonas de misterio. Nos queda la especulación, las simulaciones de ordenador y las discusiones eternas en los cafés de Buenos Aires o en los pubs de Londres.

¿Cómo habría marcado Gareth Southgate a Messi? ¿Habría podido la solidez defensiva de John Stones detener el slalom característico del diez? Nunca lo sabremos. La frase queda flotando en la historia del deporte rey como una confesión de lo que pudo haber sido y nunca fue: “En toda mi carrera no jugué nunca contra Inglaterra”. Un vacío que, lejos de restar mérito a su leyenda, le añade un velo de misterio a la biografía del hombre que lo ganó absolutamente todo, menos el partido que la historia argentina siempre espera.

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