“DOMINAN EL MUNDO”: PERIODISTAS ARGENTINOS Y DEL MUNDO, RENDIDOS ANTE ESPAÑA VS. REPÚBLICA CHECA
Hay victorias que se explican con un marcador. Hay otras que obligan a mirar un poco más lejos, porque detrás de los goles existe una tendencia, una identidad y una sensación que comienza a instalarse en el fútbol internacional.
España volvió a ganar.
Y volvió a hacerlo de una manera que alimenta una pregunta cada vez más difícil de evitar: ¿hasta dónde puede llegar esta selección?
El campeón del mundo derrotó 3-1 a la República Checa en el Carlos Tartiere de Oviedo, consiguió su tercera victoria consecutiva en la Nations League, alcanzó los nueve puntos de nueve posibles y prolongó hasta 41 partidos oficiales su impresionante racha sin conocer la derrota. Lamine Yamal abrió el marcador con una auténtica obra de arte, Rodri amplió la ventaja y Mikel Merino cerró el encuentro después de que la República Checa hubiera conseguido recortar distancias.
Pero el resultado no fue lo único que llamó la atención.
Lo verdaderamente significativo estuvo en la manera.
Porque España volvió a ganar incluso introduciendo nueve cambios respecto al equipo que había derrotado a Croacia por 4-1. La selección modificó nombres, rotó futbolistas, dio minutos a jugadores diferentes y, sin embargo, el funcionamiento general permaneció reconocible. Relevo resumió precisamente esa circunstancia al destacar que cambiaron los nombres, pero no el hambre.
Y ahí aparece la gran noticia.
España no parece depender de un once.
España está construyendo una generación.
Una generación que ya es campeona del mundo.
Una generación que tiene a Lamine Yamal como uno de sus grandes símbolos.
Una generación capaz de cambiar piezas sin perder competitividad.
Una generación que, después de levantar la Copa del Mundo, parece haber decidido que la conquista del planeta no era el final de la historia.
Era el comienzo.
Oviedo se vistió de campeón
El Carlos Tartiere recibió a España once años después de la última visita de la selección a Oviedo.
No era un partido cualquiera.
La Copa del Mundo estaba allí.
La Federación quiso que el trofeo viajara hasta Asturias y que la afición pudiera contemplarlo de cerca. Juan Mata, campeón del mundo en 2010 y de Europa en 2012, y Santi Cazorla, uno de los grandes internacionales nacidos en Asturias, fueron los encargados de llevar la Copa al césped para entregársela a Rodrigo Hernández.
La imagen tenía un enorme valor simbólico.
Mata representaba una generación.
Cazorla representaba otra.
Rodri representaba la actual.
Y detrás de todos ellos aparecía una camiseta con dos estrellas.
España ya había sido campeona del mundo.
Ahora quería demostrar que seguía siendo competitiva después de alcanzar la cima.
El ambiente del Carlos Tartiere respondió.
Más de 28.000 aficionados presenciaron el encuentro, según la crónica oficial de la RFEF.
La selección no estaba jugando únicamente por tres puntos.
Estaba jugando delante de una afición que quería comprobar si el campeón seguía teniendo hambre.
La respuesta llegó muy pronto.
Lamine Yamal volvió a aparecer
Minuto seis.
Lamine Yamal recibió abierto en la banda derecha.
El joven atacante combinó con Dani Olmo.
Se acomodó.
Entró hacia una zona más peligrosa.
Y entonces hizo lo que cada vez parece más natural para él.
Disparó.
Gol.
Un golazo.
La RFEF describió la acción como una auténtica obra de arte. Yamal había iniciado la jugada desde la derecha, combinó con Olmo y terminó sacando un disparo desde la esquina del área que superó al guardameta checo.
Era su undécimo gol con la selección absoluta.
Y había algo más.
Era el tercer partido consecutivo de esta ventana internacional en el que marcaba en los primeros minutos.
Primero Inglaterra.
Después Croacia.
Ahora República Checa.
Tres partidos.
Tres comienzos fulminantes.
Tres goles tempraneros.
La estadística no es solamente curiosa.
Es reveladora.
Porque demuestra que Lamine está desarrollando una capacidad cada vez mayor para entrar rápidamente en los partidos.
No necesita veinte minutos para calentarse.
No necesita esperar.
Aparece.
Argentina también mira a España
El titular habla de periodistas argentinos rendidos ante España.
Pero la expresión debe entenderse en el contexto de la conversación futbolística internacional.
No existe una declaración colectiva de “todos los periodistas argentinos”.
Lo que sí existe es un interés creciente por la selección española desde diferentes espacios de análisis latinoamericanos y argentinos, especialmente por una razón evidente: España se ha convertido en una referencia del fútbol de selecciones después de conquistar el Mundial y mantener una extraordinaria continuidad competitiva.
Y en Argentina, donde el fútbol de selecciones se analiza con una intensidad particular, resulta imposible ignorar lo que está haciendo el campeón del mundo.
España ganó el Mundial de 2026.
Argentina llegó a la final.
Y desde entonces las trayectorias han comenzado a tomar caminos diferentes.
Mientras Argentina trabaja en su nueva etapa después de Messi, España intenta consolidar la suya después de levantar la Copa.
Son procesos distintos.
Pero ambos están siendo observados con enorme atención.
Y eso explica por qué cada actuación de España genera conversación en el fútbol argentino.
No es solamente Lamine
Aquí está probablemente el punto más importante.
Hablar de España y reducirlo todo a Lamine Yamal sería cometer un error.
El extremo es una figura extraordinaria.
Pero España tiene algo mucho más difícil de construir:
un sistema.
Lamine marcó.
Rodri marcó.
Merino marcó.
Dani Olmo participó.
Pedri volvió a dirigir.
Los defensores sostuvieron la estructura.
Y los futbolistas que entraron desde el banquillo mantuvieron la intensidad.
La RFEF destacó que España realizó nueve cambios respecto a otros partidos y aun así mantuvo el rumbo.
Eso es profundidad.
Eso es competitividad interna.
Eso es una selección que empieza a parecer una estructura más grande que sus protagonistas.
Rodri volvió a demostrar por qué es imprescindible
En medio del espectáculo de Lamine, Rodri volvió a ejercer de capitán.
Y marcó.
El centrocampista puso el 2-0 en el minuto 36 después de una acción que él mismo inició y posteriormente culminó. Fue su quinto gol con España.
Su gol tenía un significado particular.
Lamine representa el futuro.
Rodri representa la estabilidad.
Uno rompe partidos.
El otro los organiza.
Uno juega con el descaro de quien todavía parece disfrutar de cada minuto.
El otro controla los tiempos como un futbolista que entiende perfectamente lo que necesita el equipo.
Esa combinación es una de las grandes ventajas de España.
La generación que no deja de crecer
Cuando una selección gana un Mundial, existe un peligro evidente.
Pensar que todo está terminado.
España está haciendo exactamente lo contrario.
Luis de la Fuente continúa dando oportunidades.
Iván Fresneda debutó.
Roberto Fernández debutó.
La lista de futbolistas que han debutado bajo la dirección de De la Fuente llegó a 39.
Ese dato merece atención.
Treinta y nueve jugadores.
No significa que todos vayan a convertirse en piezas permanentes.
Pero sí demuestra una política deportiva.
La selección está buscando.
Está probando.
Está ampliando su grupo.
Y eso es fundamental cuando se quiere construir un ciclo largo.
El mensaje más poderoso: cambian los nombres
Contra la República Checa, España no presentó exactamente el mismo equipo que había derrotado a Croacia.
Y aun así ganó.
Este detalle quizá sea más importante que el resultado.
Porque un equipo puede ser brillante con sus titulares.
Lo difícil es seguir siendo competitivo cuando se modifica buena parte de la alineación.
España lo hizo.
Relevo resumió el fenómeno con una frase que explica perfectamente la situación: cambiaron los nombres, pero no el hambre.
Eso es lo que preocupa a los rivales.
No saben exactamente qué once tendrán enfrente.
Pero sí saben qué identidad encontrarán.
El gol checo no cambió el guion
España dominó durante buena parte del encuentro.
Pero la República Checa encontró una respuesta.
Slama marcó en el minuto 70.
Y de repente apareció una pequeña grieta.
El 2-1 introdujo incertidumbre.
El rival comenzó a creer.
España tuvo que defender.
Y durante algunos minutos el partido dejó de ser cómodo.
Precisamente ahí apareció otra de las características importantes de esta selección.
No se descompuso.
No perdió la cabeza.
No entró en pánico.
Siguió jugando.
Esperó.
Y encontró el tercero.
Mikel Merino cerró la historia
Minuto 88.
Víctor Muñoz generó la acción.
Su disparo provocó un rechace.
Y Mikel Merino apareció para mandar el balón a la red.
3-1.
Partido cerrado.
Tres puntos.
Nueve de nueve.
La RFEF destacó que España había vuelto a ganar en un escenario diferente, con un equipo diferente y después de haber tenido que resistir en los últimos minutos.
Eso es exactamente lo que hacen los equipos maduros.
Cuando pueden dominar, dominan.
Cuando deben sufrir, sufren.
Cuando necesitan esperar, esperan.
Y cuando aparece una oportunidad, la aprovechan.
La racha de 41 partidos
Hay cifras que dejan de ser estadísticas y comienzan a convertirse en argumentos.
Cuarenta y uno.
España alcanzó 41 partidos oficiales consecutivos sin perder.
Reuters confirmó que España continuaba perfecta en el Grupo A3 con nueve puntos después de tres jornadas.
La cifra tiene una dimensión enorme.
Porque no estamos hablando de una competición de dos o tres encuentros.
Estamos hablando de una continuidad construida durante años.
Y dentro de esa racha hay partidos de máxima dificultad.
Hay torneos.
Hay eliminatorias.
Hay finales.
Hay rivales de primer nivel.
Y España continúa encontrando la manera de competir.
El mundo empieza a acostumbrarse
Quizá esa sea la parte más peligrosa para los rivales.
España ya no sorprende.
España empieza a convertirse en una costumbre.
Gana.
Controla.
Marca.
Resiste.
Vuelve a ganar.
Y cuando no juega su mejor partido, también consigue sacar adelante el resultado.
Eso ocurrió ante República Checa.
La prensa internacional no tuvo que esperar una nueva goleada para destacar el momento de España.
Reuters informó del triunfo.
The Guardian siguió el encuentro.
UOL Brasil destacó el golazo de Yamal y el pleno español.
The Daily Star tituló alrededor del excelente momento goleador del joven extremo.
La conversación se está haciendo global.
“Dominan el mundo”: la frase que resume una sensación
Decir que España “domina el mundo” es una expresión periodística.
No significa que absolutamente todos los especialistas consideren a España indiscutiblemente superior a cualquier otra selección.
El fútbol no funciona con unanimidades.
Pero sí existe un argumento poderoso detrás de la frase.
España es la vigente campeona del mundo.
Está invicta en sus últimos 41 partidos oficiales.
Lidera su grupo de Nations League con nueve puntos.
Y acaba de ganar tres partidos consecutivos.
Inglaterra, además, venció 7-0 a Croacia y se colocó con seis puntos, pero continúa tres por detrás de España.
Los números permiten entender por qué el campeón está siendo observado como una de las grandes referencias internacionales.
Y Lamine sigue creciendo
Hay una pregunta que aparece una y otra vez.
¿Hasta dónde puede llegar Lamine Yamal?
Nadie puede responderla.
Porque todavía es demasiado pronto.
Pero sí podemos analizar lo que ya ha hecho.
Marca.
Asiste.
Crea.
Acelera.
Participa.
Y aparece en partidos importantes.
Frente a Inglaterra fue decisivo.
Frente a Croacia marcó dos goles y participó directamente en tres tantos.
Frente a República Checa volvió a marcar.
Eso es lo que explica la fascinación internacional.
No se trata de una actuación aislada.
Se trata de repetición.
La comparación con Messi
Aquí aparece inevitablemente uno de los debates más delicados.
Algunos analistas españoles han comenzado a utilizar comparaciones con Lionel Messi para describir el talento de Yamal.
La Cadena SER recogió incluso una frase de enorme impacto: la idea de que, si en 2010 algunos se preguntaban cómo sería España con Messi, ahora España tendría a un jugador llamado Lamine Yamal que ocupa una dimensión comparable en cuanto a influencia.
Pero la comparación debe manejarse con prudencia.
Messi construyó una carrera de dos décadas.
Yamal todavía está construyendo la suya.
No necesita ser el nuevo Messi.
Puede ser Lamine Yamal.
Y eso ya es suficientemente extraordinario.
El respeto desde Argentina
En Argentina, cualquier comparación con Messi exige todavía más cuidado.
Messi no es solamente un futbolista argentino.
Es una figura histórica del fútbol mundial y acaba de cerrar su etapa con la selección argentina después de años extraordinarios.
Por eso resulta lógico que en Argentina se observe con especial atención a cualquier joven que sea comparado con él.
Pero la España actual no necesita convertir a Yamal en un sustituto de Messi.
Su identidad es otra.
Su fútbol es otro.
Su historia será otra.
Y esa es precisamente la mejor noticia.
España no está buscando otro Messi
Está buscando algo mucho más colectivo.
Una selección capaz de dominar una generación.
Lamine puede ser su gran estrella.
Pero Rodri es fundamental.
Pedri es fundamental.
Nico Williams es fundamental.
Dani Olmo es fundamental.
Merino es fundamental.
Los defensores son fundamentales.
Y la aparición de nuevos futbolistas amplía el proyecto.
Eso convierte a España en una selección menos dependiente de un único nombre.
El cambio generacional está funcionando
El fútbol de selecciones suele vivir de ciclos.
Una generación llega.
Gana.
Envejece.
Y después aparece una reconstrucción.
España parece haber conseguido algo poco frecuente:
ganar un Mundial y, al mismo tiempo, iniciar una renovación.
No está esperando a que sus veteranos desaparezcan para probar jóvenes.
Los está incorporando mientras el equipo continúa ganando.
Ese equilibrio es difícil.
Y De la Fuente lo está intentando.
Los 39 debutantes
La cifra de 39 debutantes bajo De la Fuente merece una segunda lectura.
No se trata simplemente de una curiosidad.
Significa que el seleccionador ha abierto la puerta.
Fresneda y Roberto Fernández se sumaron a esa lista en Oviedo.
Y cada debut puede convertirse en una inversión.
Quizá algunos no tengan continuidad.
Quizá otros terminen siendo titulares.
Pero la selección está creando competencia.
Y la competencia eleva el nivel.
El banquillo también quiere protagonismo
Una de las grandes fortalezas del partido fue precisamente la respuesta de los jugadores que entraron.
Víctor Muñoz participó en la jugada del tercer gol.
Merino apareció desde el banquillo y marcó.
Fermín, Yeremy y Zubimendi también tuvieron minutos.
Eso significa que España tiene soluciones.
Y las soluciones son esenciales cuando se juega una temporada internacional cargada.
La Copa en Oviedo
La ceremonia previa también tenía un simbolismo especial.
Juan Mata y Santi Cazorla llevaron la Copa.
Rodri la recibió.
Y Lamine Yamal, nacido muchos años después de aquel primer Mundial español, fue uno de los protagonistas del partido.
Era como si tres generaciones estuvieran conectadas en un mismo escenario.
Y el futuro.
España no estaba solamente celebrando una Copa.
Estaba mostrando el camino entre generaciones.
Una selección que no necesita correr todo el tiempo
Uno de los grandes errores al analizar a España es pensar que dominar significa atacar durante 90 minutos.
No.
Dominar también significa saber cuándo bajar el ritmo.
Ante República Checa, España tuvo fases de control absoluto.
Después sufrió.
Y luego volvió a atacar.
El equipo sabe administrar los partidos.
Eso requiere inteligencia.
La importancia de Pedri
Pedri no marcó.
Pero su importancia volvió a estar en la circulación.
El canario es uno de esos futbolistas cuyo impacto muchas veces no aparece en el marcador.
Se ofrece.
Recibe.
Gira.
Conecta.
Hace que el equipo avance.
Y permite que otros jugadores tengan más libertad.
Cuando Lamine recibe en ventaja, muchas veces detrás existe una cadena de pases que comenzó mucho antes.
Ese es el valor de una estructura.
La banda derecha como arma
La jugada del primer gol explicó perfectamente la importancia de la banda derecha.
Lamine comienza abierto.
Combina con Olmo.
Se mueve hacia dentro.
Y dispara.
El rival tiene que decidir si sale sobre él o mantiene la línea.
Cuando intenta cerrar el centro, deja espacio.
Cuando abre la defensa, Lamine puede atacar.
Esa incertidumbre es una de las grandes armas de España.
El campeón no se conforma
Quizá la imagen más significativa sea esta:
España levantó la Copa del Mundo hace apenas unos meses.
Y ahora celebra un triunfo de Nations League como si fuera otro paso importante.
Eso demuestra hambre.
No significa que cada partido sea una final.
Pero sí significa que el equipo entiende la responsabilidad de ser campeón.
Los rivales quieren derrotarte.
Todos.
Porque vencer al campeón tiene un valor especial.
España debe convivir con eso.
La presión cambia cuando eres campeón
Antes del Mundial, España perseguía.
Después del Mundial, España es perseguida.
Es una diferencia enorme.
Ahora cada rival prepara un plan específico.
Cada entrenador estudia a Lamine.
Cada mediocentro intenta impedir que Rodri controle.
Cada defensa intenta evitar que Nico acelere.
Y cada equipo sabe que conceder una ventaja temprana puede ser fatal.
Y España sigue encontrando respuestas
Inglaterra intentó competir.
Croacia intentó reaccionar.
República Checa logró marcar.
Ninguno consiguió derrotar a España.
Tres partidos.
Tres victorias.
Y nueve puntos.
El dato es contundente.
Inglaterra también avisa
El grupo tampoco es sencillo.
Inglaterra aplastó a Croacia por 7-0 en Rijeka.
Kane marcó dos.
Saka marcó dos.
Bellingham dio tres asistencias y también anotó.
La victoria inglesa demostró que España no puede relajarse.
Pero después de tres jornadas, la clasificación ofrece una fotografía clara:
España nueve puntos.
Inglaterra seis.
Croacia tres.
La próxima jornada será decisiva.
Croacia espera
España viajará a Split el 6 de octubre para enfrentarse nuevamente a Croacia.
El contexto será completamente diferente.
Croacia llegará después de una derrota histórica.
España llegará después de tres victorias consecutivas.
Pero precisamente por eso el partido será peligroso.
Un rival herido puede ser mucho más complicado.
España lo sabe.
Un empate podría bastar
La situación clasificatoria es favorable para España.
Después del 3-1 contra República Checa, a España le basta un empate ante Croacia para asegurar su presencia en los cuartos de final de la Nations League.
Pero el equipo no parece construido para conformarse.
Luis de la Fuente sabe que cada partido también sirve para mantener el nivel.
Y la selección querrá terminar esta ventana con otra buena actuación.
La palabra “dominación” tiene un límite
Hay que decirlo.
España no domina literalmente todos los partidos.
Contra República Checa sufrió durante determinados minutos.
El rival pudo acercarse al empate.
La propia RFEF reconoció que el encuentro tuvo una fase más física y complicada después del 2-1.
Eso no disminuye la victoria.
La hace más interesante.
Porque demuestra que España también puede ganar cuando el partido no sale perfecto.
La grandeza está en sobrevivir a los problemas
Un equipo extraordinario no es aquel que nunca sufre.
Es aquel que sabe reaccionar cuando sufre.
España recibió un gol.
Y respondió.
Eso fue precisamente lo que hizo frente a República Checa.
El cuarto gol no llegó, pero no hizo falta
En Sevilla, contra Croacia, España había marcado cuatro.
En Oviedo marcó tres.
No necesitó más.
El 3-1 fue suficiente.
La sensación de superioridad no depende exclusivamente del número de goles.
Depende del control del partido.
Y España tuvo el control durante largos periodos.
El fútbol argentino entiende este tipo de procesos
Argentina acaba de vivir su propio cambio de ciclo.
La selección de Scaloni está intentando continuar después de una era marcada por Messi.
En ese contexto, observar a España puede resultar especialmente interesante.
España también ha construido una selección alrededor de una generación.
La diferencia es que el proceso español ya tiene una Copa del Mundo reciente como punto de partida.
Argentina también tiene una historia reciente extraordinaria.
Pero ahora debe encontrar nuevas referencias.
España ya las está encontrando.
El futuro tiene rostro joven
Lamine Yamal es el rostro más visible.
Pero detrás aparecen muchos nombres.
Fermín.
Fresneda.
Víctor Muñoz.
Roberto Fernández.
Otros jóvenes que están esperando.
La lista de De la Fuente se mueve.
Eso genera competencia.
Y la competencia crea profundidad.
La selección no se puede quedar quieta
El fútbol cambia.
Los rivales evolucionan.
Las tácticas evolucionan.
Los futbolistas envejecen.
Los jóvenes aparecen.
España parece entenderlo.
Por eso continúa probando.
Por eso rota.
Por eso incorpora.
Por eso debuta jugadores.
La victoria más importante no fue el 3-1
Fue la sensación.
La sensación de que España tiene una estructura capaz de sobrevivir a los cambios.
Que Lamine puede marcar.
Que Rodri puede liderar.
Que Merino puede aparecer.
Que otros pueden debutar.
Que el equipo puede sufrir.
Y que, al final, España puede ganar.
Ese es el mensaje.
Los números hablan
Tres partidos.
Tres victorias.
Nueve puntos.
41 partidos oficiales invicta.
Campeona del mundo.
Lamine marcando contra Inglaterra, Croacia y República Checa.
Y ahora un viaje a Split con la clasificación prácticamente al alcance de la mano.
No hace falta construir una exageración.
Los números ya son suficientemente impresionantes.
La prensa internacional no mira únicamente el resultado
Mira el contexto.
Y el contexto dice que España continúa.
UOL Brasil destacó el golazo de Yamal y el pleno de la selección.
The Daily Star resaltó la extraordinaria producción goleadora del joven.
The Guardian siguió el triunfo y la dinámica del grupo.
Reuters puso el foco en la tercera victoria y en los nueve puntos.
Eso es reconocimiento internacional.
No unanimidad.
No una declaración universal.
Pero sí atención.
Y mucha.
El campeón está vivo
España no parece tener intención de vivir de la fotografía del Mundial.
Quiere continuar.
Y esa es quizá la mayor noticia.
Porque ganar una Copa del Mundo es una cosa.
Mantenerse arriba después es otra completamente diferente.
España está intentando hacer las dos.
Lamine y el desafío de la constancia
Ahora llega el momento más complicado para Yamal.
Mantener.
Mantener el nivel.
Mantener la concentración.
Mantener la salud deportiva.
Mantener la capacidad de sorprender.
Los rivales ya conocen su juego.
Ya no es una sorpresa.
Ahora es un objetivo.
Eso cambia todo.
La madurez de un futbolista especial
Quizá la mayor diferencia entre el Lamine de hace un tiempo y el actual sea la forma en que interpreta los partidos.
Ya no busca únicamente el regate.
También combina.
También pausa.
También asiste.
También entiende cuándo debe acelerar.
El gol contra República Checa fue una síntesis de todo eso.
España tiene un problema maravilloso
Tiene demasiados jugadores.
Y eso puede convertirse en un problema para el entrenador.
¿Quién juega?
¿Quién descansa?
¿Quién entra?
¿Quién sale?
Pero es un problema que cualquier seleccionador querría tener.
La rotación funcionó
Nueve cambios respecto al partido anterior.
Victoria.
Eso es lo que importa.
No el nombre del titular.
No la alineación.
El equipo.
El campeón no necesita once héroes
Necesita 23.
Y España está construyendo una plantilla de selección cada vez más profunda.
El debut de Fresneda y Roberto lo demuestra.
El gol de Merino desde el banquillo también.
La mirada hacia 2028
Aunque todavía queda mucho camino, cada partido de este ciclo comienza a construir el siguiente gran objetivo.
La selección campeona del mundo tendrá que defender su nivel.
Y deberá hacerlo contra equipos que querrán destronarla.
La Nations League es apenas una parte.
Pero sirve como laboratorio.
Sirve para competir.
Sirve para probar.
Sirve para ganar.
El gran desafío de Luis de la Fuente
Mantener el hambre.
Eso es lo más difícil.
Cuando ganas el Mundial, la motivación cambia.
Ya no juegas para demostrar que puedes.
Juegas para demostrar que puedes seguir.
El seleccionador debe gestionar eso.
Y hasta ahora los resultados indican que lo está consiguiendo.
Oviedo dejó una imagen difícil de olvidar
La Copa sobre el césped.
Mata.
Cazorla.
Rodri.
Lamine.
Una generación.
Un trofeo.
Y después 3-1.
Era una especie de puente entre la historia y el futuro.
España no estaba renunciando a su pasado.
Lo estaba utilizando para alimentar su presente.
El mundo mira
Y ahora cada partido de España tiene una dimensión especial.
Porque no es solamente una selección que juega.
Es la campeona del mundo.
Y cuando el campeón juega, todos quieren comprobar si sigue siendo campeón.
España está respondiendo con victorias.
“Dominan el mundo”
La frase del titular es grande.
Pero también lo es el momento.
España tiene argumentos.
No argumentos para decir que nadie puede derrotarla.
Eso sería absurdo.
Pero sí argumentos para afirmar que pertenece al grupo más pequeño de selecciones capaces de marcar una época.
Campeona del mundo.
41 partidos oficiales invicta.
Nueve puntos de nueve.
Una generación joven.
Una estrella llamada Lamine Yamal.
Y un equipo que puede cambiar nueve jugadores sin dejar de competir.
Eso no es una casualidad.
El próximo capítulo será Croacia
El 6 de octubre llegará otra prueba.
Split.
Croacia.
Un rival herido.
Una España líder.
Y una clasificación prácticamente al alcance.
Será interesante observar si De la Fuente vuelve a rotar.
Si Lamine juega.
Si Rodri descansa.
Si aparecen más jóvenes.
Pero una cosa ya está clara.
España ha convertido esta ventana internacional en otra demostración de continuidad.
No es una moda
Ese es quizá el punto más importante.
Una moda desaparece.
Una generación competitiva permanece.
España lleva demasiado tiempo ganando para hablar únicamente de una moda.
La racha de 41 partidos oficiales no aparece de la nada.
La Copa del Mundo tampoco.
Los resultados de la Nations League tampoco.
Hay trabajo.
Hay talento.
Hay estructura.
Y hay una cultura competitiva.
La historia todavía no ha terminado
La España actual puede ganar más.
Puede perder.
Puede sufrir.
Puede atravesar momentos difíciles.
Ningún equipo es invencible.
Pero después de la victoria contra República Checa existe una sensación difícil de ignorar.
España está preparada.
Preparada para competir.
Preparada para renovarse.
Preparada para defender su corona.
Y preparada para afrontar el futuro.
La conclusión
El 3-1 de Oviedo no fue una goleada histórica.
No fue un partido perfecto.
Y tampoco fue una exhibición absoluta durante los 90 minutos.
Fue algo quizá más importante.
Fue una victoria madura.
España marcó pronto.
Controló.
Amplió.
Sufrió.
Recibió un gol.
Volvió a resistir.
Y finalmente sentenció.
Todo eso con nueve cambios respecto al equipo anterior.
Todo eso después de haber conquistado el Mundial.
Todo eso alcanzando nueve puntos de nueve.
Y todo eso con 41 partidos oficiales consecutivos sin perder.
Lamine Yamal volvió a marcar.
Rodri volvió a liderar.
Merino apareció desde el banquillo.
Fresneda y Roberto debutaron.
La Copa del Mundo volvió a pisar un estadio español.
Y la afición volvió a celebrar.
Desde Argentina hasta Europa y América Latina, el fútbol internacional tiene motivos para observar.
No porque todos estén de acuerdo en que España sea “la mejor” en cada aspecto.
No porque exista una unanimidad absoluta.
Sino porque los resultados obligan a prestar atención.
España es campeona del mundo.
España lidera su grupo.
España no pierde.
España tiene una generación joven.
Y España tiene a Lamine Yamal.
Un futbolista que todavía está escribiendo las primeras páginas de una historia que puede terminar siendo extraordinaria.
El verdadero mensaje de Oviedo no fue simplemente el 3-1.
Fue la continuidad.
La capacidad de volver a ganar.
La capacidad de rotar.
La capacidad de sufrir.
La capacidad de encontrar otro goleador.
La capacidad de mantener una identidad.
Y eso es exactamente lo que convierte a una selección campeona en una selección verdaderamente peligrosa.
Porque cualquiera puede tener una gran noche.
Pero mantener el nivel después de convertirse en campeón del mundo es otra cosa.
España está intentando hacerlo.
Y, por ahora, los resultados hablan por sí solos.
Tres partidos.
Tres victorias.
Nueve puntos.
41 encuentros oficiales sin derrota.
Y un equipo que, lejos de mirar hacia atrás para contemplar la Copa del Mundo, parece decidido a mirar hacia delante.
La pregunta ya no es si España puede competir con los mejores.
Eso está demostrado.
La pregunta es cuánto tiempo puede permanecer en la cima.
Y si Lamine Yamal, Rodri, Pedri, Nico Williams, Dani Olmo, Merino y todos los jóvenes que están llegando consiguen mantener esta ambición, el fútbol internacional tendrá que seguir mirando hacia la camiseta roja.
Porque la Copa ya está en las vitrinas.
El Mundial ya forma parte de la historia.
Pero la selección todavía tiene partidos por jugar.
Todavía tiene rivales que derrotar.
Todavía tiene generaciones que desafiar.
Y todavía tiene hambre.
Por eso Oviedo no fue una despedida.
Fue otra presentación.
La presentación de una España que ha dejado de jugar únicamente para ganar.
Ahora juega también para mantener una identidad.
Y esa es la razón por la que el mundo vuelve a mirar.
No porque España sea invencible.
Sino porque España vuelve a parecerse a una selección que sabe exactamente quién es.
Y cuando una campeona del mundo encuentra esa certeza, el resto del planeta tiene un problema.
España sigue ganando.
Lamine sigue marcando.
La nueva generación sigue apareciendo.
Y la racha sigue creciendo.
41 partidos.
Tres victorias.
Nueve puntos.
Una Copa del Mundo.
Dos estrellas.
Y una historia que todavía está lejos de terminar.